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La televisión en pause: no es país para la creatividad

30 Junio 2016 - 13:00 - Autor:

La televisión en España parece que se ha quedado parada, en pause, en stop. Esta semana, han saltado grandes noticias sobre la programación que nos espera y es curioso observar como todos los protagonistas de los titulares son productos que nacieron ya hace casi dos décadas. Gran Hermano, un formato lanzado en 2000, acapara la atención mediática debido a que su más mítica presentadora ha sido sustituida por Jorge Javier Vázquez que, a su vez, se ha convertido en el maestro de ceremonias comodín de Mediaset. Un puesto que se ha ganado por méritos propios. Es evidente que es uno de los mejores comunicadores del panorama pero, al mismo tiempo, al final, todos los espacios de la emisora se terminan pareciendo demasiado. Da igual, la fábrica de Telecinco no para de funcionar porque su tele-realidad tiene cuerda para rato como ese serial que dura años y años. Como Cuéntame cómo pasó.

Y es que esa es la otra explosión informativa de estos días. Cuéntame cómo pasó podría saltar a Antena 3. La cadena principal de Atresmedia ha firmado un acuerdo con la productora de la icónica ficción de TVE, Grupo Ganga, para salvar a Los Alcántara de una posible no-renovación de la pública por supuestas irregularidades en las cuentas que se están investigando en una auditoria interna. Antena 3 olvida esta polémica financiera y se interesa por socorrer una producción nacida en 2001. El motivo: sigue dando buenos resultados de audiencia, aunque ya esté en su declive. De hecho, ha sido uno de los productos que han hecho pupa a la ya cerrada Vis a Vis en la presente temporada, manteniendo un atractivo control de los audímetros en la noche de los jueves. Se repite la historia de Amar en tiempo revueltos y Televisión Española se puede quedar sin su serie estrella. Serie que, por cierto, ninguna cadena privada vio interesante para sus parrillas de programación allá por 2000. Pero TVE la hizo posible.

Por si fuera poco, también estos días, se filtra que La Sexta producirá una secuela de Tú sí que vales que, a su vez, siguió la estela de Got Talent. El cazatalentos, que llegó a Telecinco en 2008, ahora se reinventa en un canal verde que necesita más entretenimiento joven. Aunque, claro, tal vez un formato de hace diez años llegue un pelín tarde. Más aún cuando ha existido una cierta saturación de talent shows que han mostrado todos los talentos patrios existentes. La cantera está agotada.

La actualidad televisiva recuerda demasiado a la de hace una década. Si miramos la hemeroteca de las publicaciones de televisión de hace 30 años incluso es fácil encontrarse propuestas más innovadoras. Y mientras tanto series a la vanguardia como El Ministerio del Tiempo siguen en la cuerda floja de una televisión pública paralizada y que da la sensación de que cada vez más interesa deteriorar su imagen sin piedad para que no ponga las pilas al resto del sector audiovisual y cultural.

Un panorama ciertamente desolador en lo que a nuevas propuestas creativas se refiere. La televisión está en pause. ¿Qué está pasando? ¿Escasean tanto los formatos nuevos? ¿Las productoras españolas no tienen ideas diferentes? No. Al contrario. Pero existen responsables de las cadenas no se atreven, su intuición ha sido anulada por algún miedo extraño y están perdidos en la repetición. Se entiende la estrategia de Telecinco: su maquinaria del cóctel corazón, reality y pasión no muestra síntomas de desgaste y ha encontrado un nicho sin rival. Pero ¿y el resto?. Hay ideas, hay formatos, hay valientes. Pero son invisibles. Extraña situación. Más aún cuando la mayor parte de las cadenas deberían intentar, al menos, construir una alternativa consolidada a través de una personalidad propia que surja de la imaginación y no de la imitación. Porque lo fácil es quedarse petrificados en el artificioso hábitat de confort de los 2000, que ni fue la mejor década de la historia de la televisión. Es una realidad que es más fácil resistirse a ver, pero no verla no soluciona la desconexión creciente de las nuevas generaciones de espectadores. Porque la televisión a rebufo agoniza y en el largo recorrido pincha.

