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De Javier Cárdenas a José Luis Moreno: el problema de fondo de RTVE

28 febrero 2017 - 10:02 - Autor:

El final de la publicidad en Televisión Española podía haber sido una oportunidad para apostar por una cadena que invirtiera en contenidos complementarios a las emisoras privadas.

Sin embargo, la RTVE sin anunciantes ha seguido funcionando como una televisión comercial en toda regla que, además, tiene que invertir en programas minoritarios de servicio público.

No financiarse a través de la publicidad no es necesariamente sinónimo de televisión minoritaria. Al contrario, es una oportunidad para llegar a más gente con una alternativa de contenidos.

El viejo ente debería aprovechar esta circunstancia para apostar de forma más contundente por una programación que arriesgue sin estar obsesionada con las audiencias, explorando las facilidades de las nuevas tecnologías y, sobre todo, buscando talento sin intermediarios. Porque las ideas no son tan caras.

En cambio, la parrilla de Televisión Española se está construyendo por fórmulas que recuerdan a otros tiempos y que no parecen casar con la esencia del significado de televisión pública de la que la sociedad se siente orgulloso. Las nuevas apuestas de temporada como el espacio Hora Punta de Javier Cárdenas (que sirve de ajuste de programación para retrasar el prime time y así subir su cuota de pantalla haciendo trasnochar más al público), musicales noventeros como El gran reto musical, ficciones-sainetes de calidad dudosa como Reinas de José Luis Moreno o la teleserie aún por estrenar iFamily remiten en trasfondo y concepto a una imagen de cadena desfasada, que no aporta contenido realmente complementario que impulse la oferta audiovisual.

Y ahí, en ofrecer cierto contenido complementario e innovador de manera atractiva, está el porvenir de RTVE. Entonces, ¿no hay otro tipo de formatos en el mercado más interesantes que entronquen más con la esencia de cadena pública? Existen, pero parece que los ejecutivos de RTVE no se atreven a invertir en ellos y prefieren, salvo breves excepciones, dar luz verde a programas que repiten viejas fórmulas para atraer a la audiencia y, además, los realizan sin una estrategia de marca de cadena que defina la imagen de la emisora con una coherencia de conjunto. La parrilla parece un caótico cajón de sastre, con poco rostro identificable.

Como consecuencia de este escenario y también de la propia inercia, la programación de RTVE sigue estructurándose como si se estuviera peleando por las audiencias de antaño. Cuando ni el espectador de hoy ni las audiencias de hoy son como las de antaño. Menos aún en RTVE que ya no vende espacios publicitarios.

Radio Televisión Española debe medir su éxito o fracaso por otras variables más valiosas: como su aceptación social y el aporte de sus contenidos a la sociedad. Series como El Ministerio del Tiempo demuestran que cuando RTVE cumple su función, la sociedad está orgullosa en la inversión que supone una cadena pública. Ahí está la línea a seguir. Esa es la puerta al futuro que debe abrir RTVE.

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El susto de toparse con Cristina Pedroche en el museo de cera

27 febrero 2017 - 22:46 - Autor:

Flo y Dani Martínez han regresado a Cuatro, el canal donde triunfaron con Tonterías las justas. Mismo horario para un nuevo magazine diario de humor que intentará competir con el asentado Zapeando. Pero, claro, los de La Sexta han reaccionado y han contraprogramado el día del estreno de sus rivales con una acción especial con Cristina Pedroche como protagonista.

Si en el anterior lanzamiento vespertino de Cuatro, el frustrado Hazte un Selfi, enviaron a Pedroche a sufrir al caserón del terror del Parque de Atracciones, ahora han dado la vuelta al juego y es la propia Cristina Pedroche la que acoquina al personal. Lo ha hecho camuflándose entre las inmortalizadas celebrities del madrileño Museo de Cera. Como si se tratara de otra encerada estatua más.

