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Cómo el género televisivo del late show inventó el vídeo viral (antes de existir Youtube)

30 junio 2017 - 0:00 - Autor:

Es uno de los formatos de televisión más exportados del mundo. Es el late show. El programa de entrevistas, humor y actuaciones musicales que inventó el comunicador Steve Allen en los años 50 y que revolucionó el cómico Johnny Carson, en sus tres décadas como maestro de ceremonias del icónico Tonight Show (de 1962 a 1992).

La televisión abría una nueva franja horaria, perfecta para experimentar con la comedia y la entrevista. De hecho, el humor se convertía en el aliado perfecto para que los entrevistados se quitaran corazas y jugaran en las noches catódicas.

Pero, además, ya en plena segunda mitad del siglo XX, cuando la televisión contaba con otros ritmos más pausados, el late show incorporaba una estructura que aún hoy sigue vigente y que, por aquel entonces, era precursora de los lenguajes del éxito de Youtube: secciones cortas, aderezadas con sketches concisos y rápidos de ver. Una mecánica hecha a medida para ser colgada en una plataforma de vídeos -desde mucho antes de que se inventaran las plataformas de vídeos-, ser consumida en móvil o tablet -desde mucho antes de que se inventaran los móviles y las tablets- y ser compartida en Twitter y Facebook -desde mucho antes de que se inventaran Twitter y Facebook-.

Como consecuencia, los late shows norteamericanos han sido de los primeros programas en lanzar sus contenidos al hábitat de las redes sociales. No hacia falta adaptar la esencia de sus formatos, pues ya contaban con los ingredientes para lograr el “retuiteo” o el “me gusta”. También en España, donde Buenafuente ha sido pionero a la hora de experimentar con las nuevas ventanas de comunicación, exhibición e interacción.

En este sentido, en Estados Unidos, Jimmy Fallon, Jimmy kimmel o James Corden, las estrellas del género del late show actual, tienen sus perfiles de Youtube atestados de instantes memorables de sus programas, perfiles que se actualizan a diario. Hasta sus páginas web oficiales te llevan al vídeo insertado del propio Youtube.

Los responsables de la televisión norteamericana han visto el potencial de dotar de una segunda vida útil en las nuevas plataformas a esos contenidos que surgen de la emisión tradicional del late show. Así, el público que ya no consume la tele por la tele tiene un intuitivo acceso a este tipo de propuestas, lo que propicia que descubra el programa e incluso que el espectador perdido regrese a la televisión de siempre.

Porque, si se sabe utilizar bien la energía viral de Youtube, las cadenas pueden recuperar interesantes nuevas audiencias y hasta despertar la curiosidad por el show televisivo lineal al público nativo en la era del ciberespacio, poco habituado a consumir televisión en la pantalla tradicional.

Los usuarios de Youtube difunden sin esfuerzo el vídeo del show en sus blogs, en sus facebooks, en sus tuiters, en sus redes… De esta forma, la autopromoción del canal se instala en las plataformas en las que se encuentran los nuevos públicos, multiplicando la visibilidad de la oferta.

La propia cadena puede sacar un margen de beneficios al ser propietaria de los derechos del programa. Beneficios económicos de compartir los ingresos de la publicidad con Youtube pero, sobre todo, los beneficios de hacer marca gracias al boca a boca que despierta ese contenido, que el espectador activo en las redes comparte fácilmente cuando es atractivo.

Y, en esto del late show. el inolvidable Johnny Carson fue por delante de su tiempo, comprimiendo su humor en efectistas píldoras que propiciaban que, al día siguiente, el espectador no hablara de otra cosa en su rutina cotidiana y que, ahora, 25 años después del final de su memorable programa, siguen generando conversación (y carcajadas) a través de un invento llamado Youtube.

>>> el mejor gag de la historia del late show

@borjateran

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Los seis errores básicos de los programas de entretenimiento de la televisión en España

29 junio 2017 - 2:47 - Autor:

Los programas de entretenimiento en España caen en seis errores habituales que pasan desapercibidos pero que, sin embargo, son cruciales a la hora de atraer mejor la curiosidad y empatía de la audiencia de masas.

1. La obsesión por la sensiblera historia de superación

Si haces un programa de baile, busca gente que baile bien. Si quieres un programa de cantantes, encuentra personas que canten bien. En cambio, en España, los responsables de algunos programas han desvirtuado sus propios formatos al priorizar protagonistas con una morbosa historia personal a un talento real.

Un testimonio de El Diario de Patricia puede provocar lágrimas instantáneas en la audiencia pero, en contadas ocasiones, consigue llenar durante horas el escenario de un show artístico. Es el motivo del fracaso de talents como Top Dance: un concurso de baile en donde no había grandes bailarines, ya se que primó un casting de ‘historias de superación’. También pasó algo parecido con Cantas o qué’, otro talent de famosos queriendo ser cantantes que se canceló a las dos emisiones. El motivo del traspiés: cantaban tan mal que era desagradable de ver. La risa que provoca alguien destrozando una canción sólo funciona unos segundos en televisión, no da para un prime time completo.

