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Las televisiones y la exclusión del cine de autor en España

26 septiembre 2016 - 0:01 - Autor:

El cine de autor se desvanece en España. El cine independiente ya es prácticamente invisible en nuestro país debido a que, en los últimos tiempos, la legislación ha propiciado un sistema de industria cinematográfica que se sustenta de forma casi exclusiva en las dos grades empresas de televisión, Mediaset (Telecinco Cinema) y Atresmedia (Atresmedia Cine). Ellas son las que invierten legítimamente en los productos que creen que les van a funcionar masivamente. Y ellas son las que tienen la capacidad para promocionar sus cintas, ya sea a través de sus programas, exhaustivas promos en sus pausas para publicidad o incluso en sus informativos (en los que no dudan a la hora de exagerar las “calurosas acogidas” y los “aplausos interminables” que dan a sus películas en tal o cual festival).

Salvo directores contrastadamente mainstream, que tuvieron la oportunidad de crearse un nombre y abrazar el taquillazo que les abrió las puertas (Alejandro Amenábar, J.A. Bayona, Alberto Rodríguez, Daniel Sánchez Arévalo, Paco León y pocos más), las cadenas ya apenas apuestan por cineastas con mirada propia, optando en muchos casos por realizadores solventes, muchas veces formados en su propias series, que les aseguren un producto tan comercial como intrascendente. Si el resultado se parece a un capítulo de teleserie y tiene éxito, todos contentos. ¿Que podemos meter a la gente por los ojos una tontería como “Cuerpo de élite” y que arrase? Hagámoslo.

Muy bien, pero, ¿y el resto del talento que rueda cine interesante contra viento y marea en España? Al resto cuesta seguirle el rastro, porque sus películas se estrenan mal y sin casi promoción. Pasan prácticamente desapercibidas para el gran público y su taquilla es paupérrima. Este mes ha habido unos cuantos ejemplos: La puerta abierta, Gernika, El elegido, Cerca de tu casa, Lejos del mar… Incluso a un título como Tarde para la ira, flamante debut en la dirección de Raúl Arévalo, con aval de TVE y una distribuidora potente (eOne), le está costando sangre y sudor acumular espectadores. Da igual que la crítica hable maravillas de muchos de estos filmes, porque el público no se entera de que existen.

Por eso, en plena revolución del proceso de distribución y consumo de cine, existe el peligro de perder una generación de cineastas que no cuentan con las plataformas para hacer llegar su trabajo al público, limitando la pluralidad de nuestra cultura y relegándola a una peligrosa invisibilidad.

De ahí la importancia de una televisión pública más fuerte, que sirva de ventana al talento que existe y que no vemos. TVE está en la obligación de apostar por cineastas noveles y proyectos de autor y de riesgo, y lo hace, pero el problema es que, ahora mismo, como plataforma de promoción, nuestra tele pública es incapaz de competir con el poderío de Mediaset o Atresmedia. Por desorientadas decisiones, TVE ya no cuenta con atractivos programas de entretenimiento donde hablar del cine, la música y el resto de la cultura sin relegar esa entrevista a un exquisito gueto escondido en La 2.

TVE ha de recobrar poder para volver a ese esa ventana que abra la curiosidad en un espectador que cree que tiene acceso a todo pero que, en realidad, se pierde mucho por no ser capaz de digerir el torbellino de caudal de información que nos bombardea cada día. En ese torbellino, gana quien más te bombardea, y una promo en la TVE de ahora es insignificante al lado de la inteligente campaña que estos días orquesta Mediaset para que nadie se quede sin saber que se estrena Un monstruo viene a verme, la nueva de Bayona.

Porque, al final, el éxito o fracaso aún se sigue dibujando a través de los grandes medios tradicionales. Telecinco y Antena 3 se lo guisan y se lo comen. Dos empresas que ahora tienen esa oportunidad, la de decidir qué cine llega al público. Pero hay que trabajar para que esa oportunidad no sea la única, y existan más alternativas. No puede ser que el cine español que triunfa esté creado y promovido exclusivamente desde los intereses de las televisiones privadas (esa es la tendencia a la que vamos), porque se quedarán por el camino, muertas en la cuneta, infinidad de miradas propias de un cine de autor imprescindible para nuestra cultura, una cultura plural. 