Es clavada“, decía alguna que otra visitante al mausoleo de las réplicas humanas. Turistas ingenuos, pues les esperaba un buen susto de Pedroche, que estaba aguantando la respiración lista para atemorizar a sus víctimas.

Sólo basta un pequeño movimiento para provocar el gritito del visitante de turno. Y el contexto del Museo de Cera ha ayudado en el reto de la colaboradora de Zapeando, ya que sus instalaciones dan mucho miedo.

Una broma de cámara oculta que pone en evidencia la energía positiva que contagia Cristina Pedroche cuando es la protagonista de una buena idea de guion. La personalidad de la presentadora incorpora un intenso magnetismo a la trama. Es más, su sonrisa cómplice con los turistas en el Museo traspasa la pantalla. De ahí el éxito de Pedroche en televisión: sigue siendo esa chica de barrio. Ha triunfado, pero mantiene su esencia callejera en situaciones como éstas.

> Puedes ver la broma de cámara oculta aquí

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Las tácticas de los Oscars 2017 para atrapar a la audiencia (hasta el final)

7:03 - Autor:

Los Oscar, como cualquier gala de premios, es una emisión tediosa. Demasiados premiados con sus respectivos agradecimientos a familiares y amigos. Pero los responsables de la Academia han entendido que su sarao no deja de ser un show de televisión y acuden a profesionales del medio catódico para que la gala no caiga en la trampa endogámica. Así, este año, Jimmy Kimmel se ha convertido en el maestro de ceremonias, siguiendo la estela de las brillantes ceremonias comandadas por Ellen DeGeneres.

De nuevo, el acierto de los Oscars ha estado en que han centrado el protagonismo del show en el patio de butacas. Las celebrities de Hollywood son las principales protagonistas y el programa las aprovecha constantemente. El espectador quiere ver sus reacciones, el guion de la gala exprime a las estrellas del séptimo arte y la realización está al quite para enfocar bien los caretos que ponen.

Si con Ellen DeGeneres se pidió una pizza a un restaurante cercano -con la correspondiente aparición estelar en el teatro del repartidor-, en esta edición se ha dado una vuelta de tuerca y se ha sorprendido a los viajeros que estaban realizando un tour turistico por Los Ángeles. Al más puro estilo de Sorpresa, sorpresa, los turistas no sabían que les iban a introducir en el auditorio en el que se estaban realizando los Oscar. O eso decía el presentador.

Aunque el atino de este momento a lo Isabel Gemio ha estado en que se ha ido explicando el sketche por partes en varios fragmentos de la gala y, de esta forma, se ha conseguido cebar la aparición de los turistas con el tiempo suficiente para generar expectación en el público.

El espectador se ha quedado para ver el asombro de los turistas. Si bien, no parecían turistas reales. Sus caras no daban la sensación de ciertas y pintaban más a sobreactuación de figurantes a los que les habían dicho que no soltaran el móvil con su palo-selfie. Tal vez para curarse en salud los responsables de la ceremonia puede que realizaran un casting previo. Y el gag no ha resultado creíble del todo.

No obstante, el “secuestro” del bus turístico ha sido una de las grandes propuestas televisivas de la noche. Además, ha estado colocado en el clímax de la ceremonia, casi a la mitad de la emisión. Una emisión que ha arrancado con Justin Timberlake interpretando Can’t Stop the Feeling.

Como también hizo en Eurovisión, el cantante ha aparecido desde fuera del auditorio para levantar a las celebrities que estaban inundando el patio de butacas. Una inteligente estrategia para romper con los encorsetados comienzos de este tipo de ceremonia y dar un empujón festivo al show.

Después, ha bajado una escalera el presentador, Kimmel, y ha realizado el tradicional corrosivo monólogo de inicio. No ha decepcionado por eso mismo, por corrosivo, ingrediente crucial para el éxito de este tipo de programa. No han faltado los dardos a Trump y un homenaje milimétricamente calculado a Meryl Streep, a la que Trump atacó tras los Globo de Oro desde su Twitter, diciendo aquello de que su reputado trabajo estaba sobrevalorado.