2. El ritmo arrítmico

En la obsesión de que el espectador no cambie de canal, se prima una pos-producción de programas acelerada, confundiendo ritmo televisivo con prisas, lo que rompe el clímax de la narrativa del show. La edición frenética fomenta unos cortes de cuajo que sacan al público del programa, ya que desprenden el artificio de un puzle de piezas sueltas que han sido mal colocadas.

Así se mata la naturalidad de los colaboradores y del propio discurrir del espectáculo. Más aún en un audiencia española que premia los programas que fluyen como si en directo se tratara. Sin necesidad de cebos, ni de montajes de imágenes agitados. De ahí el éxito de Tu cara me suena, que se graba imitando una gala tradicional en riguroso directo, huyendo de cualquier tipo de corte de edición abrupta.

3. Muerte por publicidad

Las cadenas ya no marcan los intermedios publicitarios en sus programas pregrabados. El presentador rara vez dice aquello de “enseguida volvemos”: Las pausas asaltan de forma improvisada. Da igual que corten una frase o un momento crucial de la emisión.

Y es que los responsables de las cadenas piensan más en lo que hace el canal rival que en cuidar un orden lógico de guion. Un guion en el que se marquen pequeños giros justo antes de los intermedios. De esta forma, dejas pegado al espectador por el interés que genera tu contenido propio y no tienes que estar pendiente de lo que maquine tu competidor directo,.

4. Hay vida más allá de jueces y jurados

Los espacios de entretenimiento, especialmente los talent shows, han sustentado su mecánica en la opinión de jueces y jurados. Como si no existiera otra opción. Pero hay vida creativa más allá de esta estructura televisiva de “artista examinado por personaje popular”.

Exceptuando Sálvame, la televisión de hoy se está olvidado de crear personajes dispares, tanto protagonistas como antagonistas, que se complementen entre sí y sean perfectos para crear situaciones hilarantes o emocionantes en el transcurso de una emisión. Así sucedía en el Un, dos, tres… cuando, en cualquier momento de la subasta, aparecía de forma imprevisible un comediante. Los programas de entretenimiento deben imaginar más. Al final, la mejor televisión es la que pilla desprevenido al espectador sin quedarse en fórmulas cortadas siempre por un mismo patrón.

5. La escenografía clónica

Otro fallo, que nunca se analiza como tal, es la homogeneización de los decorados de los programas. El boom de las pantallas de Led ha propiciado que se monten espectaculares puestas en escena pero que, al mismo tiempo, no se distingan entre sí. Un grave error, pues los espacios de entretenimiento deben pensar una premisa escénica diferenciadora que sirva para potenciar su personalidad, haga al show más reconocible en el espectador y, además, esté al servicio para dar más posibilidades al guion del programa (entradas y salidas de personajes del decorado, fondos escénico con posibilidades para incluir en tramas o crear ambientes…).

De ahí el triunfo de Crónicas Marcianas. El programa de Javier Sardá dio la vuelta al tópico del late night (el escritorio y el skyline de Nueva York). Lo hizo llevándose al público a un imaginativo espacio “marciano”, que posibilitaba inventar acciones especiales en un contexto de nave espacial que no se parecía a nada visto antes en programas de entretenimiento en España. Ahora, en cambio, (casi) todos los platós de tele parecen el mismo: que si un tono azul de fondo, que si una gran pantalla de leds, que si unos paneles abstractos, que si un suelo negro brillante…

6. El chimpún final

La exhaustiva medición de audiencias no perdona e incluso afecta al desenlace de los programas. Si, por ejemplo, se decide el ganador de la final de un show, véase Supervivientes, la curva de cuota de pantalla nada más decirse el nombre del triunfador, ya que el público se marcha. Como el prime time en España se alarga hasta horas tardías, los televidentes huyen a dormir tras conocer el resultado del concurso o espectáculo. Como consecuencia, las cadenas también precipitan los finales de sus grandes apuestas, no vaya a ser que pierdan media de audiencia por demorar la emisión cuando ya no interesa.

Pero el espectador se terminará quedando siempre a la expectativa frente al televisor, y con los ojos bien abiertos, si se le da un contenido cuidado hasta el fundido en negro final: ya sea un buen primer plano emocional de despedida del ganador del talent de turno o un delirante gag de adiós de uno de los protagonistas del show, como pasaba con Silvia Abril y sus tartazos de cierre de Tu cara me suena. Entonces, el público esperaba hasta el último crédito para ver qué ocurrencia discurría la cómica. Eso es la televisión, la que mima también el ingenio en los finales. Porque, como en una serie, el entretenimiento debe contar una historia bien definida de principio a final. Es la única forma de recuperar la ingenuidad e implicación perdida del espectador.

