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De ‘Mujeres y hombres y viceversa’ a ‘Las Campos’: los mejores vídeos del regreso de ‘Homo Zapping’

31 Diciembre 2016 - 1:24 - Autor:

Homo Zapping ha regresado por un día. El motivo: celebrar las pre-uvas en la Puerta del Sol, una tradición que viene realizando Atresmedia a través de Neox desde 2011 y que, este año, lo ha celebrado con un especial del aclamado programa que se reía de la tele desde dentro.

Y así ha sido el retorno, incluso con más producción en decorados y puesta en escena que el Homo Zapping original. No ha faltado (casi) de nada, tampoco el equipo se ha cortado a la hora de parodiar a la competencia, pues Telecinco ha sido muy protagonista. Como no podía ser de otra manera.

María Teresa Campos, Terelu (y los churros), Iker Jiménez, Mercedes Milá, Chicote, Pedroche (con transparencias). Pocos se han salvado en un programa en el que han brillado Silvia Abril, Jordi Ríos, Raúl Pérez, Ana Bertrán. Eso si, también se ha echado en falta a Corbacho, Paco León o Yolanda Ramos. Tal vez vuelvan en la próxima… porque podría ser una buena oportunidad para Antena 3 la idea de recuperar la esencia de este formato. continuar leyendo

12 deseos para hacer mejor la televisión en 2017

30 Diciembre 2016 - 5:30 - Autor:

1. Que se produzcan series que nos representen, que reflejen la sociedad de hoy. Las épocas pasadas y los mundos imaginarios están muy bien, pero ¿no sería interesantísimo retratar nuestro tiempo? Los ochenta fueron una edad de oro para la ficción española con producciones que hicieron un brillante retrato de la década. Ahora parece que nadie o pocos se atreven a afrontar y radiografiar el presente, a hablar de nuestro país y nuestra sociedad de hoy. Será por premisas a nuestro alrededor…

2. Que se apueste por formatos 100 por 100 españoles. Las cadenas españolas suelen esperar a comprar formatos de éxito testado internacionalmente, cerrando las puertas a ideas patrias. No son buenos tiempos para probar nuevas fórmulas, y eso que la historia de nuestra televisión evidencia que los grandes fenómenos son hechos a medida de nuestra audiencia. El Un, dos, tres u Operación Triunfo son claros ejemplos. O Tu cara me suena, en la imagen de arriba.

3. Que nos podamos acostar más pronto. El estirado prime time español es muy rentable, pero, al mismo tiempo, es contraproducente para los programas que tiene que rellenarse con contenidos menos relevantes para llegar hasta casi la madrugada, lo que propicia un desgaste más rápido de determinados formatos.

4. Que se encienda el late night. Para aquellos que no se quieran ir a dormir, el late night supone una oportunidad de abrir hueco a programas más atrevidos, más golfos, que despierten en el espectador esa sensación de que aún queda un aliciente entretenido para despedir el día. Desde hace años, nuestras cadenas han renunciado a lo específico de esta franja horaria repleta de posibilidades. Además, desde la televisión pública, este tipo de show noctámbulo puede ser una ventana a la cultura a través del entretenimiento.

5. Que nos sintamos orgullosos de la televisión pública. TVE debe dejar de reproducir el modelo que usaba cuando tenía publicidad para así convertirse en una alternativa de contenidos que movilice el sector audiovisual. Debe ser más innovadora y plural, lanzándose a la libertad creativa sin demasiadas cortapisas.

6. Que la música suene más allá del playback con pie de micro. Los programas musicales volverán a funcionar si se realizan como un acontecimiento en el que los artistas brillan con ayuda de la realización y puesta en escena, con actuaciones que narren una historia. La actuación de promoción al uso ha matado los espacios musicales en tiempos a los que se puede acceder a estos contenidos con sólo un clic en la red. Pero la tele puede volver a hacer interesante este género e impulsar la carrera de artistas que pasan desapercibidos para las audiencias mayoritarias.

7. Que los niños tengan programas hechos para niños y que no sólo aprendan de series de animación importadas. Pueden aprender más y mejor con contenidos que nazcan y vivan en la idiosincrasia que nos envuelve.