El público buscará en otros soportes contenidos que le sorprendan, que le transmitan esa emocionante verdad que sólo tienen las ideas que no se quedan estancadas y arriesgan. La audiencia de nuestro tiempo buscará sentirse reflejada en otros espejos. Porque, en 2016, la televisión rara vez funciona como espejo en el que mirarnos.

@borjateran

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TVE da luz verde al concierto del reencuentro de OT1, ¿estará Bisbal?

12:55 - Autor:

Ya es oficial. TVE ha dado luz verde al proyecto de realizar un concierto-reencuentro entre los concursantes de la primera edición de Operación Triunfo. Será en octubre, con motivo del 15 aniversario del estreno del programa.

La televisión de España no ha repetido un fenómeno sociológico de tal magnitud. Un retorno que puede ser un acontecimiento perfecto para impulsar la marca de TVE. Aunque ahora surge la pregunta, ¿estarán todos los concursantes? ¿Incluido Bisbal? ¿También Chenoa? Parece que sí. El show promete.

El formato de la productora Gestmusic consiguió un casting redondo gracias a los variopintos perfiles de concursantes elegidos, que se complementaban entre sí y que generaban una poderosa identificación en el público. Su evolución, sus relaciones, su aprendizaje. Como la vida misma.

De Bisbal a Rosa. Un grupo de apasionados jóvenes que desprendían una cercanía única gracias a tres factores principales: eran genuinos, tenían talento por explorar y, sobre todo, eran vírgenes en un formato de esta singularidad, al ser los primeros ni sabia a lo que se enfrentaban ni conocían la repercusión del concurso y se dejaron llevar por su espontaneidad. Esa mezcla transmitía una verdad bestial, que se irradiaba en la convivencia de las clases y en la espectacularidad de las galas semanales, surgidas de horas y horas de ensayo en la academia.

Y este retorno cuenta con el interés añadido de ver a los triunfitos, de nuevo, unidos en un mismo escenario. Más adultos, más maduros, más estrellas. El invento funcionará si no se queda en un simple concierto y se realiza un gran show televisivo, que entremezcle grandes versiones musicales, espectacular escenografía y poderosa nostalgia. Mejor aún si se atreven a emitirlo en directo con la emoción que eso conlleva, sacando la tele a la calle, reinventado momentos como este:

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Mariló Montero dice adiós a TVE: el fin de una controvertida época

12:47 - Autor:

Se iba en principio de vacaciones. Y, en cambio, ha anunciado un adiós para siempre. “Necesito cazar sueños que aún tengo por ahí. Esta es mi hora de cierre”, ha sentenciado la presentadora de La Mañana de La 1 que ha comunicado, en directo, que “por ahora, aquí termina mi ciclo en TVE”.

La mañana de La 1 con Mariló Montero no ha terminado de cuajar en estos años. De hecho, su audiencia ha ido perdiendo fuelle con el tiempo. Trending topic habitual por sus meteduras de pata o salidas de tono, la periodista ha ido sobreviviendo a diferentes ceses en la cadena e incluso en su propio programa. Y es que el magazine matinal de Televisión Española ha ido cesando, paradójicamente, a sus rostros más carismáticos, como el Doctor Gutiérrez o el cocinero Sergio Fernández. También desaparecieron de la copresentación con Mariló otros jóvenes periodistas con talento a la hora de contar la actualidad como Carlos Córdoba o Inés Paz.

Una inestabilidad de rostros que ha ido debilitando el formato, sobre todo con la marcha de pilares de referencia para la audiencia más fiel como eran el veterano Doctor Gutiérrez o el chef Sergio. Eran cercanos, empáticos y sabían divulgar a la perfección sus temas. Los sustitutos no contaban con la misma frescura y proximidad.