@borjateran

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Jorge gana MasterChef: lo que se cuece detrás de un éxito de prime time

1:59 - Autor:

Jorge, el ex futbolista de Granada, ha ganado los 100.000 euros que atesora el título de convertirse en MasterChef España 2017. Aunque, ¿qué es ser realmente un MasterChef?

MasterChef es el premio de un concurso que busca a un cocinero de primera línea pero, además, necesita que cuente con carismáticas habilidades para seducir al público, ya que cuando acaba el concurso empieza el negocio de la venta de libros de recetas, conferencias, clases y otro tipo de acciones de tinte comercial.

Porque MasterChef no es un simple juego culinario, ante todo es un show de televisión que pretende entretener gracias a las personalidades de un casting de aspirantes con una aplastante telegenia. De hecho, en un principio, no era nada fácil lograr un gran espectáculo con la cocina como trasfondo en España. El principal problema está en la cacareada duración del prime time español: en otros países MasterChef no dura más de una hora, mientras que en la versión cañí se alarga hasta las dos de la madrugada para, así, ser un producto más competitivo en audiencias. Esa peculiaridad nacional es un obstáculo pero, a pesar de ello, el equipo de la productora del programa ha sabido dotar al juego de un interés casi de película.

Y es que el duradero éxito de Masterchef se basa en que el programa narra una épica historia a través del juego de los participantes. Con la realidad de los fogones no basta, así que el show cuenta con un guion que se inventa pruebas o situaciones que sirven para descolocar a los concursantes, desmontar sus planes e incluso propiciar momentos surrealistas.

Porque la tele-realidad sin guion es muy aburrida. El mérito de MasterChef está en cocinar bien esa realidad con los aderezos y especias que necesite. Y eso se consigue gracias al montaje de imágenes, clave para narrar una historia con emoción y sin dejarse prácticamente nada relevante en el tintero.

Como si de una ficción se tratara, MasterChef potencia las personalidades de los aspirantes hasta transformarlos en personajes y los presenta con una realización cargada de matices de guion: marcando los silencios, desvelando los susurros, impulsando la tensión o emoción con músicas de fondo, retratando la comunicación no verbal que esconden las miradas (de participantes, contrincantes, jurado y familiares). Y todo se monta como un puzle que dibuja un hilo dramático sin condescendencias para guisar, en su punto exacto de cocción, una sabrosa receta catódica, irresistible para el espectador.

Así es la televisión de prime time: la realidad entremezclada con la imaginación para que salga de resultado una historia atrayente, que emocione a una audiencia cada vez más resabiada de la mecánica de los talent shows. Sin embargo, MasterChef sigue movilizando un público fiel y se mantiene como el programa de entretenimiento más visto de la cadena pública.

Tanto es su éxito para La 1, que los responsables de Televisión Española han decidido adelantar, por sorpresa, la emisión de la final para que su resultado de audiencia entre en la media del mes de junio.

El buen dato de MasterChef de esta noche es determinante para que la primera cadena acabe junio con una media de cuota de pantalla que toque los dos dígitos. Si RTVE llega a dejar el desenlace de MasterChef para este domingo, como estaba previsto, la cadena pública no lograría superar la frustrante barrera del diez por ciento de cuota de pantalla, que determina la percepción de éxito o fracaso del canal. Trucos de la incansable contraprogramación.

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Los creadores de ‘Gran Hotel’ y ‘Velvet’: así han conquistado Netflix con ‘Las Chicas del Cable’

28 junio 2017 - 0:23 - Autor:

Ramón Campos, junto con Teresa Fernández-Valdés, es el fundador de Bambú. Se trata de la primera productora en la que Netflix ha confiado su desembarco en la ficción española con Las Chicas del Cable. Los norteamericanos ya habían observado el éxito de sus series, como Gran Hotel o Velvet, y querían su sello.

Un carácter propio que Campos tiene rotundamente claro. Es más, defiende que las series ‘made in Bambú’ son reconocibles por ser: “agradables a la vista, que te permiten desconectar del mundo, con personajes atractivos, la mayoría de las veces con actores con cierta telegenia y, luego, que sean muy fáciles de entender“, explica este guionista y productor ejecutivo. Lo hace mientras recalca que, al final, entremezclar estos elementos también es complicado: “no es tan sencillo como parece”.

Pero “para lo bueno y para lo malo, hay definidas unas reglas muy claras en los productos de Bambú”, reflexiona un Campos al que se acercó Netflix por su cartera de series ‘preciosistas’ y románticas, donde la compañía norteamericana vio filón: “Había acabado Velvet, un público se quedaba huérfano de ese tipo de contenido y, de repente, ellos sacan esto (se refiere a Las Chicas del Cable) que no sólo funciona en España, también funciona en toda Sudamérica”, prevé.

Pero la crítica y los más seriéfilos del lugar esperaban otro tipo de producto de la primera gran inversión de Netflix en nuestro país. No comprendieron Las Chicas del Cable, pero Ramón Campos tiene la respuesta para ellos: “Entiendo que la gente esperaba riesgo máximo. Pero Netflix no es HBO (reputado canal responsable de series como Juego de Tronos o Girls) ni quiere ser HBO, es una plataforma de vídeo bajo demanda para toda la familia”. Y vio un nicho de negocio importante en este tipo de serial de la factoría Bambú.

