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Las lecciones que hemos aprendido del reencuentro de OT

2 noviembre 2016 - 1:14 - Autor:

El reencuentro de Operación Triunfo 1 ya es historia. Es más, quedará marcado en fosforito en la memoria colectiva por su trasfondo emocional. Aunque también en el longevo currículum de TVE, pues nos deja cuatro lecciones principales de las que aprender para la próxima.

1. La música es democrática.

Hace 15 años, determinados críticos echaron por tierra el fenómeno OT. La televisión siempre ha generado cierto desdén de la prensa más tradicional y exquisita. Pero en realidad, OT sirvió para movilizar la industria y popularizar la música. De nuevo, el concierto ha resucitado fobias snobs con aires despreciativos y de superioridad. Justo lo contrario que ha supuesto y significado OT, el concierto: un chute de felicidad y recuerdos que está por encima de cantantes virtuosos y afinados. Porque, al final, algún talento especial tendrán estos dieciséis “triunfitos” cuando son capaces de movilizar a millones de personas frente al televisor. Y lo siguen haciendo 15 años después. OT demuestra que la música triunfa en prime time cuando se interpreta desde la personalidad propia, incluso con tantas imperfecciones como ha tenido la música en este concierto. Esa personalidad propia es la que entiende de sueños y pasiones y no de sibaritismos.

2. Hacer marca de cadena.

En un tiempo en el que a TVE le cuesta reunir audiencias millonarias, el reencuentro de Operación Triunfo ha supuesto una oportunidad para la cadena que, sin embargo, no se ha aprovechado del todo, pues el concierto se podría haber convertido en un acontecimiento para impulsar la imagen de La 1 como reflejo del interés social evidente.  En este sentido, se podían haber realizado especiales previos y posteriores con rostros reconocibles de la emisora, de otros programas y también series, que ejercieran de presentadores en un set en el Palau Sant Jordi o que sacara la televisión a la calle gracias a un evento tan familiar y libre de política como este. También se podrían haber realizado cortinillas especiales, con acciones creativas entre triunfitos y presentadores, periodistas y actores de la cadena. En cambio, TVE se ha limitado sólo a la emisión del concierto. El espectador no ha tenido motivos suficientes para asociar la fiesta a TVE ni nuestra tele pública ha aprovechado la ocasión para recordarle a la gente que el fenómeno de OT, que tanto nos marcó, lo vivimos en TVE, como tantos programas importantes de nuestra vida. Así, el espectador, sobre todo el más joven, simplemente ha visto los documentales y el concierto y se ha ido, probablemente para no volver en mucho tiempo a sintonizar TVE. El buen canal de televisión intenta evitar que sus contenidos parezcan estancos, al contrario, el buen canal busca transmitir la sensación de que todos sus programas y series forman parte de un gran todo.

3. La nostalgia ya no (solo) son los ochenta.

La prensa, la radio, las editoriales y la televisión han centrado la nostalgia en la generación EGB. Pero ya hay otras generaciones que vienen después y hay otros recuerdos más cercanos en el tiempo que suponen un filón a la hora de hacer revival. Porque la nostalgia que rompe audiencias ya también pertenece a vivencias experimentadas a partir del año 2000.

4. La verdad.

Y, sobre todo, la gran lección que nos da esta serie de especiales de OT, el reencuentro es el principio máximo de la televisión desde que es televisión: saber narrar una historia con claridad, mirada propia y, especialmente, verdad. Esa verdad que escasea tanto en los contenidos audiovisuales de hoy y que ha traído a borbotones OT, el reencuentro. Con sueños, frustraciones, ilusiones e incluso choque de amores y desamores. Y todo hecho de palpable y tangible verdad. Una verdad que hace tiempo que no sentíamos en la tele en su máxima expresión. De ahí el boom de la vuelta de OT. Que no se nos olvide la importancia de apostar por la verdad que es de verdad.

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0:47 - Autor:

Ya no son tiempos para el título de crédito. Ese rodillo de nombres del equipo de personas que han hecho posible el programa, que solía aparecer al final de cada capítulo y que se incorporaba con una música reconocible, que te dejaba con ganas de más.

Ahora la televisión anda con más prisa. Los créditos se suelen esconder en la parte inferior de la pantalla y pasan muy rápido. Casi imposibles de leer. El objetivo es que ensuncien lo menos posible el discurrir de la emisión, no vaya a ser que el espectador cambie de canal.

Pero, aún hoy, los títulos de crédito se pueden incorporar en el transcurso de un show para crear más emoción en la despedida. Lo sigue consiguiendo con mucha habilidad Cuéntame, que transforma el cierre de cada episodio en un emocionante epílogo que prácticamente siempre contagia una sensibilidad especial. Un cierre capitular donde los rótulos se integran en el encuadre de la imagen con mimo, un encuadre que cierra cada capítulo con un derroche de sentimiento del que es difícil escapar.

Porque no hay que infravalorar el espacio que ocupan los titulos de crédito. Incluso cuando se sobreimpresionan a toda pantalla. Chicho Ibáñez Serrador, por ejemplo, los supo incorporar con habilidad al cierre de Waku Waku, el sencillo concurso sobre curiosidades de animales, con una canción muy pegadiza y reconocible que definía con fuerza la despedida de cada emisión y, no menos importaba, dejaba en alto cada programa. Apoteósis musical que entraba justo después de que la realización dejara respirar lo suficiente el ruido del aplauso y la reacción de los famosos concursantes que acudían al formato. Aquí, un inolvidable Jesús Hermida sabiendo aguantar el ímpetu de su expresividad en el colofón del show:

También Miliki y Rita Irasema cerraban la carpa de su última versión de El Gran Circo de TVE, en 1994, con una sintonía propia. Después de cantar una canción -cada día diferente- como colofón, entraban los créditos con “Dame un abrazo“. Siempre el programa acababa así. Con el mismo vídeo, con los mismos créditos, con la misma música.

Un adiós entrañable que TVE supo exprimir involucrando a todos los rostros de la cadena en aquella época. De esta forma, iban apareciendo los más míticos presentadores -Raffaella Carrá, Miriam Díaz Aroca, María Teresa Campos…-, abrazando a los teleñecos que coprotagonizaban los sketches de aquel moderno circo de Miliki.

Una táctica redonda, pues mientras que el público veía una imagen dulce y divertida de las estrellas de la cadena, la cadena impulsaba su imagen de marca desde un programa infantil gracias a la reunión de sus más destacados profesionales en un show de entretenimiento. Una reunión diferente, ya que se trataba de un achuchón cómplice, casi ingenuo, a través de la mirada de un niño.

Los créditos son engorrosos. Pero en televisión nada es blanco y negro. Y un buen crédito, bien ideado, también puede ser un buen aliado para despedir como merece un programa e incluso potenciar un mejor y más emocional recuerdo en el espectador.

Porque a la hora de contar una historia es crucial cuidar y pensar hasta el último frame, hasta la última imagen antes de cortar a negro. Incluso rompiendo con las expectativas del espectador. Una última imagen que, además, puede comunicar mucho sin palabras. Como cuando Chicho Ibáñez Serrador despidió a Miriam Díaz-Aroca como presentadora del Un, dos, tres... Lo hizo congelando su imagen, su última imagen en Un, dos, tres…. Miriam, sutilmente, decía adiós al público sin tener que decir nada.

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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