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La otra revolución social: manifestaciones en Madrid… por ‘Gran Hermano VIP’

9 abril 2016 - 14:28 - Autor:

Gran Hermano VIP ha entrado en recta final y su audiencia se ha concentrado en el centro de Madrid. No por los refugiados, no por el país ingobernable, no por la igualdad de género, no por un mundo mejor. Este viernes, los seguidores del formato de Telecinco se han manifestado en apoyo a Carlos Lozano y Laura Matamoros. Los primeros abarrotando la plaza de Callao (en la imagen), los segundos en Puerta del Sol, teniendo que desviar la policía la marcha a Cibeles para evitar altercados.

Serán unos pocos, pero está claro que hay gente excesivamente hipnotizada por el universo de Telecinco hasta límites que superan la perplejidad. Este programa es su vida, y es capaz de movilizarles como no lo haría ningún otro asunto mucho más importante.

Son las consecuencias de que un show de entretenimiento se transforme en una obsesión que no siempre consume en su justa medida con espíritu crítico, desvirtuando aquello por lo que merece la pena manifestarse. Y anda que no hay motivos hoy en día… También en busca del apoyo a Carlos Lozano. Con pancartas y todo:

 

 

 

Al final, va a ser que el experimento sociológico de Gran Hermano no estaba dentro de la casa de Guadalix de la Sierra, se ve que las cobayas reales eran los propios espectadores… Todo sea por el espectáculo.

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@borjateran

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‘Gran Hermano’, el superformato que reinventó la televisión

Tp cumple hoy 50 años: la revista que creyó en la televisión

2:46 - Autor:

Un sábado como hoy, hace cincuenta años, nacía la revista TelePrograma, conocida como TP. Un publicación que llegaba para revolucionar el sector: por su reducido tamaño, un magazine más pequeño y manejable que los de la competencia, y por su contenido, una ventana a la programación televisiva.

El primer número costó cinco pesetas y su portada solo necesitó una gran foto para llamar la atención del espectador. El Fugitivo como único y eficaz protagonista. Desde entonces, las primeras páginas de TP eran un escaparate de espectaculares imágenes de las grandes series nacionales e internacionales de la época. A toda plana, sin necesidad de rimbombantes titulares o cebos expectantes.

Porque TP era más que una revista: era como una especie de souvenir de la televisión de su tiempo, una televisión que cumplía diez años y que estaba en pleno proceso de expansión. TVE empezaba a ser una gran TVE con relevancia internacional, especialmente en ficción.

Y TP lo consiguió plasmar en sus páginas. Su compra, junto con el pan, era obligada para saber qué ponían en la tele. Los fotógrafos de la revista parecían unos trabajadores más de los estudios de Televisión Española en Prado del Rey. Casi tenían carta blanca para ir y venir por los pasillos de la gran factoría catódica.

TP servía para comunicar los horarios de la programación, pero también para retratar las entretelas de lo mejor de la pequeña pantalla. Poco a poco,  en la revista se fueron abriendo paso todos los presentadores de relevancia. Inolvidables las portadas con Jesús Hermida, Rosa María Mateo, con cigarro en la mano, Julia Otero o, por supuesto, Mayra Gómez Kemp.

Las páginas interiores también crecieron. Además de reportajes propios y parrillas, abría hueco para la crítica y la reflexión. Incluso con editoriales sobre los cambios en los Telediarios. Como fue la columna de TP sobre la destitución de un joven y reputado periodista, Iñaki Gabilondo, como director de los servicios informativos de Televisión Española. Quería lograr la independencia de TVE. Sin embargo, en pleno intento, fue cesado meses después del golpe de estado.

TP supo tomar el pulso a la televisión, a lo que se veía y a lo que no se veía. Y en los ochenta se disparó hasta ser la revista más vendida de España, por encima de las del corazón. Hasta tuvo diferentes ediciones regionales, con las distintas programaciones según comunidad autónoma.

Aunque, sobre todo, TP se quedó tatuada en el imaginario colectivo por obra y gracia de su entrega de premios anual. Los TP de Oro. Bueno, en un principio sólo se trataba de una plaquita que se entregaba en un salón de bodas, bautizos y comuniones de un hotel caro.  Después el sarao creció. Eran los noventa, y las privadas impulsaron estos galardones como la gran celebración de la pequeña pantalla. Todo un festín. Todo un espectáculo.

Eran los tiempos en los que las cadenas olvidaban las garras de sus rivalidades para unirse en un mismo prime time común y propiciar un show conjunto a golpe de premios. Un show en el que incluso las estatuillas se rompían en mil pedazos por culpa de un tropezón de Ana Obregón. Aquel recordado accidente estaba preparado, claro. De hecho, ese Tp de Oro era, en realidad, de arcilla, para que se resquebrajara sin problema. Y Ana lo hizo tan bien que sembró la duda en el público. Al día siguiente no se hablaba de otra cosa.

