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El doblaje y otras contraindicaciones del estreno de ‘RuPaul’s Drag Race’ en la TDT

19 septiembre 2016 - 22:26 - Autor:

La quinta temporada de RuPaul’s Drag Race se ha estrenado este lunes en la TDT bajo el nombre Reinas del Drag. Se trata de un reality creado por la mítica drag RuPaul (que cantó con Elton John el Don’t Go Breakin My heart) para coronar a la mejor drag. Una especie de mezcla entre Supermodelo y MasterChef. Supermodelo porque tienen que superar pruebas para demostrar su arte en la pasarela drag y MasterChef porque RuPaul va viendo como confeccionan ellas mismas sus vestidos, con mejor o peor suerte, como si fueran los cocinillas de Eva González.

Lo mejor del formato es que es hábil a la hora de retratar a las diferentes estrellas candidatas. Como son caracterizadas, sumergidas en su personaje drag pero, también, como son sin maquillaje. Así es mayor el choque del espectador entre el yo-artista y el yo-anónimo. Y el yo-anónimo es quien va comentando las jugadas a través de declaraciones (grabadas en un set de entrevistas) que se incrustan en el discurrir del programa para enriquecer con información extra el show.

Un show que apuesta por un casting muy plural de drags: mujeres extraordinariamente bellas, personajes de telecomedia, cantantes folclóricas, chicas excéntricas o, no menos importante, drags de los años dorados del performance de la noche neoyorquina. Arte humano, vamos.

Juntas se pelean, se emocionan, juegan y sobre todo hacen show en un programa que se estructura en dos partes claras: los retos semanales y la gran y luminosa pasarela final, donde tienen que competir para quedarse y seducir a un jurado. Aunque, en realidad, de los jueces sólo manda RuPaul, que para eso es la creadora del invento. Y, como buen formato norteamericano, cada programa normal no dura más de 42 minutos gracias a un montaje de imagen frenético que propicia que no paren de suceder situaciones que no dan tregua al espectador.

Con estos mimbres, el formato ha conectado con un público muy específico. También en España, creando un particular fenómeno en las redes, donde se multiplican memes y gifs (imágenes en movimiento) con instantes estelares o delirantes del show. Y eso justo puede ser el problema de Reinas de Drag en la emisión en España por el canal TEN. Su grueso de público objetivo ya lo ha visto en Internet o Netflix.

No obstante, es un reality perfecto para ser revisionado a través de la televisión tradicional, en la TDT en abierto. Así los fieles a RuPaul pueden  vivir la experiencia de consumir este particular talent show de manera colectiva, comentándolo, en directo, por las redes sociales mientras ocurre su pase por Ten. Esto puede ser una oportunidad para impulsar la marca del nuevo canal Ten, junto con el estreno del programa de producción propia de cámara oculta Sígueme el rollo (que llegará el próximo lunes a las 21.15h).

Lo trágico está en que el doblaje de la emisión española mata la personalidad interpretativa de las Reinas del Drag, empezando por el propio carisma de RuPaul. En cierto sentido, incluso simplifica los perfiles de las protagonistas hacia la parodia más desfasada (de Arévalo, por lo menos) del universo drag. Un error que se ha intentado paliar sin demasiado éxito debido a los vicios de la traducción “simultánea” con locutores en este tipo de tele-realidades. Por suerte, siempre se puede dar al botón de escuchar la versión original.

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La mejor entrevista a Michael Jackson: así logró Oprah Winfrey un documento para la historia

9:39 - Autor:


“La nariz te la has operado, está claro” dijo Oprah Winfrey a Michael Jackson en el propio salón de su casa. En un tiempo en el que aún no sabíamos lo que era un docureality, Oprah trasladó las cámaras de su show de testimonios al rancho de Neverland, el megalómano sueño del Rey del Pop.

Era el 10 de febrero de 1993 y allí llegó la dama de la televisión norteamericana dispuesta a inmortalizar la mejor entrevista nunca hecha a Michael Jackson. Lo consiguió. Jamás hubo otra igual. No se volvió a repetir un encuentro televisivo de este calado con Jackson.

Un programa perfecto para analizar las artes catódicas de Oprah Winfrey, pues con Jackson sacó su hábil carácter que convirtió a la presentadora en la mejor pagada de la historia. Esa especial habilidad para realizar una transparente radiografía de sus entrevistados a través de sus preguntas.

Preguntas que surgen de una doble psicología: al mismo tiempo que se gana la complicidad del entrevistado, se lleva de calle el cariño de la audiencia. Porque Oprah va incorporando a la charla identificables experiencias personales que, además de hacer más empática y adictiva la emisión entre su público, sirven para introducir más dulcemente las preguntas más duras.

Me da corte preguntártelo, pero lo voy a hacer de todas formas, ¿Eres virgen?“, Oprah soltó este íntimo dardo a un patidifuso Jackson que no respondió, claro, sólo dijo “¿Cómo me puedes preguntar eso?, soy un caballero”. Caballero, andante, como Don Quijote, tal vez.

No contestó, pero el poder televisivo de Oprah está en que normalmente sus programas ni siquiera necesitan respuestas a sus preguntas. Tampoco en la cita con Michael Jackson, donde el tono que va marcando la presentadora a la conversación y el contexto donde se realiza la entrevista, junto con la expresividad del entrevistado, sirven para pintar un dibujo perfecto de la personalidad del Rey del Pop: no era feliz, probablemente nunca fue feliz.