8. Que regrese la entrevista sin prisa. El poder de la conversación está infravalorado en televisión, la fuerza del primer plano, el tiempo para contestar pausadamente, sin recurrir a experimentos, bailes o músicas de asombro de por medio. El valor de la palabra, en definitiva, porque en nuestra cultura hay muchas personas con apasionantes e increíbles historias que contar en televisión. Y si se hace bien, la audiencia se quedará pegada frente al aparato.

9. Que se apueste por rostros nuevos. La televisión se hace sólo con cabezas de cartel que, supuestamente, facilitan el camino para el éxito. También es importante que el público descubra nuevos talentos, nuevos presentadores, nuevos colaboradores. Con talento, carisma, autenticidad y transgresión. No necesariamente políticamente correctos, que de insulsa corrección ya está nuestra tele llena. Hace falta, en resumen, un mayor y más constante recambio generacional, pues siempre parece que una minoría de nombres lo presentan todo.

10. Que los nuevos canales de TDT y nuevos operadores (Netflix, HBO…) empujen la diversidad de la industria audiovisual. Que no se queden en producciones clónicas a las habituales e internacionales y arriesguen para, de paso, poner las pilas a los dos grandes grupos (Mediaset y Atresmedia) e impedir que se acomoden. Busquemos lo local, lo que solo se podría producir y contar en España, lo intrínseco a nuestra forma de ser…

11. Que la tele deje de querer parecerse a Internet. La red y la televisión tienen códigos, lenguajes y ritmos diferentes, y por eso suele fracasar cualquier intento de aunar ambos medios. Internet va tan rápido que cuando sus trending topics llegan a la tele, ya suenan viejos, desfasados, fuera de lugar. De ahí el fracaso de la fórmula inicial de programas como Quiero ser o Hazte un selfi. La televisión no debe querer competir con Internet, sino ofrecer al espectador contenidos que precisamente no puede encontrar en la red.

12. Y, sobre todo, que la televisión recupere la esencia de la imaginación, de la creatividad, de la sorpresa. Que resucite su capacidad para dejarnos boquiabiertos y que podamos sentarnos en el sofá sin tener la certeza de que vamos a ver más de lo mismo. Que nos regale programas y series que irradien entusiasmo, ganas y pasión por parte de sus artífices. Que esa pasión traspase la pantalla y nos resulte inspiradora y revulsiva. Que nos informe con verdad y honestidad. Que nos haga mejores personas, más lúcidos, más sensibles, más empáticos. Y que, además de todo esto, no olvide que su principal cometido es entretenernos.

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Crisis en Telecinco: lo que el espectador medio ya no quiere de Mediaset en 2017

28 Diciembre 2016 - 9:40 - Autor:

El modelo de Telecinco da síntomas de desgaste. Su estructura de programación resiste, está bien articulada, pero los contenidos que sustentan sus programas evidencian un agotamiento. Ya no tiran como antes, ¿la audiencia se está cansando de la inercia de los dimes y diretes?

Lo cierto es que la fórmula del éxito de Telecinco se ha desvirtuado en los últimos tiempos, la política empresarial ha propiciado un desorden de la identidad de marca, donde un sólo formato de éxito ha servido de comodín para rellenar diferentes prime times, monotematizando el público objetivo de la emisora y descuidando la imagen de cadena generalista.

Telecinco ha pasado de ser un canal con todos los horarios de prime time definidos con un producto contundente, que iban de populares series a programas de entretenimiento, a centralizarse en el reality, el corazón y el polígrafo. Y eso pasa factura cuando las tramas del culebrón se desgastan y no encuentran un recambio contundente ni con acciones especiales como la búsqueda de nuevos contertulios en la Sálvame Snow Week.

Y es que el espectador medio de Mediaset no quiere realities de saldo. Tampoco el espectador generalista que Telecinco debe volver a seducir con su habilidad para crear producción propia a lo grande. Sin centrarse sólo en aspirantes al bolo de discoteca. Porque uno de los principales problemas de la cadena en los últimos tiempos ha estado en que el grueso de los protagonistas de sus programas han dejado de ser personas identificables para el espectador. Los jóvenes de hoy no son como las chicas y chicos de Mujeres y hombres y vivecersa. Tampoco se parecen demasiado a los concursantes del último Gran Hermano. El público real no es como el que sale representado en esos programas y, lo que es peor, el público no quiere verse reflejado en ese tipo de perfiles.

