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Lo que la televisión generalista de España debe aprender de ‘Stranger Things’

29 septiembre 2016 - 8:10 - Autor:

Llegó el 15 de julio y, a los pocos días, ya era un fenómeno global. Stranger Things ha sido la inesperada revelación del verano desde la plataforma Netflix. Su caluroso recibimiento nos deja cuatro factores elementales que seguirán definiendo el éxito o fracaso de una ficción siempre, se vea donde se vea, en la televisión tradicional, en la televisión bajo demanda o en lo que venga.

1. Iconografía que traspasa.

Stranger Things es una serie que apuesta por elementos visuales con actitud propia. Cuenta con un montón de referencias a clásicos de los setenta y los ochenta, pero, juntas, esas referencias no se parecen a nada que no sea Stranger Things. Desde la ya muy icónica tipografía roja sobre negra del título y los créditos a la música o la ambientación. Desde las luces navideñas que se encienden y se apagan (con los mensajes de Will) al significado que aguarda que una niña sangre por la nariz. Todo, unido, tiene un sentido que ha fascinado a espectadores de todo el mundo, un sentido que traspasa la pantalla para convertirse en una experiencia más allá de ver el capítulo de la serie. Porque todas estas piezas logran un rotundo puzle para que el espectador participe y farde de Stranger Things casi como un modo de vida, propiciando acciones virales (poner tu nombre, o la frase tonta que quieras, con la fuente del logo; lanzar mensajes a través de las luces de Navidad en la pared…) que son reconocibles ya incluso para los que no han visto la serie. Las buenas series cuentan siempre con una iconografía aplastante e inconfundible.

2. Ritmo.

Stranger Things no confunde ritmo con prisas. Las series de las cadenas generalistas de hoy a veces se obsesionan con una velocidad trepidante a la hora de narrar las tramas para, así, impedir el zapping. La historia de Stranger Things probablemente podría haberse contado en sólo 3 capítulos (o en una película de hora y cuarenta minutos) en vez de en 8 episodios. No lo han hecho, porque se trata de una ficción que es hábil manejando la emoción in crescendo del espectador, con su tempo, con sus cliffhangers al final de cada episodio… Sin las prisas que pueden convertir un producto en más frío e incluso desvirtuar su esencia. La experiencia completa se degusta en 8 horas en las que nos seduce hasta la morralla.

3. Los actores magnéticos.

Stranger Things cuenta con una cabeza de cartel de renombre, con su toque de revival incluido. Porque la serie se nos vendió en principio como el regreso a primera línea de una musa de los noventa, Winona Ryder. Junto a ella hay otro actor al que hace mucho que no veíamos, Matthew Modine, y otros intérpretes tan sólidos como David Harbour. Todos con personajes con enjundia, traumas, tormentos y reverso. Pero la verdadera revelación ha llegado con los niños, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo y compañía, que son quienes más han caído en gracia y monopolizan ahora el foco mediático, apareciendo en todos los talk shows norteamericanos habidos y por haber, cantando en los Emmy, arrasando con sus instagrams o hasta posando para Louis Vuitton. Están por todas partes, y casi corren peligro de indigestarnos un poquito con su omnipresencia. Las grandes series no sólo cuentan con actores reconocibles, también son cantera de nuevos rostros.

4. La inteligencia de las referencias (y mucho más).

Cambian nuestras formas de ver ficción, pero lo que nunca cambiará será el hecho de que las series que apasionan y marcan generaciones son las que cuentan una historia palpitante que va amplificando su interés gracias al boca oreja tradicional, la recomendación de los propios espectadores. Y eso lo ha conseguido Stranger Things en tiempo récord, desde su primer fin de semana en Netflix. No sólo por las referencias evidentes, las cacareadas escenas inspiradas en E.T. y otros clásicos, sino porque la serie ha sabido construir un inteligente juego con el espectador a través de la nostalgia y la autoconsciencia. En televisión, las referencias que van directas a la complicidad de la audiencia son cruciales. En Stranger Things las referencias que engatusan al principio dan lugar, poco a poco, a un interesante y emocionante arco de la trama que atrapa al público con una historia que acaba siendo menos previsible de lo que pintaba en los primeros capítulos. Es lo curioso: una serie que partía como un pastiche de tópicos ochenteros ha terminado por resultar tremendamente nueva, moderna, contemporánea, influyente (le van a surgir múltiples imitaciones) y fruto de su tiempo, que es 2016 y no 1983. El año que viene, con la inevitable segunda temporada, se les presenta el enorme reto de revalidar este triunfo. Pase lo que pase, estos primeros ocho capítulos ya tienen un lugar en la historia de los fenómenos televisivos.

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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