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Las despedidas de Chicho

14 agosto 2016 - 1:47 - Autor:

Con una reputada trayectoria en ficción, reconocida incluso a nivel internacional, Chicho Ibáñez Serrador intentaba no fardar demasiado de la autoría intelectual de un nuevo concurso llamado Un, dos, tres… responda otra vez.  Era 1972. Había nacido uno de los formatos más completos de nuestra historia televisiva.

Completo no sólo porque entremezclaba espectáculo, preguntas de habilidad cultural, absurdas pruebas físicas, participación desde casa y una versión propia del juego de los trileros en la subasta final. También porque Chicho incorporaba a la mecánica de un programa de entretenimiento su pasión por maquinar guiones de suspense, thriller y fantasía. Todo podía pasar. Ese era el secreto: jugaba a hacer televisión sin obsesionarse con los estereotipos recurrentes de lo que se supone que debe ser la televisión.

La televisión de autor se ejemplificó en el gran Ibáñez Serrador. El director omnipresente. Hasta el último plano tenía su inconfundible sello. Y se atrevió a incorporar un prólogo y epílogo propios en casi todas las temporadas del emblemático espacio. Él mismo abría y cerraba cada etapa del Un, dos, tres. Es más, sus despedidas rimbombantes ya son un clásico de nuestra televisión.

Como buen guionista de cine de terror, a Chicho le gustaba cerrar las temporadas con la emoción en alto, como si fuera siempre la última. Y recordar que, en televisión, nada es perpetuo. Metía sus decorados en una siniestra caja y enterraba el atrezo del programa en un almacén perdido en Prado del Rey. Lo hacía no sin antes recordar que en los medios de comunicación todo es volátil. Y nadie parece imprescindible.

Con su lacrimógeno discurso de despedida dejaba al país desconsolado frente al televisor. Una disertación sobre los finales que repetía una y otra vez en cada etapa. “Guarden ojalá un buen recuerdo de nosotros, como se guarda el recuerdo de un viejo y querido juguete que nos acompañó en la infancia y que luego alguien tiró”, sentenciaba con desoladora emoción Chicho.  Todas sus despedidas, como en cualquier buen desenlace, parecían definitivas. Pero, al final, siempre volvía. 

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Aquellas maravillosas series que te despertaban en verano (VÍDEOS)

1:46 - Autor:

No había canales temáticos de TDT y las grandes cadenas de televisión daban vacaciones a sus magazines matinales para evitar su desgaste en el periodo estival. Los más jóvenes de las casa tomaban el mando y había que atrapar su interés con contenidos pretendidamente adolescentes y con un toque refrescante.

Así la generaciones de los ochenta y los noventa creció con unas tramas de mucha hormonas revueltas que hoy serían ingenuas hasta para Disney Channel. Las gemelas de Sweet Valley, California Dreams, Los Rompecorazones, Los vigilantes de la playa, Una chica explosiva… Y todas con un elemento en común: una sintonía para pasar a la posteridad. O, al menos, intentarlo.

Las gemelas de Sweet Valley

California Dreams

Los Rompecorazones

Una Chica Explosiva

Mención especial para Los vigilantes de la playa.

La ficción que recuperó a David Hasselhoff, tras el boom de El coche fantástico, apostó por socorristas, que vivían espectaculares aventuras mientras corrían a cámara lenta -que eso siempre estiliza el tipo-. No sólo velaban por la seguridad de los bañistas, también solucionaban todo tipo de entuertos, desde descubrir asesinos en serie hasta abortar una explosión nuclear. Sin olvidar, las picaduras de las simpáticas medusas, claro.

Baywatch llegó en plena resaca de la creativa televisión de los ochenta, dejando atrás las fórmulas del serial más estereotipado para explorar nuevos ritmos televisivos, que entremezclaban el drama y la comedia sin demasiados complejos. Una televisión donde era importante el físico por encima de la interpretación, una televisión que primaba la personalidad de un producto por encima de sus personajes. De ahí que recordemos tanto su extensa cabecera, cuando aún se cuidaban las sintonías de los programas para crear una identidad de marca potente (como prácticamente todas las series en los ochenta y noventa). El arranque de Los vigilantes de la playa tenía personalidad, garra y te sumergía en lo que venía, en el tono del producto: una serie refrescante para evadirte y alegrarte la vista. Sin más.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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