Y el teatro Dolby ha aplaudido a Meryl y Meryl, agradecida, se levantó a saludar. Como buena estrella. Hollywood respondía a Trump. La academia de cine había colocado estrategicamente a la actriz en el centro de la primera fila del patio de butacas. También había planificado un tiro de cámara desde el escenario que ha mostrado la ovación con la fuerza que necesitaba el momento de apoyo a Meryl. Todo minuciosamente planificado. La ceremonia terminaba de empezar y ya contagiaba emoción.

Porque en los Oscars saben de la importancia de conjugar la entrega de premios con pinceladas de emoción. Como la inesperada aparición en escena, en su silla de ruedas, de Katherine Johnson, que calculó la trayectoria del vuelo del Apolo 11 a la Luna en 1969 y que su vida ha sido retratada por la película Figuras Ocultas.

Esa mezcla perfecta entre emoción, humor, celebrities y divulgación de cine es la fórmula del éxito de los Oscar. Y en este año la ceremonia ha entendido, de nuevo, la importancia de hilar todo el guion con una evolución coherente, de principio a fin. Incluso justificando las parejas que han entregado determinados premios, como Javier Bardem con Meryl Streep. Un vídeo previo ha explicado el cómo y el dónde empezó a admirar Bardem a Meryl. Después, el espectador ha visto el encuentro entre ambos, en directo, en escena. No sólo han sido presentadores de un premio, el programa ha escrito una historia detrás de esa pareja de ‘entregadores’ de Oscar, dibujando un vínculo sentimental entre los dos. Más emoción.

Y es que en los Oscar se intenta que todo fluya de forma justificada y poco gratuita. ¡Y sin atriles! Porque la escenografía de la celebración del tío Óscar ya hace tiempo que han retirado los atriles del escenario, que solo valían para hacer una barrera entre el público y los asistentes. Ahora simplemente basta un micrófono como referencia para los artistas.

Artistas a los que se ve entrar y salir del escenario. Otro acierto, pues el programa se enriquece con pequeños retazos de imágenes de bambalinas que otorgan un plus a la emisión y, además, contextualizan detalles en el espectador, como el lugar en el que se encuentran custodiadas las estatuillas o la sutil forma de destacar que la música es en directo al mostrar de forma justificada por guion el foso donde está escondida la orquesta.

Porque en televisión son imprescindibles los detalles. Y los Oscar están cargados de detalles sencillos pero, a la vez, que requieren dedicación. De los livianos cambios de puesta en escena para no cansar a la vista del espectador a la iluminación que abraza los fondos de plano de los premiados. Sin olvidar la figura de un presentador que aparece y desaparece sin grandes parafernalias: va al grano. Incluso cuando escribe tuits, en directo, al bueno de Donald Trump, el presidente que no utiliza filtros en la red social y que ha sido el running gag perfecto de los Oscars 2017. Una gala que triunfará en audiencia porque ha primado las ideas cómplices con el espectador (y los propios artistas) a los aspavientos huecos.

Y, al final, como giro dramático, el show ha tenido la guinda del catastrófico error. La mejor película era para La la land. Pero, en realidad, se trataba de un fallo, como si fuera una gala de Miss España cualquiera. El Oscar, de verdad, era para Moonlight.

“La culpa será mía”, dijo Kimmel, que corrió al escenario para salvar la papeleta.  “Sabía que al final la iba a cagar”, remató el presentador, magistral a la hora de intentar quitar hierro al desastre histórico. Giro dramático como inesperado chimpún final de la ceremonia. Sin pretenderlo, la gala conseguía otro ingrediente para el éxito en un show de televisión: la imprevisibilidad.

Conclusión. Para triunfar en una ceremonia de premios, no hace falta mucho más que imaginar travesuras empáticas, una dosis suficiente de emoción y un giro inesperado.  Y aquí el giro final ni los propios guionistas se lo esperaban.

