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14 ilusiones televisivas para el nuevo curso (que aún no ocurrirán en esta temporada)

28 Septiembre 2017 - 14:21 - Autor:

1. Que se produzcan series que nos representen, que muestren la sociedad de hoy. Las épocas pasadas y los mundos imaginarios están muy bien, pero ¿no sería interesantísimo retratar nuestro tiempo? Lejos queda aquella edad de oro para la ficción española con producciones que hicieron un brillante retrato de la década. De Anillos de Oro, de Ana Diosdado, a Las Chicas de hoy en día, de Fernando Colomo. Ahora parece que nadie o pocos se atreven a afrontar y radiografiar el presente, a hablar de nuestro país y nuestra sociedad de hoy. Será por premisas a nuestro alrededor…

2. Que se apueste por formatos 100 por 100 españoles. Las cadenas españolas suelen esperar a comprar ideas de éxito catódico siempre que esté testado internacionalmente, cerrando las puertas a propuestas autóctonas. No son buenos tiempos para probar nuevas fórmulas, y eso que la historia de nuestra televisión evidencia que los grandes fenómenos son hechos a medida de nuestra audiencia. El Un, dos, tres u Operación Triunfo son claros ejemplos. O Tu cara me suena, en la imagen de arriba su control de realización. Toca abrir hueco a nuevas ideas made in Spain.

3. Que nos podamos acostar más pronto. El estirado prime time español es muy rentable, pero, al mismo tiempo, es contraproducente para los programas que deben rellenarse con contenidos menos relevantes para llegar hasta casi la madrugada, lo que propicia un desgaste más rápido de determinados formatos y una expulsión del espectador de la televisión tradicional.

4. Que la duración de los programas sea más honesta y empiecen a su hora exacta. Las cadenas miran sus cuentas de resultados a corto plazo, pero el futuro más próximo de la televisión obligará a programas y series a respetar con mayor responsabilidad los compromisos con el espectador: desde la hora real a la que empiezan a la duración más honesta. El espectador primará los contenidos que concilian con rutinas más saludables en una audiencia que tiene ocupaciones más allá de ver la tele.

5. Que se encienda el late night. Ajustando los horarios de las series y los programas a cánones más coherentes con el producto, se abre hueco para recuperar el late night. Lo que supone una oportunidad para programas más atrevidos, más golfos, que despierten en el espectador esa sensación de que aún queda un aliciente entretenido para despedir el día. Desde hace años, para ahorrar costes, nuestras cadenas han renunciado a lo específico de esta franja horaria repleta de posibilidades. Además, desde la televisión pública, este tipo de show noctámbulo puede ser una ventana a la cultura a través del entretenimiento.

6. Que nos sintamos orgullosos de la televisión pública. TVE debe dejar de reproducir el modelo que usaba cuando tenía publicidad para así convertirse en una alternativa de contenidos que movilice el sector audiovisual. Debe ser más innovadora y plural, lanzándose a la libertad creativa sin demasiadas cortapisas.

7. Que la música suene más allá del playback con pie de micro. Los programas musicales volverán a funcionar si se realizan como un acontecimiento en el que los artistas brillan con ayuda de la realización y puesta en escena, con actuaciones que narren una historia. La actuación de promoción al uso ha matado los espacios musicales en tiempos a los que se puede acceder a estos contenidos con sólo un clic en la red. Pero la tele puede volver a hacer interesante este género e impulsar la carrera de artistas que pasan desapercibidos para las audiencias mayoritarias.

8. Que los niños tengan programas hechos para niños y que no sólo aprendan de series de animación importadas. Pueden aprender más y mejor con contenidos que nazcan y vivan en la idiosincrasia que nos envuelve.

9. Que regrese la entrevista sin prisa. El poder de la conversación está infravalorado en televisión, la fuerza del primer plano, el tiempo para contestar pausadamente, sin recurrir a experimentos, bailes o músicas de asombro de por medio. El valor de la palabra, en definitiva, porque en nuestra cultura hay muchas personas con apasionantes e increíbles historias que contar en televisión. Y si se hace bien, la audiencia se quedará pegada frente al aparato. Ya lo está haciendo formatos como Buenafuente o, a su manera, Bertín Osborne, pero hay mucho más nicho para experimentar en este sentido: el sentido de la charla en primer plano.

