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Las 5 armas de Bertín Osborne que no ves y son cruciales para su éxito

9 mayo 2016 - 9:05 - Autor:

Bertín ya triunfa en su nuevo hogar, Telecinco. Aunque el tirón de ‘Mi casa es la tuya‘ dependerá del carisma de cada invitado, el programa ha regresado con la misma esencia con la que se convirtió en un programa revelación en La 1. Grandes datos de audiencia de Bertín, que van más allá de Bertín. Porque la televisión siempre se construye con un buen equipo detrás. Y el éxito osbórnico esconde cinco artimañas que no se ven pero que son claves para que el programa salga a flote, más interesante y más atractivo.

1. Bertín Osborne lleva pinganillo

Todo parece una conversación espontánea. Pero Bertín lleva un chivato en la oreja, llamado pinganillo, que es habitual en los programas con plató. Ya sea en su casa o en casa ajena, este minúsculo artefacto sirve al equipo del formato para guiar a Osborne si se sobrepasa el tiempo de alguna de las entrevistas o si se le está olvidando algún tema importante a tratar, que está esperando el espectador.

2. Hay un guion escrito, casi como en una serie

En televisión, la mejor improvisación surge de un guion bien atado. Y En la tuya o en la mía y, ahora, Mi casa es la tuya cuenta con un equipo de cuatro guionistas y cinco redactores que documentan y organizan la estructura del programa para mantener el interés en el espectador y aportar puntos de vista nuevos sobre la figura del invitado de turno.

Así, cada edición se adapta a la personalidad y peculiaridad del personaje popular. El formato es flexible y eso lo hace más grande. De esta forma, se pueden crear tramas especiales con familiares o amigos, casi como si fuera una serie, que hacen más entretenido el show. De Jorge Cadaval, uno de Los Morancos, cotilleando por los pasillos y armarios de la casa de Bertín mientras este entrevistaba a su hermano, pasando por practicar gimnasia eléctrica con Pablo Motos o poner a los famosos a cocinar. O, al menos, intentarlo. Están calculadas las entradas y salidas de la casa de la mujer de Bertín, Fabiola, o ese instante en el que Fran Rivera da de comer a sus gallinas. Nada es tan casual como parece.

3. La manipulación de la imagen

El programa cuenta con una realización que entra por los ojos: es bonita, armónica, luminosa y, además, no evidencia los cortes. Aunque la conversación esté editada y “retocada” para favorecer los tiempos televisivos, es difícil encontrar fisuras en el montaje de imagen. Además, la edición no confunde ritmo con velocidad: el espectador escucha a los invitados sin estrés al mismo tiempo que descubre su hábitat más personal. En este sentido, cada charla también se enriquece con fotos o vídeos que no sacan al público del contexto del programa. Al contrario, las fotos personales o los vídeos de archivo se integran e introducen como elementos “naturales” que están dentro de la casa, ya sea en un marco sobre la mesa del salón o en una tablet.

4. La música no (siempre) es original

Uno de los ingredientes más valorados del programa de Bertín Osborne es la selección musical. Una banda sonora que otorga una textura especial el formato porque se ha optado por covers de canciones. Es decir, Mi casa es la tuya no suele utilizar temas originales, aprovecha versiones acústicas de clásicos de la música que son realizadas por artistas independientes, que triunfan en Internet. Con esta decisión artística, el formato logra un envoltorio más sensible, más intimo, más emocionante.

5. La casa a rebosar

Bertín y el invitado no están solos. Unas 15 personas ocupan la casa de la ‘celebritie’ de turno (o la morada del propio Bertín) durante las grabaciones, que suelen rondar entre seis y siete horas. Un tiempo que incluye el montaje y preparación de los equipos, claro. Porque la televisión es trabajo en equipo. Y ahí está la principal clave del éxito de Bertín Osborne: se ha sabido rodear de talento. Un talento que entiende la televisión de hoy, pero también la de ayer.

@borjateran

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La televisión y la banalización de la política

0:52 - Autor:

La política ya no es una asignatura hueso en televisión. Se ha demostrado que interesa. Y mucho. Programas como Tengo una pregunta para usted, Los desayunos, El Objetivo, El Intermedio, Salvados y algún que otro informativo han devuelto las grandes audiencias a los políticos. De hecho, se han incorporado con destreza las nuevas narrrativas televisivas a esto de la actualidad parlamentaria.

Pero en este salto de la política al prime time había que pagar también un peaje: la espectacularización de la política. Ese show donde el análisis corre por la delicada línea del titular superficial y frenético, donde (casi) todo vale. Es el caso de La Sexta Noche, un buen formato catódico con mucho de periodismo pero también con bastante de Tómbola. Como aquella de Jesús Mariñas y Karmele. No es malo, es simplemente un género televisivo.

La Sexta Noche es un programa competitivo para una cadena privada y, al mismo tiempo, un buen aliado a la hora de acercar la política a los ciudadanos. Pero para enganchar al espectador en su  larga duración (casi cinco horas) se prioriza una estructura efectista, casi como un reality, que simplifica la trama en bandos, izquierdas contra derechas, derechas contra izquierda. Las trincheras de toda la vida, ahora llevadas al periodismo serio.

Esta pasada semana, se ha levantado cierta polvoreda en las redes sociales por una exclusiva del medio de comunicación de Eduardo Inda, OKdiario, sobre Pablo Iglesias, en la cual se señalaba que el líder de Podemos habría cobrado más de 270.000 euros del gobierno de Venezuela en 2014. La veracidad de la fuente se ha puesto en duda y desde las redes se ha pedido el cese de Inda en sus tareas de colaborador de La Sexta Noche.

Con este panorama, el medio de Inda ha ganado en popularidad e incluso, justo al contrario de lo que se promovía desde las redes, se ha tratado el tema largo y tendido en La Sexta Noche. Había morbo añadido. De nuevo, el debate del canal verde ha hecho show con la polémica de turno. Sabia que daba audiencia. ¿Cómo van a vetar a Inda? Si justamente Inda es un pilar crucial del prime time, porque su controvertida personalidad sube el share del programa. No crea indiferencia en el público objetivo del formato.

Es la contraindicación de la vuelta a la política al prime time. También en la actualidad más seria crecen programas espectáculo donde importa más el show que ir al fondo de los asuntos. Un epicentro perfecto para lanzar titulares tóxicos, sin contrastar, donde no abundan demasiados expertos y el maquillaje político se siente muy cómodo. Son formatos con una base periodística pero en los que el peso predominantemente se los lleva el espectáculo más aireado, gritón y polémico. Porque, de lo contrario, se cree que las cinco horas de televisión serán más densas. Y el público se esfumará. Por suerte, luego puede venir El Objetivo y hacer una verificación de datos de las mentiras que nos han contado en los fuegos de artificio de la batalla dialéctica de la nueva fiebre del sábado noche, un show por y para los audímetros de los amantes de la más apasionada política.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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