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5 trucos clásicos de la Lotería Nacional para emocionar con su spot navideño (o intentarlo)

16 noviembre 2015 - 14:31 - Autor:

Ya es un acontecimiento. Cada año, se espera con expectación el anuncio del sorteo extraordinario de la Lotería Nacional. Este año, el protagonista es un vigilante de una fábrica de maniquíes. Se llama Justino y es una animación en 3D.

Un spot que recuerda demasiado al mensaje de la historia del año pasado. Conservador, por tanto, en concepción. Porque ya sea entre maniquíes o en un bar de Antonio, parece que los señores publicistas que contrata Loterías y Apuestas del Estado, la agencia Leo Burnett, han reproducido 5 trucos clásicos para emocionarnos y hacernos creer en la suerte. La suerte del bombo millonario.

1. Personajes grises.

La monotonía. La vida en bucle, solitaria y repetitiva. La existencia gris de una buena persona con cierta mala suerte. Así nos dibuja la Lotería Nacional a su protagonista. Así el espectador se identifica con el personaje principal. Se merece el gordo. Nadie duda.

2. Banda sonora llorona.

Para incentivar esa emoción contagiosa, no sólo basta la historia con cierto tinte lacrimógeno: también es importante la música de fondo. Si es un pianito sensiblero, mucho mejor. Recalca cada movimiento e impulsa el bondadoso giro dramático. Infalible para activar el lagrimal.

3. La gente que cambia el mundo.

La solidaridad. La gente que está aunque no te lo esperas y te guarda un cupón porque quiere compartirlo contigo. El final feliz, vamos. Que te reconforta y que te anima a ir corriendo a comprar tu décimo porque sabes que probablemente en la realidad esto no te pase.

4. Copos de nieve.

Calles nevadas en un país en el que las ciudades rara vez tienen las calles nevadas. Pero los señores de la lotería, desde hace décadas, hacen que nieve en sus anuncios. Hasta la fábrica de maniquíes tiene nieve en el tejado. La culpa la tiene el cine, que nos ha hecho creer que sin nieve la Navidad es más fea y menos romanticona.

5. Nada de versiones de canciones.

Y, por supuesto, nada de canciones cantadas por celebrities heladas de frío. Nada. Esa lección ya ha sido aprendida por los gurús publicistas. En la época del chiste viral en la que estamos inmersos, mejor buscar la emoción de cuento -con mucho dorado- que intentar asombrar con personajes vips -con mucho dorado, también- interpretando impostados un tema ñoño. Entonces, nadie se sentirá identificado y la inevitable parodia desde las redes sociales no dará tregua, propiciando el mensaje contrario que busca el spot: la felicidad en formato de un mágico décimo de la Lotería Nacional.

@borjateran

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9:47 - Autor:

La espectacularización de la información no es nada nuevo en televisión. La pequeña pantalla cae en esta trampa a diario. También cuando se trata en la cobertura de catástrofes o terribles atentados, como los que ha sufrido este viernes París.

Pero la televisión no debe olvidar su responsabilidad social y necesita saber marcar límites honestos. Límites que deben ser especialmente rotundos cuando se trata de informar.

Y ahí es donde empiezan a fallar, a veces, los engranajes de la televisión. La figura del tertuliano estrella se ha expandido por todo tipo de programas. Incluso en espacios que dicen ser informativos.

Este perfil de contertulio sirve para todo: lo mismo para hablar de la independencia de Cataluña, de los gajes de la campaña política o de las causas de un accidente de avión. Y siempre suele estar posicionado en una trinchera ideológica clara, que (para no despistar al espectador) se sitúa a izquierda o derecha.

De esta forma, el periodismo televisivo ha dado la sensación de que se había olvidado de una figura crucial a la hora de explicar una situación, sus contextos, causas y consecuencias: la figura del experto, que ha sido relegada de programas de máxima audiencia a favor de los contertulios más gritones, aquellos que abarcan cualquier tema con una increíble capacidad para generar titulares rimbombantes.

Una tendencia que también ha desvirtuando un detalle tan básico como la necesidad de contrastar la información que nos llega. Sobre todo en los magazines, shows nocturnos de debate y otros grandes ‘contenedores’ pegados a la actualidad. Su duración propicia que se cuelen informaciones incorrectas. No es sencillo rellenar cuatro horas de directo de contenidos. Tampoco ayuda esa velocidad en la que se trabaja para ser los primeros en dar la noticia, una trampa en la que es muy fácil caer.

Los magazines y las tertulias espectáculo son un hábitat perfecto para que se diluyan las fronteras entre opinión, artificio, maquillaje e información. Los titulares vuelan, las especulaciones crecen. Incluso Twitter se convierte en fidedigna fuente. Como pasó el viernes por la noche en la emisión del Canal 24 Horas.

Y esa tendencia es peligrosa: en el torbellino de datos y en la búsqueda de llegar al máximo número de espectadores, nadie debe olvidarse de su responsabilidad social incompatible con dar alas a las especulaciones.

Pero los nuevos tiempos, con su avidez por lo inmediato y lo viral, lo provocan. Y en este caos de tráfico de información tóxica es crucial la perspectiva de los profesionales del periodismo para encontrar el equilibrio más preciso entre el imprescindible rigor y la necesidad de atrapar al espectador con una historia bien divulgada a través de una mirada contrastada.

En este sentido, con expertos que aportan luz, con los protagonistas en primera persona y con datos verificados, Salvados o El Objetivo demuestran que es posible ser rigurosos utilizando la esencia del periodismo y las herramientas de las narrativas televisivas. De hecho, explorar los nuevos lenguajes televisivos es clave para fortalecer la información en televisión y hacerla más clara e interesante. Porque contar con límites éticos, esos límites que marcan la línea entre lo que tiene relevancia informativa y lo que simplemente es morbo barato que no aporta nada, no va en contra de la televisión. Al contrario, juega a favor de la credibilidad, confianza e interés del propio espectador.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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