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Tres mentiras que ha derribado el éxito de ‘Tu cara me suena’ en su emisión en viernes

19 octubre 2015 - 10:53 - Autor:

Es un hecho. Tu cara me suena se ha consolidado como programa líder en la noche de los viernes, por encima de Sálvame Deluxe. Un cambio de tendencia que ha derribado tres falsedades instaladas en la percepción de la televisión en España:

1. El público tiene la culpa de lo que emiten las cadenas. Mentira.

Los responsables de las televisiones son aquellos que deciden los programas predominantes en las parrillas, y luego la audiencia decide qué ver entre lo que hay. Y aquí ha estribado el problema de la tele de nuestro país en los últimos años: apenas se ha ofrecido al espectador una variedad real entre la que elegir. Se ha optado por el contenido fácil y homogéneo que en teoría es lo que gusta a la mayoría, propiciando la desconexión de sectores que se han sentido huérfanos de otro tipo de programas de entretenimiento.

Mientras que en las series se ha arriesgado un poco más, en programas de prime time se ha ido a lo aparentemente seguro: reality, sensiblería y talent shows con las canciones de siempre. No ha existido una mayor diversidad. Y se ha evitado esta diversidad con el argumento de que se le da al público lo que quiere ver. Tu cara me suena ha llegado a los viernes para demostrar que la audiencia sí está ávida de un entretenimiento de calidad y que hay unos cuantos millones de espectadores que rechazan de lleno los polígrafos del Deluxe y que simplemente estaban dispersos, buscando algo que les interesara. Ahora lo encuentran en Antena 3.

2. Los viernes no son día para grandes formatos de entretenimiento. Mentira.

Los viernes son el día de la semana perfecto para un gran show de entretenimiento familiar, sobre todo en el periodo otoñal-invernal, pues el público quiere evadirse en casa con diversión, pasión y creatividad. Mejor si es desconectando del conflicto y dejándose llevar por el buen humor que te hace olvidar los problemas. Eso lo tiene Tu cara me suena.

Y así sucedió también con grandes éxitos en los viernes como Un, dos, tres… responda otra vez, Qué apostamos, Grand Prix, Cruz y Raya… Otros intentos como Me Resbala no funcionaron porque el contenido del show era repetitivo, contaban con un decorado apagado (escenografía oscura sin personalidad) y no transmitían la suficiente imprevisibilidad. Esa emoción que te deja pegado de principio a fin. Y en viernes, niños y mayores pueden quedarse hasta ese final sin cargo de conciencia, ya que no ven el show con la inquietud de que hay que madrugar al día siguiente.

3. La audiencia prefiere el morbo de la polémica y huye del buen rollo. Mentira.

Hay una audiencia ansiosa del cotilleo atado a los cables del polígrafo, por supuesto, y es muy fiel. De hecho, Sálvame Deluxe mantiene su público, no se ha hundido. Pero también hay otra audiencia masiva expectante por disfrutar de un gran show de entretenimiento global como es Tu cara me suena. Su producción sorprende por la calidad de cada puesta en escena en los números musicales, siempre rizando el rizo para conectar con la expectativa del espectador, pero también durante el resto del programa: con la interacción de los concursantes, el jurado y el propio público en la grada.

TCMS y Deluxe son dos productos complementarios. Sálvame puede ofrecer un superbombazo escandaloso para arañar décimas de share, pero no compite con la grandiosidad de plató, ni con la imprevisibilidad de un espectáculo en el que cada detalle cuenta (iluminación, escenografía, guion…). Porque Tu cara me suena dibuja un programa con una gran perspectiva televisiva, que no se queda en el tópico de la lágrima, la historia de superación o la pelea. Al contrario, apuesta por la inventiva más pura del entretenimiento clásico. Como si fuera una sitcom, creando running gags (chistes que evolucionan durante las galas) y llevándolos hasta las últimas consecuencias.

Este pasado viernes, por ejemplo, además de la espectacular escenografía de cada número, Silvia Abril, en la piel de una impostada Doris Day, creó la trama transversal. Fue la desternillante mujer de época que con sus muecas y salidas de tono iba sembrando la carcajada más ingenua en la audiencia durante toda la emisión. Hasta tiró una tarta de frambuesas a Ángel Llácer. El guion del programa no deja al espectador a medias durante toda la gala. Tampoco en los últimos instantes de la noche donde, como en una telecomedia, se cierra la trama principal. Así, acaba en alto el show. Así, Llácer devolvió el tartazo a Silvia Abril. Era el desenlace que el público estaba esperando y lo hicieron coincidir con el chimpún de la canción de Tina Turner que estaba cantando Ruth Lorenzo.  Todo medido con un instinto del espectáculo televisivo encomiable.

