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Los Goya crecen en audiencia pero siguen lejos del récord histórico de Buenafuente en 2010

7 febrero 2016 - 12:35 - Autor:

La gala del treinta aniversario de Los Goya ha flojeado a nivel televisivo (ver crítica) pero, sin embargo, ha subido en cuota de pantalla y espectadores, logrando cosechar el mejor resultado de audiencias de los últimos años (desde las ceremonias de Eva Hache) con un 25,8% de share y 3.900.000 televidentes.

Un dato que aún está lejos del récord histórico de audiencia que alcanzó Buenafuente en 2010, cuando la ceremonia dio el salto al domingo (día de mayor consumo de televisión). Ahora, de nuevo en sábado, el mediático acontecimiento de la gala del cine español ha recuperado fieles en una edición en la que ha destacado, especialmente, la emoción de Daniel Guzmán al recoger su Goya, a la mejor dirección novel, frente a las lágrimas de su abuela.

Así es la evolución de audiencias de los premios Goya (desde que se miden con el actual sistema de audímetros). Todas emitidas por TVE, menos la primera que se dio por Antena 3:

1993: 9.3% y 1.356.000 Imanol Arias
1994: 13.9% y 2.247.000 Rosa María Sardá
1995: 17.9% y 2.128.000 Imanol Arias
1996: 23.3% y 2.842.000 Verónica Forqué y Javier Gurruchaga
1997: 29.5% y 3.544.000 Carmen Maura y Juanjo Puigcorbé
1998: 21.5% y 2.173.000 El Gran Wyoming
1999: 33.5% y 3.688.000 Rosa María Sardá
2000: 30% y 2.816.000 Antonia San Juan
2001: 29.9% y 2.925.000 María Barranco, José Coronado…
2002: 30.3% y 3.088.000 Rosa María Sardá
2003: 19.3% y 2.422.000 Alberto San Juan y Guillermo Toledo
2004: 20% y 2.112.000 Cayetana Guillén Cuervo y Diego Luna
2005: 24.5% y 3.720.000 Resines y Maribel Verdú…
2006: 18.8% y 2.305.000 Concha Velasco y Antonio Resines
2007: 20.5% y 3.282.000 José Corbacho
2008: 18.1% y 2.775.000 José Corbacho
2009: 20.8% y 3.370.000 Carmen Machi
2010: 26.4% y 4.656.000 Buenafuente (máximo histórico)
2011: 25.4% y 4.340.000 Buenafuente
2012: 23.3% y 4.156.000 Eva Hache
2013: 22.2% y 3.917.000 Eva Hache
2014: 19.8% y 3.567.000 Manel Fuentes
2014: 19.8% y 3.567.000 Manel Fuentes (menos vista desde 2009)
2015: 24,7% y 3.839.000 Dani Rovira
2016: 25,8% y 3.900.000 Dani Rovira

CRÍTICA DE LA GALA:

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2:15 - Autor:


Tenemos un pequeño problema. Esto de la gala de Los Goya parecía que iba a mejor en los últimos años. Pero no, la gala de este 2016 ha suspendido. Desde 2010, con la primera ceremonia de Buenafuente, habíamos aprendido que lo mejor era crear un formato televisivo propio, que no se obsesionara con imitar entregas de premios americanas. Pero, en este 30 aniversario, de nuevo, la Academia se ha obsesionado con el número musical de arranque. Como si fuera una gala de galardones de teatro musical, al estilo de los norteamericanos Tony, con truco de magia incluido. Pero copiar una cosa, sin saber copiarla, es siempre un quiero y no puedo.

