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6 mentiras recurrentes del fracaso en la televisión en España

31 Marzo 2017 - 7:49 - Autor:

La televisión no es una ciencia exacta. Su éxito depende de innumerables factores que no siempre son fáciles de prever, sin embargo se han ido interiorizando factores que, supuestamente, bajan la audiencia. Y mucho. Aunque no sean del todo ciertos.

1. La oscuridad baja el share.

Las cadenas se obsesionan con iluminar sin piedad sus platós de programas de entretenimiento y, también, de series. Casi como si se tratara de un supermercado, las producciones de la televisión en España están cortadas por un patrón de luminosidad monotemático, pues los responsables de las cadenas temen la oscuridad como sinónimo de pérdida de audiencia.

Luz, luz y más luz en el estudio, que se vea todo muy bien. Y es cierto que en televisión es crucial que exista una buena “claridad” para crear un ambiente vistoso y acogedor en los programas, pero también es cierto que hay oscuridades muy luminosas. La oscuridad como tal no baja el share. Al contrario, hay series de época que con un poco menos de focos ganarían en credibilidad. O que se lo pregunten a la frustrada Alatriste, que estaba sobreiluminada como si fuera el plató de Sálvame, lo que evidenciaba el artificio de los decorados.

2. Las canciones desconocidas hunden la audiencia.

La televisión no sólo es tararear elementos que el espectador conoce y reconoce. La televisión también es descubrir. Es más, una canción desconocida puede triunfar. Y mucho. Sólo hay que dar oportunidad a aquellos intérpretes con un carisma que sabe mirar a cámara hasta traspasar el objetivo.

El espectador está ansioso de que le abran el paladar a sabores nuevos. Pero en la televisión en España está difícil, porque es difícil entrar en un plató sin ser ya conocido por la masa de público. Es la asignatura pendiente de las cadenas generalistas de hoy: dar oportunidades u otras plataformas les robarán el título de “referentes”.

3. Ni hablar de la palabra “cultura”

La sección de cultura se ha volatilizado de los Telediarios porque baja la audiencia. Imposible promocionar un libro si no cuenta con un extra morboso que supuestamente es la percha que atrapa al televidente. Los datos de los audímetros lo demuestran pero, en realidad, la crisis de la cultura en televisión está en que este tipo de noticias han caído en el error del cliché de cultura como algo aburrido e incluso sibarita.

El fallo ha estado en que no se ha incorporado la cultura como un contenido más que, encima, permite al periodista arriesgar creativamente en sus crónicas. Carlos del Amor, de TVE, es un ejemplo de impregnar de personalidad e intención los reportajes. Indiferentemente de la temática, este periodista seduce la curiosidad del espectador porque cuenta una historia con una sensible mirada propia que no se queda en la superficie previsible y evidente.

4. Mete el acelerador o cambiarán de canal

La televisión en España se ha obsesionado con el ritmo sin saber muy bien el real significado del ritmo. De hecho, muchas veces se confunde ritmo con prisa en programas y series, lo que termina llevando al fracaso a ese formato en cuestión. Y es que correr más no es tener mejor compás.

La cualidad indispensable en televisión es lograr construir un clímax, con el tempo que marque el contenido del espacio. En cambio, existen muchos programas o series que desarrollan sus contenidos con tanto estrés que no se posibilita el disfrute de los invitados, secciones o tramas. La audiencia se frustra, ya que siente que se queda a medias. Y es que los temas del espacio no cuajan por culpa de creer que el ritmo televisivo es fomentar prisas que corren hacia ninguna parte.

5. Dónde esté una buena trama con niños…

La ingenuidad de los niños sube las audiencias. Así que es habitual que en las series se haga hincapié en crear una trama con críos, que atrape la emoción de papás y abuelos y, de paso, genere cierto interés en los más pequeños en la casa, que pueden ser poderosos a la hora de que la familia se quede en uno u otro canal. Pero no es necesaria una trama de niños para que triunfe una buena serie. El Tiempo entre Costuras no lo necesitó. Lo importante es contar con una buena historia que esté bien dirigida e interpretada.