De hecho, los de Netflix han vigilado con minuciosidad cada detalle del proceso de creación de sus chicas del cable: “Netflix es más intervencionista que Atresmedia“, responde Campos, que recalca que “trabajar con Antena 3 es una maravilla, tenemos mucha libertad“, compañía con la que prepara dos grandes estrenos para la próxima temporada, Tiempos de GuerraFariña. Esta última, basada en los hechos reales de los clanes gallegos de la droga.

Con esta nueva ficción, Bambú vuelve a su tierra natal, Galicia, gracias a una historia que no es imaginada. Y ahí está el reto a la hora de adaptar los guiones: “intentar que sean reales pero, al mismo tiempo, que sean interesantes para el espectador. La realidad es muy aburrida habitualmente, para que sea entretenida hay que darle muchas vueltas. Al final, lo más difícil es que leyendo los guiones nadie sintiera que esto no era real”, explica Ramón Campos sobre Fariña, que no es el único proyecto que tiene, en estos instantes, en pleno proceso de rodaje.

Bambú también está trabajando en la continuación de Velvet, ahora como estrategia de la televisión de pago, ya que Movistar Plus ha comprado la licencia a Atresmedia Series para crear una secuela de las míticas galerías de Antena 3: “Velvet va con la intención de que el público de Telefónica consuma más sus productos, ya que existe un tanto por ciento de gente con decodificador que no va a ver la oferta“, explica sobre una gran plataforma de pago que necesita encontrar más proyectos con visibilidad que atraigan a ese espectador perdido entre tanta marabunta de canales y contenidos disponibles. Y Velvet es una marca que puede ser aliada en este objetivo, pues sigue muy viva en el interés de las grandes audiencias.

No obstante, en esta nueva etapa de Velvet en Movistar Plus, para Ramón Campos: “lo que está resultando más complicado es trasladar los 70 minutos del prime time español a los 50 minutos (de Movistar), sobre todo por la cantidad de personajes que nosotros tenemos“, señala el productor y, además, apunta una curiosidad sobre su compañía: “todas las series nacen en Bambú con 14 personajes, ese es el número ideal de inicio porque así puedes hacer las tramas suficientes para que la historia sobreviva. Y en Velvet hay unos veinte personajes importantes y meter todo eso en 50 minutos es complicado”.

Pero la duración y los tiempos de la ficción en España está cambiando. “El espectador, por lo menos, ahora valora la calidad de imagen. Antes las series estaban alumbradas, ahora está iluminadas“, ilustra el alma de series como Desaparecida o Gran Hotel.

En ese sentido, ha sido crucial el trabajo de Bambú para enriquecer las mecánicas de trabajo de la industria de ficción nacional. De su mano, recuperaron el cuidado por la escenografía e iluminación en una televisión que se había acomodado en el artificio del decorado de cartón-piedra sobreiluminado de forma plana: “Hicimos un planteamiento cinematográfico, con luz por campos, e intentando que fuera rentable“, revela.

Y es que la dificultad de rodar por campos está en que se puede retrasar el rodaje por el tiempo que requiere la colocación específica de los focos y otros elementos escénicos: “No somos los más rápidos rodando y no somos los que más dinero ganamos, pero creo que esa es la marca de identidad de Bambú y no podemos cambiarla“, sentencia.

Pero lo que Ramón Campos sí cree que debería cambiar en la televisión en España es el extraño horario de máxima audiencia “el retraso del prime time es un problema para la ficción. Estamos favoreciendo el sistema de share, que funciona en programas de entretenimiento, pero que perjudica a las series: a medida que el share va subiendo, los espectadores van bajando. Eso supone que a la semana siguiente has perdido seguidores seguro”, explica. Como consecuencia, el público real (que no es un numérico porcentaje de cuota de pantalla) se va a dormir y no se engancha a la trama. Es más, Campos se atreve a poner una fecha de emisión más sensata para las series españolas: “10.30 de la noche”, reivindica. Una hora, sin duda, más conciliadora.

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20 años de ‘Corazón’ con Anne Igartiburu: crónica del gran superviviente de TVE

27 junio 2017 - 0:46 - Autor:

“Hola, corazones. Por fin, os abrimos nuestro corazón. Estoy muy contenta, porque hoy es nuestra primera cita”. Con estas palabras, bastante ñoñas, Anne Igartiburu arrancaba ‘Corazón de Verano’ hace casi 20 años.

Era el día 7 del mes 7 del año 1997 y nacía, en el estudio 7 de Prado del Rey, un espacio que llegaba con la idea de revolucionar el elitista, fino y pomposo Corazón, corazón que TVE emitía en los fines de semana y que se grababa desde las alturas de una lujosa suite del hotel Ritz de Madrid.

