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La culpa es de Gran Hermano

1 octubre 2015 - 9:21 - Autor:

Gran Hermano es la excusa perfecta. Si hay una crisis de valores sociales, la culpa es de Gran Hermano. Si hay una crisis de audiencias, la culpa es de Gran Hermano.

“Hay asuntos que interesan más o menos a los espectadores. La noche electoral la ganó Telecinco con Gran Hermano”, sentenció José Antonio Sánchez, Presidente de RTVE, al ser preguntado en comparecencia parlamentaria por los malos datos de TVE en la noche electoral catalana.

El máximo responsable de la corporación pública se olvidó analizar que, en horario de coincidencia entre los especiales electorales del domingo y GH, ganó el interés por el escrutinio de las elecciones. Prefirió culpar a la audiencia, ansiosa de Gran Hermano. Era el camino fácil, culpar al público. Ese mismo público que se ha fugado de la televisión pública y no precisamente porque sea fan del reality de Telecinco, pues TVE siempre ha sido referencia de liderazgo en este tipo de acontecimientos informativos. Daba igual que compitiera con GH o no.

José Antonio Sánchez, como gestor de una televisión pública,  debía haber optado por la autocrítica constructiva. Porque la función de una cadena pública  es crear una alternativa sólida a los contenidos de las privadas. Cosa que no hizo el pasado domingo Televisión Española. Jornada en la que, además, se volvió a constatar la irrelevancia en momentos decisivos de los informativos de RTVE en el mandato de Sánchez. Su emisión especial no trascendió y quedó por detrás de las retransmisiones de La Sexta y Antena 3.

Pero no hubo tiempo para analizar qué había fallado en ese especial de La 1 y Canal 24 Horas que parecía de épocas ya superadas. Tras años en los que TVE fue pionera en este tipo de retransmisiones, en la última noche electoral, Televisión Española ha optado por un informativo de opiniones monocolor, con una puesta en escena obsoleta, rozando lo hortera, y unos lenguajes narrativos poco conscientes de su tiempo. La rígida forma de presentar las informaciones y definir el tono de los contenidos invitaba al zaping. Resultado: no interesó, con un pobre 6.6 por ciento de cuota.

TVE no debe apostar por el ritmo y concepto de La Sexta. Tampoco imitar a Antena 3. Pero su especial informativo no llegaba a niveles televisivos de calidad periodística y televisiva, cuando la cadena pública siempre iba por delante en este tipo de formatos. De ahí su actual mal resultado de audiencias.

Pero la culpa fue de Gran Hermano.

Porque Gran Hermano se ha convertido en el comodín perfecto para canalizar indignación, frustración e incluso fracasos de audiencia. Cuando sólo es un programa de televisión, mejor o peor, pero sólo un programa de televisión.

@borjateran

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Pablo Motos, el éxito de romper con el guion preestablecido

8:41 - Autor:

25.000 pesetas se gastó Pablo Motos en unos juegos recreativos a los pocos minutos de ser fichado por el programa de Julia Otero en Onda Cero. Lo recordó anoche, en el espacio de entrevistas de Bertín Osborne en La 1.

Eran los años noventa y Motos entraba a formar parte del equipo de La Radio de Julia. Un programa de radio que fue más que un programa de radio, marcó un antes y un después en el oficio de contar historias con mirada propia. La radio que bajaba del púlpito para apostar por la complicidad con el oyente. Sin medias tintas.

Y Pablo Motos, en la primera hora de aquel formato radiofónico, La Hora Tremolina (se llamaba la sección), aportó su personalidad, especialmente singular, capaz de convertir en un espectáculo la vida cotidiana. Lo hacía junto a unos oyentes que participaban en el programa activamente. Porque la interacción ya existía antes de las redes sociales.

De hecho, en La Radio de Julia, Otero incorporó un monólogo diario de Motos: rápido, fresco e identificable por parte del público, cuando aún en España pocos sabían qué era eso del monólogo. Era la radio que realizaba un reflejo empático de nuestra sociedad, con sus grandezas y sus miserias, con sus delirios y sus rarezas, donde era fácil sentirse reflejado.

Una vez más, la radio iba por delante, experimentaba, se atrevía a salirse del guion preestablecido. Sin mesas camillas, sin discursos engolados.

Y en esa línea realistamente imaginativa, en la que la radio fue germen crucial, ha seguido Pablo Motos. No es fácil en unos medios de comunicación que prefieren lo solvente a lo creativo, como si fueran dos cosas incompatibles. Su programa, El Hormiguero, representa al riesgo en televisión de esa gente que apuesta por las ideas más allá de las dictaduras del share.

Pero, como recordó el propio Motos a Bertín Osborne anoche, él tuvo la oportunidad de dar el salto a la tele desde su microclima radiofónico gracias a una decisión valiente, de aquel canal Cuatro de Fernando Jerez y Daniel Gavela. Como años antes también lo hizo Otero al apostar por su talento. Porque la mejor radio y la mejor televisión es fruto de decisiones osadas.

Una década después del lanzamiento de El Hormiguero en Cuatro, ahí sigue Pablo Motos, con sus hormigas de peluche que hablan y con sus experimentos científicos en los que pocos gurús de la cuota de pantalla confiaban.

En todos estos años, sólo hay una diferencia de vértigo: ahora Motos es una estrella del showbusiness, impone y todo, pero ayer con Bertín Osborne demostró que mantiene la esencia de aquel locutor de provincias, inquieto, ingenioso, travieso y hasta surrealista, que rompía con el guion preestablecido de los locutores de provincias y que, por eso mismo, perdió 25.000 pesetas en las maquinitas de unos juegos recreativos cuando fue consciente de que daba el salto a la radio nacional. Al fin y al cabo, eso también es una de las esencias claves de la mejor radio y televisión: saber jugar.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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