La cadena se ha limitado a un tipo de aspirante a famoso y ha dejado atrás la poderosa fórmula de contar historias más allá del cebo morboso que, al final, se queda en nada. Telecinco necesita volver a reírse más y mejor de sí misma, seguir retroalimentando su programación de los líos que genera pero teniendo en cuenta que la audiencia media del canal ya no quiere televisión a medias tintas, ya no quiere la previsible estructura del conflicto que termina en una reconciliación con lágrima fácil, ya no quiere el decorado cutre, ya no quiere el talent show vacío, simplificado en el karaoke con las canciones de siempre. Quiere más.

Telecinco se ha acomodado y necesita recuperar la esencia de la televisión competitiva que, además del griterío o la sensiblería, cuida la emoción desde el espectáculo televisivo global. Como siempre hizo la cadena de Mediaset con programas como Crónicas Marcianas, La Noche con Fuentes, El Informal o tantos otros, que eran mucho más que platós con cuatro sillas. Ahí empezó la evidente y asentada fórmula del éxito de Telecinco, pero esa esencia se ha ido perdiendo por el camino. Falta show con ideas de guion más allá de lo obvio, falta que el espectador masivo y generalista vuelva a sorprenderse porque de lo que sucede ahora se las sabe todas y se cree poco. Y, claro, cuando hay una alternativa contundente en la competencia, ese espectador cambia de canal.

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Lo mejor y lo peor del regreso del reality de Las Campos a Telecinco

1:23 - Autor:

Los especiales navideños están sobrevalorados. Y Las Campos han regresado a su reality con un especial Navideño. Que si poner el árbol con las lucecillas, que si ir a buscar a la Plaza Mayor las figuritas del Belén. Y todo emitido a 27 de diciembre, cuando el espectador ya está agotado de árboles, bolas y luces navideñas, pero así es la televisión: a veces, llega tarde. Muy tarde.

Y ahí está el principal problema del retorno de Las Campos. El show es artificial, incluso juega con gracia al artificio, pero la debilidad de este regreso es que en esta nueva edición el espectador se ha quedado con la sensación de no descubrir nada nuevo, nada que no conociera. No se ha ido más allá en los roles de la madre y las hermanas. No ha existido evolución de los personajes. Sólo se ha enfatizado en las personalidades que ya conoce y reconoce el público.

Y lo peor, el gran cebo que ha sostenido toda la promoción del programa, un supuesto anuncio que iba a cambiar la vida de María Teresa Campos, era simplemente una broma. Un bajón para la audiencia, que ya no se cree ni los spots de autopromoción.

Lo mejor del programa vuelve a ser Terelu. El show sabe trastear muy bien con la hija más famosa de La Campos. De hecho, el programa dibuja con gracia la contradictoria personalidad de la presentadora de La Granja y Con T de Tarde. Lo hace con la vieja estrategia de la telecomedia: el gag de contradicción, donde el intérprete dice una cosa y, al instante, realiza la contraria. Terelu no quiero comer, pero cae en la tentación. Terelu no quiere la tortilla, pero se zampa toda la tortilla.

También el regreso de Las Campos ha forzado el momento en el que Terelu ha bajado -casi por primera vez en su vida- en un autobús municipal o esperando la cola de Doña Manolita. En estos cometidos, el programa muestra una nueva faceta de Terelu Campos, reconvertida en una actriz que se deja llevar por el papel inverso a Lina Morgan. O, lo que es lo mismo, persona pudiente bajando a la calle e incluso pisando charcos.

Ese es el camino para el éxito del docureality, mostrar a una familiar a la que le ha ido bien pero que, en realidad, cuenta con las mismas inseguridades que la mayor parte de los espectadores de Telecinco. Pero de este ingrediente ha estado escaso el especial de Navidad de Las Campos. Habrá que esperar a los siguientes entregas.

