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Así ha cambiado la calle de Barrio Sésamo en casi 50 años

11 julio 2016 - 3:40 - Autor:

La televisión se rueda en lugares efímeros. Decorados de usar y tirar que envejecen velozmente al mismo tiempo que evolucionan las nuevas tecnologías y narrativas audiovisuales. Porque la televisión crece de la mano de sus escenografías. Sin embargo, hay un set de grabación que se ha mantenido prácticamente intacto en casi medio siglo de vida. Se trata del decorado que da forma a la icónica calle de Barrio Sésamo.

Y ahí también se esconde el éxito de la versión original de Barrio Sésamo: ha sabido mantener, sin desvirtuar, una esencia que se construye a través del reconocible y nostálgico lugar que cobija al show infantil, su mítica calle.

El edificio de apartamentos principal, la plazoleta con su arco-garaje al fondo o la tienda de Hopper continúan casi sin variaciones, cincuenta años después del estreno del primer episodio.

Ahora los focos que iluminan el plató son más ligeros y las edificaciones están pintadas con colores más vivarachos a tono con la alta definición de la televisión de hoy, pero el Barrio Sésamo es el mismo Barrio Sésamo de hace medio siglo. Porque sus creadores tuvieron tan clara la historia que debían narrar que el formato ha traspasado el tiempo con eficacia.

Barrio Sésamo fue creado en 1969 por el psicólogo Lloyd Morrisett, que pensó que la pequeña pantalla era el mejor instrumento para despertar inquietudes a los más pequeños de la casa. Así que decidió ponerse manos a la obra y contactó con una pionera de la televisión de por aquel entonces, Joan Ganz Conney.

En una época en la que los programas eran demasiado engorrosos y lentos, se juntaron dos visionarios que tuvieron claro que un show para niños debía ser una sucesión de elementos breves, claros, con ideas repetidas hasta la saciedad (lejos-cerca) para hacer llegar el mensaje, algún que otro famoso reconocible y mucha música pegadiza como colofón. Así daban en la diana del futuro de la televisión: luminosa y sin demasiados rodeos.

El siguiente paso, diseñar unas marionetas que conquistaran a los niños… y mayores. Se huyó de engolados presentadores tradicionales para apostar por el color chillón que llama más la atención y que interpretaban identificables personajes con una estereotipada personalidad clara. Epi y Blas, Coco, la Rana Gustavo, el Conde Draco, el monstruo de las galletas… Y todo narrado desde una fácil de reconocer calle para los norteamericanos. Situada en un lugar indefinido de Nueva York, pero que podría estar en cualquier ciudad de Estados Unidos.

Barrio Sésamo fue pionero a la hora de tratar a los niños con la inteligencia que merecían. Incluso fue el primer programa infantil que explicó la muerte de uno de sus actores más carismáticos, Mr Hopper. Sin miedo a tratar la vida en todas sus aristas. Siempre de forma constructiva, sencilla, emocionante y divertida.

Y el formato se empezó a exportar a todo el mundo. Cada país creaba su barrio, con sus protagonistas propios, para que la historia se identificara con cada peculiaridad nacional. También en España con Caponata, el inolvidable Espinete y después, en 1996, con Bluki, el personaje que pasó más desapercibido porque vivió una época de mayor competencia y sus episodios se emitieron en un horario más minoritario.

La escenografía que acogió a la última versión española de Sesame Street consiguió el premio al mejor decorado de todas las versiones del momento. Construído en los Estudios de TVE en Sant Cugat del Vallés, daba un toque mediterráneo a la estructura habitual del Barrio Sésamo.

De aquel decorado ya no queda nada. Porque la mayor parte de los decorados son efímeros. Desaparecen, se esfuman para quedar sólo imortalizados por las grabaciones de la televisión. Luego hay excepciones, claro, como la calle del original Barrio Sésamo. Ahí sigue utilizándose para el rodaje de su ya temporada número 46, ahora en el canal de pago HBO, y es reconocida por los niños… y sus abuelos:

@borjateran

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El parecido más que razonable entre ‘Supervivientes’ y ‘Sálvame’

0:08 - Autor:

En Supervivientes se tiran del helicóptero, en Sálvame hacen la croqueta por el suelo del plató. En Supervivientes pasan hambre, en Sálvame no paran de comer en directo. En Supervivientes hay pruebas físicas, en Sálvame hacen test de inteligencia. En Supervivientes se conecta con la Palapa, en Sálvame se conecta con los pasillos de Telecinco. En Supervivientes pescan peces en el mar, en Sálvame cazan mentiras con polígrafo.

Son algunas de las pocas diferencias que existen entre el reality de aventureros y el show copresentado por Belén Esteban. Todo empieza a parecerse demasiado en Telecinco. Porque en la cadena de Mediaset se han percatado de que el ingrediente que propulsa el share es el conflicto de la convivencia. En la isla de los famosos ya no importan tanto las pruebas físicas o la dura supervivencia, que ha pasado a un segundo plano. Lo crucial es que fluya el culebrón.

Al final, como consecuencia, se diluye la línea divisoria entre los diferentes espacios de la cadena. Un reality puede convertirse por momentos en programa clónico a Sálvame, pero sin comida encima de la mesa. De hecho, Mila Ximénez, concursante en Honduras, parecía seguir en Sálvame mientras estaba debajo del cocotero. Porque ya es una experta en un tipo de televisión y no relaja su cometido: alimentar el show de las miseras propias y ajenas, de la pelea de telenovela de manual.

Y eso ha molestado a determinados usuarios de las redes sociales, que han criticado la pérdida de la esencia del reality y ahora temen que se expanda también a Gran Hermano. Más aún con la llegada de la personalidad de Jorge Javier Vázquez a las tareas de presentación.

Pero en Telecinco tienen claro su modelo de cadena y apuestan por un camino al éxito que controlan sin demasiados riesgos. Van directos a aquello que siempre les funciona. Al menos hasta ahora, sin una alternativa sólida de otros contenidos, pues no existe una estrategia planificada, constante y definida de shows de entretenimiento en emisoras rivales. Porque el entretenimiento made in Telecinco empieza a ser un bucle que terminará agotándose, ya que hasta los culebrones de más éxito se terminan. Eso sí, después de millones de capítulos.

> El liderazgo de Telecinco: las 9 claves de éxito del modelo de cadena de Mediaset

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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