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Las causas del error histórico de los Oscars

6:00 - Autor:

Todo iba bien en los Oscars de 2017 hasta que llegó el último premio de la noche, la Mejor Película. Warren Beatty y Faye Dunaway salieron a entregar la estatuilla final.

El sobre lo llevaba Warren. En su interior, la cartulina con el nombre del ganador. Aunque, en realidad, la papeleta estaba equivocada y contenía el ya entregado Premio a la Mejor Actriz.

Warren abrió y vio el nombre de Emma Stone. Se quedó mudo. Estaba desconcertado. Sin embargo, su compañera, Dunaway, pensó que sólo estaba interpretando el suspense dramático que merecía el premio más esperado de la gala.

Con cara de duda, Beatty enseñó la cartulina a su mítica compañera Dunaway, que vio el título de La La Land, que acompañaba a Stone. Ella no dudó, lo vio claro y soltó el título de la película musical. Ya no había marcha atrás.

Entonces, el equipo de La La Land subió a por su Oscar. Empezaron los agradecimientos. Muchos y largos agradecimientos. Pero detrás de la multitud emocionada, se intuía un responsable del programa nervioso. También al propio Beatty, que estaba inquieto y quería decir algo a micrófono.

Al final, uno de los productores de la propia La la land, Jordan Horowitz, fue avisado del error y  él mismo corrió al micrófono y lo comunicó.  El público se quedó desconcertado. “No es broma”, añadió. En realidad, había ganado Monnlight. En ese instante, en la sala sonó un descriptivo suspiro generalizado. El asombro de los asistentes traspasó los micrófonos de ambiente.

La causa de este desaguisado histórico está en un fallo de producción de la gala, que traspapeló papeles. Normalmente, en este tipo de ceremonias, existen varias copias de cada premiado por razones de seguridad. Justo para que no se pierde. No obstante, aquí se entregó la papeleta de un Oscar ya entregado, Mejor Actriz, por error a Beatty.

Con la coincidencia de que el nombre que ocultaba el sobre coincidía con una de las películas favoritas de la noche. así era complicado que Warren y Faye salvaran la papeleta. En directo, poco podían hacer y ver el título de La la land despistó a la actriz.

Por suerte, Jimmy Kimmel, con su sentido del humor, rebajó la tensión y otorgó normalidad al error. “Ya sabía yo que al final la iba a cagar”, soltó. Genio y figura. Los norteamericanos también la pifian.

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La crisis de ‘Gran Hermano’ y ‘Sálvame Deluxe’

26 febrero 2017 - 13:16 - Autor:

La última semana televisiva marca la tendencia de los derroteros hacia los que avanza la televisión actual. El tiempo del reality tal y como lo conocemos sufre un cierto desinterés y vuelven a brillar los programas de entretenimiento sin encierros ni polígrafos.

Los últimos resultados de audiencia de Telecinco evidencian este panorama. Esta semana, el programa de cazatalentos Got Talent ha alcanzado su máxima cuota de audiencia de la historia con un 23,3 por ciento de cuota (2.974.000 espectadores). También Bertín Osborne ha logrado su récord de temporada, este miércoles, con la entrevista al futbolista Joaquín. Un 19,5 de share (3.075.000 fieles) ha congregado en el formato Mi casa es la tuya.

Dos máximos de audiencia en una cadena en la que también ha destacado la ficción de los lunes con Sé quien eres (15.3% y 2.350.000), liderando sobre Casados a primera vista de Antena 3 (14% y 1.818.000).

Con este escenario, se vislumbra un incipiente cambio de hábitos en la audiencia. Got Talent y Bertín Osborne destacan sobre los programas de tele-realidad y corazón a golpe de polígrafo que, hasta ahora, eran los que retroalimentaban de contenidos toda la programación del canal principal de Mediaset.