¿Cuál será el futuro de Montero? Lo descubriremos en las próximas semanas. Lo que está claro es que La Mañana de TVE no lograba congeniar con la audiencia a pesar de que había evolucionado en contenidos de calidad, exclusivas y servicio público. Porque, en televisión, tan importante como la calidad es que el espectador sienta empatía por los prescriptores que se lo cuentan en el tú a tú y, en definitiva, dan la personalidad final al programa.

La marcha de Mariló es una oportunidad para TVE, pero también para la propia Mariló a la que se le abre ahora un nuevo escenario de posibilidades de proyectos que entronquen con su carácter.

@borjateran

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MasterChef 4 ya tiene ganador: estos son los 7 ingredientes (buenos y malos) de la receta del éxito de TVE

1:34 - Autor:

Virginia ha ganado MasterChef y el maletín con 100.000 euros. El programa de La 1 de TVE y Shine Iberia ha revalidado su éxito y ya prepara una edición con personajes populares. Tras la demolición de los Estudios Buñuel, ahora el formato de cocineros se graba desde un estudio más pequeño, aunque la receta para conquistar al público sigue intacta. Estos son los ingredientes que ha saboreado la audiencia (y también los que se han atragantado un poco a nivel televisivo en esta edición)…

INGREDIENTES SABROSOS

1. La realización

MasterChef es un gran formato televisivo porque sabe contar una historia, de principio a fin, con la emoción que merece cada personaje. No se queda en el reality evidente del conflicto y dibuja muy bien las situaciones. A veces al más puro estilo del culebrón. Otras como si se tratara de una telecomedia. La realización visual se construye con un inteligente puzle de imágenes a través de un amasijo de planos de reacción, susurros, chismorreos, épicas músicas de fondo (o emotivas -por cierto, en la final se han utilizado en un momento ñoño músicas frecuentes en el programa de Bertín Osborne-), encuadres detalle, entrevistas y las recetas, claro. Un laborioso trabajo, cargado de instinto televisivo, que hace el programa adictivo a pesar de su larga duración. El espectador quiere empacho de MasterChef. Y, de paso, aprende trucos de cocina mientras se divierte.

2. Los jueces

El programa ha crecido, en sus cuatro temporadas, de la mano de sus jueces. Sus tres personalidades se complementan a la perfección y han conseguido el más difícil todavía: ya son como de la familia. Son empáticos y reconocibles para un espectador que, además, agradece que sean traviesos. Especialmente Pepe y Jordi. No tienen miedo al show, ni a lo políticamente incorrecto. Son ellos mismos y por eso son tan queribles. Eso sí, viven de muletillas “a cascoporro” por encima de sus posibilidades.

3. El casting

En MasterChef no olvidan que esto es un show de televisión, donde es importante destacar en la cocina pero más clave es contar con el carisma necesario para traspasar la pantalla y contagiar emoción. Y en esto el casting del programa no suele fallar. Tampoco en esta cuarta edición, que ha dado la vuelta a las perfiles de concursantes habituales -incorporando a las gemelas- o con personajes de sitcom como José Luis, el manchego, con ese sabor rural que transmite verdad aunque tengas que subtitular lo que dice. Porque cuando el protagonista es bueno a nivel televisivo hasta los subtítulos son televisivos.

4. Las redes sociales

El formato de La 1 también aprovecha las redes sociales. Interactuando, invitando a sus espectadores a pases exclusivos del programa (esta misma noche se ha vivido la final en una gran premiere en el madrileño cine Capitol de la Gran Vía), incorporando el termómetro online de su opinión en emisión y creando contenidos propios a través de la web rtve.es. Los más fans de MasterChef se sienten mimados por la cadena y se ven como coprotagonistas relevantes de la fórmula. Son arte y parte.

