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‘El Objetivo’ revive el 15M desde una complicada emisión en Sol

15 mayo 2016 - 23:44 - Autor:

Gritos de “televisión manipulación“, pancartas intentando colarse en el encuadre de Ana Pastor. La Sexta ha instalado un plató portátil de El Objetivo en el corazón de Sol con motivo del quinto aniversario del 15M. Ha sido una emisión complicada, pues el ruido reivindicativo de la plaza se ha convertido en un obstáculo para escuchar con sosiego la visión de los diferentes líderes políticos y los protagonistas de la sociedad civil que allí estaban ahora hace un lustro.

Pero el periodismo es eso. También la televisión: salir a la calle, estar en los epicentros de la noticia e incluso mostrar aquello que incomoda. Y esta noche El Objetivo ha estado en la Puerta del Sol y ha retratado un kilómetro cero reivindicativo, como aquel 15M. Ha transmitido, en directo, la esencia de las denominadas ‘plazas’.

Los manifestantes cantaban “televisión manipulación”, algunos hasta portaban una pancarta que rezaba “la plaza no es un plató”, pero gracias a un formato como El Objetivo, en vivo a pie de calle y no emitiendo en un plató acristalado encaramado en una azotea, se escuchan en un prime time sus proclamas y propuestas. Porque El Objetivo ejemplifica esa televisión que ha arriesgado no sólo centrándose en políticos y abriendo su espacio a otros protagonistas claves de la actualidad, como los jóvenes o, este domingo, representantes del 15M. El programa no acorta el plano para ocultar las pancartas, no se queda en el plató para evitar ruido. Aunque el bullicio haga dificultosa la emisión para el espectador.

Y como “la plaza es de todos” La Sexta también se ha instalado en Sol y, de nuevo, con esta decisión, sigue construyendo su estrategia de imagen de cadena comprometida con la información en directo. Y en esa identidad de cadena el formato de Ana Pastor es clave como un producto que no se queda en el espectáculo del debate apasionado y se centra en el ADN del periodismo, con un inteligente trabajo de documentación y contextualización de la realidad a través de la hemeroteca, los datos, expertos y los agentes sociales, sean políticos o indignados de la plaza. En este caso de la plaza de la Puerta del Sol, claro.

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La decisión de TVE que ha indignado en la noche de Eurovisión: la explicación

3:12 - Autor:

TVE ya no emite publicidad. Pero, en cambio, ha cortado la emisión de las actuaciones de los entreactos de Eurovisión (entre las canciones y el televoto) con autopromociones de la cadena. Decisión que ha indignado a espectadores, que se han quejado en las redes sociales de que la cadena pública desconecte el show (lo dejó en una tri-pantalla sin audio, como se hacen con las competiciones deportivas)..

¿Por qué TVE realiza esta acción invasiva que deja a la audiencia sin parte del show? TVE ya no cuenta con pausas publicitarias, pero necesita vender su programación en tiempos de malas audiencias justo porque no tiene espacios para dar a conocer sus propuestas en la parrilla.

Así que TVE ha aprovechado que Eurovisión es una de las emisiones más vistas del año para recordar al personal sus producciones de éxito como Cuéntame. Necesita hacer hueco en el eurofestival para que sus autopromos lleguen a la máxima gente posible. Pocos días cuentan con esa posibilidad de lanzar un mensaje tan masivo como en Eurovisión. Una de las únicas emisiones no deportivas que se cuelan en el top 10 de audiencias del año.

El error y el problema está en que TVE sin publicidad siga funcionando como una cadena con publicidad, con una programación con cortes tradicionales. Eurovisión puede retroalimentar otros contenidos de la emisora sin necesidad de pausas convencionales, los mensajes se pueden integrar de formas más atractivas y menos intrusivas.

Y por ahí está el porvenir de TVE: una programación donde hasta los cortes promociones parezcan integrados en el discurrir de la oferta. Porque, sin publicidad, lo último que puede sentir el espectador es que se está perdiendo un emocionante instante en directo por un tráiler que puede esperar.

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Lo mejor y lo peor de Eurovisión 2016, ¿circo o canciones? (CRÍTICA)

0:45 - Autor:

Era previsible. Un año más, España no ha ganado Eurovisión. Y la culpa no ha estado en el cacareado mito de la politización de los votos. El problema ha venido de la mano de la propia candidatura de Barei que, aunque en la final ha movilizado al público y las redes, no destacado sobre el resto de países con propuestas con historias muy definidas, en las que se integra la música con las cualidades de la tele.