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El poder de la nostalgia: MacGyver vuelve con éxito a la TV norteamericana

25 septiembre 2016 - 11:21 - Autor:

MacGyver ha regresado. Y con éxito. La CBS ha decidido recuperar la emblemática serie de su canal rival, ABC, y, aunque el contenido del capítulo piloto no convenció demasiado a los jefes máximos del canal -que pidieron eternos cambios-, la expectación generada con el retorno de la ficción ha congregado a 10,9 millones de espectadores. Excelente resultado, de hecho se trata del estreno más visto para CBS en la franja de las 8:00PM desde la recordada Entre fantasmas en 2005.

La buena o mala evolución de estos datos de audiencia dictaminarán si el producto se gana una segunda temporada o se queda en un jugoso evento especial. Había curiosidad por descubrir al nuevo MacGyver, Lucas Till. Este texano, de 25 años, ha cogido el testigo de Richard Dean Anderson, que encarnó al héroe más artesanal de la pequeña pantalla durante 7 temporadas -entre 1985 y 1992-, tiempo en el que la CBS arrasaba con Se ha escrito un crimen y Angela Lansbury.

24 años después, MacGyver -que en España estrenará FOX el 24 de octubre a las 23.10h.- ha vuelto como han hecho antes Padres Forzosos, Twin Peaks, 24, Heroes, Prison Break, Yo y el mundo o Expediente X. Las grandes cadenas de televisión aprovechan la resurrección de recordadas series como acontecimientos mediáticos de los que es difícil escapar. Fracase o triunfe el concepto, se aseguran un estreno con una expectación muy rentable en audiencias millonarias y también en marketing. Todo el mundo habla del remake en cuestión. Es un hecho.

Lo malo: en televisión es difícil superar las expectativas de la fuerza de la adictiva nostalgia. Y más en el caso de MacGyver. Es imposible realizar hoy sus mañosos trucos para salir ileso de cualquier atolladero con la ingenuidad de la televisión de entonces.

@borjateran

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La crisis de Gran Hermano: los 6 factores que han propiciado su pérdida de audiencia

24 septiembre 2016 - 2:01 - Autor:

La audiencia de Gran Hermano 17 marca tendencia decreciente. ¿Es el principio del fin del veterano reality? El programa ha perdido un millón de seguidores en su regreso, pero sólo se debe a seis principales causas que Telecinco aún está a tiempo de remediar.

1. La expectación (mucha)

Lo nunca visto. El más difícil todavía. La revolución del formato. Gran Hermano ha calentado motores de forma exagerada para llamar la atención con su retorno. Lo hace todos los años, pero en esta edición no ha colado. Al contrario, crear tanta expectativa ha sido contraproducente porque, a la hora de la verdad, el espectador se ha encontrado con más de lo mismo. En la gala de presentación, incluso las tramas remitían a la misma estructura de la edición anterior (donde también se generó el conflicto a través de mentiras, pero con más gracia). Ya lo decía Chicho Ibáñez Serrador: en televisión si inflas mucho la expectativa, también pones en bandeja la decepción de tu público. Sobre todo si en el programa que vendes dices que todo cambia y, en verdad, todo sigue igual.

2. El casting (plano)

Los arranques de Gran Hermano siempre son complicados. Tras la expectativa que despierta la gala de presentación, el programa necesita rodaje para crear tramas interesantes. El año pasado el show contó con llamativos personajes, como Maite, que fueron perfectos para crear interés desde el primer día. Sin embargo, en esta etapa el elenco de participantes es más plano y, lo que es peor, parece que están resabiados de tele-realidad. El chico del pelo de “quita y pon”, Miguel, responde al presentador creyéndose guionista. No olvida las cámaras, está pendiente de ellas. Y ese artificio lo contagian demasiados de los concursantes de esta edición. Son expertos en el reality, creen sabérselas todas (por eso querían fervientemente entrar en la casa) pero, tal vez por eso mismo, ninguno destaca especialmente más allá de la pelea de manual y los besos adolescentes. Están todos cortados por un patrón demasiado parecido, faltan perfiles que movilicen la atención del espectador y conecten con un público más masivo del absolutamente fiel a Gran Hermano y Telecinco.