Al final, es un fallo incorporar de forma artificiosas tramas satélites que incluso pueden entorpecer el desarrollo de los personajes principales de un proyecto de ficción, desvirtuándose así su esencia. Pero, eso es lo de menos,  cuando los responsables de las cadenas se obsesionan en prefabricar de antemano los productos dándole vueltas a modelos de éxito pasados y no apostando por la intuición de creer en uno u otro guion. Y la televisión es intuición.

6. Los abuelos no venden.

La tele esconde a las personas más mayores. No existen prácticamente en prime time, tampoco es muy habitual en publicidad generalista. Las Chicas de Oro sería una serie imposible de estrenar hoy, ya que despertaría el temor de unos directivos que no creerían que la audiencia se pudiera identificar con unas señoras de la tercera edad. Y sin tramas fijos con adorables niños.

Pero, en realidad, los abuelos tiran igual que los jóvenes en la pequeña pantalla. Lo demuestran, a su manera, los éxitos de Juan Y Medio en las tardes de Canal Sur y de Ramón García en las tardes de la tele de Castilla La Mancha. Ellos tienen el desparpajo de la experiencia, con los años ya han perdido la vergüenza por el camino. De ahí que las señoras mayores sean un tipo de público demandado por grandes programas cómicos. Porque no tienen complejos para romperse a carcajada limpia en las grabaciones. Pero, claro, a la hora de la verdad, los programas se quedan con el sonido de su risa pero dejan a estas personas mayores escondidas en algún punto recóndito del plató. No vaya a ser que se les vea mucho… Y parezca la grada de Sálvame. 

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Netflix y los efectos colaterales del maratón de series

30 Marzo 2017 - 0:03 - Autor:

No es lo mismo. No es igual ver una serie semana a semana que consumir toda la temporada en modo maratón de capítulos. El modelo de las plataformas bajo demanda ha abierto un nuevo escenario con el estreno de todos los episodios de las temporadas de sus ficciones de referencia de golpe, para que el espectador pueda elegir cómo y cuándo los ve. Incluso para que pueda verlos todos seguidos sin abandonar el sofá durante horas.

La audiencia tiene la oportunidad de saciar así su impaciencia si lo desea, pues ya no está a expensas del programador de la televisión tradicional. Pero… ¿no es esto contrario al propio concepto de serie? Son series porque se conciben para ser seriadas, ¿no?

No todas las series están ideadas para verse de una sentada. Al contrario, algunas tramas necesitan un reposo y una digestión. O dos. Sin embargo, las ansias pueden provocar que el espectador no deguste la producción como merece, o como debería.

No tiene sentido animar a ver de golpe una ficción sólo porque ya está disponible, porque entonces tal vez sería más lógico producir películas muy largas que series de ocho o diez capítulos. Los creadores de Stranger Things, por ejemplo, aseguran que esta siempre fue concebida como una película de ocho horas. Entonces… ¿para qué la división en episodios? ¿No estorban los títulos de crédito entre un capítulo y otro si lo que quieren es que los veas seguidos?

El artífice de Perdidos, Damon Lindelof, se ha manifestado, por su parte, contrario al consumo maratoniano de series. ¿Cómo hubiera sido Lost sin tiempo entre episodio y episodio para lanzar teorías y hacer conjeturas tras cada cliffhanger? ¿La habríamos disfrutado igual tragándonos una temporada completa en un fin de semana? Probablemente no. Y, sin duda, el fenómeno no habría generado tanto caudal de debate ni habría hecho el ruido mundial que hizo durante seis largos años. Ahora, Lindelof pide que se beba con moderación su actual The leftovers, consciente de que, con un atracón, el público no se sumergirá en la historia con el tempo que necesita.

Y es que los atracones nunca fueron buenos para la salud hasta que llegó Netflix. El consumo adictivo y sin freno de las series se ve como un avance, y lo es, pero el espectador debe también aprender a frenar sus ansias para seguir sintiendo ese regustillo de intriga que tanto nos hace disfrutar de una ficción cuando nos dosifican una historia brillante de manera inteligente.

