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El asesinato del late night

25 enero 2016 - 9:00 - Autor:

Era el placer culpable para acabar el día. Un aliciente, una especie de resquicio golfo para experimentar con el entretenimiento televisivo.

Incluso las cadenas cuidaban esta franja con rostros estrella: luchaban por liderar las últimas horas de la noche. Había hasta mercado de fichajes. Nombres como Jesús Vázquez, Carolina Ferre, Eva Hache, Máximo Pradera o Francis Lorenzo llegaron a tener late night propio.

Las cadenas sabían que, este tipo de programas, servían para definir la imagen de marca del canal y fidelizar espectadores. Peleaban por triunfar en los últimos coletazos del día. Pero, de repente, los late shows desaparecieron. Se apagaron.

Sólo Buenafuente ha ido sobreviviendo en emisión. Ahora ya desde el pago, en Movistar+, y en un horario más tempranero, de 11 a 12 de la noche. En esta nueva etapa, ha optado por recuperar el formato clásico de late norteamericano: con su monólogo, con su escritorio, con su sofá, con su telón, con su orquesta en directo. Buena alternativa para un target más definido.

Pero, en el peculiar contexto de las grandes audiencias de la televisión en España, los estandartes de este género se han afianzado con programas de marcado carácter nacional. Sin necesidad de monólogo. Así lo hizo Pepe Navarro con Esta noche cruzamos el Mississippi o Javier Sardá con Crónicas Marcianas.

No se quedaron en adaptar la fórmula de triunfo norteamericano y tomaron el pulso del interés de la sociedad cañí que estaba a esas horas frente a la trasnochada tele: conseguían que público esperara hasta última hora de la noche para ver con qué sorprendían.

Pero la receta del éxito se desvaneció. Con la crisis, las cadenas decidieron ajustar presupuestos y aprovechar esta franja para apostar por formatos semanales, con menor entidad, o para alargar hasta las dos de la madrugada lo que se emite en prime time. De esta forma, se ahorra el coste de otro programa extra y, además, se eleva el dato de audiencia del show principal a fuerza de estirar su contenido hasta las tantas, un horario donde existe menos competencia. Y, por tanto, ya sin rival en esa franja, la media de share crece. Como consecuencia, los realities o concursos terminan pasadas las dos de la madrugada.

Así se asesinó silenciosamente el late night y se reorganizaron ofertas que podrían encajar a las 12 de la noche en otros espacios de la parrilla, como El hormiguero en el access prime time.

Sin embargo, la medianoche sigue siendo una oportunidad para los canales. Porque contar con un late night fuerte y con personalidad es una baza para congregar a un interesante target publicitario, más joven y más favorable para experimentar en contenidos.

Un late night que también sirve para ordenar la programación y conciliar horarios, al ajustar el tiempo del prime time a una duración más sensata. Sin olvidar, la importancia para los canales de cimentar un público fiel gracias a una marca reconocible diaria (Crónicas Marianas, lo era) que, además, es perfecta para retraolimentar sobre otros programas de la cadena (y, de paso, promocionarlos).

Pero para alcanzar este interés del público no vale con imitar, hay que romper con el cuadriculado estereotipo de late night. Como hizo Javier Sardá y Joan Ramón Mainat llevándose a Telecinco un plató marciano, perfecto para un show pillo. No se parecía a nada. Una puesta en escena espacial tan identificable como ideal para jugar con el espectáculo, dar alas a la imaginación y congeniar con el audímetro. Y ese sello distintivo es lo que falta en la televisión noctámbula de España de hoy, que parece estar más pendiente de emular que de inventar.

@borjateran

| Foto Buenafuente en los Goya de 2010

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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