INGREDIENTES CHAMUSCADOS

5. La espontaneidad de Eva

Eva González está en su papel de narradora del programa y, en plató, es toda una profesora que pone firmes (y riñe) a los concursantes pero, también, a los señores del jurado. Aunque el personaje de Eva González debería crecer hacia su luminosa espontaneidad, que en realidad está por descubrir. El programa a veces desaprovecha su carácter más empático.

6. Las (exquisitas) pruebas

En un panorama de producción audiovisual en el que cada vez cuesta más elaborar programas con una capacidad de producción, que requiera ensayo y favorezca tramas diferenciadas que acerquen la tele a la calle, MasterChef pone en valor la importancia de que el espectador descubra nuevos lugares, curiosidades y profesiones con el programa. Aunque tal vez es el momento de ‘terrenalizar’ esas salidas de las cocinas al exterior en lugares en los que la audiencia se identifique más e incluso pueda participar. Está bien descubrir lugares pocos accesibles para la audiencia media del show, como barcos o hoteles caros, pero también existe un universo por colonizar en ambientes no clasistas en los que el público se ve reflejado y se sienta arte y parte. También puede ser interesante realizar algún intercambio con concursantes de otros países o con miembros del jurado de otras versiones. Así se enriquecerá el formato en la próxima temporada con un público que cree que se las sabe todas.

7. La (poca) evolución de los participantes

En esta cuarta edición, ha faltado mayor evolución de los aspirantes a chef. Los que cocinaban más flojo se han marchado con el mismo nivel. Y los que apuntaban maneras (Pablo) se han perdido demasiado pronto. Mientras otros, sin ser apoteósicamente buenos (Ángel), han llegado a la final, que, claro, ha sido previsible. Un programa de estas características es más emocionante si en el propio casting fomenta giros dramáticos que nadie se espera y, sobre todo, reflejan un espectacular aprendizaje de los concursantes con el que la audiencia se siente identificada. Porque el público también se pone a prueba viendo MasterChef y se compara con los aspirantes. Pero esa enriquecedora evolución de los futuros chefs no siempre se puede prever del todo. Y en televisión los castings no siempre salen en el punto ideal de ebullición. Esto ha pasado en la cuarta edición española de MasterChef. Pero incluso cuando no sale el guiso bien del todo se habla de MasterChef. Porque ese es el superpoderoso ingrediente del formato de La 1 y la productora Shine: su buena cocción televisiva no permite la indiferencia. Al contrario, te deja con la boca haciendo agua.

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Gran Hermano cambia a Mercedes Milá por Jorge Javier Vázquez ¿sufrirá el reality la baja de su emblemática presentadora?

0:11 - Autor:

Telecinco ha tomado la decisión. Mercedes Milá no continuará al frente de Gran Hermano. No ha existido acuerdo económico entre la cadena y la presentadora. Esa es la justificación pública. Ya hace unos días sorprendía la actitud de Milá cuando en el programa ¡Qué tiempo tan feliz! insinuaba que el ganador de Supervivientes estaba decidido de antemano: “Mila Ximénez es la ganadora de Sálvame, es la ganadora de la cadena y por lo tanto ya sabemos que va a ganar, es un aburrimiento”, sentenció. María Teresa Campos se quedaba atónita. Pero esa es la grandeza de Mercedes Milá: no teme ni a criticar a su propia cadena. Es puro carácter.

La noticia de la baja de Mercedes Milá ha sorprendido a los fieles del reality por excelencia. Milá era el alma de la edición española y ha impulsado el interés por el show con la pasión que vive cada momento. Una pasión que ha mantenido en toda su trayectoria, desde sus programas de entrevistas en los ochenta hasta su vida en GH.

Esa vehemencia ha hecho más grande el programa y sido pilar clave de la versión española del reality, una de las más longevas del mundo. Mercedes siembre ha contado con la capacidad de hacer más interesante la convivencia gracias a su mirada propia y salidas de tono. A veces incontrolables. A veces incluso pareciendo la parodia de sí misma. Ese ha sido y es el valor de Mercedes Milá. Por eso su nombre siempre irá unido a Gran Hermano. Por eso se echará en falta su presencia. Mucho.