El nuevo modelo está matando una pregunta básica en el deleite de una serie: ¿qué pasa después? Esta pregunta tiene respuesta inmediata, porque si no tocas el mando, el capítulo siguiente comienza en apenas veinte segundos, sin darte tregua para siquiera digerir lo visto. Por eso, puede que ver una serie de una sentada nos sacie como a quien engulle una tarta entera, pero desde luego también corta las alas a nuestra imaginación.

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Buenafuente y su (sigilosa) regeneración de la televisión

0:01 - Autor:

  • Lainformacion.com ha podido ver en primicia el programa especial de Late Motiv que Cero emite esta noche

La televisión vive una regeneración sigilosa. Los tiempos cambian, las ventanas de emisión evolucionan, pero lo que no varía es la importancia de contar una historia con mirada propia. Mejor si esa historia toma el pulso a su tiempo, Y Late motiv de Buenafuente está realizando ese viaje, definiendo, tal vez sin saberlo, hacia donde va el porvenir de la televisión del futuro.

No es nada nuevo, la comedia siempre ha sido una extraordinaria herramienta para radiografiar lo que vivimos y hasta sufrimos. Incluso con capacidades terapeúticas, pues a golpe de carcajada se digiere todo mejor. Pero, ahora, desde Cero, Buenafuente está dando un paso más allá y está plantando la televisión en la calle para recuperar el protagonismo que merece la persona anónima, esa persona que mueve el mundo y tiene una historia poderosa que compartir. Historias que definen cómo somos, que ponen el foco en el punto en el que estamos.

Si hace unos meses, Late Motiv se iba a Lesbos -con Serrat-, esta noche Late Motiv emigra a Manchester en un programa especial que dibuja, con empatía, la realidad de jóvenes españoles que dejaron nuestro país para buscar un futuro mejor fuera.

Programa “especial” porque convierte el propio Manchester en un acogedor plató de televisión en donde, entre cerveza y cerveza, Buenafuente escucha a jóvenes emigrados pero también a una joven que se está plantenando emigrar. Interesante propuesta de miradas que arranca con la visión de Noemí Pérez Trujillo y Estefanía Vasconcellos, autoras del libro Volveremos, que ha dado la idea de esta edición especial de Late Motiv. Toda una catarsis para esas personas que se fueron y, tal vez, vuelvan.

En este sentido, el programa sabe equilibrar muy bien diferentes testimonios, con sus complementarias ópticas, que van desde los sueños frustrados, las ilusiones intactas, la música callejera y el desconcertante Brexit. Sin olvidar, el humor. Con Broncano, David Broncano, descolocando a los habitantes de una ciudad con mucho musgo. Ingredientes muy bien cocinados, -como es habitual en la factoría de El Terrat- con una realización, guion y dirección que entiende la esencia de la televisión: no corre, mira y escucha.

Y el espectador también mirará y escuchará. Porque tanto los personajes que hablan in situ con Andreu en Manchester como los del resto del mundo que participan en unas píldoras grabadas vía Skype (pequeños vídeos que van rompiendo el ritmo de la emisión y sirven para ordenar con acierto las distintas partes del programa) nos conectan con las dudas que nos surgen a todos a la hora de evolucionar, alcanzar sueños y asimilar decepciones. Estés fuera de España o no, es fácil sentirse reflejado en los entrevistados mientras cotejan en qué punto del camino de su vida están y cuál es el mejor atajo para avanzar hacia alguna parte.

Late Motiv. Volveremos, que así se llama el especial, se pasará, como es habitual, por Cero (esta noche a las 23 horas, en el dial 7 de Movistar+) pero, además, se emitirá también en directo y en abierto a través de Youtube. Para todo el mundo. Sin geolocalizaciones que criban países. Un programa que define el futuro del periodismo en televisión, que va más allá de informativos y ruedas de prensa, que aprende de la experiencia de historia catódica y recupera el compromiso con un espectador que ya sólo era considerado un mero dato de cuota de pantalla.

El porvenir de la televisión pasa por los programas acontecimiento que pisan la calle y dan el protagonismo que merece a esa gente que, de verdad, está cambiando el mundo. Esa gente que cuando es entrevistada no tiene necesidad de venderte nada. Sólo te entrega un trozo de realidad sin conservantes ni colorantes.