Anne Igartiburu, en cambio, había sido la elegida para bajar la información del cuore a un lenguaje más terrenal y, de paso, contar sus avatares en directo, a diario y sin demasiado gasto. Es más, en sus comienzos, Corazón de verano, no tenía ni decorado. Sólo un fondo verde en el que se proyectaban grafismos repletos de corazones, como no podía ser de otra manera.

Y, con formas de corazón en todas sus variantes, el programa se convirtió en un imprescindible en la parrilla de la cadena pública. Así que, después, vendrían más versiones: Corazones de otoño, de Navidad, de invierno, de primavera. Y otra vez, de nuevo, Corazón de verano. Así todo el año, un bucle infinito que fue creciendo hasta incorporar decorados diseñados por Agatha Ruiz de la Prada.

En la actualidad, Corazón se realiza desde el Estudio 5 de Prado del Rey. Un espacio escénico en el que se han grabado series como Hostal Royal Manzanares y que, ahora, acoge los grandes magazines de La 1. Se trata de un plató amplio con un decorado que nada se aparece a aquel minúsculo set donde comenzó todo. De hecho, el programa ha evolucionado y ha incorporado cámaras en movimiento que ayudan a dar más dinamismo a las presentaciones de Anne Igartiburu antes de cada noticia de este informativo rosa, que es uno de los espacios con mejores audiencias de la parrilla diaria de Televisión Española, dejando un buen colchón de espectadores al Telediario (el programa cuenta con más de un millón y medio de fieles espectadores).

Dos décadas después de su estreno, entrar al estudio de Corazón es comprobar como los engranajes del programa funcionan a la perfección. Como un reloj.

Debajo de los focos donde triunfó Lina MorganAnne controla el plató, sabe lo que necesita cada compañero e, incluso, aconseja a los cámaras más novatos para que no se tropiecen, en pleno movimiento de cámara, con los baches que oculta el suelo de mentira del set. Sí, ella se conoce cada desnivel del decorado. No es para menos, pues Corazón ejemplifica esa televisión que se hace con el nervio del directo, pero que fluye con la sencillez que otorga la experiencia de mantenerse en una televisión pública durante veinte años. Y eso, en los últimos tiempos, es un hito de supervivencia en una TVE más acostumbrada al vaivén de programación de entretenimiento que a la estabilidad de contenidos de largo recorrido. Será que el género del corazón no molesta a los políticos.

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De Villarejo a Carmena: el valor documental de las entrevistas de Carmen Maura en los ochenta

0:01 - Autor:

Nena, tú vales mucho“. Con esta coletilla, Carmen Maura saltó a una apabullante fama mediática en 1981 gracias a Esta Noche, un programa que presentó con audacia y una luminosa sonrisa. Ya se sabe, para triunfar en televisión es importante saber sonreír a cámara.  Aunque, en realidad, todo era fruto de un guion.

Maura, como buena actriz, interpretaba un papel de presentadora ingenua e irónica a partes iguales. Todas sus palabras eran un guion cerrado por Fernando García Tola, director de este programa que era un ir y venir de artistas y personajes

Esta semana, Salvados de Jordi Évole ha recuperado un fragmento de este formato de TVE, donde fue entrevistado el excomisario Villarejo, ahora en el ojo del huracán. Y es que por la mesa de metacrilato de Esta noche pasaron todo tipo de personalidades de la época.

Rafael Alberti o Bertín Osborne fueron dos de aquellos variopintos convidados de una Carmen Maura que, como estaba atada al guion, delegaba las entrevistas a reputados periodistas. De hecho, María Teresa Campos se estrenó delante de las cámaras en este espacio que supuso un intuitivo termómetro a la hora de acoger profesionales que serían noticia años más tarde. Como la jueza Manuela Carmena, que ya estuvo en el plató de Esta Noche en 1981. Allí respondió a las preguntas de un humeante Javier González Ferrari (antaño fumar daba cierto glamour en televisión).

La entrevista a Carmena retrata la inquietudes e ideales de la ahora alcaldesa de Madrid. Han pasado 36 años, pero su carácter e incluso reivindicaciones no han variado tanto en estas tres largas décadas.

También Esta Noche fue la primera oportunidad en televisión de Mecano, que llegaron a TVE de casualidad ya que hacía falta rellenar la actuación musical del programa y ellos vivían cerca.

Un show, el de Carmen Maura y Fernando García Tola, que fue adelantado a su tiempo, en fondo y forma, en corrosión y modernidad, pero sobre todo en la intuición a la hora tomar el pulso a su tiempo y, en parte, a lo que se le venía encima a España después.

@borjateran

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‘Soy Rosa’: el problema de producir un reality personal en España

26 junio 2017 - 23:00 - Autor:

Las cadenas de televisión en España buscan artistas que protagonicen el reality de sus vidas. El problema surge cuando las mismas cadenas se percatan de que, en nuestro país, las personalidades que están dispuestas a grabar su existencia cuentan con unos quehaceres diarios muy poco televisivos y sus rutinas no se traducen en nada especialmente llamativo. Así que hay que llenar de contenido esas vidas y, como consecuencia, se fuerza “lo interesante” de forma artificial. Y nadie se lo cree.