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12 imágenes para resumir la televisión de 2016

27 Diciembre 2016 - 4:00 - Autor:

2016 no pasará a la historia como el año que revolucionó la televisión. Al contrario, han sido doce meses en los que las grandes cadenas han funcionado principalmente por repetición. De hecho, el reencuentro de Operación Triunfo será lo más recordado de este tele-2016. En efecto, la reunión de los concursantes de un formato que triunfó hace 15 años es lo que más fervor ha despertado a la audiencia en lo que a programas de entretenimiento se refiere. Sintomático

OT, el reencuentro contó con todos los ingredientes para el éxito: nostalgia reciente poco manoseada – y lo suficientemente cercana en el tiempo para tocar la fibra de varias generaciones-, terapia de los triunfitos abriéndose en canal con los pros y contras de la volátil fama televisiva y, por supuesto, una buena historia de desamor. Y, claro, todo el mundo vio ‘cobras’ donde, en realidad, había un abrazo de esos que descolocan el alma.

La audiencia empatizó con Chenoa. En mayor o menor medida, todos nos hemos sentido igual que ella -abandonados, olvidados, dejados- en aquel día en el que las lágrimas caían sobre su chándal gris.  Y ya se sabe, la identificación siempre es buena aliada en televisión. Mejor si el público se siente reconocido en los personajes de la tele. De ahí que la otra revelación de la temporada sea Las Campos, el docureality que llegó en verano por sorpresa y que se está convirtiendo en salvavidas de Telecinco -en esos periodos en los que Mediaset necesita subir unas décimas de audiencia-. Terelu comiendo el churro define esa lucha de tantas y tantos por mantenerse en línea, comer sano y, por supuesto, terminar cayendo en la grasienta tentación.

Y en esa búsqueda de la empatía se sustenta la otra revelación inesperada de la temporada. Su nombre, First Dates. El espectador se cuela en citas a ciegas y, de paso, ama u odia a los comensales. Porque, por muy raros que sean, es fácil tomar partido por alguno de los tortolitos que acuden a la caza de pareja y pocas veces, por cierto, consiguen comer perdices.

En donde el amor sí ha triunfado es en las Galerías Velvet. Ana y Alberto ya son mujer y marido. Antena 3 cerró su serie estrella con el meloso adiós que ansiaba la audiencia. Había que dejar reconfortado al espectador, ya que un final no feliz no habría tenido sentido en esta ficción tan poco pegada a ningún tipo de realidad.

Ñoñería sobró en el final de Velvet y faltó en la edición número 17 de Gran Hermano.  Edición que nos deja dos lecciones básicas. Primera, un reality fracasa si se basa sólo en gritos. Segunda, evita que una presentadora carismática haga sombra a un nuevo presentador en su primer programa. O las comparaciones serán odiosas durante toda la temporada.

Gran Hermano no ha arrasado en audiencias como antaño. Pero existe otro reality que ha brillado en 2016, el reality de la política en vivo y en directo. Ferreras y su equipo han sido unos maestros en eso de incorporar técnicas del show business televisivo a la tediosa emisión política. Incluyendo politonos del móvil para avisar de novedades y ‘últimas horas’. Unas emisiones trepidantes que, con ayuda del aluvión de grafismos y marcadores, han convertido la actualidad en un emocionante espectáculo al más puro estilo de los carruseles deportivos de la edad de oro de la radio.

Pero 2016 también ha demostrado que el periodismo sin fuegos de artificio es posible en la televisión de hoy. Lo evidencia Astral de Salvados, un documental que recuerda, a través de la televisión de masas, la esencia del periodismo audiovisual con conciencia y compromiso. El Salvados del Astral no tiene prisa en llegar a conclusiones, simplemente divulga sin miedo al silencio y sin temor a aguantar la duración de determinados planos.  Una película que retrata nuestro mundo y también el mundo que estamos construyendo, el derecho a la vida y el derecho a vivir, los egoísmos y el horror, la deshumanización de las instituciones públicas y los valores. El periodismo que servirá para estudiar y analizar nuestro tiempo en el futuro.

También servirá para analizar nuestra época El Ministerio del Tiempo.  Una serie que ejemplifica la esencia de la televisión pública. No sólo porque juega, crea y divulga con la rica historia de un país, también porque innova, arriesga y gana. Como ha sucedido esta producción rodando el primer episodio hecho en experiencia inmersiva de realidad virtual. El Ministerio ha llegado antes que nadie. Hasta los norteamericanos nos han copiado…

Con el riesgo, El Ministerio del Tiempo triunfó. Y con el riesgo, Vis a Vis perdió el norte. Otro aprendizaje que nos deja 2016: el riesgo es bueno siempre que el espectador no deje de entender la motivación de las tramas. Buena parte del público está a favor de las historias que se salen de los manuales preestablecidos para gustar a todos los públicos Vis a Vis lo ha demostrado en su primera etapa, aunque también avisó de que mucha gente se fue quedando fuera de la segunda temporada a medida que las tramas arriesgaban más y se volvían más oscuras. Quizá los guiones terminaron traspasando demasiados límites, y esto provocó un descenso de audiencias más allá de una mejor o peor estrategia de programación. Un descenso de audiencias que propició la no renovación de la producción.

