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Terelu Campos: así se está convirtiendo en la nueva Belén Esteban de Telecinco

15 septiembre 2016 - 23:22 - Autor:

Telecinco se ha percatado de que Terelu Campos es un buen reclamo para aupar la audiencia de sus programas. Tarde, pero se ha percatado al fin. La hija de María Teresa ha sido la aparición estelar esta noche de Gran Hermano, el reality que ya no es de Mercedes Milá.

Terelu ha llegado a la Casa de Guadalix como la estrella estrellada que es. Ese es hoy su gran fuerte. Ha crecido, como la propia audiencia, de la mano de la televisión de los últimos treinta años. Creando éxitos, asimilando fracasos. Incluso ensanchando caderas. Terelu representa, pues, a un perfil de audiencia media muy española, con sus complejos y aspiraciones frustradas inclusive.

Y sin proponérselo, Terelu está arrebatando, con méritos propios, el título de rostro empático y sube-share que hasta ahora parecía ostentar en exclusiva Belén Esteban. Hace más de quince años, una masiva audiencia fiel se sintió reconocida en el relato de Esteban, una chica abandonada a su suerte, con una niña en brazos, por un torero que además luego se casó con otra a la que pronto los programas le encasquetaron el rol de villana en esta historia.

La gente se encariñó con Belén, pero su millonaria y extrema fama ha propiciado que la ex de Jesulín haya desvirtuado en cierto sentido su imagen con el paso del tiempo, dejando de ser persona para transformarse en personaje con mucho de caricatura a ratos grotesca. Belén Esteban es un producto que está incluso por encima de sí misma, con ramalazos de soberbia, algunos puntos oscuros en su trayectoria y un ego que se ha creído su popularidad, su magnetismo para atraer audiencias y hasta su “trascendental” importancia en Telecinco.

Error de percepción, pues nadie es tan imprescindible como parece. Y el éxito del reality de Las Campos ha puesto en primer plano a una Terelu Campos que se ha hecho a sí misma, que sabe que no es imprescindible y que se ha resignado a perder su rol como presentadora VIP de la tele. Pero, sin embargo, aquí sigue, demostrando que interesa a una audiencia que se identifica con ella, con sus imperfecciones, con sus debilidades, con sus malos hábitos alimenticios y con su capacidad para sobreponerse ante la enfermedad y otras adversidades. Y este curriculum vital está resultando, a día de hoy, mucho más poderoso para conectar con el gran público de Mediaset que los ya cansinos avatares de Esteban.

Es la gran diferencia: Belén Esteban sólo ha “trabajado” hablando de sus intimidades, Terelu Campos ha sido conocida con su trabajo. A la sombra de su madre sí, pero con su trabajo delante y detrás de las cámaras. Un trabajo que no siempre le ha acompañado, lo que le convierte en una mujer que transmite cierto grado de frustración cuando las cosas no salen como uno querría. Como le ocurre a la mayor parte de los espectadores.

Gran Hermano 17 necesitaba a Terelu como golpe de efecto. Como otros años lo hizo con Belén Esteban. Muchos hasta querrán que la hija de La Campos acuda a Gran Hermano VIP. Pero lo que está claro es que Terelu genera conversación, no causa indiferencia y el personaje que transmite en televisión en más real y tangible hoy por hoy que el de Belén Esteban y también acapara portadas de las revistas del corazón. ¿Debe temblar “la princesa del pueblo” por el fin de su reinado? Quizá sí, porque llega Terelu, una princesa que no teme ser destronada, porque ya lo ha sido.

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‘Gran Hermano’, el superformato que reinventó la televisión

Los 4 errores habituales de los talent shows en España

8:30 - Autor:

Las cadenas de televisión ya preparan sus nuevas apuestas de entretenimiento para esta recién llegada nueva temporada. De momento, no deparará grandes sorpresas en programas de entretenimiento. Los mismos talent shows (el próximo miércoles se estrena La Voz), los mismos programas de talentos y parece que los mismos errores. Como estos cuatro conceptos a demoler para impulsar el éxito de las varietés de prime time en España.

1. La obsesión por historia de superación

Las cadenas suelen caer en la trampa de priorizar el drama personal de los artistas. Incluso, en ocasiones, forzándolo. Pero las capacidades y el talento de los concursantes debe prevalecer sobre su historia personal. O, entonces, no habrá programa. Susan Boyle solo con su historia personal no era nadie. El fenómeno surgió por su espectacular voz que rompió estereotipos y prejuicios. En España, en cambio, los castings de estos shows se centran justo en eso: en el estereotipo en busca de la emoción más prefabricada que, al final, despierta en el espectador la sensación de estar viendo un programa de los noventa. Y la audiencia ya no está en los noventa, está en otro punto que empatiza más con los personajes que se presentan desde la naturalidad o desde el humor. Primero produciendo identificación a partir de su espontaneidad para después asombrar por su esfuerzo, ingenio y talento. Ahí está la verdadera historia de superación, no en los dramas de manual de los que el espectador ya está resabiado y se olvida al segundo minuto.

