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‘La Embajada’ triunfa y se impone al estreno de Bertín Osborne en Telecinco

26 abril 2016 - 8:51 - Autor:

Había expectación. Y ya hay ganador (y perdedor) de la nueva batalla de las audiencias de la noche de los lunes: La embajada ha arrancado como el estreno más visto de la temporada con 4.034.000 espectadores y 22,5 por ciento de share.

La serie de Belén Rueda ha liderado con fuerza y ha adelantado en audiencias a la llegada de Bertín Osborne en Telecinco, que se ha quedado en un 15,6 por ciento de share y 2.814.000 seguidores. A pesar de que la cadena de Mediaset ha vendido la entrevista con el morbo añadido de que era una edición del programa censurada de ‘En la tuya o en la mía’ en TVE, los personajes Ágatha Ruiz de la Prada y Pedro J Ramírez no son tan atractivos para las grandes audiencias como otros de Osborne. Menos aún para el público habitual de Telecinco, más interesados en folclores que en desfiles y periodismos.

Mientras que La Embajada contaba con los resortes del culebrón clásico como aliados para el triunfo y ha llegado a una franja donde se dan bien este tipo de series a Atresmedia, en el lunes ya triunfó El Tiempo entre Costuras o Mar de Plástico. Además, Antena 3 ha protegido el capítulo de publicidad para evitar las fugas de audiencia. Con esta estrategia, que ya es habitual en los estrenos, sólo se corta para publicidad en los minutos del final-desenlace del episodio, cuando el público ya está muy enganchado.

Ahora habrá que ver si la audiencia sigue enganchada la próxima semana a la ficción, tras la curiosidad inicial (inevitablemente perderá seguimiento la semana que viene). El próximo objetivo de La Embajada es atrapar un público fiel. Promete ser difícil, pero no imposible.  Los que sí cuentan con una legión de fieles son los de El Ministerio del Tiempo.

No obstante, la serie de La 1 sufre en estas contiendas, más aún por su parón en emisión y la expectación de anoche de descubrir lo nuevo de Antena 3. Como consecuencia, ha bajado en su retorno a un 9,9 por ciento de share, aunque manteniendo a 1.911.000 leales espectadores. Gajes de los audímetros, pues el éxito ministérico hay que medirlo en otras variables: como serie no comercial, que se puede ver después a la carta y que, sobre todo, no compite desde una cadena privada.

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La Embajada: lo mejor y lo peor de un pastiche con más culebrón que realismo

0:08 - Autor:

Se prometía una serie sobre conceptos tan vigentes como la corrupción y la moral, pero La Embajada se ha quedado en un culebrón un tanto prototípico y poco especial, comandado por una Belén Rueda siempre con cara de susto y haciendo cosas inverosímiles. A tono con la serie, porque el principal problema de La Embajada es que es una ficción inverosímil.

Está claro que las licencias dramáticas son obligadas en cualquier serie. Sin trucos de guion no habría ficciones. Pero La Embajada ha pecado de un primer capítulo en el que casi todo sucede de forma tan exageradamente forzada, que parece un folletín poco coherente. Un exceso de casualidades que puede incluso desenganchar al espectador. Sin retorno.

Antena 3 no ha seguido esta vez los derroteros de sus reputadas ficciones Vis a Vis o Bajo Sospecha, con guiones modélicos. En este caso, parece que la cadena principal de Atresmedia y Bambú Producciones ha apostado por un pastiche poco original con aquellos ingredientes que saben que han funcionado en otras series. Un poco de Crematorio, algo de House of cards, tremendismo tipo Scandal, tensiones sexuales prohibidas, hijas pijas encarceladas…

Pero esas piezas de un puzle de manual para el éxito no se han ordenado bien en La Embajada, pues están hiladas con el peor de los calzadores. Difícil de creer que el personaje de Belén Rueda (atención, vienen spoilers) en pleno ataque de celos, por una trampa en la fiesta de su esposo el embajador, huya por un peligroso Bangkok para irse directa al peor callejón. Allí, corre hacia la oscuridad (claro) perseguida por unos chulos pero, por suerte, es salvada por un joven guapo (Chino Darín, hijo de Ricardo Darín) como el que se va tan a gusto a la cama un rato después. Por supuesto, ella no sabe que el guapo es el novio de su hija, que aún ni siquiera ha llegado a Tailandia.

La telenovela de toda la vida, ahora desde una exótica embajada de anuncio. El melón que nos faltaba por abrir. Pero no acaban ahí las coincidencias. La hija del embajador acaba después en la cárcel porque decide irse a una discoteca con un desconocido (interpretado por Maxi Iglesias). En la discoteca ella abandona su bolso (lo normal en un país desconocido) para que le metan sustancias ilegales con toda tranquilidad y poder acabar esa misma noche detenida. Más casualidades del destino.

Lo mejor de La Embajada (y esto sí es marca de la casa de Bambú) son las interpretaciones de muchos de sus actores, con unos estupendos Abel Folk, Raúl Arévalo o David Verdaguer. El resto es un batiburrillo de tópicos, paisajes digitales poco creíbles (los chromas son pan de cada día en cualquier serie de hoy, pero aquí cantan y distraen demasiado), ambientación que tampoco acompaña (las calles de Bangkok recreadas en Alcobendas de aquella manera) y las imprescindibles dosis de carne y erotismo light.

Porque La Embajada, más que una radiografía de las corrupción de nuestro tiempo, como se había vendido, en realidad sólo pretende enganchar desde las premisas del culebrón clásico, con el glamouroso enclave de las ricachonas y pomposas fiestas del embajador. En el primer capítulo, solo faltó el mayordomo de Isabel Preysler con una bandeja de bombones colocados escrupulosamente haciendo una pirámide perfecta. Y ahí estará la clave del éxito o fracaso de la serie. Triunfará si cuaja el gancho del culebrón: infidelidades, malos y secretos, pero nada de embajadas realistas. Porque no son buenos tiempos para las series realistas en España.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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