10. Que se apueste por rostros nuevos. La televisión de hoy se hace sólo con cabezas de cartel que, supuestamente, facilitan el camino para el éxito. También es importante que el público descubra nuevos talentos, nuevos presentadores, nuevos colaboradores. Profesionales con talento, carisma, autenticidad y transgresión. No necesariamente políticamente correctos, que de insulsa corrección ya está nuestra tele llena. Hace falta, en resumen, un mayor y más constante recambio generacional, pues siempre parece que una minoría de nombres lo presentan todo porque las cadenas buscan que el televidente reconozca al rostro aunque, también, la televisión es descubrir.

11. Que la televisión pública, los nuevos canales de TDT y los nuevos operadores (Netflix, HBO…) empujen a la diversidad de la industria audiovisual. Que no se queden en producciones clónicas a las habituales y arriesguen para, de paso, poner las pilas a los dos grandes grupos (Mediaset y Atresmedia) e impedir que se acomoden. Busquemos lo local, lo que solo se podría producir y contar en España, lo intrínseco a nuestra forma de ser…

12. Que todos los decorados no parezcan iguales. Las escenografías en televisión han mermado su capacidad creativa para parecer todas clónicas. Las cadenas se olvidan de que una identidad diferenciada e incluso imaginativa impulsa las posibilidades de un programa de televisión. Hay vida más allá del led y el panel translucido de fondo. El decorado que envuelve cada formato es crucial para atraer al espectador. Así lo hizo Sardá con Crónicas Marcianas, huyendo del skyline típico del late night y llevándose a la audiencia a un platillo volante. O Raffaella Carrá, cuando plató su Hola Raffaella en lo alto de una azotea con vistas a Madrid que atesoraba un ascensor con un peculiar habitante en su interior. Los programas que marcan la diferencia seguirán adelantando a sus rivales.

13. Que la tele deje de querer parecerse a Internet. La red y la televisión tienen códigos, lenguajes y ritmos diferentes, y por eso suele fracasar cualquier intento de aunar ambos medios. Internet va tan rápido que cuando sus trending topics llegan a la tele, ya suenan viejos, desfasados, fuera de lugar. Lo inteligente es que la televisión incorpore el talento que cobija el universo viral pero sin competir con Internet. Al contrario, debe ofrecer al espectador contenidos que precisamente no puede encontrar en la red.

14. Y, sobre todo, que la televisión recupere la esencia de la imaginación, de la creatividad, de la sorpresa. Que resucite su capacidad para dejarnos boquiabiertos y que podamos sentarnos en el sofá sin tener la certeza de que vamos a ver más de lo mismo. Basta de programas y series cortadas por el mismo patrón de los ingredientes que salen de frías auditorías con lo que supuestamente funciona y lo que no. Que nos regale programas y series que irradien entusiasmo, curiosidad, creatividad, honestidad e imprevisibilidad.

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El declive de ‘Gran Hermano’: las causas de la peor crisis de audiencia del reality de Telecinco

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Los datos de audiencia de Gran Hermano empiezan a ser preocupantes. Este lunes, la versión ‘Última hora‘ del programa ha cosechado un pobre 6,7 por ciento de share, bajando a un 5.5 en su edición del martes. Fatal resultado en un comienzo de la temporada en que las audiencias están más fragmentadas que nunca. Lo mismo ha sucedido con el debate dominical, que sólo ha obtenido un 11,5 por ciento de cuota y, lo peor, es que tampoco se auguran buenos resultados para las galas principales del reality. De hecho, la noche del estreno este GH marcó mínimo histórico, con 16,2 por ciento de share. ¿Estamos ante la última temporada de GH?

Es la edición número 18 del programa y el desgaste de su contenido es evidente. Gran Hermano es una oferta televisiva ajada, repetitiva y no funciona ni siquiera con la reinvención que ha intentado, este año, Telecinco y la productora Zeppelin con el objetivo de implicar de nuevo al público en el formato. Al contrario, esta reinvención del show ha dificultado que los espectadores conozcan y empaticen, desde el comienzo y de forma sencilla, con los integrantes definitivos del casting.