Al final, ha ganado Ucrania aunque, sobre todo, ha ganado el espectáculo televisivo. Con un final hiperemocionante. Porque Eurovisión ha demostrado, de nuevo, el secreto de sus seis décadas de éxito: es un programa que entremezcla competición transfronteriza con el asombro por actuaciones fuera de lo común y la emoción del televoto, que además este 2016 se ha adaptado para aguantar la tensión del ganador hasta el último minuto. Como un buen producto televisivo que no quiere que el interés decaiga hasta el último segundo. De hecho, han saltado chispas con la efectista nueva fórmula de recuento.

Eurovisión, por tanto, se adapta a su época con una habilidad indudable que incluso, a veces, se adelanta a su tiempo. Pero, ¿hacia donde van los derroteros que está tomando el eurofestival?

Esta noche, ha triunfado la televisión que se hace al milímetro (para que la curiosidad del espectador casi no pueda bajar la guardia) con una compleja coreografía de elementos en escena, que se muestran gracias a pluscuamperfectos movimientos de cámara que han logrado una emisión tan impresionante como espectacular.

Y esa parafernalia se puede utilizar para impulsar propuestas musicales de largo recorrido, buenas canciones con buenos intérpretes que se promocionan utilizando los engranajes de la buena televisión. O, en su defecto, esta parafernalia se puede focalizar para quedarse en la rimbombantes, aunque superficiales, fuegos de artificio que sobresalen frente a los competidores, dejan con la boca abierta a las abuelas pero no tienen mayor recorrido, como ha sucedido en esta edición con Rusia. Aunque, a nivel televisivo, hay que destacar (e incluso estudiar en las escuelas de realizadores) las propuestas de Armenia, Holanda (con el cantante sabiendo mirar a cámara cuando toca) o especialmente Georgia, con una planificación visual de matrícula de honor.

Pero, tras esta catártica gala, ¿cuál es el rumbo de Eurovisión? ¿Circo o canciones? Ha ganado Ucrania, ha ganado la música que se apoya con la tecnología. Porque el futuro de Eurovisión va por la música con carácter, que se queda en la retina y que no es anulada por la tecnología, como ha sucedido con la favorita Rusia.

Porque el futuro de Eurovisión pasa por la música que se integra en coherencia con la escenografía, que entiende la importancia de contar una buena historia con personalidad, fruto del ensayo y el riesgo creativo. Y Ucrania lo ha hecho. No es nada nuevo. Porque la televisión es eso de siempre, ya sea en un informativo o en una gala musical: transmitir historias con mirada propia.

Y en Eurovisión ahora habrá más pantallas gigantes (que Barei se ha olvidado de utilizar), luces robotizadas y mucho impresionante aparataje puntero pero, esta noche, el ADN del festival ha evidenciado que sigue intacto desde sus inicios, ejemplificado en ese público que ondea banderas de sus países desde el estadio (Globen Arena). Esas significativas banderolas no han cambiado nunca en la historia del song contest. Ahí está la causa de que se mantenga ese fervor rompe-audiencias por el eurofestival, pues este complejo show representa a la televisión que nos une frente a la pantalla desde la ilusión. Esa ilusión televisiva que apasiona, genera debate, despierta curiosidades y borra fronteras, la esencia por la que hubo un tiempo que soñábamos en la Unión Europea.

LO PEOR de la gala

El arranque de la gala, donde se iban presentando a los diferentes participantes en una especie de desfile a medio camino entre ‘Victoria Secret’ y ‘Noche de fiesta‘ de José Luis Moreno.  Fue extraño y no contó con el subidón inicial que merece Eurovisión. Los comienzos fueron más apoteósicos en las semifinales.

LO MEJOR de la gala

La realización visual del espectáculo. El formato ha demostrado seguir en buena forma, demostrando la mejor TV, aquella que se trabaja con tiempo a ensayo. Espectaculares los planos aéreos de la spidercam, cámara que cuelga del techo como una araña y puede conseguir desde un inmenso gran plano general hasta un primerísimo plano detalle en un mismo movimiento. Sin ningún fallo, con incluso cambios de puestas en escena en directo sin que el espectador se diera cuenta, entrando y saliendo elementos del escenario (como ha hecho Australia con su cubo y cristal de proyecciones), pues la realización estaba coreografiada a la perfección para que el ojo del público no se percatara de la aparición de operarios en escena para cambiar el set. Una escaleta que no olvidó incluso reírse del propio festival y sus tópicos en el entreacto. Tan sano. Tan bueno. Tan televisivo. Tan Eurovisión. 

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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