Aunque el formato como tal no lo sufrirá. Y en Telecinco lo saben. Es más, es una oportunidad para crear nuevas expectativas en el público a través de una apuesta segura: Jorge Javier Vázquez y su ironía, que ha demostrado ser una gran aliada a la hora de potenciar las tramas de la convivencia, en Supervivientes o en Sálvame. Es como de la familia. Habla al espectador de tú a tú. Tiene los pies en la tierra.

El problema está en la excesiva homogeneización de la tele-realidad de Telecinco. Todas las grandes apuestas de entretenimiento del canal se van a parecer demasiado, ya que se sustentan en idénticos ingredientes cortados por el mismo patrón: enfrentamientos de convivencia que, además, están capitaneados por un mismo presentador. Así se corre el peligro del hartazgo de un público con la sensación creciente de que cada formato parece un bucle infinito.

Aunque, de momento, en Telecinco no deben temer demasiado la baja de Milá, ya que en Mediaset han consolidado un modelo de contenidos intercambiables que se identifican con la emisora en su conjunto sin atarse demasiado a tandas de temporadas cerradas de programas o presentadores. Los programas de Telecinco están por encima de sus comunicadores.

De ahí que la dinámica de programación no pierda poderío: termina un show de prime time y aterriza otro show de prime time del mismo o parecido género. Y así hasta el infinito. Su espectadores fieles saben bien lo que se van a encontrar cuando ponen Telecinco. Y también lo saben sus detractores, esos que apenas reconocen que ven sus programas pero los consumen puntualmente, aunque sólo sea para criticarlos. Telecinco se esfuerza por no decepcionar ni a unos ni a otros. Con unos y otros. Con Mercedes o Jorge Javier que, por cierto, es un buen heredero de la televisión sin miedo a la televisión que ejemplifica el sello Milá.

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Estos son los ganadores de Pekín Express: lo mejor y lo peor de una frenética aventura

29 Junio 2016 - 0:40 - Autor:

Los primos frikis, Matías y Nabil, han ganado a los aristócratas, Blanca y Pepe,  en la gran yincana final de Pekín Express. Dejan atrás 5.000 km de aventura y televisión.

Porque Pekín Express es un programa de televisión y, esta temporada, ha jugado a tramas de reality por encima de la pruebas a tono con la ruta de los mil elefantes.

De hecho, por momentos, Pekín Express parecía más AutoStop Express, ya que ha dado la sensación de que el show se centraba en exceso en el conflicto de la frenética búsqueda de transporte, al galope, para avanzar hacia un objetivo indefinido.

Tanta repetitiva carrera ha podido ser causa de cierta pérdida de interés por parte de los fans más aventureros del formato. Como consecuencia, esta temporada ha cosechado audiencias irregulares. Tampoco ha ayudado la dura competencia (ha lidiado con La que se avecina o Allí Abajo) y la larga duración de cada entrega, que obliga a estirar artificialmente la ruta, lo que favorece la desconexión del espectador. El problema de siempre del prime time español. Un hándicap que La Sexta ha pasado con buena nota gracias a la pasión de sus concursantes durante las pruebas.

Porque lo mejor de este Pekín Express ha estado en las personalidades de los participantes. Los grandes protagonistas en primer plano del programa. Un casting sin complejos delante de la cámara que empezó flojo, echando de menos a las canarias del año pasado, pero que ha ido creciendo en carisma durante las semanas.

Otro acierto es que el programa ha aprendido de errores y, esta vez, no ha apagado la personalidad de su presentadora. Cristina Pedroche ha sido más ella misma que en la primera edición en la que fue aducida por una especie de Señorita Rottenmeier.

Pero Pedroche es de Vallecas. Exactamente de Entrevías. Tal vez la próxima edición se debería realizar en barrios cañís. Con las madres alimentando a bollos a los concursantes, con los mercadillos ambulantes, con sus chonis de extrarradio, con Pedroche en su salsa.

