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Así fue la primera vez de Espinete en televisión (y así nos emocionó)

20 abril 2016 - 10:18 - Autor:

Tras el fracaso de la Gallina Caponata en las predecesora versión española de Barrio Sésamo, TVE solicitó, al prestigioso diseñador de teleñecos Kermit Love, la creación de una animal más a acorde con nuestra ‘patria’. Una águila fue el bicho elegido. Pero, por suerte, Kermit estaba hasta arriba de trabajo y, en vez de realizar un rapaz nacional, convenció a la dirección de la cadena pública con un gigante rosa que había imaginado, en realidad, para el Barrio Sésamo de Israel.

Esta semana, el archivo de RTVE, que está realizando un excelente trabajo de divulgación de la historia y valor de la televisión pública, ha recuperado la primera vez de Espinete en la televisión de España. Ver el primer capítulo en el que apareció el puercoespín es toda una experiencia. Porque aquella televisión infantil era una experiencia.

¿Por qué experiencia? El primer episodio va intercalando la aparición de Espi con vídeos costumbristas de esta España nuestra, que entraban a capón, entre secuencia y secuencia de la trama de la calle del Barrio Sésamo, y que no contaban con ninguna explicación. Ni voz en off, ni rótulo alguno. Sólo las imágenes, su sonido ambiente y alguna que otra canción popular.

Carnavales tradicionales, deportistas de trainera entrenando, haciendo pesas y cambiándose de ropa; la vida de los niños en la montaña dando de comer a sus vacas y otros retratos de la diversidad de nuestro país se iban introduciéndose en la trama del programa. Sólo bastaba la fuerza de la imagen para dar en la diana de la curiosidad del niño (y del mayor).

“¿Cómo entendían esto los niños?”, se preguntarán los gurús de la televisión de hoy al observar esta edición del programa. Ahora son tiempos en los que se prima dar al espectador todo excesivamente masticado. Se cree que no tiene paciencia y necesita un aluvión de impactos visuales para entender y no irse. Aunque una planificación de contenidos como esta de Barrio Sésamo seguiría despertando una fascinación lógica en la audiencia de hoy. Porque la televisión también es descubrir en la máxima expresión del término descubrir. Incluso descolocando.

Y en 2016 observar el primer episodio de Espinete en Barrio Sésamo descoloca. Allí estaba Chema, el panadero, el entrañable abuelo quiosquero, Ana (con una interpretación muy loca) y, por supuesto, los niños (con una Ruth Gabriel flipando con la trastienda técnica de la tele y se notaba, pues no dejaba de mirar a los cámaras de reojo).

Era un capítulo para presentar personajes. Sin más. Pero lo hizo con atino: nos mostró a un Espinete con una reconocible y abrazable timidez infantil. De hecho, estuvo la mayor parte del episodio sin hablar. Así los guionistas dibujaron una personalidad tremendamente identificable para los propios niños de aquella generación EGB:  tímidos pero con ganas de imaginar aventuras.

La voz y expresividad de Chelo Vivares, la actriz que estaba dentro de Espinete, pusieron el resto. Su interpretación hizo al muñeco emocionantemente querible. Se había aprendido de los errores de Caponata y la nueva etapa de Barrio Sésamo entendió mejor la función de un programa infantil desde la televisión pública: retratar y aprender de las peculiaridades de la idiosincrasia de un país que había pasado la edad del pavo de la democracia (justo lo que falta ahora a TVE). Por eso recordamos tanto a Espinete, porque es uno más de nosotros mismos. Y porque su Barrio Sésamo corrió riesgos inconscientes de narrativa audiovisual, como en aquel primer episodio, que desde el primer minuto creyó en la inteligencia de la curiosidad de su pequeño espectador.



> Puedes ver el programa a pantalla completa en rtve.es, pinchando aquí

@borjateran

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Seis programas que hoy no emitiría TVE

‘El Príncipe’: la fórmula de un éxito de audiencias hasta el último minuto

1:16 - Autor:

Llegó el día del final. Llegó el desenlace de El Príncipe, una de las ficciones más vistas de los últimos tiempos. Telecinco ya ha puesto un reloj, con una cuenta atrás, para que nadie se olvide que esta noche termina su serie estrella.

Y el gran éxito de la producción tiene mucho que ver con que su final sea este mismo miércoles, pues la cadena no ha estirado la duración estipulada, a pesar de los excelentes rendimientos de audiencia. Un gran acierto: así el guion ha definido el arco de las vidas de los personajes en su tiempo exacto. Sin desvirtuar la historia. Sin necesidad de tramas infladas.

Han sido dos temporadas, la segunda dividida en dos partes, que han logrado conjugar el retrato del CNI con el lado más emocional del amor, que engancha al público masivo.

En ese equilibrio, entre la tensión del romance apasionado y la acción policíaca, han estado las bases del furor televisivo de una serie que ha contado con un arma fundamental: no se relaja. Nunca. Al contrario, sus capítulos son trepidantes y suelen acabar en alto, dejando pegada a la audiencia a la pantalla a través de unas tramas frenéticas que, además, entran por los ojos.

Porque El Príncipe es bonita de ver. Es luminosa, desprende color y cuenta con un casting de actores atractivo en toda la magnitud de la palabra: Hiba Abouk (Fátima), Rubén Cortada (Faruq), Álex González (Morey) o José Coronado (Fran Peyón) transmiten una luz aspiracional en el espectador: enamoran, aunque te caigan mejor o peor las vidas de sus personajes.

Y, sobre todo, El Príncipe llama a las cosas por su nombre. En unos años en los que las ficciones nacionales se sumergían en épocas pasadas o universos imaginativos, con un cierto miedo a tratar temas actuales, esta producción ha hablado de yihadismo y ha puesto en el mapa a un barrio, El Príncipe, en Ceuta, deslocalizando las tramas de Madrid.

El final gustará más o menos, emocionará o decepcionará, pero El Príncipe ha alcanzado su objetivo: emocionar audiencias millonarias gracias a un trabajo bien hecho. Sus creadores han tenido muy clara la historia que querían contar y como la querían contar. De principio a fin. O eso parece. Y han conseguido dosificar los giros de guion con una inteligencia emocional apabullante para evitar que el espectador perdiera el hilo y se fuera olvidando paulatinamente de la serie, el gran problema que sufren gran parte de las ficciones españolas actuales.  El Príncipe ha corrido mejor suerte en contenido y, no menos importante, en horario de programación. Telecinco ha confiado en ella. La audiencia, también.

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@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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