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El fracaso de la verdad en la publicidad que quiere ser viral

29 Marzo 2017 - 6:27 - Autor:

La pausa publicitaria, el intermedio de toda la vida, ya no es tan infalible como antaño. El público desconecta en los anuncios, cambiando de canal o, directamente, mirando el móvil. Y las marcas lo saben, y buscan desarrollar nuevas acciones que alcancen esa verdad sin paliativos que conecta con ese espectador, cada vez más masivo, que está activo en las nuevas ventanas interactivas.

Pero pocas veces se logra transmitir verdad. La audiencia está resabiada de los trucos y trampas de la televisión y la promoción. Así el espectador medio huye de aquellos intentos de vídeos “virales” que contagian artificio. Un ejemplo es el spot de Metro de Madrid que, la pasada Navidad, intentó arañar la sensibilidad de los retuiteos en las redes sociales con unos usuarios del suburbano que se montaban en el tren y se lo encontraban lleno de regalos. Regalos para ellos, claro.

Nadie se creyó esta pieza. Se veía a la legua que eran figurantes. Y es muy difícil ser figurante y no sobreactuar en el intento. La agencia publicitaria nos quiso colar una acción realista pero la historia pincha porque transmite lo contrario.

El problema está en que en nuestro país difícilmente se podría rodar con gente de verdad este tipo de vídeo, pues se necesita una autorización de imagen de aquellas personas que están siendo grabadas. Como consecuencia, las productoras de estas campañas no siempre se arriesgan, ya que el anuncio no puede ejecutarse si no controlan a la hora de rodar el número de personas que van a firmar los derechos de emisión y aquellas que no querrán que su rostro aparezca en pantalla. En este caso, la empresa debería pixelizar su cara para que no sea reconocible, lo que afea el spot y propicia que el espectador desconecte de la trama que propone el anuncio.

En el lado opuesto a la estrategia de Metro de Madrid, está la campaña que promovió la compañía aérea Spanair antes de desaparecer. También sucedió en Navidad y también había regalos, que salieron por la plataforma móvil que devuelve las maletas a los pasajeros del aeropuerto. Este vídeo sí que resultó completamente creíble y despertó la emoción en el público. El motivo de esta proeza está en, simplemente, que se hizo de verdad. El equipo de rodaje sabía los asientos que ocupaban en el avión aquellos que habían firmado los derechos de emisión para que sus hijos fueran sorprendidos.

El montaje del spot tuvo la dificultad añadida de esquivar aquellas imágenes en las que se colaban los pasajeros que decidieron no participar y no firmaron el permiso de imagen. Pero el resto de personas sí estaba viviendo el juego publicitario con la verdad que merecía. Así fluyó lo que se denomina viralidad, el vídeo se compartió por los receptores, una y otra vez, siendo enviado a amigos, conocidos… El mensaje, que intentaba mejorar la imagen de la compañía aérea, se multiplicaba.

Y ese es el viaje que está realizando la publicidad tradicional: regresar a la verdad en su máxima expresión. Lo malo, para agilizar, los derechos de imagen propicia que las agencias tiren de extras que no siempre son actores que se metan en el papel con una credibilidad apabullante. Al contrario, suelen caer en tics que evidencian la mentira. El espectador lo rechaza y desconecta de la propuesta.

Un control estricto de los derechos de imagen que se exige a marcas y empresas pero con lagunas en Youtube. Los youtubers hacen sus “experimentos” y no todos respetan los derechos de imagen de la gente anónima que está en la calle. Es el vacío de Internet y las nuevas plataformas, lugar que nos ha devuelto a los orígenes: el triunfo de la verdad sin medias tintas. También en las estrategias publicitarias. Ahí está el reto de las marcas en los próximos años, encontrar historias creíbles, con personalidad y mirada propia atreviéndose a jugar y rompiendo con el corsé de la publicidad tradicional perfecta, que intentaba controlar todo el mensaje tácticamente con tanta frialdad que mataba el calor de la imperfección del sentimiento real.