Porque Pekín Express ha entrado en un bucle y anda falto de nuevos contextos, de una reinvención para sorprender y volver a emocionar. Incluso a sus fans. Que no sea solo una carrera, que importe también lo que rodea al recorrido que no deja de ser una espectacular expedición.

El show necesita favorecer más el lado aspiracional de ese televidente que sueña con estar ahí en primera persona, en el lugar del participante. Una sensación que se logra mostrando aún más curiosidades de la cultura. No sólo con un rótulo, se echan en falta más imágenes del entorno en el que se desarrolla el juego.  Casi como si fuera un espacio de viajes entre aventureros. Porque la audiencia de hoy ya está resabiada de músicas de emoción-tensión de manual de docushow al uso. La audiencia quiere vivir retos que no confundan ritmo con estrés. Y esto ha sido Pekín Estrés.

¿Y si los audímetros fallasen igual que las encuestas electorales?

28 Junio 2016 - 7:09 - Autor:

No es país para sondeos. O eso indica el resultado de las últimas encuestas electorales, que se ha parecido poco o nada al escrutinio real. Las empresas demoscópicas acumulan una larga lista de fallos graves. En España, pero también en lugares como el Reino Unido, donde el pasado jueves anochecieron creyendo en el éxito del sí a Europa y, al final, despertaron con el triunfo del Brexit.

Ya en las elecciones europeas ningún sondeo se aproximó a los 1,2 millones de votos y cinco eurodiputados de Podemos. Tampoco atinaron en las pasadas generales de diciembre, cuando la macroencuesta de RTVE y las cadenas autonómicas, anunciada como la más ambiciosa de la historia de España, no acertó a pesar de reunir la vertiginosa cifra de 177.000 entrevistas en 1.200 colegios electorales. Ni con esas.

Este 26 de junio, ha vuelto a suceder. El sondeo en el día electoral no ha captado la subida del PP y, en cambio, ha mostrado un inexistente sorpasso de Unidos Podemos. El descrédito de los estudios demoscópicos es un hecho. ¿Qué ha pasado? Dicen que no supieron interpretar la abstención que ha afectado, especialmente, al votante de la agrupación liderada por Pablo Iglesias. Pero lo cierto es que estos estudios, con mayor o menos abstención, llevan tiempo naufragado en el mar de la realidad.

Ante este panorama, surge una pregunta, ¿y si los audímetros que miden los consumos televisivos fallasen igual que las encuestas electorales? La medición de audiencias de la televisión se realiza también a través del análisis de una muestra representativa, como los sondeos políticos.

Los espectadores que forman parte de esta muestra cuentan con un aparato, el famoso audímetro, que va registrando la televisión que sintonizan. A cada miembro de la familia se le asigna una letra en un botón que tiene que pulsar cada vez que empieza a consumir una oferta televisiva. Los “elegidos” deben de ser escrupulosos con el uso de este trasto o desvirtúan los resultados de audiencia que dictan los éxitos o fracasos de nuestra pequeña pantalla.

Existen más de 4000 audímetros colocados por todo el territorio nacional que representan a 12.000 individuos y reflejan los intereses de todo el país. Sólo un aparato cuenta con un considerable poder para variar el seguimiento de un programa o serie en una comunidad autónoma de las dimensiones de Asturias, por ejemplo.

Sin embargo, las audiencias se presentan como un resultado objetivo: se ha determinado que estos estudios son el soporte más fiable para definir lo que funciona o no en la televisión tradicional. Como consecuencia, los medios de comunicación suelen (solemos) caer en el fallo de no recordar un dato clave en las informaciones sobre audiencias: se trata de una muestra representativa y, por tanto, como toda muestra representativa, cuenta siempre con un margen de error. Las audiencias se aproximan a una realidad pero ¿retratan al milímetro esa realidad?