Ese tipo de contenidos ya no deslumbra como antes. La audiencia está resabiada de estos productos y busca otro tipo de alternativa. De ahí el éxito de Bertín Osborne: su programa ha recuperado la entrevista más calmada, en la que el invitado accede, se abre y muestra parcelas de su intimidad ya que sabe que está a salvo de encerronas y gritos.

Sucede lo mismo con Got Talent, un show de variedades donde los concursantes juegan dentro de un contexto de buen rollo. Así logra más interés que el veterano Gran Hermano (este jueves alcanzó un 17.3% y 1.937.000) o que Sálvame Deluxe (este viernes con un 17.1% y 2.029.000.

Los dos estandartes de la cadena, con ayuda de su larga y noctámbula duración, alcanzan competitivos datos de share en prime time pero ya no son líderes como antaño y no generan tramas de conflictos que arrastren a todos los programas de la cadena.

La audiencia está dando síntomas de que quiere, de nuevo, contenidos más allá del cotilleo de patio de vecinos. Y es que eso debe ser una cadena generalista: diversidad de contenidos para atraer a todas las audiencias. O casi todas.

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Rosa López, ¿ganadora del público de ‘Tu cara me suena 5′?

25 febrero 2017 - 11:50 - Autor:

Rosa López, Rosa de España, alcanzó la popularidad ganando el talent show de los talent shows, la primera edición de OT. Su talento y, especialmente, el cariño del público convirtieron a Rosa es una triunfadora habitual de concursos. Concurso que participaba, concurso que ganaba. De Mira quién baila a Hit, la canción.

Con este currículum, parecía que también iba a embolsarse los doce puntos del jurado de Tu cara me suena. Sin embargo, no ha logrado destacar en el marcador del espectáculo de imitadores de Antena 3, lo que ha provocado cierto enfado desde las redes sociales, donde incluso se llegó a acusar al programa de no valorar en su justa medida su trabajo.

Hasta que han llegado las galas en directo y, con ellas, el voto telefónico de la audiencia que, de nuevo, ha evidenciado que el público no falla a Rosa. Da igual que entone mejor o peor la canción, da igual que no se parezca en casi nada al artista que debe clonar (anoche intentándolo con Gloria Estefan).

Los fieles espectadores siempre están ahí, del lado de Rosa. Su público vota y revota a su ídolo. Porque Rosa López fue la gran triunfadora de un fenómeno que no se ha vuelto a repetir, el primer Operación Triunfo.

La audiencia ha visto cómo ha crecido Rosa, su evolución, su frustración, su ilusión. Y por eso mismo no abandona Rosa.  Se identifica con su ir y venir. Con su encontrarse y no encontrarse en este mundo.

Y, una vez más, con su voto, ese público que está ahí, sigiloso, ha colocado inesperadamente a Rosa como una de las favoritas para llevarse el primer puesto de Tu cara me suena 5.  El ganador previsible, Blas Cantó, tendrá que luchar contra el cariño del televoto que nunca da de lado a Rosa. Porque siempre será Rosa de España.

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6 elementos en los que no te has fijado y que son imprescindibles para el éxito de ‘Tu cara me suena’

24 febrero 2017 - 9:25 - Autor:

Sólo quedan dos programas, el de esta noche y el próximo viernes, para que concluya la quinta temporada de Tu cara me suena. Parecía complicado superar los resultados de la anterior etapa y, sin embargo, el show de Antena 3 y Gestmusic se ha consolidado como el espacio de entretenimiento con mayor aceptación entre el público. Incluso creciendo en competitividad de audiencias. De hecho, el talent de imitadores ha hundido al que hasta hace poco parecía infalible polígrafo de Sálvame Deluxe. Hasta cuando se han emitido reposiciones. Un formato que triunfa por su premisa de personajes populares imitando a iconos de la música pero, también, por otros elementos más invisibles, que han sido claves para reunir, de nuevo, a la familia frente al televisor.