Hasta Dani Rovira se desvaneció del escenario, como Neil Patrick Harris en los Tony, gracias a un asombroso truco de magia de Jorge Blass. Lo malo es que ese inicio pretendía ser un gran número musico-teatral pero que, en su ejecución, no casaba con las narrativas televisivas actuales. Transmitía un espectáculo retro y no bien ensayado. Cutre, vaya. Y si no empiezas en alto, busca otra forma de empezar, porque el inicio siempre marca la pauta de la gala.
El teatro donde se celebra el evento tampoco acompaña con las condiciones adecuadas para un sarao de estas características. Un escenario muy limitado. Con una escenografía funcional y elegante, sí, que aprovecha y agranda el ajustado espacio, pero que causa indiferencia. Y es que el decorado es intercambiable. Podría ser de una gala de Eurovisión, de un Telepasión, de la gala de Nochevieja o incluso de la serie Dreamland (por el exceso, por momentos, de humo).
En lo visual, volvió a faltar más carisma, más identidad propia, más esencia de gala cinematográfica. En estos treinta años de Goyas, hemos tenido escenografías legendarias, como cuando Rosa María Sardá convirtió el Palacio de Congresos de Madrid en un plató de cine, con sus cámaras, su grúa, sus paredes de mentira, sus bambalinas.
Eso sí, la buena idea, muy a valorar, de la puesta en escena de esta edición es que se han atrevido, por fin, a retirar los atriles. No son necesarios. El público quiere ver a los premiados en todo su esplendor, con sus mejores (o peores) galas. Aunque estos no sepan donde apoyarse.
Por suerte, los monólogos de Dani Rovira pusieron cierto remedio a todos los males del extraño arranque musical a lo High School Musical cañí y a los sucesivos trucos de magia. Tras un fallo de micrófono, que dejó a Rovira en un incómodo silencio del que salió con soltura, el cómico hizo uso de su habitual arte en el monólogo para todos los públicos. Un acierto el hecho de caminar por el patio de butacas, entremezclándose e interactuando, con una gran proximidad, con los verdaderos protagonistas de la noche: los actores.
No obstante, el guion estuvo peor hilado que el año pasado y no todos los chistes funcionaron. Su punto fuerte estuvo en el entreacto, en el que Rovira intercambió pullas con los representantes políticos, los otros protagonistas de la noche.
Destacó Antonio Resines como presidente de la Academia de Cine, con su particular humor, rompiendo con los encorsetamientos de la gala aunque no precisamente innovando en su discurso. Y chirriaron eso violentos momentos en los que se cortaban de cuajo los agradecimientos de los premiados que excedían su tiempo. Especialmente violento fue el corte a Natalia de Molina, Goya a la Mejor Actriz. Detalle feo pero entendible: el escaso sentido del espectáculo de muchos de los ganadores y las gracias eternas siguen siendo el mayor lastre de esta gala en lo que al ritmo se refiere. Y, claro, luego al final hay que ir con muchas prisas por todo el tiempo que se ha gastado en la primera mitad.
En cuanto a la realización, en TVE son unos maestros. Pero no se pueden permitir llegar tantas veces tarde a los planos de reacción en el patio de butacas. No es tan complicado que las cámaras sepan dónde están sentados los protagonistas a los que va a nombrar Rovira (marcados en guion), para así evitar, por ejemplo, ese plano desenfocado de Pedro Sánchez. En eso no hay excusas.
Además, otra cosa en la que nunca aprenderemos: lo feos que quedan esos planos con butacas vacías alrededor, de gente que se ha ido, está en el baño o presentando premios. ¿Tanto cuesta llenarlas con figurantes como hacen los americanos?

Pero sí que la emisión visual ha sabido salir airosa a nivel general, a pesar de constantes problemas de sonido y las limitaciones del caos que supone realizar la gala en el espacio de un teatro que no es un teatro: es un salón de actos de un hotel en el quinto pino. Perfecto para una convención de ejecutivos, no para un espectáculo televisivo. Y ese es un fallo, pues el cine español debería acercar más sus premios a la gente, al corazón de la ciudad, haciendo más partícipe a la ciudadanía de una ceremonia que debe huir de las endogamias de amiguetes.

Por suerte, la emisión paralela de rtve.es abrió, por segundo año consecutivo, los Goya a la gente. Lo hizo a través de los #GoyasGolfos, una retransmisión pirata que refleja el lado más lúcido y gamberro de la cadena pública: consciente de su tiempo, interactuando en directo con los espectadores, aprovechando las posibilidades de las redes sociales y realizando una contra-retransmisión sin miedo a saltarse los límites del extremismo de lo políticamente correcto, atreviéndose a hablar con una complicidad apabullante con el espectador. En definitiva, jugando con la televisión.
Y ese es el mejor porvenir de los Goya: jugar con la televisión para acercar el cine rompiendo con los convencionalismosde unas galas de premios y sobre todo en años como este, en el que las películas nominadas no eran precisamente las más taquilleras o conocidas por el público.Faltaron, por tanto, momentazos, espontaneidad, ironía, emoción (¡menos mal que estuvo Daniel Guzmán tan a flor de piel!) y, sobre todo, sorpresa. Son los ingredientes necesarios para atrapar al espectador independientemente de que haya visto o no los títulos nominados. Y este año el menú ha vuelto a saber soso, nada compacto y olvidable. Los Goya han cumplido treinta años, pero aún parecen adolescentes inseguros con mucho que madurar.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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