Para llamar la atención y sorprender al resabiado espectador, los responsables del programa han optado por introducir en la casa de Guadalix de la Sierra a 100 “ingenuas” personas que se creían ya concursantes. Todo un golpe de efecto en busca de descolocar al público con el viaje al revés de lo que acostumbra tradicionalmente el reality. Por primera vez, GH arrancó con un tumulto de un centenar de personajes dentro de la casa, a los que se ha ido eliminando hasta reducir el elenco a los 18 huéspedes definitivos.

Se acabó el ritual de conocer, uno a uno, a cada participante en su entrada a la casa. Imposible, pues al existir 100 personas el programa ni ha contado con los tradicionales vídeos de presentación, que dibujaban con cierta gracia la personalidad de los distintos candidatos. El espectador ha visto mucha gente egocéntrica haciendo ruido en las primeras emisiones y, eso mismo, se ha transformado en un obstáculo para crear vínculos, filias o fobias, con los protagonistas del reality.

La audiencia potencial de GH18 no conoce a los reales nuevos concursantes y, por lo tanto, no sigue el programa. En este desinterés, ha influido que Telecinco decidiera enfrentar su estreno estrella con un trepidante MasterChef Celebrity, con famosos intentándolo entre fogones.

  • ¿Manifestación de los fans del programa a las puertas de Telecinco?

En este comienzo de la temporada, tampoco ha ayudado nada que los más fieles del reality no cuenten con la emisión 24 horas a través de la web, que Telecinco ha suprimido. Esta emisión voayeur era minoritaria, pero creaba conversación en las redes sociales, lo que se traducía en un impulso a la expectación para las galas de prime time. Una decisión que ha enfadado a los fans más acérrimos del programa, que están promoviendo un “apagón” de la gala de este jueves. No verán al show y, a cambio, convocan una manifestación (con cacerolada incluida) a las puestas de los estudios de Telecinco. increíble, pero cierto.

La movilización de la porción de fieles en contra no preocupa en Mediaset. Al final, lo importante es que el formato no cree indiferencia. Pero la mala tendencia en audiencia sí resquebraja la estrategia de Telecinco de utilizar Gran Hermano como un rentable comodín, que sirve de exitoso ajuste de programación en prácticamente todos los días de la semana. Hasta ahora los resúmenes de GH valían a la cadena para arropar a otros programas, especialmente en el access prime time (como realiza Antena 3 con El Hormiguero). También para rellenar de contenido propio (y sin inversión extra) a los extensos magazines diarios de la cadena, como El programa de Ana Rosa o Sálvame.

  • Gran Hermano y el efecto dominó que produce en Telecinco

Sin el tirón de GH, este tipo de programas deberán alimentarse de otros culebrones con tradicionales imágenes de agencias del corazón, búsqueda de exclusivas o creando conflictos de sus propios colaboradores. Porque, al final, Telecinco necesita tramas de telenovela de la realidad para propiciar temas de debate en su rentable estructura de programas que se basa en hablar de vidas ajenas desde platós clónicos.

Gran Hermano era perfecto como formato expendedor de dimes y diretes, pues reúne en el mismo espectáculo varios ingredientes para el triunfo en televisión: personajes de teleserie, el amor y desamor que surge de la convivencia real, la comedia de las imperfecciones ajenas, el testimonio de la entrevista incisiva y la participación del público, que tiene el poder de decidir y eliminar. Esto último es otro elemento que se modificó en la segunda gala de esta edición, indignando al personal al perder (por un día) el privilegio de votar la expulsión para cedérselo a los habitantes de la casa.

Telecinco tiene un problema con GH18: invertir en este reality ya no es apostar por el caballo ganador. La mala racha del formato no es por la ausencia de Mercedes Milá ni por la presencia de Jorge Javier Vázquez, la crisis de fondo del espacio que reinventó la tele-realidad en televisión está en que es un programa explotado hasta la extenuación, la audiencia está resabiada de sus polémica y ya busca otro tipo de nuevos contenidos, otro tipo de personajes. Sólo puede salvar a este Gran Hermano la paciencia para que surjan tramas interesantes en la casa con ayuda de un buen guion. Pero eso pasará si los concursantes aportan una mirada propia contundente, que refresque el show con comedia, sentimiento y personalidades identificables. Y eso, de momento, brilla por su ausencia. A todos los concursantes parece que ya les hemos visto antes.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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