Por suerte, en nuestra televisión hay espacio para todos. El éxito de Paquita Salas es el mejor ejemplo.  Una serie, gestada para la red, que narra los avatares de una entrañable representante de actores encarnada por un Brays Efe. El gran valor de Paquita Salas está en su inteligente y mordaz retrato del universo actoral (y los particulares managers de los artistas). Y ahí también se encuentra su contraindicación de fondo: puede que no sea fácil empatizar con el conflicto (al menos con el del primer capítulo) si no estás más o menos inmerso en la desconocida trastienda del micromundo de los actores y sus vaivenes. Porque la grandeza de esta ficción radica en que está llena de referencias y guiños a la profesión.

La audiencia generalista no comprende del todo el conflicto, ni falta que le hace. Porque Paquita tiene alma. Y lo transmite. No es un producto para la tele de masas y esa es la gran ventaja de la televisión que ya no sólo se ve por la televisión: las nuevas ventanas de acceso a contenidos hacen la industria audiovisual más plural, pues propician que se amplíen las posibilidades de inversores, guionistas y realizadores a la hora de arriesgar, innovar y crear historias diferentes, que conectan con una inmensa minoría y que, de otra forma, no tendrían cabida en los actuales canales tradicionales.

Para los grandes, muy grandes, públicos ahí sigue Cuéntame.  Tras la polémica por los deslices fiscales de sus protagonistas, la serie finalmente seguirá en TVE. Aunque el último capítulo de la pasada temporada parecía el último con una familia Alcántara saludando a su público, como los actores de su tiempo, en el escenario de un teatro vacío. Estaban como dando las gracias, como diciendo adiós con una emocionante y metafórica reflexión de Charles Chaplin en la voz adulta de Carlitos Alcántara: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayos… Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida… Antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos“.

Y es que la vida termina sin aplausos. Esos aplausos que se escuchan, pero que jamás se ven. Como soltó un irónico Chicho Ibáñez Serrador a Buenafuente en uno de los momentos más emocionantes de la televisión de 2016. El gran maestro catódico apareció por sorpresa en el plató de Late Motiv e incluso dio un consejo a J.A. Bayona que allí se encontraba. De nuevo, Serrador daba en la diana: “Intenta traducir para el gran público lo que sientes, si no lo sientes tú no hay nada”. Parece una reflexión evidente, pero en ella está inscrita uno de los problemas de fondo de la televisión de este 2016: “si no lo sientes tú, no hay nada”.  

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Dkiss, el canal que contraprogramó el espíritu de la Nochebuena

26 Diciembre 2016 - 13:37 - Autor:

Las Navidades me llevaron a urgencias. Este es el título del programa que emitió el canal DKiss mientras los españoles se sentaban a cenar en la amorosa Nochebuena. La nueva cadena se dejó de ñoñerías y apostó en el prime time del último 24 de diciembre por un repaso a los accidentes que pueden provocar estas entrañables fiestas.

Que si una mujer atrapada bajo un árbol de Navidad, que si un hombre accidentado al descender la chimenea de su casa al más puro estilo de Papá Noel. Y todo con desenlaces muy gores. Con buena dosis de sangre, claro. Pero sangre de mentira. Y es que este tipo de programas, de la misma saga del show ‘El sexo me llevó a urgencias‘, tratan disgustos con tono de corrosiva comedia.

