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‘Aquí mando yo’: cuando los espectadores quieren ser artistas

15 abril 2016 - 23:09 - Autor:

Antena 3 ha estrenado este viernes Aquí mando yo, la versión española del reality de éxito internacionalGoggle Box’, que supone una vuelta de tuerca al género de los programas de zapping. El refrito de imágenes de la semana televisiva de siempre, al estilo de La Batidora, pero con una novedad: el zapeo va aderezado con una serie de peculiares familias observando (y comentando) el programa, reality o serie de turno desde el salón de su casa.

Lo bueno del formato es que no es un refrito desfasado y va pegado a la actualidad. De hecho, muy pegado. Esta semana hemos visto como veían estas familias programas como Top Dance, Ahora Caigo, Boom o Frank de la Junga. Otro acierto es que no se queda en Antena 3, también pone fragmentos de TVE, temáticas y autonómicas.

Lo peor del espacio, en cambio, es que los miembros de las familias parecen actores, pues están bastante sobreactuados. Pero no están interpretando, es un casting de personas anónimas de verdad de la buena. Pero, claro, aquellos que han decidido participar tienen un afán de protagonismo que no oculta una intensidad artificiosa a la hora de comentar los programas para no defraudar a los de la tele que les están grabando. Son personas a favor del show. La mayoría apuntan maneras de celebries frustradas y aprovechan al máximo sus minutos de fama. Así que no olvidan que están en un programa de televisión

Porque, por supuesto, saben que les están grabando. Y, además, los salones están iluminados con una luz de teleserie. Hasta con iluminación en los fondos. Porque en todas las casas tenemos la pared de detrás del sofá con un contra de luz de relleno al más puro estilo de una sit com.

Incluso añadiendo a la decoración costumbrista elementos muy peripuestos, como las abuelas con unas pastitas encima de la mesa colocadas para la ocasión. Y es que, a veces, el atrezo puede dar la sensación de estar demasiado colocado. El mérito es justo lograr lo contrario, que parezca todo tremendamente natural aunque esté todo preparado para lucir bonito por la tele. No es el caso,  por lo que chirría en el subconsciente de la credibilidad del espectador.

Como también chirría que los comentarios son demasiado promocionales. Histéricos, absurdos, delirantes. Pero siempre a favor de los programas que comentan. Falta irónica maldad. Faltan argumentos, que aporten mirada. Sobra cierta aureola de autopromo de Atresmedia, donde es difícil sorprenderse con una sana autocrítica despiadada contra algunos de los programas del grupo. Simplemente se habla de lo emocionante o divertido que resulta lo que ven por la tele: concursantes de talent shows, giros dramáticos, qué majo es Arturo Valls.

Por suerte, los protagonistas de Aquí mando yo también diseccionan espacios de cadenas de la competencia. Y ciertos “espectadores-cobayas” de este show-zapping son toda una revelación. Especialmente Borja Flores, un influencer de Internet fichado para la ocasión.

Ahora sólo falta que el formato dibuje mejor sus personajes,  quite las pastitas de encima de la mesa de las abuelas y explique mejor los programas que muestra, con un montaje en paralelo entre las diferentes familias que esté mejor estructurado y con un final definido, no brusco como en la primera edición. Porque si no has visto los shows por los que zapea Aquí mando yo parece complicado pillar el hilo y empatizar con un formato demasiado británico para un país al que nos gusta criticar en vivo y en directo la televisión con un apasionamiento maquiavélico mayor.

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Laura Matamoros gana una final de ‘Gran Hermano VIP’ más convertida en ‘Sálvame’ que nunca

0:44 - Autor:

Ya no son como antes los finales de Gran Hermano. Porque Gran Hermano no es como antes. La final del último Gran Hermano VIP lo demuestra. No ha habido ninguna salida espectacular de la casa. No son buenos tiempos para las fanfarrias, y Telecinco ha centrado el final del show en los dos finalistas, Carlos Lozano y Laura Matamoros, en plató. Como si fuera un Sálvame más. Como si fuera un debate cualquiera.

Las finales de Gran Hermano ya no desprenden esa apoteosis que lograba un plus extra de espectáculo y emoción en la última noche del programa. De hecho, este jueves han llegado los dos finalistas juntos. Y ahí estuvo, si acaso, el momento más espectacular del programa: Laura Matamoros casi se cayó bajando la escalera (muy rápido el de sonido trasteando con la sintonía en ese instante pare calcar el trompazo). Y ya.

El resto fue más de lo mismo. Trapos sucios y enfrentamientos varios. Porque los de Mediaset prefieren asegurarse el conflicto en plató, que saben que tan bien les funciona. Y así lo han hecho con sus dos finalistas, sentados al lado de un hábil Jordi González. Y, juntos, han visionado grandes e intensos momentos de sus miserias en el interior de la casa. Perfectos para cabrear aún más al personal. Es lo que se busca, claro. Sólo ha faltado un polígrafo sobre la marcha. Pero eso ya lo dejan para el Deluxe.

Al final, ganó Laura Matamoros. Y el programa acabó. Sin más. Tal vez el presentador de OT no ha tenido el mismo potencial empático que la hija de Kiko Matamoros, con una legión de fans más afines a la esencia de votantes activos en esto de la tele-realidad de Telecinco.

Una tele-realidad que ha evidenciado que sigue funcionando como una maquinaria perfecta. Aunque el casting de esta edición VIP no haya contado con tanto tirón como la anterior. Los concursantes arrancaron muy sosos, pero el formato ha sabido generar historias constantes dentro y fuera de la casa, sin dar tregua a sus acérrimos seguidores, que incluso han llegado a concentrarse en la calle para apoyar a sus “ídolos”.

Y que el show no pare. La semana que viene comienza Supervivientes. No hay descanso. La máquina de Telecinco no para. La cadena principal de Mediaset ha creado una fórmula infalible: un año de realities sin pausas, que retroalimentan toda la programación y hasta sirven de competitivo programa comodín para completar tres prime times.

El entretenimiento del conflicto, del culebrón de la realidad con trapos sucios nacidos de la convivencia del show bussines. Así se ha construido, con astucia y músicas efectistas de fondo, el modelo de negocio de éxito de esta cadena, Un modelo de negocio de éxito que no parece mostrar síntomas de desgaste y que seguirá triunfando durante muchos años. Asumámoslo.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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