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‘Centro Médico’, lo mejor y lo peor de una serie que salva vidas

0:59 - Autor:

Es una historia real: Manuel Rodríguez sufrió un síncope, perdió el conocimiento y su hijo, de sólo 10 años, le hizo el boca a boca, comprobó que respiraba y lo puso de lado. El niño había salvado a su padre. Y estas nociones de primeros auxilios las había aprendido gracias a una serie de televisión, Centro Médico. Una producción que llegó sigilosa y sin demasiadas expectativas a La 1 de TVE y ha encontrado su hueco como serie de servicio público.

Servicio público porque en cada capítulo se reproducen casos médicos que son prácticos para el espectador. La audiencia aprende mientras se entretiene con esta serie que no deja de ser, al mismo tiempo, un culebrón hospitalario. Una Anatomía de Grey de andar por casa.

Pero, también, servicio público porque Centro Médico está siendo una plataforma para numerosos actores que no encontraban oportunidad en televisión. Esta producción es perfecta para que intérpretes novatos cojan experiencia en la pequeña pantalla, pues necesita un gran número de personajes capitulares en cada emisión, lo que abre la puerta a todo tipo de actores en una televisión en España que, en los últimos años, se ha centrado en rostros con cierto renombre y ha dado muy pocas posibilidades a nuevos y diferentes talentos.

Sin embargo, la asignatura pendiente de esta serie, que imita a un documental con mucho movimiento de cámara, está en que mejore su capacidad de producción. No está al nivel de calidad exigible a La 1, suspendiendo en calidad visual e interpretativa. Falta dirección de actores, falta que los personajes sean más creíbles. Las prisas con las que está grabado Centro Médico propician que, en ocasiones, una trama seria parezca una parodia surrealista de Homo Zaping.

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El árbol de tu vida: debilidades y fortalezas de lo nuevo de Toñi Moreno

0:30 - Autor:

La televisión va por ciclos vitales. Sólo hace unos años, las cadenas tenían cierta fobia a la entrevista. Más aún en horario de máxima audiencia, pues se especulaba con que bajaba la cuota de pantalla. Pero llegó el boom del éxito de Bertín Osborne con En la tuya o en la mía y la tendencia cambió.

Y, como los directivos de las cadenas de hoy funcionan más por imitación que por intuición, los amantes del género de la entrevista, esa entrevista tranquila y amable, están de enhorabuena, ya que ahora este tipo de formatos cuentan con más oportunidades de salir adelante. Como ha sucedido con El árbol de tu vida, lo nuevo de Toñi Moreno, que ha estrenado anoche Antena 3.

Se trata de una entrevista que supone un emocionante viaje por el tiempo. El invitado se encuentra con su pasado a través de recuerdos y utensilios que surgen de un gran árbol genealógico. Árbol lleno de cajas cargadas de historias desconocidas, objetos que marcaron su existencia y, también, de la aparición estelar de algún que otro invitado sorpresa.

Antonio Banderas ha sido la primera celebridad en pasar por el plató. Porque El árbol de tu vida tiene plató: con dos espacios diferenciados, su sofá, su pantalla grande… Aunque es desde un estudio, el programa está grabado y editado, incorporando transiciones con músicas, covers de canciones y hasta una locución final de Toñi dibujando un retrato del invitado, elementos que recuerdan demasiado a la esencia del show de Bertín Osborne. De hecho, alguno que otro tema ha sido utilizado también en el programa osbórnico. Esa es la debilidad del programa: en las transiciones recuerda demasiado al tono del programa de Bertín y, en estos casos, es mejor optar por diferenciarse al máximo.

Pero El árbol de tu vida no es En la tuya o en la mía. Para empezar, el programa está presentado por una periodista, Toñi Moreno. Una periodista que explica muy bien el formato, sabe guiar al espectador en cada momento y consigue que el entrevistado se sienta como en su casa, abriéndose y disfrutándolo. Ese es el poder de Toñi en El árbol de tu vida, ella misma desprende que está disfrutando la grabación. Se emociona, se ríe, lo siente. Su curiosidad traspasa la pantalla. Y ese es el valor de El árbol de tu vida. La complicidad del invitado que se desnuda ante una presentadora curtida en redacciones y periodismo de calle.

Eso sí, este formato saldría ganando en directo. No se podrían editar las entrevistas con entrañables músicas ni tapar las declaraciones con tanta fotografía de archivo de la vida del entrevistado. Pero el formato sería más imprevisible. Con ese nervio del directo, Toñi Moreno brillaría aún más y, de paso, se alejaría de la sombra de la comparación con Bertín Osborne.