Porque, en la batalla de los audímetros, como en cualquier muestra representativa, existen variables que también hay que recordar a la propia audiencia. Porque, además de votantes ocultos, también habrá espectadores ocultos. Y más ahora que está cambiando la forma de consumir la tele para siempre.

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Los ganadores televisivos de la noche electoral

27 Junio 2016 - 10:27 - Autor:

LA SEXTA ha vuelto a liderar las audiencias de la noche electoral (14.9% y 2.134.000). Se ha convertido en el canal referencia de la actualidad política, pero también es el que ha logrado realizar, de nuevo, la emisión más emocionante de la jornada. Una emisión que toma el pulso a los datos a través de dos espacios claramente diferenciados: el análisis de periodistas y expertos en el plató de Al Rojo Vivo y la explicación de representantes políticos con Ana Pastor, desde un estudio más amplio del habitual, lo que traslada al espectador la percepción del compromiso del canal con este tipo de citas decisivas. Así, este decorado, ha contado con una gran mesa con forma del logotipo de La Sexta (impulsando así la imagen de la marca de la emisora como referente), dos grandes pantallas para ilustrar datos y un efecto visual que convertía toda la escenografía en el Congreso de los Diputados.

Aunque el gran acierto de La Sexta vuelve a estar en la forma de narrar las noticias: directa, cómplice y rápida. Son serios, pero no van de dignos. No cortan alas a la mirada propia. Al contrario, fluye. Los guiños al espectador (y Ferreras) de Cristina Pardo es el ejemplo más redondo. Es tan importante lo que cuenta, como la forma en que lo cuenta. También la cadena acierta con la manera de presentar el escrutinio en directo, organizando los partidos en la parte izquierda del televisor e inventando su propio aparato, de nombre “pactómetro”, para explicar de forma más fácil las posibilidades del escenario político que dejan los votos.

Si bien, uno de los grandes aciertos de la fórmula de La Sexta está en que, como también han realizado anoche otros canales (como Antena 3 o Cuatro), no se quedan solo en la tradicional emisión de los discursos de los diferentes líderes de los partidos tras los resultados e introduce el plano de reacción de sus simpatizantes mientras escuchan a sus candidatos desde sus diferentes lugares de concentración. Enriqueciendo la información que recibe el espectador. Así la audiencia pudo ver las caras de felicidad en la sede del PP o de tristeza de los seguidores de Podemos en la Plaza del Reina Sofía.

Sin olvidar la importancia de las músicas que aderezan el fondo del especial y empaquetan con un matiz más épico la retransmisión, generando una emoción extra en el público.

A nivel televisivo, el otro ganador de la noche estuvo en TELEVISIÓN ESPAÑOLA (10.3% y 1.609.000 en La 1). La cadena pública ha recuperado una estructura con cierto parecido a la de La Sexta. Por un lado, la plaza del Congreso de los Diputados cobija el debate con los representantes de los partidos, mientras que en el plató del Telediario está la mesa de los tertulianos-periodistas. Pero el estudio del TD es demasiado pequeño y no está diseñado para albergar tanta gente, lo que contagia cierta claustrofobia en el espectador. El blanco nuclear de su fondo y del grafismo tampoco ayuda. Falta movimiento y profundidad en la imagen (también en los rótulos y la multipantalla).

El gran acierto de TVE vuelve a estar en dar protagonismo al Congreso. Tras la venta y derribo de los míticos y amplios Estudios Buñuel, donde se venían realizando los grandes especiales electorales que lideraban en audiencia, la cadena pública ha sabido dar la vuelta a su actual ausencia de platós y ha sacado la televisión a la calle, llevando las cámaras al epicentro más simbólico de la noticia, el Congreso de los Diputados, y utilizando su fachada como protagonista en la proyección de los datos del escrutinio.