Un retrato que Oprah estructura en poco más de 55 minutos, como si de una entrevista en su plató de televisión se tratara. Con una introducción frente a la mansión, para contextualizar a la audiencia en el icónico lugar, que da paso a una primera parte de la charla desde el salón principal de la residencia. Allí aparece Jackson bajanado una escalinata, como si estuviera en el decorado del estudio de la presentadora. Pero no, es su casa.

Tampoco falta las aparición estelar de la amiga, Elizabeth Taylor. La segunda parte, para enriquecer más el encuentro y enseñar más al espectador, se complementa desde el gran cine construido en el rancho. De nuevo, se contextualiza el lugar: se muestra a Jackson conduciendo su carricoche. A un lado, el gran parque de atracciones que levantó en su propio jardín. En el otro extremo, el cine frente a una plazoleta con una fuente de chorros juguetones.

Oprah guía a Jackson hasta el interior de la sala de cine, en el camino va describiendo al espectador lo que ve como si nada, pero con una destreza infalible a la hora de explicar el excéntrico universo del artista. El mostrador del hall lleno de golosinas para los niños (que dice Oprah que se comió durante la preparación del programa -de nuevo, experiencia personal empática), la reproducción de ET o que la sala cuenta con ventanas que escondían camas con cojines de corazones. Jackson, entonces, explica que cada 3 semanas acudían pequeños con cáncer de diferentes asociaciones. Los más enfermos podían ver la película, como el resto, gracias a esas camas.

Una entrevista compleja que Oprah logra abarcar a través de una escaleta muy definida, que no se deja nada en el tintero (fue meses antes de la primera acusación de abusos a menores). Todo entrelazado con vídeos que muestran la evolución de Jackson, de la infancia hasta sus grandes éxitos, enfatizando la emoción en el propio espectador y también evidenciando sus cambios físicos.

“He estado en la casa preparando la entrevista, me he paseado por toda la casa, incluso he subido arriba cuando no estabas mirando, buscando esa cámara de oxígeno (donde se decía que Jackson dormía para no envejecer), y no la he encontrado”, remató Oprah con una campechanía que ni Bertín Osborne. Y es que este especial fue perfecto para zanjar rumores y, de paso, sembrar otros. De hecho, fue en este programa donde Jackson explicó el motivo del cambio de color de piel. Se trataba de una enfermedad.

Una emisión en falso directo que como colofón mostró a Jackson y Oprah caminando hacia el famoso parque de atracciones del cantante. Una vez más, el programa dibujaba al personaje: el final del show fue Jackson y Oprah caminando hacia un parque de atracciones con todas sus atracciones vacías pero encendidas, sin nadie montando en ellas pero moviéndose frenéticamente e iluminadas con vibrantes luces de colores.  Normal que, para esta estampa, el programa eligiera como sintonía Thriller. Ningún otro tema resumía mejor la percepción que despertaba aquel momento, aquel desconcertante lugar que fue transparente plató de una entrevista para la historia.

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El futuro del periodismo en televisión

8:48 - Autor:

La televisión va deprisa. A veces, demasiado deprisa. También los programas que manejan la información, que observan la actualidad a través de las idas y venidas que marcan las agendas políticas. En este trasiego, los programas de televisión pueden olvidarse de atender los problemas cotidianos. Esos problemas enquistados que nos afectan silenciosos en el día a día, problemas que sólo llegan a los titulares de los medios de comunicación cuando sufren el peor de los desenlaces. Cuando ya no tienen remedio.

La televisión va deprisa. A veces, demasiado deprisa. Y los audímetros también. Las cadenas solían temer tratar según qué temas porque no interesaban al público. O, peor aún, porque el público los de la espalda. Ya se sabe, en ocasiones, es mejor no mirar a la realidad de frente. Sin filtros.

La televisión va deprisa. A veces, demasiado deprisa. Es, en definitiva, la era del contenido instantáneo. No hay tiempo que perder y no hay tiempo para que los periodistas enfoquen sus esfuerzos con el margen que el rigor necesita. Y sin tiempo (y con los audímetros) el teleperiodismo puede confundirse con el espectáculo del efectismo de la superficialidad, donde es el espectador quien debe realizar el esfuerzo de distinguir entre información y especulación.

Pero el periodismo no era eso. Tampoco en televisión. De ahí la credibilidad social adquirida de aquellos programas que han dado carpetazo a la televisión de usar y tirar. Como Salvados o El Objetivo, que anoche volvió a salir del plató con esa versatilidad que permite una edición especial para analizar el acoso escolar desde una perspectiva compleja. Un problema enquistado del que no existe una divulgación real en la sociedad.

Un reportaje, valioso incluso para emitir en los próximos años en colegios e institutos, que ha mostrado de forma didáctica las diferentes aristas del problema, donde todos son víctimas. También los verdugos. Además, fijándose en las redes sociales, que crean un nuevo escenario, en constante mutación, en el que el acoso sale de las escuelas para no dar tregua las 24 horas del día.

El futuro del periodismo en televisión ya no pasa por los informativos tradicionales. Ese Telediario que aún muchos llaman “parte”. Irán ganando terreno los formatos que analizan la información desde enfoques con capacidad para acceder a las realidades de nuestra sociedad desde una perspectiva periodística verificada y más elaborada.

Las nuevas formas de consumir la televisión “bajo demanda” propiciarán la agonía de esa televisión que va deprisa, a veces demasiado deprisa, para regresar al periodismo que no se queda en el titular que se repite en todos los medios por igual y aporta una mirada propia contrastada. No es nada nuevo. El futuro del periodismo es volver a la esencia del periodismo. La experiencia de saber pero, también, comprender.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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