No obstante, habrá que conformarse con El árbol de tu vida grabado y editado. Un buen e interesante programa que suma en esta televisión en la que todavía siguen faltando puntos de encuentro como este, en donde exista tiempo suficiente para hablar y, sobre todo, escuchar.

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‘Cuéntame cómo pasó’ prescinde de Juan Echanove, ¿error u oportunidad?

28 Marzo 2017 - 13:37 - Autor:


Por exigencias del guion. Juan Echanove ya ha rodado su despedida de Cuéntame. Un adiós que ha pillado por sorpresa a público e incluso al propio actor, que ha afirmado en declaraciones a la Cadena Ser, que no se va por voluntad propia: “Deciden que el personaje ya no tiene progresión”.

Juan Echanove “nunca hubiera dejado Cuéntame“, pero ha sido Cuéntame quien ha decidido poner fin a su personaje. Y el actor, decepcionado, ha criticado la forma en la que ha terminado de grabar en la producción: “no me dijeron ni adiós, y ya, por supuesto, gracias ni te cuento“. Puro temperamento el de Echanove, entendible después de esta ruptura que no sólo es profesional, también es sentimental tras 12 años de implicación en la producción. Su papel de Miguel estaba perdiendo consistencia dramática ya que se están rejuveneciendo los perfiles de los protagonistas que rodean a Merche y Antonio Alcántara. Ya se sabe, la televisión quiere más juventud para enamorar al share.

Habrá que ver en qué consiste la trama del adiós de Echanove. Pero una de las cualidades del longevo éxito de Cuéntame está en que el guion de esta serie sabe dar una progresión inteligente a los personajes. Con puntos álgidos y también despedidas culminantes, que abren interesantes huellas en la Familia Alcántara y en el propio espectador de cara a la siguiente temporada.

Así que el personaje de Miguel Alcántara no se irá del todo. Será una oportunidad para que la serie siga retratando nuestros sentimientos. Porque Cuéntame es considerada la mejor serie de los 60 años de TVE por la capacidad de retratar la historia reciente de nuestro país pero, sobre todo, por como nos ha radiografiado a nosotros mismos.

@borjateran

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El Tekila versus Chikilicuatre: no es lo mismo

27 Marzo 2017 - 7:27 - Autor:

Continúa la resaca de la controvertida victoria de Antonio “El Tekila” en Got Talent España. El público votó chascarrillo y no talento. La premisa del programa de buscar artistas de primer nivel se ha desvirtuado. Y es que todo puede pasar en Telecinco. Más aún cuando el voto es abierto y gratis a través de la página web de la cadena.

No es la primera vez que sucede, muchas voces han saltado recordando que ya pasó algo parecido en 2008, cuando Chikilicuatre ganó, también gracias al voto cibernético, la gala de selección española para acudir a Eurovisión, dejando fuera a la reputada formación La Casa Azul. Los eurofans se indignaron. Pero, ¿es lo mismo El Tekila que Chikilicuatre? Rotundamente no.

La victoria de El Tekila es un golpe a la cultura del esfuerzo y una oda a la España del chascarrillo improvisado. En cambio, detrás del Chikilicuatre había un trabajo de guion e interpretación del equipo de Buenafuente que decidieron realizar una parodia aprovechando el histórico proceso de selección de candidato que había abierto TVE a través de My Space, aquella red social de éxito y que ya pocos recuerdan.

Los de Buenafuente crearon un producto televisivo, perfecto para parodiar los delirios eurovisivos con una canción con aquellos ingredientes que “no” podían faltar para triunfar en Europa. Con el paso del “robocop” incluido.

Chikilicuatre estaba encarnado por un actor, David Fernández. Sus bailarinas también eran intérpretes de recorrido cómico. Especialmente brillante Silvia Abril, que se desparramaba por el escenario para carcajada europea.