Los realities de Ana Obregón (Algo pasa con Ana) en DKiss y Tamara Falcó (We Love Tamara) en Cosmopolitan no funcionaron porque no transmitían verdad en ningún aspecto. Al contrario, contagiaban demasiado la existencia de un guion. Sólo Alaska y Mario de MTV y Las Campos de Telecinco han brillado en este género español del personality show, pues sus vidas ya de por sí atesoran un punto surrealista que llama la atención y no crea indiferencia en el espectador.

Y ahora llega Rosa López a Ten con un reality hecho a medida. Es la gran oportunidad de este canal de TDT. A su favor, está que Rosa sí desprende una autenticidad que es imposible de guionizar. Pero, en contra, en su primera emisión, Soy Rosa no aporta nada realmente nuevo a un espectador que no sea fan acérrimo de Rosa.

Todo lo que sucede en el formato se evidencia forzado. Hasta cuando duerme, se nota que la cantante se está haciendo la dormida. La rutina de Rosa se diseña para que sucedan situaciones en el programa que enganchen al público. Pero todo se centra demasiado en la historia de superación, típica del programa de testimonios de los noventa, para arañar la emoción básica del espectador. Un objetivo que el reality podrá alcanza con los fans de Rosa, pero el secreto del éxito de los realities de estas características se encuentra en descubrir el personaje también a quien lo desconoce.

En este sentido, ayuda reírse de uno mismo, mostrando la vida real de Rosa con su frustraciones e ilusiones, no siempre ensalzando su persona ni con esos cuadriculados testimonios de entrevistas a cámaras en sets perfectamente iluminados. En la situaciones que se plantean, sin duda sería más atractivo seguir a Rosa en todo momento que hacer que se siente en una butaca para contarnos topicazos bienintencionados. Su vida debería contarse sola, con una cámara viva, elocuente, transparente. Si Alaska y Mario funcionaba por algo, era por lo mismo que también funciona, a nivel internacional, un formato como Las Kardashian: porque nos permite ver a los protagonistas también en momentos grotescos y poco favorecedores. Sea verdad o no, lo que muestran las cámaras sí parecen sus vidas reales.

Ese sería, del mismo modo, el éxito de Soy Rosa: transmitir de verdad la vida de Rosa López, para bien o para mal. Como artista exitosa, como juguete roto, como ave fénix capaz de renacer. Si no, se quedará en un mero producto orquestado para promocionar su nuevo disco, con programas sin chicha y situaciones prefabricadas olvidables, diseñadas sólo para contentar a la propia Rosa y a sus seguidores más fieles.

@borjateran

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Los cinco pasos de Salvados para hacer televisiva una complicada entrevista con un excomisario

8:31 - Autor:

Su nombre aparece en casi todos los casos de espionaje político y policial de la democracia: la trama Gürtel, la Operación Catalunya, el ‘Pequeño Nicolás’, el seguimiento a jueces y políticos, el ático de Ignacio González, la princesa Corinna, la lucha antiterrorista…

Pocos días después de ser imputado por el apuñalamiento de la doctora Elisa Pinto, Jordi Évole ha conseguido entrevistar al excomisario Villarejo en una edición de Salvados que vuelve a ser un ejemplo de la forma de incorporar narrativas de la creatividad televisiva para enriquecer el periodismo con más contexto, con más historia:

PASO 1. El enfoque de la presentación del personaje

Un rótulo, “‘Salvados presenta”, define que estamos ante una edición especial del propio Salvados. En ese mismo instante, ya suena una música ochentera. Es de un actuación de un programa de TVE. Comienza la presentación del desconocido personaje que centra el programa, el comisario Villarejo.

El espectador descubre su rostro con una imagen de 1981. Fue la última vez que apareció en televisión. Y lo hizo en el mítico espacio Esta Noche de La 1, presentado por Carmen Maura y dirigido por Fernando García Tola, que entremezclaba personalidades de la España de la época con cierta transgresión de las artes del momento. Y Villarejo lo sufrió, con un provocador baile de Grace Jones, que como dijo la propia Maura en aquel programa es “una mujer que canta como un ángel y baila como un diablo”.

Una poderosa imagen que es perfecto punto de partida para empezar a dibujar a este personaje de las cloacas del Estado. Entonces, tras la danza de Grace Jones, se produce la transición del ayer al hoy con un salto temporal que aterriza en la Gran Vía madrileña, sugiriéndonos la silueta de Villarejo en la actualidad, entremezclada con los viandantes.

