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‘OT, el reencuentro’: los 5 elementos que han propiciado una emocionante catarsis colectiva

31 Octubre 2016 - 1:00 - Autor:

OT, el reencuentro es ya un fenómeno televisivo. Un estatus que ha logrado porque estos tres programas especiales no se han quedado en la fácil vertiente nostálgica, sino que se han convertido en una experiencia colectiva más enriquecedora y compleja de lo que nos esperábamos, con mimbres de terapia psicológica y sociológica. Los documentales ha reunido cinco factores que han traspasado televisores y que se deben analizar en profundidad.

1. Triunfitos abiertos en canal

Los dieciséis han participado en el programa con todas las consecuencias. Han compartido y abierto su vida sin apenas filtros, contando su percepción del éxito quince años después, pero también describiendo sus daños colaterales y sus sinsabores, haciendo confesiones incluso incómodas y dolorosas. Han entendido que este reencuentro sólo tenía sentido abordarlo desde una total honestidad y una sinceridad extrema. Quizá la excepción ha sido un acorazado David Bisbal, que en su entrevista personal no ha contado nada realmente emocional o con chicha. Y mención aparte merece también Juan Camus con su discurso sobre la humildad después de la que ha liado en los últimos meses con su participación en este reencuentro y en el concierto.

2. El identificable fracaso

El fracaso y las quiebras de expectativas han sido dos de los grandes temas de estos documentales. Muchos de los triunfitos han contado el modo en el que vivieron el bajón de popularidad tras haber llenado estadios. Y, aunque los demás no seamos ex concursantes de un reality exitoso, sabemos de lo que hablan. Porque todos nos hemos enfrentado a fracasos y decepciones, a todos nos han vendido motos y nos han hecho creer en algún momento que podíamos comernos el mundo. Y luego no ha sido así.

No es raro, por eso, que David Bisbal, que sí ha logrado una carrera de proyección mundial, haya sido el más criticado por una razón o por otra en este reencuentro. Su posición actual le aleja de una audiencia que se identifica más con la fragilidad aparente del resto. Estamos en una sociedad en la que el éxito o incluso el fracaso están sobrevalorados. Y OT, el reencuentro ha resultado una terapia colectiva capaz de relativizar tanto los éxitos como los fracasos. Porque todos nos comemos el mundo algún rato y luego el mundo se nos cae a pedazos. Porque muy pocas veces el futuro es como esperamos que sea. Porque triunfar en cualquier ámbito es complicado para todos y depende de demasiadas variantes. Y de esto han hablado mucho y muy bien estos documentales.

3. La autocrítica del formato desde el propio formato

Los chicos de Operación Triunfo rompieron las audiencias televisivas y fueron un filón para la industria discográfica. No había que dejar escapar la gallina de los huevos de oro que había creado el prime time catódico. Vorazmente, sin piedad, sin remilgos. Lo importante era exprimir a aquellos dieciséis concursantes hasta la última gota. Y cuando dejaron de generar beneficios, a muchos se les abandonó, como juguetes rotos. En OT, el reencuentro, los propios triunfitos nos han contado su vivencia de este ascenso y caída sin pelos en la lengua. Y estos documentales no han vetado sus críticas y reproches. No ha habido tabúes ni temas intratables, aunque las críticas hayan salpicado incluso a la productora del programa, Gestmusic.

Los documentales, como buenos documentales, escarban en la realidad, pese a quien pese, guste o no guste lo que dicen. Y este reencuentro no habría funcionado tan bien si hubiéramos percibido que nos estaban sesgando las entrevistas o escondiendo asuntos delicados (¡hasta Chenoa ha hablado de su chándal gris!). Por eso es más valioso lo que hemos visto: porque esta serie de programas contiene análisis y reflexión sobre un fenómeno insólito en nuestro país y porque critica desde la propia televisión la falta de escrúpulos que muchas veces tiene la pequeña pantalla en busca de exprimir y estirar el éxito.

4. Realización con amplitud de miras

Los tres especiales se han planificado con un formato definido y bien organizado. Primero el choque musical con la directora de casting, Noemí Galera, después el viaje a los recuerdos con Ángel Llácer y, para acabar la jornada de “convivencias”, el chimpún con la carismática Nina, la que más cerca estuvo de los concursantes. Todo enriquecido y dinamizado por las entrevistas personales y una realización moderna, cálida, elegante y sin prisas. En una televisión que va a toda velocidad, OT, el reencuentro recuerda la importancia de dejar respirar los planos, de contar una historia también a través de las miradas, los silencios, la gestualidad y las conversaciones que se quedan en segundo plano, creyendo en la curiosidad del espectador, al que no se le escapa una sin necesidad de remarcarlo todo con fanfarrias, soniquetes, cebos y rótulos como acostumbra la tele de 2016. Nos hemos sentido como si hubiéramos estado allí con ellos, en esa bonita casa de campo, en ese día de verano.

5. La apabullante verdad

Cuesta mucho encontrar verdad de la buena en la televisión de hoy, y Operación Triunfo, el reencuentro ha transmitido verdad en su máxima expresión. Podía haber resultado un programa frío, falso y artificial. A medio gas. Más aún cuando todos estos chicos alcanzaron la fama por obra y gracia de un fenómeno televisivo de inmenso calibre y podían creerse expertos y resabiados en lo que funciona o no en televisión. De haber sido así, el programa habría pinchado. Pero, por suerte, Gestmusic ha conseguido plasmar la verdad, con sus ilusiones y frustraciones, del presente de estos dieciséis triunfitos, ya no tan jóvenes, que convirtieron el formato en un irrepetible fenómeno televisivo justo por eso mismo: porque contagiaban verdad.

Ahora (la mayoría) son menos ingenuos o viven con cierto desencanto, pero continúan enfrentándose a la vida sin demasiadas máscaras, o al menos eso es lo que irradian. Su sinceridad ha sido un acto generoso y emocionante hacia el programa que les dio a conocer y hacia la audiencia que les quiso tanto.

Y OT, el reencuentro, por su parte, pasará a la historia televisiva como un lúcido y empático documento sobre las distintas formas de entender y digerir el éxito o el fracaso. Sobre lo importante de discernir entre el éxito de llenar estadios y el éxito personal de sentirse uno en paz consigo mismo y con lo que tiene. Pura terapia.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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