El efecto Chikilicuatre diseñó una actuación con entidad propia. No improvisó. Marcó una coreografía perfecta para la emisión: la guitarra de juguete, la rotulación en el fondo del escenario de los particulares nombres de los bailes ( el crusaito”) y los delirios de las bailarinas, donde la milimetrada caída de Silvia Abril fue gran protagonista de la noche. Todo estaba medido, todo estaba pensado como una parodia de lo que somos con su trasfondo de saludable corrosión.

España fue cómplice y se reía de sus propios complejos en un festival que suele acomplejarnos. Lo contrario que ha sucedido con El Tekila, donde los votantes se ríen de él y no con él, donde se pierde la oportunidad de aprovechar el voto para valorar el talento y existió un público que prefirió quedarse en la burla de última ronda.

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@borjateran

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Adiós a ‘Las Campos’: así ha cerrado su segunda temporada el reality de Telecinco

26 Marzo 2017 - 13:28 - Autor:

Con Terelu compuesta y con una cita a ciegas. Así han terminado Las Campos su reality. Lo han hecho por la tarde y a solo siete días de que María Teresa Campos diga adiós a su ¡Qué tiempo tan feliz!. Dos finales que fueron dos éxitos para Mediaset.

El docureality ha cerrado su segunda temporada con un desenlace que pide continuidad, pues el espectador no ha podido ver la cita. Al menos, eso sí, el cierre del capítulo nos muestra a una resplandeciente Terelu, feliz, al descubrir el careto de su ligue con una cara un poco sobreactuada. Así es la docurealidad en televisión, a medio camino entre la verdad y la mentirijilla.

Un adiós abierto, ya que cuando se grabó esta segunda tanda de episodios se creía que el reality de Las Campos contaba con más recorrido en la franja de máxima audiencia. Sin embargo, ha cambiado tanto de horario de programación que era complicado seguir la pista de María Teresa e hijas.

Ahora es la audiencia la que se queda compuesta y sin Terelu de cita. Una trama que podría generar gran conversación en la red social. No obstante, el último episodio de Las Campos, que ha tratado sobre el amor y el sexo, se ha emitido en un horario de tarde para el que no estuvo concebido y en donde no hay muchos espectadores tuiteros frente a la tele.

Un reality que ha salido por la puerta de atrás, tal vez algún día resucite por necesidades de programación, pero esperemos que la próxima semana María Teresa se despida de Qué tiempo tan feliz como merece. En eso no fallará, porque ella siempre ha sido de finales emocionantes. Nada de decir adiós a medias. Tan a medias como se ha quedado el espectador sin poder ver el devenir la cita a ciegas de Terelu.

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Tres versiones españolas de ‘La Bella y la Bestia’ que habías olvidado por suerte (VÍDEOS)

0:00 - Autor:

En ocasiones, las segundas veces sí son buenas. Lo demuestra el remake de Disney de La Bella y La Bestia. El regreso no ha decepcionado, y eso que era fácil malograr el recuerdo de la original, tan mitifica en la memoria de varias generaciones.

Aunque, en España, la televisión lleva años intentando desmitificar la emoción de Bella y Bestia con particulares reinvenciones musicales de estilo libre. Terroríficas algunas. Es el caso del numerito musical que se marcaron Belén Esteban y el Conde Lequio en un especial del programa de Ana Rosa. La Esteban demostró que no afina ni en playback, mientras que el Conde apareció con cierta desgana y cara de “las cosas que hay que hacer para mantenerse en la tele”. Y ambos cantaban con una especie de micro de teleoperador.

Lo mismo sucedió con  la escena de la película que calcaron, a su manera, Ana Obregón y Joaquín Kremel en un Telepasión navideño de TVE. La bióloga-presentadora-productora-actriz se metió en el amarillo vestido de Bella y Kremel bailó como una bestia. Eran los años noventa y los personajes televisivos estaban adictos a dar el cante.

Por suerte, Chenoa y Bisbal no se quedaron atrás y también cantaron “Bella y Bestia son” en Operación Triunfo. Lo malo, nadie les disfrazó con los rimbombantes trajes de la peli. Una lástima, con el juego que hubiera dado hoy en las redes esta icónica actuación de OT con ambos caracterizados. Aunque, eso sí, aquí la historia no tuvo final feliz. Terminó con Chenoa en chándal gris.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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