1. Un programa transgeneracional.

Tu cara me suena traspasa generaciones. Del jurado, donde se complementa el perfil de Chenoa -que atrapa la nostalgia reciente- con la energía folclórica de Lolita -que engancha a los más mayores con sus anécdotas-, al casting de concursantes, que esta edición ha reunido a un elenco más variado de lo que parece.

Si Yolanda Ramos imita a David El Gnomo conecta tanto con los niños, que se ríen con las travesuras de la cómica disfrazada, como con sus padres, que recuerdan su adolescencia. Diferentes generaciones, con gustos y experiencias distintas, unidas por los contenidos del programa.

2. Mimando la puesta en escena.

Tu cara me suena no se queda en la superficie de la imitación y propone una idea escénica contundente, donde se mide tanto la escenografía, como la iluminación y la realización. La audiencia recibe propuestas diferenciadas para cada tema, que propician cierta expectación  en cada actuación. En Tu cara me suena cada número intenta narrar una historia en la que se integran los máximos elementos posibles de los que dispone el formato (pantallas, jurado, ballet… incluso público si hace falta). Todo coordinado y estructurado. A diferencia de lo que sucede en exceso en la televisión de hoy, en TCMS no sueltan a los artistas a cantar y que ya se vaya viendo qué pasa.

3. Cantar bien.

Tu cara me suena no es un karaoke. Los artistas tienen un mínimo de capacidad vocal. Así la experiencia de ver el programa no es incómoda. Y, además, el espacio busca versiones que estén a la altura de un show de prime time. TCMS ha aprendido un elemento básico: si suena mal y se transmite cierto caos de bar con karaoke, la audiencia se cansa y termina cambiando de canal.

4. La selección de temas no (demasiado) evidente.

El equipo de Tu cara me suena tampoco cae en el error de repetir siempre los mimos hits populares. La elección de canciones debe buscar éxitos icónicos pero no necesariamente reconocibles por todos. Porque en televisión es importante que el espectador reconozca, en este caso canciones y artistas míticos, pero también es crucial que el espectador descubra. Y esa característica es un fuerte de este talent show. La audiencia lo agradece: unos porque reviven personajes que tal vez habían olvidados, otros porque están descubriendo carismáticas personalidades de la música -de ayer, hoy o mañana- viendo la tele.

5. El sigiloso maestro de ceremonias.

Manel Fuentes es el maestro de ceremonias de Tu cara me suena. Es la columna vertebral que sustenta el programa. Sin él, el espectáculo no fluye de forma organizada, coherente y en el tiempo previsto. Pero, en cambio, no se nota su presencia. Porque en TCMS Fuentes ejemplifica al mejor presentador, ese que guia al espectador y modera a los protagonistas del espacio con una habilidad que es casi invisible. Su función parece menor, pero sin su trabajo todo sería diferente, pues el engrasa las piezas con el comentario conciso, la ironía sutil y los reflejos rápidos que merece un show de estas características. Más aún en las galas en directo.

6. El running gag.

Sólo los mejores programas lo consiguen. Tu cara me suena ha logrado coletillas que se han quedado en el imaginario colectivo. Como las “anécdotas, anécdotas” de Lolita, que el equipo del espacio ha otorgado entidad propia como divertida sección. Pero también los piques del jurado (Llàcer contra Lolita o Chenoa), las traviesas tartas voladoras y hasta romances ficticios. Porque los buenos programas de televisión también deben crear juguetonas tramas casi como si de una serie se tratara. Y, al final, los protagonistas del show son como una familia, una familia que transmite lo más complicado en televisión: que se lo están pasando requetebien haciendo el programa. Y lo contagian.

@borjateran

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La pulla y consejo de Javier Sardá a Pablo Motos en ‘El Hormiguero’

23 febrero 2017 - 9:49 - Autor:

Javier Sardá ha vuelto a El Hormiguero. Esta vez para hablar de su libro, Una historia de la mala leche. Aunque también, tras asistir a uno de los extraordinarios retos que realiza cada semana Pilar Rubio, el comunicador ha lanzado una sabia reflexión a Pablo Motos: “Te veo sufrir detrás, te pones muy serio. Tu tranquilo, como si falla todo… mejor“.