3. El maestro de ceremonias (asustado)

Gran Hermano es un programa complicado de conducir, requiere un guion bien cerrado para que el espectador entienda las tramas que ocurren en la casa. Y hasta ahora contaba con una presentadora que otorgaba a ese guion, casi de cuentacuentos, una energía con un carisma incontrolable. Hablamos de Mercedes Milá, claro. Era evidente: las comparaciones iban a ser odiosas. De hecho, la marcha de Milá durante el primer programa propició un silencio en el estudio chocante, que no ayudó al estreno de Jorge Javier Vázquez en estos menesteres. En la gala de esta semana, Vázquez ya ha empezado a impregnar de su telegénica personalidad el reality. Aunque la sombra de Mercedes Milá es alargada, pues su arrolladoras salidas de tono marcaban la diferencia de GH con otros shows. Ahora podría ser Supervivientes en Guadalix o la enésima versión de Sálvame Deluxe.

4. El humor (escaso)

Una de las sigilosas señas de identidad de Gran Hermano es el lado cómico de ciertos concursantes. ¿Quién no recuerda a Fresita? O, el año pasado, a Han. Pero en este GH no existe rastro de humor. La comedia brilla por su ausencia y es clave para dar aire a un reality de estas características, que si se toma demasiado en serio termina aburriendo.

5. La competencia (crecida)

Con esta lista de debilidades en las primeras semanas, la competencia se ha percatado de que podía lanzar contra GH éxitos asentados. Así, La Sexta ha estrenado lo nuevo de Pesadilla en la Cocina con Alberto Chicote, que hace tiempo que no veíamos salvando restaurantes. Objetivo cumplido. La estrategia de Atresmedia ha pegado un mordisquito a Gran Hermano, a pesar de que el programa de Telecinco intentaba subir el dato de audiencia con la artimaña de sacarse de la manga el contraclub. O lo que es lo mismo una “contra-casa” en la que introducir a infalibles (y alocadas) ex participantes del realiy: Mayte, Amor o la primera desterrada del concurso en su historia española, María José Galera. La misión de este trío era asesorar a los expulsados y, de paso, engendrar líos en Guadalix de la Sierra para ir a la caza y captura de la curiosidad de ese público que aún está ajeno a Gran Hermano 17. Para este cometido la controvertida Mayte es perfecta. Tal vez demasiado perfecta. Porque Maite Galdeano se vino demasiado arriba y al primer expulsado, Pablo, le dio una especie de ataque de nervios. Normal, al sufrir el grado de intensidad de Galdeano. Como consecuencia, Pablo decidió marcharse voluntariamente de este chiringuito e irse a su casa, desmontando la estrategia de los responsables del programa.

6. Concursantes (resabiados)

Los guionistas de Gran Hermano son expertos en ir mutando las reglas del juego para pillar inadvertidos a los participantes, que ya se creen sabérselas todas. De ahí que el programa invente constantemente pruebas de convivencia, ponga retos delirantes o introduzca cameos especiales dentro de la casa de Guadalix, como este frustrado contraclub de Maite Galdeano. Se trata de juegos que sirven para descolocar a los concursantes, desmontar sus planes y que no puedan realizar tácticas. Elementos que se introducen en la trama que son perfectos para fomentar roces que provoquen amor o odio. O, mejor aún, fomentar el amor y odio a la vez. Pero GH17 aún no ha dado con la tecla del giro de guion ideal para descolocar a estos concursantes y llamar la atención de ese espectador que no pasa las 24 horas viendo Telecinco . Este casting es duro de roer.

Como resultado, Gran Hermano 17 todavía no consigue traspasar la barrera del triunfal 20 por ciento de cuota de pantalla. Pero el formato sigue en buena forma. Sólo acaba de empezar y las próximas semanas serán decisivas para que el show encarrile su culebrón de la realidad. Porque habrá culebrón. El problema está en que la pasada edición dejó el listón muy alto en lo que a historias inesperadas se refiere: desde una relación que descolocaba porque no tenía etiquetas (Han y Aritz) hasta una mamá autobusera, Maite, que ya se ha convertido en un comodín para Telecinco. Esta temporada, en cambio, aún sólo ha mostrado a una pandilla de veinteañeros superficiales haciendo cosas de veinteañeros superficiales.