Y es que Las Navidades me llevaron a urgencias es una telecomedia interpretada por actores que emulan un documental. Cuidado, las historias que relatan pueden suceder. Aunque, en esta ocasión, todas cuentan con un final feliz que, en el caso de la táctica de programación de DKiss, logra su objetivo: ofrecer un producto totalmente diferente a ese público que huye de la Navidad al uso. Más de uno, que osó zapear en Nochebuena y se topó con Dkiss, habrá terminado viendo el espíritu de la Navidad de una forma. Una forma un poco más hipocondríaca…

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El fracaso de José Luis Moreno en Nochebuena

10:38 - Autor:

En tiempos en los que la tradición ya no manda tanto como antaño, TVE ha seguido siendo la cadena que más ha apostado por la Nochebuena. Y, como consecuencia, ha sido la cadena que más audiencia se ha llevado en la Nochebuena. Telepasión, un 19.2 por ciento de cuota y 1.857.000 espectadores; el especial de Miguel Bosé, 16.6 por ciento y 1.649.000 seguidores; y el especial Dani Martín, 12.3 por ciento y 1.177.000 fieles.

Aunque, paradojicamente, también en la noche del 24 de diciembre destaca el éxito de la reposición del refrito del año anterior de Tu cara me suena. A pesar de ser la reposición de la reposición, Tu cara me suena Navidad ha brillado con 20.3 por ciento y 1.818.000 fieles. Su elevado share es porque se emitió en un horario más noctámbulo que el Telepasión, pero su alto volumen de espectadores define la buena salud del programa de imitadores. Perfecto incluso para generar comentarios jocosos en la cena de Navidad.

Aunque el gran perdedor de esta Nochebuena es José Luis Moreno. Su fórmula de realizar galas no pasa por su mejor momento, lo ha evidenciado el espectáculo La noche en Paz de Telecinco,que sólo congregó a un 13,3 por ciento de cuota y 1.181.000 espectadores. Hasta por debajo de las requetevistas reposiciones de Antena 3.

Un mal dato para un programa producido para la ocasión, que denota que ya está desgastada la fórmula del famoso ventrílocuo, pues este tipo de galas parecen hechas con el botón automático: que si un teatrillo, que si una actuación de promoción, que unos guiones escritos para shows de hace dos décadas…

Y, claro, la audiencia ya no se identifica, el público no se sorprende con este tipo de programas, que no cuidan ni la escenografía ni la realización ni el contenido. Programas que parecen hechos por inercia y que, aunque sean nuevos, no son competitivos frente a una televisión que mima más y mejor el espectáculo. Hasta en la reposición. Y lo hace con menos prisas y, tal vez, más devoción.

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La Nochebuena o cómo hacer una ‘horribilis’ programación televisiva

25 Diciembre 2016 - 4:02 - Autor:

No es tiempo para las ideas en Nochebuena. O eso se deduce al ver, un año más, la programación televisiva del prime time del 24 de diciembre. Todas las cadenas trabajan con el automático, reproduciendo moldes requetevistos e incluso menospreciando una fecha en la que la televisión está tan presente como es la Navidad.

Porque en la Nochebuena la tele es protagonista. Su ruido suena de fondo, pero es protagonista. De hecho, la pequeña pantalla es uno de los elementos que sirve para generar debate entre manjar y manjar. Y lo hace todo el rato. Sin embargo, en esta fiesta de guardar, los canales de TV repiten la fórmula una y otra vez hasta el sopor.

El mejor canal que sigue invirtiendo en Navidad es La 1 de Televisión Española. Sus especiales en este 24 de diciembre de 2016 han sido los más trabajados. La calidad ha presidido la primera cadena. Los monográficos de Miguel Bosé (dirigido por la excelente mirada de Santiago Tabernero) y Dani Martín (dirigido por uno de los mejores realizadores de RTVE, José María Sánchez-Chiquito) han sido especialmente brillantes: en realización, en puesta en escena, en sonido en directo y en guion. Esta vez, La 1 ha intentado productos conscientes de su tiempo y que conectan con las nuevas generaciones. Es más, este tipo de especiales musicales, que intentan narrar una historia más allá de la sucesión de canciones, deberían convertirse en un formato fijo semanal para la televisión pública, pues proyectan a los artistas desde una perspectiva interesante, diferenciada y seductora para recuperar a un público que se siente huérfano de televisión. Se nota que detrás de estos programas existe gente con las ideas claras de lo que significa TVE y que, además, involucran a los equipos en sus proyecto.

