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De ‘Farmacia de Guardia’ a ‘Tu cara me suena’: Antena 3 cumple 25 años creando televisión

23 enero 2015 - 9:37 - Autor:

Antena 3 nacía un 25 de enero de hace 25 años. La primera televisión privada española arrancaba tras su exitosa versión radiofónica, la desaparecida Antena 3 Radio, y desde la ciudad madrileña de San Sebastián de los Reyes. Alrededor de su sede, que había ocupado hasta entonces una empresa farmacéutica, no había nada. Sólo campo abierto. Como ocurría con el propio panorama catódico en aquel 1990.

Se abría una nueva etapa tras décadas de monopolio de una cadena pública que vivía la resaca de ‘la movida’ de los ochenta, que fue cuando TVE experimentó la creatividad en su máximo esplendor. Pero los comienzos nunca fueron fáciles. Y Antena 3 se equivocó en sus primeros tiempos, pues intentó reproducir radio en la pequeña pantalla. Y no, no era lo mismo. Por suerte, esa percepción pronto cambió.

Farmacia de Guardia, Lo que necesitas es amor, El Juego de la Oca, Lluvia de Estrellas, Sorpresa sorpresa, Menudo es mi padre, Compañeros, Los Hombres de Paco, Aquí no hay quien viva, Espejo Público o Tu cara me suena son algunos de los espacios más carismáticos de Antena 3. Un canal que ha crecido con su propio país, aprendiendo de errores, hasta consolidar una atractiva imagen de marca que conecta con la confianza de un interesante target de audiencia.

Ahora, sin embargo, el reto es ampliar aún más ese target ganado a pulso. A través de más formatos de entretenimiento inteligente y sin tabúes sociales, así como con más horas de directo, fundamentales para las cadenas que quieren ser referencia del día a día. De hecho, durante su historia, Antena 3 fue la primera privada en apretar más veces las tuercas a TVE. Contaba con rostros identificables y con programas que no escatimaban en espontaneidad. Pero, diferentes decisiones empresariales, sobre todo con un cambio accionarial a partir de 1997, que pretendió crear un gran grupo de comunicación que imitaba la estructura de una colosal televisión pública, difuminó el proyecto que empezó a ir, demasiado a menudo, a rebufo de su principal rival.

Pero todo cambió en 2011. La cadena decidió volver a consolidarse como una alternativa con identidad propia. Lo consiguió. Su audiencia se fortaleció gracias a una estrategia de programación que ha mimado tanto el contenido como el continente. Desde las cortinillas de paso a publicidad hasta la producción de ficción. En este sentido, Atresmedia, matriz de Antena 3, se ha convertido en el referente de series de prestigio. Ha dado un paso más allá en las producciones nacionales, convirtiéndose en una televisión más atrevida. Lo logra sin perder la perspectiva del sentido de una emisora generalista.

Un trabajo que no sólo ha sido fruto del área de producción de ficción, también de los responsables de comunicación e imagen corporativa, sabiendo divulgar sus nuevos proyectos con una mirada propia que no se queda en el tópico. De ahí que casi todos los estrenos de Antena 3 congregan audiencias fuertes. El problema viene después, al comprobar si los productos enganchan o no. Pero la identidad de marca es muy importante.

También en informativos, donde la cadena ha apostado por la innovación visual gracias a una dinámica realización que trabaja las infografías y los movimientos de cámara, que dan más riqueza a los planos de las presentaciones de las noticias. Esa es una de las grandes fortalezas de todos los canales de Atresmedia: la inversión en la identidad propia. No sólo en programas, también en sus canales con marcas diferenciadas. Es un grupo que ha demostrado que un canal como La Sexta puede mantener un visible carácter propio tras una fusión. Sin olvidar, la conciencia social. Porque la televisión se hace para la gente.

Hay que reconocer que Atresmedia no se ha conformado sólo con el dato de audiencia y ha desarrollado proyectos paralelos, que suponen una inversión económica importante a la que nadie obliga, pero que compromete a la cadena con su sociedad. Ahí están la Fundación Atresmedia, con su canal específico para niños enfermos en hospitales, la campaña Ponle freno, con la vista puesta en la seguridad vial, o Crea Cultura, atreviéndose a iniciar un necesario debate sobre la problemática que suponen las descargas ilegales y la necesidad de proteger la sostenibilidad de la cultura.

Han emprendido, por tanto, un difícil camino de imagen de marca que también se complementa con la trayectoria en radio del grupo de comunicación. Onda Cero es su emisora principal, que ha apostado por espacios como el de Julia Otero. La comunicadora ha logrado otorgar un ritmo inteligente, vanguardista y periodístico a un panorama radiofónico que venía con un herencia estancada y engolada. Otero arriesgó apostando por su personalidad propia, una vez más. Esa personalidad propia define lo éxitos de Atresmedia de los últimos años, también en Antena 3: cuando se atrevió a dibujar su propio sendero sin querer parecerse a nadie ni a nada. Siendo traviesa y, al mismo tiempo, cómplice.

De ahí el éxito de productos tan exportados como El Tiempo entre costuras o Tu cara me suena. Estos espacios van por libre y rompen tópicos. Y ese es el mejor horizonte para abrazar el éxito: esquivar la tele de usar y tirar y hacer televisión en su máxima expresión. En contenido y forma, en realización, en iluminación, en escenografía y en ideas sin complejos. Sin complejos. Porque cuando hay complejos y se está más pendiente del rival que de ti mismo, la cosa difícilmente evoluciona para bien. Y en esa televisión que ha hecho televisión, y no sucedáneos, están los grandes éxito de la historia de Antena 3. De Farmacia de Guardia a Tu cara me suena. Felices 25.