El vídeo lo demuestra. TP sabía crear acontecimientos: como sus propios premios, como sus propios reportajes. Pero llegó la contraprogramación y sus parrillas dejaron de ser fiables. A diferencia de otras publicaciones de similares características, como la TV Guide, que supieron adaptarse a los nuevos tiempos y entendieron que el presente ya consistía en suministrar contenidos propios a través de las plataformas interactivas, la vieja revista TP ha evolucionado hacia lo que se denominaba antiguamente como revista “femenina”, relegando a los amantes de la pequeña pantalla. Sus páginas se han quedado en noticias y reportajes que no marcan la diferencia con el flujo informativo de los portales de Internet. TP ha perdido su identidad, hasta su logotipo ya no cuenta con la misma rotundidad.

Son los nuevos tiempos. Pero paradojicamente probablemente el mejor porvenir para la revista TP pasa por recuperar parte de la esencia de sus años dorados. Cuando TP no se quedaba en el reportaje previsible, el titular vacío y la entrevista políticamente correcta. Cuando TP analizaba la tele con perspectiva, jugaba con los profesionales del momento y, sobre todo, sus páginas generaban contenidos que eran pequeños grandes acontecimientos. Cuando TP era una experiencia de fotografías curiosas y textos para coleccionar, donde se esperaba con expectación cada portada. Ese es el futuro de TP.

Porque habrá cambiado la tecnología y las narrativas audiovisuales serán diferentes, pero hay algo que jamás cambiará en el periodismo: narrar historias con mirada propia. También en la información de televisión, maltratada con cierto síndrome de inferioridad, que se merece una gran revista que divulgue con pasión la TV: la que añoramos del ayer, la que descubrimos en el hoy y la que imaginamos en el mañana. Una gran revista como TP. Felices 50.

@borjateran

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La asignatura pendiente del humor en la TV en España

2:10 - Autor:

Falta valor en los directivos de la televisión“, es una de las reflexiones que ha realizado Arturo Valls en la mesa de debate sobre el humor y la televisión, que se ha celebrado este viernes en el Festval de Albacete y en la que también ha participado José Corbacho, Agustín Durán (Televisión Castilla-La Mancha) y Diego Arjona (El Club del Chiste) . Un punto de encuentro entre profesionales del sector audiovisual en el que está presente Lainformacion.com y donde se ha puesto el foco en las dificultades para arriesgar en el panorama actual.

No falta razón a Valls con la falta de valentía. Tras la crisis, las cadenas tienen más miedo al riesgo en nuevos formatos o producciones que se salen del guion prestablecido. Porque el riesgo conlleva más posibilidades de fracaso. En esta línea, José Corbacho ha recordado que en la actualidad este temor es la causa de que los canales se centren en adquirir formatos que ya han demostrado su buen rendimiento a nivel internacional. “La tele se ha homogeneizado”, ha sentenciado Corbacho que ha recalcado que “antes se probaba más”. De hecho, existen sketches que parecen imposibles de reproducir en la actualidad. Como “muchos de Martes y Trece“, añaden.

Una situación que para Corbacho es diferente a la televisión anglosajona, donde es posible encontrar monólogos de hora y media sobre temas políticamente incorrectos. En este sentido, Valls se pregunta “¿por que oímos muchas veces a los guionistas que no les dejan hacer lo que les gustaría?”. La respuesta es muy sencilla “a los que realizan la programación les cuesta salir del abecé”.

Ese abecé que saben que funciona, ya sea en España o Pekín. Pero que cortan las alas a los creadores de la televisión en España. En cambio, nos olvidamos de que los grandes éxitos de nuestra histórica catódica gestados en el territorio nacional. Como ejemplo, Corbacho ha valorado especialmente el trabajo de Tinet Rubira, creador de Tu cara me suena. Un show cien por cien español que se ha transformado en un éxito internacional.

No es casual. Tu cara me suena era un formato arriesgado que derribó todos los prejuicios. Incluso el propio Valls, con sus actuaciones en este show de imitadores, recuperó parte de la esencia del humor más genuino de aquellos programas que apostaban por la libertad del riesgo creativo. Como sucedía, una vez más, con los especiales de Josema y Millán.

Ahora cuesta más. La televisión en España sigue suspendiendo en riesgo. Esa es su asignatura pendiente. En el humor en la televisión (y en la televisión en general) vivimos en tiempos de suspicacias desorbitadas que terminan provocando miedos que frenan la creatividad más valiente. Miedos a segundas lecturas. Miedos a la autocrítica. Miedos a salirnos del guion más de la cuenta. Miedos a reírnos de nosotros mismos. Miedo a la imaginación de la audiencia… y los gustos de los audímetros.  

Y. por culpa de esos miedos, Internet ha cogido el testigo de la televisión tradicional en el humor sin paliativos, el humor más diverso, el humor espontáneo: “en Internet se puede encontrar humor de todos los estilos”, explica Corbacho.  Porque el humor sin red está en la red.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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