También ha sucedido lo mismo con el retorno de Telepasión. En esta ocasión un Telepasión de verdad, no un sucedáneo como en los dos años anteriores. Telepasión de cine ha sido un salto de calidad, recuperando parte de la esencia de los originales Telepasión Española.

En esta edición, el mítico programa ha ganado entidad con tramas bien definidas, mucha lucida localización en exterior y una realización atractiva. Lógico, pues detrás de este proyecto están el reputado Juan Luis Iborra y el realizador Gustavo Jiménez Vera. Sin embargo, a pesar de ver a Anne Igartiburu e Inés Ballester en un coche descapotable circulando por el madrileño Paseo del Prado al estilo de Las Chicas de la Cruz Roja, este Telepasión evidencia que TVE ya no cuenta con un elenco poderoso de rostros reconocibles. La mayoría de los “populares” que han cantado eran desconocidos para los espectadores. Y eso se debe remediar con otra política de promoción que potencie las caras de la cadena durante el resto del año, que convierta a TVE en una cantera de personajes carismáticos.

A pesar de repetir las misma estrategia de programación de siempre y no innovar con nuevas fórmulas, la Nochebuena de TVE ha sido con diferencia la mejor oferta. Todo lo contrario a las cadenas privadas que, excepto Cuatro, han demostrado su desgana ante la Navidad.

La peor Antena 3, que una vez más opta por refritos de televisión local en la noche del 24 de diciembre. Que si un recopilatorio de imágenes, que si repetir un revival ya emitido de Tu cara me suena (rizando el rizo de la reposición) ¿No sería más interesante inventarse un especial peculiar de El Hormiguero y, así, aprovechar para hacer imagen de marca de “soy un canal divertido que te acompaña también con un acontecimiento de estreno mientras cenas con tu familia en una fecha tan señalada”? En eso ya eran expertos los de Antena 3 cuando realizaban especiales navideños con Farmacia de Guardia o El Gran Juego de la Oca. Los grandes formatos de la cadena servían para potenciar la imagen del canal como referente del entretenimiento en el mismo instante en el que toda la familia se reunía para disfrutar un banquete con el televisor de fondo.

No obstante, estamos en tiempos de ahorro. Así que las cadenas optan por repetir la táctica de programación y, al poder ser, con mínimo gasto de inversión. De esta forma, también Telecinco ha repetido el mismo concepto de gala casposa (La noche en Paz, se llama desde hace muchos años) bajo el sello de José Luis Moreno. Un despropósito. Un caos. Mala realización, mala iluminación, malas coreografías, malos teatrillos, malos guiones (con todos los clichés que ya creíamos superados por la sociedad…), mal decorado (se veía hasta lo que no se debía ver de la escalera por donde bajan algunos artistas)… Lo mejor, Paz Padilla que logra salir airosa del guion con su particular naturalidad que conecta con la señora que está viendo Mediaset a esas horas.

Pero que nadie se autoengañe, José Luis Moreno es listo y, por un módico precio, logra rellenar horas y horas de la Nochebuena de Telecinco con unos ingredientes que tiene muy testados a la hora de cocinar sus galas: que si la emoción de niños que bailan, que si unos globitos de colores que caen del techo del plató, que si un sainete de matrimoniadas interpretado por un rostro reconocible para el público fiel de Mediaset (véase Kiko Hernández), que si artistas de siempre. Negocio (casi) redondo para Telecinco, ya que estos ingredientes en la coctelera funcionan como fuente de comentarios para cualquier celebración familiar, lo malo es que la forma en la que se guioniza, realiza y produce el invento es un espanto retrógrado que a Telecinco le vendría bien superar y apuntarse el tanto.

Donde sí se apunta el tanto Mediaset es con Cuatro y su especial de First Dates. El programa revelación del año también ha tenido su edición en Nochebuena, con unos encuentros a tono con la sensibilidad de estas fechas y convirtiéndose en una alternativa para aquellos que han estado deseosos de huir de la programación convencional. La Sexta, por su parte, se quedó también en el refrito y en El Club de la Comedia, un show que es comodín.

Como la ‘comodín’ Nochebuena de las cadenas, que ya no es una cita televisiva. Sólo es un mero trámite horríbils, pues evidencia el lado más casposo de la televisión actual, una televisión que no arriesga y cae en los tópicos de la programación. Triunfará aquel que rompa con esos clichés y reinvente las manoseadas fórmulas de las nochesbuenas de fiesta.

