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‘Feud: Bette and Joan’: las enemistades no nacen del odio, nacen del resentimiento

2 mayo 2017 - 12:06 - Autor:

Bette Davis y Joan Crawford probablemente jamás se plantearon que su eterno enfrentamiento serviría de guion para una serie de culto en 2017, Feud: Bette and Joan.

No se lo imaginaron aunque, en realidad, ellas sí que fantaseaban con la inmortalidad que logran aquellos mitos del cine que traspasan generaciones. Porque ya en vida, tanto en Davis como en Crawford, Hollywood propició que se creyeran su personaje, que se creyeran que eran leyendas.

Y de eso va la serie Feud: Bette and Joan (disponible en HBO), una radiografía de la vida y desdichas del triste ocaso de dos actrices de Hollywood enfrentadas. Aunque, esta vez, el creador de la ficción, Ryan Murphy, ha conseguido bastante más que una serie sobre la soledad de dos divas: ha logrado un profundo retrato de un Hollywood machista y sin demasiados escrúpulos a la hora de tambalear los egos de sus mitos.

Una compleja estampa de una meca del cine que, desde el principio, entendió la importancia de potenciar su star system más allá de la pantalla. En cierto sentido, Bette y Crawford ya vivieron un reality de sus propias vidas antes de que existiera el género del reality. De hecho, su trabajo se convirtió en víctima de ese reality.

Reality que ha facilitado la producción de la serie, ya que existe mucha documentación sobre las dos actrices, sus salidas de tono y sus circunstancias. Incluso el apartamento de Joan en Nueva York está largamente plasmado en fotografías de revistas que dejaron inmortalizada la imagen de su luminosa mesa de comedor amarilla y de sus sofás plastificados. 

Un juego social de apariencias, miedos y frustraciones que surge de un Hollywood que abandona a la deriva a sus juguetes y en el que Feud incorpora con inteligencia, en un crucial segundo plano, a un engranaje fundamental que potenció la industria mediática de la época: la gran cronista social, encarnada en Hedda Hopper.

El formato de cotilleo, primero en prensa y luego adaptado en televisión, sirvió de aliado al Hollywood dorado, como fórmula para generar conversación de sus proyectos en el público pero, también, como maquina de manipular a sus estrellas, incluso alimentando la rivalidad entre ellas para que fueran más competitivas.

Hedda Hopper entendía su función en este escenario y lo jugaba como casi un personaje inventado por un perverso guionista, la reina del chisme, siempre con un glamouroso sombrero en la cabeza. Tanto se metió en su papel que incluso llamó a su mansión en Beverly Hills ‘La casa construida por el miedo’. Sabía de lo que vivía y su influencia: su columna llegó a ser leída por 30 millones de personas, terminando reconvertida en una celebridad habitual de programas en los que no solía tener demasiados pelos en la lengua.

Las enemistades no nacen del odio, nacen del dolor… del resentimiento“, sentencia un diálogo de Bette and Joan que resume la esencia y trasfondo de esta serie, un retrato de un gélido Hollywood que propició la rivalidad entre dos actrices que alcanzaron la gloria y terminaron en una perversa soledad como consecuencia de los vaivenes de un machismo latente que desvirtuó (y hasta enloqueció) su talento y que aún hoy está presente en una industria cinematográfica que relega a sus grandes actrices cuando van cumpliendo años.

‘La casa de papel’, la nueva oportunidad para la ficción nacional

9:58 - Autor:

La ficción española sigue perdiendo complejos adquiridos desde la llegada de las cadenas privadas. Y, ahora, da otro paso hacia delante con La casa de Papel, una nueva producción de Atresmedia Series, junto a Vancouver Media, que traslada al espectador al universo de un atraco perfecto en las tripas de la fábrica de moneda y timbre.

Creada por Álex Pina (El barco, Vis a Vis) y dirigida por Jesús Colmenar, Álex Rodrigo (Vis a Vis), Alejandro Bazzano y Miguel Ángel Vivas (Mar de plástico), La casa de Papel aprende de errores de Vis a Vis y, desde el primer minuto, muestra con mayor rotundidad la motivación de sus protagonistas, unos convictos apartados de la sociedad. Quieren el botín de 2.400 millones de las arcas públicas, pero también buscan escapar de la ratonera de unas vidas ingratas. El espectador empatiza incluso con ellos, pues no son malos de manual.

La casa de papel, además, cuenta con un superpoder: va al grano. A pesar de la duración del prime time español, no se pierde en rodeos y muestra el atraco desde el primer minuto. La trepidante trama no da tregua al espectador, como si de una película de acción norteamericana se tratara. De hecho, por momentos, la serie podría colarse como una producción norteamericana gracias a sus espectaculares localizaciones y a su excelente fotografía, a cargo de la atinada mirada de Migue Amodeo.

La casa de papel huye de la monolítica sobreiluminación habitual de las series españolas y cuida con minuciosidad los diferentes ambientes que van creando el clima narrativo, potenciando la experiencia de la historia de un atraco que, al ser en formato serie, permite un desarrollo amplio de las personalidades de las víctimas y verdugos. Ya en el primer episodio se dibuja la evolución emocional de los perfiles de una historia coral con nombres populares como Úrsula Corberó, Alba Flores o Paco Tous, pero donde también brilla un elenco de actores secundarios menos conocidos, como Jaime Lorente o Esther Acebo.

Y todo aderezado con cierta dosis de comedia negra, tan importante para digerir una producción que llega sin infravalorar a un espectador de masas al que también le pueden atraer otro tipo de producciones más de género. Y en eso La casa de papel, arrase o no en audiencias, servirá para impulsar más la imagen de marca de la compañía Atresmedia como productores de series de calidad, en las que hasta se puede mimar incluso los títulos de crédito, invitando al espectador a quedarse al siguiente capítulo con un elegante adelanto que no destripa nada y sí sugiere mucho. Porque en televisión, como en la vida, siempre es mejor insinuar y dar alas a la imaginación, que desvelar todas las cartas a la primera de cambio.

@borjateran

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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