Además, como realiza históricamente la BBC, TVE ha recreado virtualmente el hemiciclo para enriquecer sus gráficos. Televisión Española demuestra, de nuevo, su capacidad de realizar grandes retransmisiones con un puntero despliegue de medios.

Tal vez ha faltado una dirección que organice mejor los elementos más a tono con su tiempo. TVE no debe seguir la línea de La Sexta, pero sí debe recuperar la línea de TVE: con un lenguaje más empático y una escaleta menos encorsetada, donde los elementos visuales no se queden en retazos inconexos que se muestran, además, con cierto desorden. De hecho, se podría haber centrado toda la emisión de TVE desde la plaza del Congreso. Sin necesidad de cerrarse a limitados buses-estudio de alquiler (desde donde ayer se hizo el debate político), pues la propia plaza es un buen marco en el que instalar diferentes set como si se tratara de un plató tradicional. Integrando mejor en imagen el parlamento, dando más versatilidad a la emisión y creando mejor en el espectador la percepción de acontecimiento histórico que TVE transmite desde el corazón informativo.

Mientras, el resto de canales siguieron con su habitual enfoque editorial. Hicieron sus programas para los fieles de sus respectivas cadenas. Telecinco desde sus informativos (7.6% y 1.238.000), Cuatro desde el decorado de Las Mañanas de Cuatro (4.8% y 720.000) y Antena 3 desde unas mesas de Espejo Público a rebosar de expertos y colaboradores (10.4% y 1.676.000 -de 21:00 a 22:30h- y 9% y 1.345.000 – de 22:45 a 01:00h-) .

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La Sexta: el acierto televisivo de un invento llamado ‘Pactómetro’

1:01 - Autor:

Nuevas elecciones. Y el pactómetro de La Sexta ha regresado. Esta vez, más sofisticado. El aparato de Ferreras ha vuelto con fórmula mejorada. Ahora incluso mide la posibilidad de abstención.

Aunque, de nuevo, ese pactómetro demuestra la capacidad del canal verde para aprovechar los engranajes de la televisión para impulsar la esencia del periodismo de explicar y clarificar los datos a la sociedad. O, al menos, intentarlo.

Ya en las anteriores elecciones, en La Sexta se podían haber quedado en proyectar las diferentes sumas de los resultados de los diferentes partidos políticos en gráficos sobreimpresionados con realidad aumentada o en grandes pantallas de leds. Pero no, han ido más allá y han creado un trasto tangible, reconocible, interactivo, con el que el propio presentador toma el pulso a los datos mientras el espectador lo ve.

En definitiva, han inventado un icono. Porque el páctromeno es un icono. Y eso es la televisión de prime time. La que no se queda en lo obvio e innova a través de las ideas con personalidad. Esas ideas que dan la vuelta a una pantalla táctil hasta convertirla en un famoso artilugio. Un pactómetro que explica, es fácil de entender y, además, se queda en la memoria. Como la mejor televisión.

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La “desaparición” de Ramón Espinar del especial informativo de Antena 3

0:38 - Autor:

El trending topic sorpresa de la noche. El hashtag ‘Ramón Espinar’ se ha convertido en inesperada tendencia en Twitter. ¿El Motivo? Un supuesto plantón que ha dado al programa especial de la noche electoral en Antena 3, donde estaba como tertuliano analizando los datos de la jornada.

¿Huyó ante el mal resultado?, especulan en las redes sociales. Sin embargo, la explicación a la marcha del representante de Podemos es más sencilla. Estaba pactada, pues los partidos reparten sus portavoces entre las diferentes cadenas. Así que Espinar simplemente se fue de Antena 3 a las 22.30 horas porque tenía cita con el informativo especial de TVE.

Susanna Griso lo ha tenido que aclarar en directo. Ya se sabe: las susceptibilidades en las redes no descansan. Pero, en este caso, ha sido sólo una práctica habitual en una noche de idas y venidas donde los partidos se reparten a sus espadas más mediáticos entre los principales programas de las diferentes emisoras.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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