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La trampa de la tecnología LED en televisión

23 septiembre 2016 - 9:58 - Autor:

Con las grandes pantallas de LED parecía que se abría un infinito abanico de posibilidades en el terreno de las escenografías de televisión. Esos decorados que envuelven y enriquecen la personalidad de cada programa. Sin embargo, esas grandes videopantallas han terminado homogeneizando en exceso la pequeña pantalla. Todo parece igual. Ya sea un Telediario, un talent show, un concurso o un magazine. Las prisas con las que se crea la actual televisión propician caer en el atajo de incorporar una inmensa pared de LED y cuatro paneles planos. Lo que supone una trampa que empobrece el resultado final televisivo.

En las pantallas de LED puedes emitir una versatilidad de imágenes que otorgan movilidad al fondo de encuadre. Pero sólo por sí mismas no logran las otras personalidades que alcanzaban los decorados tradicionales: con su puntos de fuga y con su profundidad real, que permitían marcar el carácter diferenciado de cada programa. Eso, salvo excepciones, se está perdiendo por unos platós que abusan del artificio, el exceso de atrezzo (grandes letras luminiscentes, estructuras metálicas inverosímiles, formas imposibles…) para ocultar las limitaciones de la plana pantalla de LED. Esto solo consigue crear un caos visual al espectador que enturbia lo que se nos está contando desde el programa de turno.

Pero este problema cuenta con fácil solución. El truco está en conjugar las nuevas posibilidades tecnológicas con las artesanales artes tradicionales. Las imágenes que emite el LED pueden crear ambientes totalmente diferentes en cuestión de segundos. Esto sin duda ayuda al show pero que, además, necesita de una linea de diseño sólida, definida y propia para que la escenografía no se convierta en el chroma de Valerio Lazarov en versión mejorada. Y eso sólo se puede construir a través de las artes tradicionales, los elementos corpóreos que dotan de volumen y profundidad al espacio escénico.

En definitiva, no quedarse en el LED con cuatro paneles y crear universos propios. También incorporando otros sistemas como el mapping. O lo que es lo mismo: la proyección de imágenes animadas sobre elementos tridimensionales para generar una falsa realidad en perspectiva. Los mappings por sí solos no funcionan en televisión pero sí cuando se incorporan en la trama del programa o serie con lógica. Como sucedió en el especial de los servicios informativos de Televisión Española de cierre del año 2012. Entonces, bajo la reputada dirección de Fran Llorente, los Telediarios de TVE innovaban en narrativas audiovisuales. Entonces, el periodista Carlos del Amor (en la imagen de arriba) interactuó con los acontecimientos más relevantes que nos había dejado 2012 a través de este tipo de proyecciones en 3D (puedes verlo aquí).

Desde TVE, podían haber buscado la perfección máxima incrustando al periodista en las imágenes sin ningún tipo de fisura, en cambio se dejó sin retocar la imperfección de las sombras que surgían al chocar la proyección con el presentador. Lo obvio hubiera sido eliminarlas, pero entonces el mapping parecería un efecto digital cualquiera. Se optó por la artesanía que traspasa la pantalla. Ahí está el futuro de los decorados de la televisión: seguir creando universos integrando el LED o el mapping pero no sólo quedándose en la superficie del LED o el mapping. Universos donde la escenografía sea una aliada que ayude a potenciar la mecánica diferenciada de cada formato televisivo, donde la tecnología no gane la batalla a la creatividad.