Y Abril puso caras, con su comicidad infalible, cada vez que la cámara le apuntaba. Con una naturalidad tan brillante como vibrante, fruto de un programa con un guion complejo y completo, redondo, que es resultado de esfuerzo, horas de ensayo, trabajo en equipo y pasión por la tele. Se nota. Lo transmite. Tu cara me suena demuestra que cuando está bien hecho, el espectáculo de entretenimiento en positivo, a lo grande y arriesgado creativamente, funciona y lidera. Porque el entretenimiento de siempre no ha muerto. Sólo nos lo intentaron hacer creer.

@borjateran

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FOTOS JOSÉ IRÚN

‘Salvados’: la regeneración empezó en el periodismo en prime time

1:08 - Autor:

  • El cara a cara de Albert Rivera y Pablo Iglesias ha supuesto el récord histórico de audiencias de ‘Salvados’ con un 25 por ciento de cuota y 5,2 millones. Un dato equivalente a una gran serie de éxito, que hará replantearse al resto de partidos su estrategia televisiva en esta campaña electoral.

Sin tiempos preestablecidos, sin temas pactados por jefes de campaña, sin monólogos mirando a cámara, sin tochos de papeles encima de la mesa. Y en un bar. En un bar a pie de la realidad de la calle. Así ha sido el primer debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera. Lo ha conseguido Salvados.

De moderador, Jordi Évole, claro, que ha vuelto a La Sexta con la esencia de siempre. El periodismo que entiende la televisión. Y la televisión que entiende el periodismo. Escuchando, cuidando los encuadres, mimando los fondos de los planos de cámara, incorporando el sonido ambiente urbano a cada palabra y apostando por una acogedora realización. Luminosa sin estridencias, donde lo que importa es la conversación.

Y ahí está el simbólico gran paso: dos políticos en precampaña hablando sosegadamente: intercambiando argumentos y creyendo en puntos de encuentro. No han puesto obstáculos al diálogo desnudo en un prime time televisivo. La gran asignatura pendiente en España, que ha despertado tantas fobias a los candidatos a la presidencia del gobierno. Al menos, hasta ahora.

Albert Rivera y Pablo Iglesias están cambiando esta desoladora tendencia que nos ha posicionado a años luz de democracias vecinas. En Podemos y Ciudadanos comprenden que para llegar y convencer a los votantes se deben aceptar preguntas incisivas y tertulias sin guion. De hecho, en los últimos tiempos, las grandes audiencias han dado la espalda a las entrevistas o debates que evidencian estar exquisitamente cocinados por los jefes de campaña y no por los periodistas.

Y Salvados es el programa que, tras Tengo una pregunta para usted, ha regenerado (y terrenalizado) la política en prime time. No sólo con envites periodísticos, donde Évole anoche estuvo sigilosamente rápido de reflejos, también con la visión de saber enriquecer cada capítulo con contextos casi cinematográficos.

Porque, tanto en televisión como en el periodismo, los contextos son cruciales. Salvados los exprime: eligiendo bien las localizaciones y las puestas en escena que envuelven cada episodio. De ahí que Rivera e Iglesias aparecieran juntos, en el mismo coche, divagando sobre aquello que había cambiado en su existencia después de sus respectivos saltos a la primera línea de la política. El programa ha presentado así, como en una serie, a sus dos cabezas de cartel. 

Un arranque de Salvados dibujado con talento, pues se han enfrentado los problemas de los nuevos políticos con las preocupaciones de ciudadanos anónimos que, de paso, han ido realizando su propio retrato de los novatos candidatos. La sinceridad en el recorrido automovilístico de ambos políticos y los testimonios de diferentes votantes se han visualizado a través de un montaje en paralelo, que ha planteado un mañoso contraste de realidades.

Y llegaron al barrio. Y, después de una pequeña interrupción por parte de un peatón y un saludo a la camarera, se sentaron en un bar cualquiera. Aunque telegénico, sí, que hay que lucirlo bien por la tele. Pero un bar cualquiera. De nuevo, Salvados ha sacado el periodismo de donde nunca debió irse: de la realidad de la calle. Y nada mejor que debatir en un bar, porque en España, ya se sabe, donde se arregla el país es en los bares.

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@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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