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Eurovisión: así han roto las semifinales con dos traumas de la televisión española

12 Mayo 2016 - 22:56 - Autor:

Se terminaron las semifinales. Ya sólo queda la gran final de Eurovisión, donde participará la española Barei. Una edición más del festival entre las televisiones públicas europeas que, en estos shows previos, ha demostrado seguir en buena forma. Ha ayudado que este año se realiza en Suecia, uno de los países que más ama la esencia de Eurovisión: la televisión hecha a lo grande y sin demasiados complejos. Incluso se ríe de sí misma (detalle clave para el tele-éxito), como cuando el presentador Måns Zelmerlöw se cuela en imagen, inesperadamente desnudo (en la imagen de arriba), parodiando una de las polémicas de este año. Ese candidato de bielorrusia que quería cantar sin ropa y entre lobos sueltos por el escenario. Muy natural todo. Al final, se ha tenido que conformar con reproducir la estampa en un holograma, que ha levantado un buen murmullo de los asistentes, pero no ha pasado al sábado.

Eurovisión sigue modernizándose, sus narrativas visuales han revolucionado el grafismo (más a tono con los talent shows de hoy) y la estructura del programa sabe ir al grano. La gala no se demora en exceso, uno de los valores añadidos del formato eurovisivo. El espectador recibe lo que quiere ver, sin rodeos: las propuestas de las diferentes candidaturas que juegan para ganar… y sorprender, ya sea a través de la televisión convencional o Youtube.

Primer trauma de las cadenas españolas que han derribado estas dos preselecciones. Eurovisión se emite simultáneamente por la tele y por Youtube. Y no pasa nada. Eurovisión no tiene miedo a las nuevas ventanas audiovisuales. Al contrario, se alía con ellas porque entiende que estas aplicaciones hacen el show más grande. Llega a más gente, avanza al ritmo de los nuevos tiempos. En cambio, nuestros canales suelen ver más a Youtube con una impresión negativa. Como un enemigo que puede quitar tarta de sus ingresos y no como un socio global para impulsar sus marcas y acercarse a más gente.

De hecho, este año se ha dado la paradoja de que la señal de La 2 de Televisión Española, donde se han programado las semifinales, contaba con una peor calidad de emisión que el propio Youtube. El motivo está en que La 2 de TVE no está en frecuencia de alta definición, a diferencia de La 1. Como consecuencia, las dos semifinales se han visto deslucidas y hay espectadores que han optado por la opción de conectar Youtube a su televisor para, así, poder ver las galas en su máximo esplendor. Por suerte, el sábado no habrá ese problema en la final. La 1 es HD.

El segundo trauma de la televisión española que rompe Eurovisión es la duración que sufre ahora nuestro prime time. La emisión fluye, no se estira de forma artificial, la UER no mete farfolla para estirar la rentabilidad de su éxito y, como resultado, el espectáculo no decae para el público europeo. Tampoco para el público español, que cuando el programa acaba a las 11 de la noche siente una extraña sensación. “¿Son sólo las once?”, se preguntan muchos. Pues las cadenas cañís, con su política de programación de rellenar toda la noche con el mismo contenido, retrasan el arranque de sus shows y han hecho creer al público que hay que trasnochar para ver el final de un programa espectáculo. Y no, España sólo es la excepción. No pasa nada porque el desenlace de un programa no acabe a las 2 de la madrugada. Incluso la calidad del show se beneficia. Incluso el público se queda con ganas de más.

Porque Eurovisión es un formato que rompe con los traumas y hasta con los prejuicios. Nos une más allá de las trincheras y las fronteras. Y lo hace recordándonos que lo más importante de la televisión es transmitir contando una buena historia. También a través de la música. ¿Cómo? Exprimiendo, integrando y creyendo en todos los elementos que hacen posible la televisión: la innovación tecnológica, la escenografía tradicional y, sobre todo, la imaginación. 

Eurovisión 2016: lo mejor y lo peor (a nivel televisivo) de primera semifinal

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@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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