Ahí está el excomisario, acudiendo hacia el encuentro con Évole, y lo vemos a través de una épica realización de imágenes, aderezadas con una voz en off que pinta con maestría y suspense el perfil del protagonista: “apenas hay un par de fotos suyas en Internet, en la calle nadie le conoce. Sin embargo, su nombre aparece en casi todos los casos de espionaje político y policial de la democracia”.

El espectador va teniendo los datos para caer rendido a la emisión. Pero, antes de empezar, el programa aún incorpora con habilidad otras opiniones, en primera persona, de personajes relevantes que conocen bien la trayectoria de Villarejo, como Baltasar Gardón o Artur Mas. Mientras, en imagen, ya se muestra a Villarejo en una especie de sala de interrogatorios. Es el lugar donde se realiza la entrevista. La audiencia ya atesora perspectiva suficiente para entender el calado del personaje antes de enfrentarse a él en un prime time.

PASO 2. La localización emocional de la entrevista

Una vez más, Salvados no se queda en la entrevista al uso y busca una localización que envuelva la situación, creando el clímax perfecto a tono con el protagonista. Esta vez, en esa especie de sala de interrogatorios. La charla fluye, los primeros planos también. El programa cuida la comunicación verbal tanto como la no verbal.

PASO 3. El contexto al otro lado del cristal

El discurrir de la entrevista es enriquecido por los expertos que ponen el contexto para que el espectador extraiga sus propias conclusiones. Aquí el formato televisivo introduce con acierto la escenografía del “otro lado del cristal” de la típica sala de interrogatorios. Detrás del espejo transparente están los periodistas Álvaro de Cózar y Antonio Rubio. Una localización clásica y reconocible del thriller policial se incorpora al periodismo televisivo para desarrollar, en este caso, las aristas de la historia. Así el formato consigue explicar una trama compleja de una forma narrativamente menos hueso y más argumentada para el espectador.

PASO 4. La irrupción de los planos de reacción 

Salvados también enriquece las miradas de la entrevista con planos de reacción de aludidos en el programa, que asisten a las declaraciones y grabaciones de Villarejo, aportando su perspectiva. Es el caso de Artur Mas o Baltasar Garzón. Jordi Évole “interroga”, en esta ocasión y ahora sin salir en imagen, a estos dos convidados (no de piedra), lo que perfecciona y completa el discurrir de una entrevista que no puede ser un monólogo. El programa lo logra, de nuevo, cuidando una puesta en escena que rompe el curso de la emisión pero, al mismo tiempo, se integra de forma coherente con el resto del capítulo gracias a una iluminación y un “plastificado” de fondo, que aguanta ese clima de película policial de intriga durante todo el documental.

PASO 5. El final mejor siempre en primer plano

Salvados suele terminar con una declaración en primer plano de cada uno de sus protagonistas. También ha sucedido con Villarejo. De perfil, mirando a Évole. Con un silencio y con fundido a negro, que ha dado paso a los títulos de créditos del equipo. Como en las películas.

Un plano próximo del protagonista de la emisión, antes de finiquitar cualquier programa, supone una conexión emocional extra para el público. Conexión, buena o mala, pero emocional y que sirve de remate a la trama que se está narrando por parte de la televisión, ya sea en un show de entretenimiento o en un espacio de entrevista como este. La imagen habla. El espectador piensa.

Sin embargo, la televisión convencional terminaría con un plano general de entrevistador y entrevistado, tal vez dándose la mano o simplemente mirándose entre ambos, pero el éxito del periodismo de Salvados es que no es televisión convencional. El equipo de Jordi Évole no se queda en lo obvio. Al contrario,  Salvados representa la televisión que entiende que el periodismo es ayudar a que el espectador digiera mejor la historia y tenga más herramientas para comprender los contextos. Y ese objetivo se consigue más y mejor al incorporar las licencias de la creatividad televisiva (que nació del cine y del teatro) a la planificación meramente periodística. Porque la televisión no es televisión sin la narrativa de la puesta en escena. Esa puesta en escena que facilita la experiencia de la deglución de una compleja historia con emoción y carácter propio. También cuando se hace periodismo.

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María Patiño, víctima de la televisión low cost

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María Patiño se ha estrenado este fin de semana al frente de Socialité, un informativo de actualidad rosa con el que Telecinco pretende plantar cara al veterano Corazón de La 1, uno de los formatos más competitivos de la actual cadena pública. Además, con esta propuesta, el canal principal de Mediaset también busca incrementar las horas de producción propia en fin de semana. Así, Telecinco aumenta su visibilidad en sábado y domingo como referencia en programas en directo, donde destacan Viva la Vida de Toñi Moreno o Sábado Deluxe con Jorge Javier Vázquez.

Patiño ha llegado a este espacio como fichaje estrella para hacer más atractiva la franja del mediodía, una colaboradora reconocible y querida por parte de la audiencia de este tipo de formatos. Sin embargo, su aterrizaje en este horario ha sido accidentado. Ya nada más aparecer en plató, era imposible escuchar la voz de la presentadora. Primer fallo técnico de muchos: que si suenan mal los vídeos, que si se cuelan voces en los reportajes, que si directamente no entran a tiempo los reportajes, que si hay interferencias en una llamada telefónica con Belén Esteban, que si el decorado se ve como de televisión local con tarotistas en los noventa, que si se ve un techo destartalado (en la imagen de arriba), que si se oye a Patiño quejarse por el caos técnico durante la emisión de una pieza… Pobre.

