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Lo mejor y lo peor de la Nochebuena televisiva en la que Raphael quiso ser Bertín Osborne

25 diciembre 2015 - 3:49 - Autor:

Las cadenas de televisión no creen en la Navidad. O eso parece al ver su oferta en la Nochebuena: estancada en el pasado. De hecho, en muchos casos, podrían reponer su programación de años anteriores y muchos ni se percatarían. Pero no demos ideas. Esto es lo mejor y lo peor de la Nochebuena en la que creyó la tele de 2015.

LO PEOR

La Nochebuena televisiva vive estancada en 1995. No avanza, las cadenas privadas han decidido tirar la toalla en esta jornada, que ya ni aprovechan para impulsar su imagen de marca con capítulos especiales de sus series de éxito o ediciones navideñas de sus talent shows.

Antena 3 directamente opta por Los Simpson y refritos varios. Así no pierden dinero. Mientras que Telecinco, este año, ha seguido apostando por la gala de José Luis Moreno con Paz Padilla, Joaquín Prat y compañía.


 
7 años consecutivos lleva la cadena líder confiando este sarao en el productor-cirujano-ventrílocuo, programa que realiza con el piloto automático: hortera y rancio por igual. Ni se preocupa en iluminar correctamente, ni en emitir con una realización visual bonita y cuidada. Al contrario, el show de Telecinco es el McDonalds de los especiales navideños: cóctel rápido e insípido de varietés que funciona porque permite el comentario cotilla desde casa “mira qué guapa está ‘la’ Paz Padilla, abuela“.


 
En La Noche en Paz tampoco faltan los teatrillos y los diálogos con roles sexistas. Telecinco se ha acomodado en esta fórmula obsoleta, no obstante, renta en audiencias, a pesar de que la cadena de Mediaset multiplicaría su cuota de pantalla generando un acontecimiento con ediciones especiales de sus programas de cabecera. Pero no lo hacen. Es la consecuencia de la desganada que produce la Navidad en nuestras grandes cadenas. Y es que, en realidad, ninguna privada quiere competir realmente porque saben que esa noche aún es de TVE.

Y TVE recuperó Telepasión. Pero el tiempo de Telepasión ya pasó. Al menos, tal y como lo conocemos, pues la fórmula se ha desvirtuado. Además, el público ya no es tan ingenuo y está resabiado de ver a gente de la tele haciendo que canta.


 
No obstante, la cadena salvó la papeleta con una realización notable, con mucho instinto de la teleNochebuena, y una puesta en escena espectacular, muy a tono con la mejor esencia de Televisión Española. Pero, si el primer Telepasión nos sorprendió por ver a carismáticos rostros de la cadena pública riéndose de sí mismos y de la propia televisión con números musicales muy ensayados, en este remake nos hemos encontrado a rostros de la cadena (a los que había que presentar con un letrero para ubicar su trabajo) cantando a lo loco, como si fueran una asociación de cuñados en un karaoke.


 
Pero Telepasión es un formato icónico de la historia de la televisión que no hay que malograr. Es tiempo de encontrar otras fórmulas más conscientes de su tiempo, que vuelvan a despertar la ilusión y la expectación en la audiencia.

Como tampoco ha sido muy consciente de su tiempo el especial de Raphael, que un año más ha sido el maestro de ceremonias de su tradicional christmas navideño en TVE. Aunque, esta vez, ha salido del plató para realizarlo desde su (supuesta) propia casa. Vamos, como en ‘En la tuya o en la mía‘ de Bertín Osborne, pero sin futbolín. Invitados estelares fueron pasando por el lujoso hogar que, por cierto, no es propiedad del cantante: en realidad, es un casoplón alquilado para la ocasión.


 
La intención del programa, de abrir la mansión de Raphael, era buena. Pero, al final, el decorado real del show ha sido demasiado monotemático y claustrofóbico. Ha sido horrible visualmente. Porque, aunque el equipo de realización intentaba dar variedad de planos y encuadres, la casa no daba más de sí. Del salón a la escalera y de la escalera al salón. Un lugar complicado de iluminar y de colocar las posiciones de cámara, que no ha favorecido ni al propio protagonista de la velada.


 
El invento ha resultado forzado e incluso, en determinados momentos, desangelado. Como consecuencia, Raphael brilló menos: no tenía espacio para sus habituales aspavientos. Eso sí, destacó la corrosión de un particular mayordomo, Carlos Areces, y las actuaciones de India Martínez, Asier Etxeandia y Bebe, que dijo a Raphael que disfrutara de la Nochevieja. Ella, que se confundió de día. Vuelve al plató, Raphael.

LO MEJOR

Se ha echado de menos un especial con una concepción tan global –en realización, puesta en escena y guion- como el formato que protagonizó Joan Manuel Serrat en la pasada Nochebuena. Más que un programa de música, una historia de principio a fin a través de la música.

Este año ha existido menos riesgo creativo, pero sí una gran innovación, que es un camino interesante por explorar: la emisión paralela en 360º de fragmentos del especial de Malú. El espectador puede interactuar con la grabación, como si estuviera en el plató. Una experiencia inmersiva sin precedentes en la tele de España. Sólo basta tener un dispositivo de realidad virtual o, en su defecto, ganas de trastear con la pantalla del ordenador, móvil o tablet. El resto lo pone la imaginación.


 
Lo inteligente de esta propuesta de TVE es que no se ha quedado en un experimento online y se ha integrado en la emisión tradicional. Porque los contenidos interactivos ya no son algo menor o complementario: deben ser arte y parte de los programas y series.


 
Y el especial de Malú ha regalado grandes momentos como los duetos con Mónica Naranjo, Miguel Poveda o Ana Torroja. Y todo mostrado por un sublime trabajo visual del realizador desde una acogedora puesta en escena de Cesc Calafell: con personalidad propia y diferenciada, sin necesidad de atarse a las clónicas pantallas de leds.

De nuevo, ahí está la clave de la televisión también en Navidad: que huya de lo evidente y apueste, con amplitud de miras, en su personalidad propia (frase que repito mucho últimamente) . El problema está en que las cadenas llevan dos décadas reproduciendo las mismas fórmulas con un automatismo preocupante. Es la hora de volver a creer en la Navidad, volver a intentar emocionar al espectador con la complicidad que merece.

> 4 lecciones que TVE debe aprender del primer Telepasión

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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