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La ‘Pesadilla en la Cocina’ de Chicote llega fuerte y ‘Gran Hermano’ sigue bajando

9:36 - Autor:

A pesar de arrancar la emisión con la tensión de expulsar a un concursante por sus comentarios vejatorios y la entrada de las “recordadas” ex concursantes Mayte, Amor y Galera (para impulsar la polémica desde un lugar denominado “contraclub” dentro de la casa de Guadalix), Gran Hermano vuelve a bajar y se queda en un 19,2 por ciento de share (la semana pasada alcanzó el 19.7 por ciento de cuota con 2.110.000 espectadores). No obstante, este dato es muy competitivo y mantiene al formato de Telecinco como líder indiscutible con mismos espectadores (2.117.000 fieles)

Uno de los motivos de este descenso de cuota de pantalla del reality, justo en una noche en la que el contenido dentro de la casa de Guadalix ha empezado a pillar vuelo, está en que Atresmedia ha lanzado la Pesadilla en la Cocina de Alberto Chicote en La Sexta. Se trata del programa de entretenimiento que mejor funciona en el prime time del canal verde. Y ha demostrado que sigue en buena forma, alcanzando un 11.1 por ciento de cuota y 1.831.000 seguidores en su primera emisión y un 15.2 por ciento y 1.383.000 televidentes en su segundo pase. El formato, además de comer tarta de audiencias a GH, por primera vez inspeccionó un barco con caos en sus fogones.

La otra damnificada de la noche es Águila Roja, que afronta su última tanda de episodios. Después de estrenarse plantando cara a Gran Hermano la pasada semana, superándolo en audiencia con un 17 por ciento y 2.593.000 espectadores (frente al 16,7 por ciento y los 2.544.000 de GH en horario de coincidencia), la serie de La 1 ha sufrido un bajón en su segundo episodio de la temporada, obteniendo un 14.6 por ciento de cuota con 2.418.000 espectadores. En este resultado afecta la mayor competencia en los jueves (de nuevo, el aterrizaje de Chicote), la pérdida de expectación tras el capítulo de estreno y, sobre todo, que las audiencias son más imprevisibles de lo que parecen.

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‘Gran Hermano’, el superformato que reinventó la televisión

La dirección de ‘Gran Hermano’ expulsa al concursante que realizó comentarios vejatorios

22 septiembre 2016 - 22:24 - Autor:


Más de 140.000 personas pedían su expulsión inmediata a través de la plataforma change.org. El motivo principal: apología del abandono u omisión de socorro ante una animal accidentado. “¿Tu llorarías por un galgo? Si yo atropello a un galgo, yo me bajo del coche para ver si algo me ha hecho. ¡Que le den al [...] animal! ¡Que se muera!”, ha sentenciado el concursante entre otros improperios: “vives en un piso de un dormitorio y el perro es demasiado grande, acabas echándolo, lo tiras por la ventana…”.

Un discurso antianimalista, pero también machista, ya Álvaro ha denominando con desdén a las mujeres como “hembras”. “¿Alguna vez has abandonado a alguna hembra?”, preguntó a su compañero Pol, que no terminó de entender su comentario. Así que el sevillano añadió: “que hayas quedado con ella, hayas hecho el amor en un descampado y luego la hayas dejado tirada en el descampado”.

Sus comentarios vejatorios han sido determinantes para la dirección de Gran Hermano que considera que Álvaro ha traspasado límites que son incompatibles con la “línea editorial del formato”. Y se lo han comunicado en el confesionario, en directo, en la primera parte de la gala de esta noche. Lo que sucede en un reality también se soluciona frente a las cámaras del reality. Álvaro ha reaccionado con rostro de sorpresa “¿En serio?”, ha respondido incrédulo. “Lo siento muchísimo”, ha añadido muy arrepentido. No se lo esperaba. La madre, en plató, ha justificado a su hijo explicando que se trata de su humor. Mal humor.

Y es que, a veces, los concursantes de GH se olvidan de que este juego llamado tele-realidad se emite e incluso, aunque no lo parezca, con sus comentarios, tirados en el sofá de la casa de Guadalix, tienen una responsabilidad ante la audiencia.  Se les dice a los concursantes “sé tú mismo”, pero la moraleja de esta historia es que no hay que pasarse siendo uno mismo. 

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Así pronosticó Chicho Ibáñez Serrador el porvenir de los canales de TV en 1992 (y acertó)

14:01 - Autor:

“¡Cómo puede decir nadie que Televisión Española puede llegar a hundirse!”. Entonces, Chicho Ibáñez Serrador se asomó por la ventana de su salón y se encontró con que TVE estaba en el fondo del mar. O más bien en el fondo de una pecera. “Cómo han pasado los años, cómo ha cambiado el paisaje desde estos ventanales de Prado del Rey”, remató.