Es la contraindicación de la televisión low cost que representa este tipo de programa. Para ahorrar costes, Socialité, como sucede con su programa hermano de Divinity ‘Cazamariposas‘, no se realiza desde un plató real: se emite desde una oficina que se redecora para dar el pego de estudio de televisión con ayuda de dos pantallas y unos cuantos focos.

Y, con la llegada de Patiño al programa, Socialité ha estrenado “sede” en las oficinas de la productora La Fábrica de la tele en Madrid. Nuevo set para un show que no requiere una gran inversión económica. Pero eso pasa factura a la emisión, creando cierto descontrol, empezando porque el lugar de grabación no está insonorizado y proyecta ruidos que desconciertan al espectador y desconcentran a la propia presentadora.

Con Cazamariposas realizar un programa en una redacción funciona mejor, ya que este espacio tiene un tono gamberro que permite también una puesta en escena guerrillera desde una oficina más descontrolada. Socialité es diferente, apuesta por una narrativa televisiva de prensa rosa más tradicional y debe seducir a un espectador más amplio. Este objetivo se consigue con la forma de contar los contenidos pero, también, con un envoltorio acogedor.

De poco sirven pantallas cargadas de grafismos que enriquecen lo que cuenta Patiño si quedan deslucidas, ya que el lugar en el que se produce el contenido no cuenta con las características técnicas necesarias para propiciar una buena acústica e iluminación que arrope el show. Porque la televisión debe ser agradable de ver, pero el primer fin de semana de este informativo del corazón con María Patiño no ha entrado por los ojos (y los oídos) por culpa de una sonoridad e iluminación más propia del interior de un frigorífico que de un evasivo show de cotilleo. Son las consecuencias de pretender hacer crónica rosa con el glamour aspiracional de la socialité a golpe de tele low cost.

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El milagro de la televisión que ayuda a romper prejuicios

25 junio 2017 - 1:20 - Autor:

“Somos Manuel Burque y Quique Peinado… y hemos venido a escucharos”. Así comienza el nuevo programa de Cero (producido por DLO), Radio Gaga.  Ya sólo esa primera frase, es una declaración de intenciones en una televisión en la que no se suele escuchar a la gente de la calle tanto como debería.

Y este brillante espacio, versión española de un formato belga, consigue un emocionante retrato de personas con una vida especial. Lo logra sin un ápice de sensiblería. Esa es la base y valor del programa: la mirada limpia de dos guionistas, con cierto toque de cómicos y mucho compromiso con su tiempo, Quique Peinado y Manuel Burque, que preguntan con naturalidad, sin realizar ningún énfasis morboso en nada y, al mismo tiempo, consiguen que los protagonistas se abran y nos regalen un testimonio que abruma por su honestidad y sinceridad.
Radio Gaga es un programa para creer más en el ser humano e incluso en la televisión. En su primera emisión, la caravana que es el símbolo del formato y que esconde el pequeño estudio de radio móvil, ha parado en una residencia de salud mental en León. Sus residentes cuentan sus vivencias a la vez que dedican canciones que marcan sus vidas. Dentro de la residencia, los compañeros escuchan la emisión o siguen con su cotidianidad. Esto también lo muestra el programa con una cariñosa destreza. Se entremezcla así la emoción y la identificación en un mundo que no suele retratar la televisión en España, ya que en las cadenas generalistas se piensa que estos temas, tratados sin sensacionalismos extras y músicas lastimeras de fondo, espantan a la audiencia.
El poder de la idea de llevar un programa de tele a un estudio portátil de radio ayuda a provocar el milagro, las cámaras de la tele no son intrusivas. Están lejos, lo suficientemente lejos. Y son cámaras pequeñas, lo suficientemente pequeñas. La conversación de Quique, Burque y la necesidad de ser escuchados de los protagonistas hacen el resto.
Pero, sobre todo, este primer programa de Radio Gaga (el próximo jueves, a las 22h, se emite el segundo capítulo) realiza una importantísima labor de divulgar y visibilizar las enfermedades mentales, que cuentan con un terrible estigma social. El formato realiza, por tanto, un encomiable servicio público para derribar este tipo de prejuicio.  De hecho, muestra una realidad social sin guetos ni estereotipos: con la naturalidad de explicarlo en primera persona, lo que derriba tabus en el espectador.
Radio Gaga fue ofrecido a TVE y resultó rechazado, pero ejemplifica la esencia de la televisión pública, ya que retrata sin condescendencias ni morbos unas realidades que son parte de nosotros mismos. De hecho, es una televisión que nos hace entendernos mejor a nosotros mismos.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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