Con su particular ironía, Sardá daba en la tecla, la tecla de su éxito personal y, al mismo tiempo, de la debilidad de Motos. Porque el problema que aún tiene Pablo Motos en el directo es que no siempre transmite estar relajado en su propio formato. Al contrario, el espectador siente la percepción de que Motos está tenso en su obsesión por lograr el gran momentazo televisivo.

“Voy a intentar tomarme una tila antes del programa. Voy a coger el consejo”, replicó Motos a Sardá, que también bromeó, con su característica media sonrisa, con un “nunca sé en qué momento del programa estamos“, por el ir y venir de secciones a un ritmo frenético.

En Crónicas Marcianas Sardá también trabajaba a la caza y captura de ese instante genuino que deja con la boca abierta al espectador. Pero él mismo conseguía el más difícil todavía: contagiar que lo estaba disfrutando. Esa es la asignatura pendiente del presentador de El Hormiguero y el mejor consejo para todos: intentar disfrutar de las oportunidades que tenemos. Y El Hormiguero es un gran show para disfrutar. También por parte de su presentador.

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8 razones que demuestran que el programa de Cárdenas es una mala copia de la televisión de los 90

22 febrero 2017 - 9:27 - Autor:

Es una idea que se repite una y otra vez: “El programa de Javier Cárdenas es de los noventa”. Pero, ¿por qué la audiencia ha interiorizado con tanta fuerza esta afirmación? Muy fácil, ver Hora Punta remite a esa década porque…

1. Porque Cárdenas pone vídeos caseros. Como aquellos Vídeos de Primera con los que causó furor Alfonso Arús a principios de los noventa. Aunque, claro, entonces no existía Youtube y los espectadores sentían la emoción de la sorpresa, ya que no habían visto la misma grabación tropecientas veces antes en sus redes sociales.

2. Porque el tono del presentador intenta el cebo constante. Sin embargo, el programa sólo dura 35 minutos como mucho. No hay tiempo para cebos. Menos aún porque el espectador de hoy, resabiado de las artimañas de los presentadores de los noventa, ya intuye cuando hay contenidos o simplemente es una milonga.

3. Porque el programa se nutre de temáticas al más puro estilo de Impacto TV, show de Galavisión que vivió su edad de oro en los noventa con las imágenes más sensacionalistas del panorama. Y en Hora Punta gustan mucho las imágenes de impacto que generan asombro a la exclamación de “oooooh”. Si fueron rodadas en los noventa, también.

4. Porque Hora Punta es un formato que ha llevado a plató de invitados a tarotistas y/o videntes. Incluso recuperando viejos vídeos de consultas telefónicas de televisión local. Muy de los noventa.

5. Porque Javier Cárdenas en su mesa cuenta con una especie de monitor incrustado, como tenían los grandes decorados de los noventa. Desde ahí los presentadores estaban en contacto con su equipo, observaban a la competencia para dar paso a publicidad en el instante adecuado o directamente soltar el golpe de efecto más potente cuando el rival bajaba la guardia. En Hora Punta no es del todo necesario, pues es un formato pregrabado. Pero, como en los noventa, siempre ‘mola’ que se vea que hay aparatos en la mesa. Aunque no se utilicen.

6. Porque ha recuperado la moda de las camisas, apretadas, con unos cuantos botones abiertos antes de llegar al cuello. Y eso era tendencia en los noventa.

7. Porque el decorado está presidido por una foto de rascacielos. Lo de skyline muy original no es, menos aún si es un skyline de Nueva York, que no remite a ninguna característica particular que otorgue identidad propia al programa. Y en la tele de España los rascacielos como fondo de decorado vivieron su momento álgido en los noventa, de la mano de Pepe Navarro o la mismísima Cristina Tárrega.