@borjateran

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Felipe VI intenta olvidar la polémica del Salón del Trono con un discurso de Navidad conservador a nivel TV

24 Diciembre 2016 - 22:31 - Autor:

Si en su primer mensaje TVE incorporó cámaras en movimiento y en el segundo se intentó dar un gran salto escénico al discurso de Navidad, grabando el alegato desde el gran Salón del Trono del Palacio Real, lo que generó grandes críticas por ostentación,  en este 2016 Felipe VI ha recuperado el despacho como centro de su aparición en Nochebuena.

Una emisión sencilla, muy sencilla, en la que se ha primado una realización conservadora con mínimos golpes de zoom y un leve movimiento de cámara en uno de los dos encuadres principales.

Nada más, el protagonismo ha estado en el primer plano de Felipe VI. Y en su mesa de trabajo colocada para demostrar que ahí se trabaja: con muchos bolis como cuando íbamos a clase y diverso material. Incluso parecía verse una tablet. O algo parecido.  Tampoco han faltado los clásicos marcos con fotos, familiares (con sus hijas y esposa) e institucionales. Nada de dotar de protagonismo a un Belén, como en otras ocasiones.

No han existido, por tanto, grandes experimentos en la posición televisiva del Monarca. Ni se ha arriesgado apostando con incorporar a Felipe VI de pie. De nuevo, el Rey sentado, lo que favorece una mayor seguridad en el espectador.  La corbata, a juego con la tonalidad de imagen marca de la Casa Real. Es lo que se lleva. Porque en televisión no se deja ningún detalle a la casualidad… Menos aún en este mensaje, aunque para narrar la historia solo bastaba su primer plano.

Un intento  de optar un discurso menos rimbombante en lo visual, aprendiendo de las críticas del año anterior y huyendo de la postal turística (como hacen los británicos en estos menesteres). De hecho, el contenido del mensaje ha estado marcado por un sentido claramente social en el que Felipe VI demuestra su habilidad como orador delante de una cámara pero que, sin embargo, también evidencia que este tipo de formato de largo discurso (12 minutos) no casa con los actuales lenguajes televisivos.

Es fácil que el espectador desconecte durante la lectura que está más pensada para generar titulares a los medios que para contagiar interés en la audiencia televisiva. Se echa en falta un recambio en las narrativas de esta tradición y, en este sentido, de incorporar más movimiento en las posiciones del monarca. Pero, tras la controvertida apuesta del año anterior, tal vez en este 2016 no era tiempo para demasiados experimentos y se ha apostado por la fórmula más clásica, donde no hay casi margen para el error (televisivo).

@borjateran

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Rosa López rompe con su maleficio en ‘Tu cara me suena’ (VÍDEO)

2:10 - Autor:

Rosa López, Rosa de España, alcanzó la popularidad ganando el talent show de los talent shows, la primera edición de OT. Su talento y, especialmente, el cariño del público convirtieron a Rosa es una triunfadora habitual de concursos. Concurso que participaba, concurso que ganaba. De Mira quién baila a Hit, la canción.

Con este currículum, parecía que también iba a embolsarse los puntos y puntos del jurado de Tu cara me suena. Sin embargo, no ha conseguido destacar en el marcador del espectáculo de imitadores de Antena 3, lo que ha provocado cierto enfado desde las redes sociales, que acusan al programa de no valorar en su justa medida su trabajo.

A pesar de brillar en las galas en las que se metió en la piel de Emili Sande.o Meghan Treinor, no ha sido hasta esta noche cuando, por fin, ha conquistado al jurado y al público con su imitación de Vanesa Martín que, por cierto, se encontraba en el plató, viendo e incluso asesorando sobre su propia actuación.

¿Por qué el jurado y el público en el estudio no puntúa más a Rosa de forma habitual? El nivel de esta edición de Tu cara me suena es alto y Rosa, como imitadora, no ha destacado lo suficiente. No es que nadie tenga “manía” a la ganadora de OT1, como dicen los más críticos en las redes. Es, simplemente, que Rosa, hasta la fecha, no ha destacado como demanda un talent en el que se prima la imitación. Sus cualidades son otras. Y eso no es malo, esto sólo es un juego de prime time.

@borjateran

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."
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