2. La puesta en escena desde la barrera

La mayoría de los talents shows en España (Tu cara me suena es la excepción que confirma la regla) graban las actuaciones como si fueran un elemento ajeno al programa. El artistas va, hace su número y el realizador lo muestra. Pero para crear un gran espectáculo que asombre a través de la tele hay que integrar la propuesta de los talentos en los engranajes del show de televisión. Creando una puesta en escena global, como un todo, a tono del arte del intérprete: contando una historia a través de la realización, la iluminación y la escenografía. Nada que ver a lo que acostumbran nuestros talents, que suelen presentar de la misma forma plana a sus virtuosos: plano general, plano con cara del jurado, plano medio, plano con cara del jurado y, si hay suerte, un plano de reacción del público. Y todo iluminado igual. Y, claro, el espectador siente que todo ya lo ha visto antes, aunque la función, cante o ejercicio conlleve un esfuerzo pasmoso. Así no se transmite la pasión de la dificultad.

3. El spoiler constante

En vez de construir una fiel audiencia que se quede con expectación de principio a final, los talent shows han optado por rimbombantes pequeños anuncios, a modo de cebo, que van salpicando la emisión desvelando lo supuestamente tenso o inaudito que va a suceder en el programa. Se pierde el efecto sorpresa, el público está avisado de todo lo importante que va a suceder en el show. Es más efectivo jugar con tramas cruzadas de guion entre los protagonistas del formato (presentador, colaboradores, jurados, artistas) que fomenten un sentimiento de programa compacto en el que todo puede pasar. En el primer o último segundo.

4. El jurado patidifuso

Los programas de entretenimiento viven de jurados famosos por encima de sus posibilidades. Da la sensación, a veces, que las cadenas se han olvidado de la perspectiva que otorga la historia de la televisión y ahora creen que sólo se puede construir un contrapunto a través de unos jueces (el gracioso, el enfadado, el folclórico…) que deben poner todo el rato cara de asombro. Mejor si es con la boca muy abierta. De nuevo, el espectador ya está inmune a esta fórmula. Es hora de saltarse este guion y recuperar esos personajes que aparecen cuando menos te lo esperas, rompiendo el ritmo del programa con sus apariciones y contando con una versatilidad creativamente mayor a la de un juez. Hay cientos de posibilidades, tantas como la imaginación. De antagonistas que dicen con sorna aquello que el espectador está pensando al ver el show pero no se atreve a verbalizar hasta parodias que conectan con ese travieso lado infantil que todos llevamos dentro y que se olvida cuando las cadenas no disfrutan los programas que hacen.

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La crítica social que esconde ‘Paquita Salas’, la serie revelación en las redes

8:01 - Autor:

Paquita Salas no es conocida por el gran público. De hecho, el gran público no sabe ni quién es. Pero Paquita Salas sí está creando una pequeña revolución desde la televisión que se hace desde Internet. Esa pequeña revolución que remueve el sistema.

Porque nuestra televisión ha quedado estancada en un tipo de ficciones que ya no retratan su tiempo, prefiere viajar a tiempos pasados o imaginar sofisticados presentes que, salvo mínimas excepciones, no se atreven a plasmar las realidades que conforman nuestra sociedad. Ni desde el humor, ni desde la corrosión, ni desde el drama, ni desde la verdad.

Y eso lo consigue la serie hecha para la red Paquita Salas. Con los cuatro elementos reunidos: humor, corrosión, drama y verdad. Lo consigue especialmente en el micromundo de los actores, arte y currantes de los medios de comunicación, que se ven reflejados en esta representante de actores que resume a la perfección los histerismos y fracasos del la trastienda del actual folclore nacional.

Paquita Salas es una atinada radiografía pop de los mánagers de la farándula de hoy y sus apoteósicas guerras internas -donde tus pupilos te abandonan para robarte todo el elenco de actores y montar su agencia de representación propia-. Es lo que narra, entre otras muchas cosas, Paquita Salas y es por lo que muchos periodistas, actores e intentos de actores quieren tanto a Paquita, pues han conocido antes a muchas Paquitas.

Una serie dirigida por la refulgente mirada propia de Javi Calvo y Javi  Ambrossi para la plataforma Flooxer de Atresmedia (Antena 3 – La Sexta) que, además, se atreve a nombrar producciones de éxito de la competencia, El Príncipe, y matar míticas actrices antes de tiempo, Carmen Sevilla, con una corrosión no apta para todas las susceptibilidades de la televisión lineal actual.

Esos detalles son los que provocan que la buena de Paquita, esa señora que abraza la decadencia de la resaca del éxito, conecte tanto con una generación que echa de menos esta televisión cargada de referencias sin pelos en la lengua. Retratando e incluso criticando de forma latente esa sociedad que promueve actores clónicos, interpretaciones clónicas, guiones clónicos, prejuicios clónicos, miedos clónicos y cánones de belleza clónicos. La televisión que se atreve. Toda una revolución envuelta en una especie de locura no apta para todos los públicos. Porque las revoluciones cuando empiezan nunca son aptas para todos los públicos… ni directivos de cadena.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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