Era el prólogo del arranque de la temporada de 1992 de Un, dos, tres, tradicional preámbulo donde Chicho, junto a su hablador perro Mariano, reflexionaba sobre el porvenir del mítico concurso y, de paso, realiza una buena dosis de sarcástica autocrítica. Sobre él mismo (jugando con todos los mitos de su personaje) pero, también, sobre el propio panorama televisivo.

Si en la anterior etapa, el director y realizador recordó a los espectadores la programación de las otras cadenas rivales a la misma hora del estreno del nuevo Un, dos, tres -con Miriam Díaz Aroca y Jordi Estadella-, esta vez Ibáñez Serrador realiza un irónico repaso a los canales de la competencia. Sin olvidarse de TVE, que seguía como indiscutible líder de audiencia aunque ya con agoreros que anunciaban el comienzo de la pérdida de fieles.

Así, en los preliminares de aquel retorno del Un, dos, tres, Chicho describió su particular percepción de los canales que se habían incorporado a la televisión en España. De hecho,  su exposición podría servir para la actualidad, pues no se aleja mucho de la situación de hoy.

Incluso dio la clave del problema de la televisión de 2016. Lo hizo en 1992: “Con tanta competencia y tanta guerra, todos los canales están llegando al mismo nivel, comprende“. Una frase que guarda mucho entre líneas sobre las estrategias de programación que estaban incorporando las cadenas generalistas, con menos tiempo para dejar asentarse a los programas y con menos margen para arriesgar creativamente.

No se quedó ahí la disección y Chicho ejecutó su particular retrato de las grandes y recién llegadas cadenas privadas, de poco más de un año de vida. Sobre Antena 3, desde ese fondo del mar en el que simulaba estar su morada en los Estudios de TVE, Serrador dictaminó: “Sus hélices están girando, con mucha más velocidad que antes pero aún sigue en el fondo“.

También tuvo palabras para Telecinco: “su imagen es la que llega con más nitidez, con más perfección, lo que me temo es que a Telecinco a veces es complicado verlo porque se esconde detrás de un inmenso montón de algas“. “¿Nalgas?”, preguntó el perro en plena época de las Mamachicho. “No, algas”, replicó Serrador: “se esconde tras cosas muy verdes, demasiado verdes. Y es lamentable que lo haga así”, remató.

Un retrato hábil y fiel a su momento, pero también extrapolable para entender el presente de unas cadenas que arrastran ciertos complejos que tan inteligentemente bien insinuó Chicho Ibáñez Serrador hace más de dos décadas.

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@borjateran

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TVE salva El Ministerio del Tiempo: tendrá tercera temporada

14:00 - Autor:

Confirmado. Se terminó la (larga) espera, una espera cargada de miedos y angustias con la sombra de cancelación planeando por una audiencia acostumbrada a los finales abruptos de las buenas series nacionales.

Pero no, El Ministerio del Tiempo continuará en Televisión Española con una tercera temporada en la que verá como aumenta su presupuesto. Así, la ficción podrá crecer en tramas, pues para mantener la calidad de El Ministerio se necesitaba ya dar un salto más ambicioso. Incluso con más posibilidades de rodaje, que hasta ahora estaba demasiado centralizado en Madrid –con las limitaciones que eso conlleva-.

De esta forma, el consejo de administración de TVE ha salvado una ficción que ha dado en la diana del significado de cadena pública a la hora de retratar un país a través de esa imaginación inquieta que hace pensar, despierta inquietudes y, sobre todo, juega con la creatividad cómplice del espectador. Sin condescendencias.

TVE necesitaba El Ministerio como producto en el que la sociedad entiende la inversión de una cadena pública. Porque la sociedad se sentirá orgullosa de Televisión Española cuando movilice a la industria audiovisual sin medias tintas en lo que a ideas se refiere. Como ha sucedido con el fenómeno ministérico. Sin miedo a lanzarse a la piscina de la innovación, la exploración de la creatividad como motor cultural y la investigación de las nuevas narrativas.