8. Porque Hora Punta sufre saltos en el tiempo. El programa está editado y no lo disimula. Hay que abreviar y cuadrar la duración del show. Y, además, Cárdenas busca un ritmo catódico de los noventa: donde pasa mucho en poco tiempo y, como consecuencia, no da tiempo a casi nada. El formato termina siendo un zapping de curiosidades con un ir y venir de entrevistados que, por suerte, está recuperando a muchas celebrities olvidadas. Olvidadas desde los noventa, claro.

@borjateran

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Eurovisión: la causa de su pérdida de audiencia en España

21 febrero 2017 - 9:37 - Autor:

La marca Eurovisión vive uno de sus mejores momentos. El eurofestival crece en audiencia. Lo hace en todos los países, menos en España. De hecho, en la última edición, TVE fue una de las pocas cadenas en las que el famoso festival de la canción mermó espectadores.

No es que la audiencia española ya no conecte con el Eurofestival, que sigue siendo la emisión no deportiva más vistas del año, el problema está en el que el espectador ha perdido identificación con el artista que representa al país.

La causa de este particular fenómeno se debe a que las galas de selección del artista español se realizan como un mero (y caótico) trámite que, lejos de conseguir un gran e integrador espectáculo televisivo, logran cierta desconfianza en el público. El elegido no termina de representar a la audiencia y, como causa-efecto, no siempre logra la empatía del espectador.

Ese desbarajuste televisivo propicia que la audiencia masiva no siga la carrera española previa a la gran final de Eurovisión. Y, en consecuencia, el público observa al representante con cierta indiferencia. El espectador no se siente partícipe del festival y no siente emoción por la candidatura de TVE. Como sucedió antaño con Rosa de España, cuando paralizó el país.

El caso de Operación Triunfo, del que este 2017 se cumplen 15 años, fue extremo. OT era un fenómeno de masas que no se ha vuelto a repetir y al frente de este tipo de espacios en Televisión Española estaba la experiencia y visión de Pilar Tabares. Ahora la situación es diferente y, en España, existe un cierto prejuicio que ha catalogado a Eurovisión como un espectáculo hortera. Pero es sólo eso, un prejuicio. Pues el eurofestival es el único show europeo de importancia global. En popularidad, pero sobre todo en puesta en escena a nivel de los Grammy o MTV. Influyendo y creando tendencia en las cadenas más importantes del mundo. No sólo en formatos de entretenimiento, también en todo tipo de géneros. Y las corrientes escenográficas de la televisión de hoy no pueden considerarse horteras.

Pero, en España, la mala organización de las galas previas de Eurovisión hacen que cantantes de primera línea se alejen del festival, no quieren que se asocie su nombre al programa. Y ese es el problema de fondo que debe cambiar RTVE: recuperar su credibilidad en los prolegómenos eurovisivos para hacer a la gente partícipe de la cadena a través de una marca tan poderosa como Eurovisión.

Es más, TVE debe aprender de Eurovisión. La fuerza del eurofestival está en que ha sabido crecer con el paso de los años, adaptándose e incluso adelantándose a su tiempo. En ritmo televisivo, en la realización audiovisual y en la experimentación con las nuevas narrativas audiovisuales. De hecho, Eurovisión ha sido pionero en aprovechar las diferentes plataformas interactivas desde las redes sociales para amplificar el interés del show y hacer al programa más participativo. Sus responsables internacionales saben que cuenta con un extraordinario fenómeno fan detrás y lo aprovechan, dejando grabar a los eurofans cada ensayo, haciéndoles sentir arte y parte de su Eurovisión. Esa es la asignatura pendiente en España: que el espectador se sienta arte y parte. Que todos sintamos la emoción de que jugamos para ganar Eurovisión. O, en su defecto, que todos sintamos que jugamos para sorprender a Europa.

> 22 vías de acción para la supervivencia del sentido y valor de TVE

@borjateran

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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