Porque el consumo de la televisión está cambiando para siempre. Aunque, eso sí, lo que no variará nunca es la esencia de la televisión pública: invertir en contenidos que narran historias para retratar su tiempo, historias que aprenden de su pasado y perduran en el futuro para enriquecer nuestra sociedad a través del intangible de las (buenas) ideas.

Y eso lo ha logrado El Ministerio, producida en colaboración con Onza Entertainment y Cliffhanger TV y creada por los hermanos Javier y Pablo Olivares, con guiones de un equipo liderado por el propio Javier Olivares y Anaïs Schaaff, sin olvidar a los directores, encabezados por Marc Vigil. En otra cadena del actual sistema comercial hubiera sido imposible un proyecto de estas características. Los funcionarios ministéricos aún cuentan con mucho trabajo para ilusionar desde su ventana en abierto desde TVE.

@borjateran

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‘La Voz 4′: lo mejor y lo peor del retorno del talent show de más éxito en Telecinco

1:16 - Autor:

  • El programa ha regresado con 3,3 millones de espectadores y arrasando en cuota de pantalla, con un 28,7 por ciento de share, ya que empezó a las 23.00 (22.57 de la noche) en franja de menor competencia televisiva.

No cambies aquello que funciona. Esa es la consigna que han debido pensar los jefes máximos de Telecinco a la hora de afrontar la nueva temporada de La Voz. Porque todo sigue prácticamente igual. Todo, menos las rojas sillas giratorias, que han sido cambiadas por otras más ergonómicas. Mejor, pues las anteriores parecían obra de una clase de pretecnología de sexto de EGB y no estaban a la altura de la espectacular escenografía de las versiones internacionales del famoso talent show.

Un talent show que funciona por una dinámica contundente, que deja pegado al espectador. ¿Se girarán o no se girarán los coaches? Porque, paradójicamente, los protagonistas del programa no son los cantantes que van a la conquista del triunfo con su voz a través de una audición a ciegas. El foco de atención recae en el jurado.

Y la productora Boomerang pinta muy bien la mirada de estos jueces. Sus comentarios, sus expresiones, sus chismorreos, sus piques, su humor. Es lo mejor de lo mejor del show: el humor de Alejandro Sanz, el regreso de la campechanía macarra de Melendi, la conexión de perfil más juvenil de Manuel Carrasco y la empatía (o antipatía) que despierta la inamovible Malú, ya resabiada de su función de jueza. Los cuatro tienen desparpajo, aunque sus argumentos para seleccionar a los concursantes son repetitivos y se echa de menos el apoteósico instinto del show de Laura Pausini, que se se fue para no volver. Como decía su canción.

Al final, en La Voz los cantantes son importantes. Muy importantes. Pero no lo más importantes. Se trata de un show de emociones que Telecinco ha sabido encajar a su imagen de cadena. Una reconocible identidad que ha construido en los últimos años, donde se prima los personajes con historia personal -sensible, sentimental, curiosa, de superación o de impacto- pero, al mismo tiempo, esa misma historia no se suele enriquecer con valiosos elementos que van intrínsecos a la televisión: como la escenografía o la iluminación (España es uno de los países con peor puesta en escena de todos en los que se produce el sello The Voice).

Esa es la asignatura pendiente y lo peor de La Voz: falta sorprender al espectador usando también las posibilidades que surgen de la esencia de la televisión, con su luz (no solo luz plana de supermercado), con la escenografía, con la realización y no sólo con los habituales quejíos, palabro que, en la primera gala de la temporada, repitió Alejandro Sanz varias veces. Porque en Telecinco saben que los quejíos molan a su audiencia más fiel. Al igual que los tronos a lo Mujeres y hombres y viceversa, con los que también bromeó Sanz. Y es que, sentados sobre esos remozados sillones giratorios y rojizos de La Voz España, Melendi y Sanz podrían pasar por tronistas. Eso sí, tronistas con un magnético y salao carisma que no necesita marcar músculos para enamorar al personal.

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Los 7 inteligentes parecidos razonables entre ‘Sálvame’ y un viejo culebrón de sobremesa

21 septiembre 2016 - 9:44 - Autor:

Sálvame Naranja. Sálvame Limón. Sálvame Deluxe. Sálvame se ha convertido en una pieza clave para el éxito en la parrilla de Telecinco. El programa de Jorge Javier Vázquez, Paz Padilla, Belén Esteban y compañía mantiene sus buenos rendimientos de audiencia e incuso roza el codiciado 20 por ciento de cuota de pantalla. Lo logra con un formato de programa que es más que un magazine al uso. De hecho, cuenta con los trucos del viejo culebrón de sobremesa.

1. Músicas de tensión

Un buen culebrón va siempre aderezado con una inteligente selección musical para marcar la emoción del espectador. También Sálvame, donde suelen ser rápidos de reflejos a la hora de ir modificando la base sonora del show según lo que esté ocurriendo. Si hay que enfatizar en tensión, música de tensión. Si hay que evidenciar emoción, música ñoña. Aunque lo que esté contando el colaborador de turno no sea para tanto.

2. Golpes de sonido

Son importantes las famfarrias y efectos sonoros para recalcar los giros dramáticos, bombazos, exclusivas o declaraciones inesperadas durante el show. Como cuando se destapaban los asesinos en los culebrones de serie B y sonaba un buen “chimpún” para levantar (un poco) al espectador de su sofá. Aunque sólo fuera del susto del ruido.

3. El zoom

En la línea de perfilar la emoción en la cabeza del espectador, en una buena telenovela clásica, como Cristal, también eran cruciales los zooms. A lo Valerio Lazarov. En los momentos más intensos, se cerraba la imagen del plano a toda velocidad. Sálvame no abusa de este movimiento de cámara demodé (para no marear a su audiencia), pero sí sabe la importancia de los diferentes tipos de plano para dramatizar mejor una u otra situación. La emoción, por ejemplo, se retrata con más fuerza si se muestra la expresividad del convidado en un primerísimo plano.

4. Las apariciones estelares

En el culebrón tradicional se tiraba de apariciones estelares para no caer en la monotonía. Igual sucede en Sálvame. De hecho, el programa es hábil a la hora de inventarse juegos para incluso disfrazar a sus colaboradores de personajes pintorescos y crear situaciones delirantemente imaginativas. Ideas de guion para seguir sorprendiendo y no caer en la repetición que desgasta el interés del espectador. Como sucedía en las telenovelas con 2.345 capítulos, donde se rizaba el rizo del delirio. En Sálvame los personajes también evolucionan. Incluso las directoras pueden convertirse en presentadoras (Carlota Corredera). Incluso los propios colaboradores se pueden transformar en topos de la boda de un compañero (Jesús Manuel en la boda de Matamoros). Casi todos se convierten en personajes. Todos pueden ser sospechosos.

5. La comunicación no verbal

En televisión siempre es tan importante lo que se cuenta como lo que no se cuenta. Y los realizadores de Sálvame no se fijan sólo en la persona que está hablando, al mismo tiempo van mostrando las caras de reacción del resto de colaboradores, presentadores e incluso público en la grada. La expresividad de cada persona que pisa el plató sirve para dibujar con inteligencia e instinto del espectáculo la percepción de la historia en el espectador.

6. Las entradas y salidas del decorado

El decorado del buen culebrón tiene muchas puertas para facilitar que pasen cosas. En Sálvame han ido más allá y aprovechan cada resquicio del plató. Todo Telecinco es su mansión de telenovela. Con sus pasillos, sus baños, sus salas vips, sus bambalinas, su asfalto… Y aprovechan cada elemento. El espectador cree que todo puede pasar, que no hay barreras en el estudio para el programa.

7. La repetición

Y, sobre todo, como en un buen culebrón clásico de sobremesa, en Sálvame se mastican mucho las tramas para que nadie se pierda y sea más que fácil reengancharse. Te puedes perder 300 capítulos que pillas rápido lo que sucede en un plató en el que son adictos al drama pero en donde también entienden la importancia de reírse de sí mismos. Porque los viejos culebrones, no los de ahora, se reían mucho de sí mismos.

> La adicción a las miserias ajenas. Seis claves del éxito de ‘Sálvame’

@borjateran

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Borja Terán, editor

"Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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