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Crisis de creatividad en televisión: ¿se ha agotado la fórmula del éxito de los talent shows?

22 enero 2015 - 2:19 - Autor:

El auge de determinados géneros televisivos es cíclico. En los últimos años, parecía que Gran Hermano ya había tocado techo. En cambio, esta temporada GH está imparable y rompe audiencias. Belén Esteban (y su incontrolable espontaneidad) sigue propulsando el share. Ha cambiado, de nuevo, el escenario catódico y ya existe cierta percepción de que el género de los talent show (donde se premia el talento), que había resurgido, se está agotando. Más aún cuando, también a nivel internacional, hay una crisis de formatos novedosos en el mercado: nadie encuentra una nueva fórmula de éxito que revolucione el archivisto enfrentamiento de artistas y jurados.

Pero esa sensación de que se ha agotado la fórmula del talent show es falsa. Se ha desgastado la manera de hacerlo, ya que no ha evolucionado en demasía en los últimos veinte años. Al contrario, sólo se ha intentado imitar una y otra vez métodos ya vistos.

No obstante, el talent show aún es vital para la competitividad de las grandes cadenas generalistas. Y más hoy en plena expansión de las redes sociales. Los talent son el género perfecto para propiciar la experiencia colectiva del comentario en Twitter o Facebook y conseguir, así, que se hable de las cadenas, fomentando una imagen de canales vivos. Por tanto, las posibilidades del género no han caducado y aún puede ser una alternativa interesante a los realities, como Gran Hermano o Supervivientes, que sí han sabido actualizar contenidos para dirigirse a su audiencia objetiva. Ese es el camino que deben encontrar también los talents: encontrar a su público perdido, huérfano de productos comprometidos con su tiempo, que es incluso a nivel publicitario más interesante que el de otros shows.

LA IMPORTANCIA DEL DIRECTO

De hecho, para una gran cadena generalista, el entretenimiento en formato talent y reality es más eficaz que otros géneros pregrabados, con una puesta en escena más montada y ficcionada, como puede ser el docushow o el docureality, Nuestra cultura televisiva sigue estando marcada por la gala tradicional con estructura de directo, que se alarga hasta bien entrada la noche. En canales como Cuatro o La Sexta sí funcionan muy bien formatos más editados como Quién quiere casarse con mi hijo o Pesadilla en la Cocina, pero no todos los públicos entienden esta estructura. Se ha evolucionado en este sentido con ejemplos como TopChefMasterChef, donde la escaleta reproduce la de un show en directo sin serlo, por las propias necesidades de los tiempos gastronómicos. Aún así, MasterChef en España sigue apostando por lo tradicional al contar con una presentadora, algo que no ocurre en otros países donde se bastan con los cocineros. Y es que la presentadora aporta sensación de directo, lo cual siempre da a los productos un plus de dinamismo e imprevisibilidad fundamental para sustentar el interés en una gran cadena.

Por otro lado, el poderío de Pequeños Gigantes o La Voz (este 2015 con la expectativa generada gracias al fichaje de Alejandro Sanz y Laura Pausini) demuestra que el género del talent show continúa en auge. También Tu cara me suena, y eso que le faltó sorpresa a su última edición con niños. La sorpresa. Esa es la clave que escasea en nuestra televisión y supone la frustración a la hora de generar alternativas de programas de entretenimiento en prime time, En Tu cara me suena mini los críos no imitaban y el casting adulto, repescado, estaba muy visto. Faltó sorpresa y espectáculo, pues. Aunque, aún así, aguantó el temporal manteniendo casi dos millones de fieles frente a Águila Roja y GH. El espacio, ideado en la factoría Gestmusic, sigue siendo un valor competitivo.

LA DIFICULTAD DE ARRIESGAR EN NUEVOS FORMATOS

Las miserias de las vidas ajenas arrasan en la pequeña pantalla. Es evidente. Eso es lo fácil. Pero no sólo de Belén Esteban y Paquirrín vive la televisión más rentable que, además, también tiene una responsabilidad social con un país que debe poner en valor el esfuerzo y no la picaresca. En ese sentido, deben existir todo tipo de contenidos para todo tipo de audiencias y anunciantes. Y los responsables de las cadenas deben frenar la espantada de un interesante público que está perdiendo la ilusión en la tele tradicional.

¿EL ESPECTADOR PREFIERE EL MORBO AL TALENTO?

Los shows de entretenimiento que han intentado marcar la diferencia al morbo no han funcionado porque, en la mayoría de los casos, se han hecho mal: la audiencia los sentía prefabricados, obvios y descafeinados. Los talent funcionan y seguirán funcionando cuando el público se sienta partícipe de verdad (las redes aún no se han exprimido realmente) y no se queden sólo en el conflicto evidente, el casting ‘identificable’, el repertorio musical de 2001 y la emoción forzada. El secreto es no ser conservadores. Es un error hacer un formato mezclando las cuatro ideas que ya hemos visto e infravalorar constantemente la inteligencia del espectador, que agradece la complicidad, lo desconocido y el riesgo.. Hay que atreverse a poner patas arriba los shows de entretenimiento y sus normas. Ilusionar con espontaneidad real y no tener miedo a que alguien se salga del guion.

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Las 4 artimañas de ‘¿Quién quiere casarse con mi hijo?’ para convertir la realidad en una telecomedia

21 enero 2015 - 8:03 - Autor:

¿Quién quiere casarse con mi hijo? es el triunfo de la creatividad en el género de la tele-realidad. No es un programa de buscar pareja, no es un reality de convivencia: es una telecomedia del absurdo que se construye a través de un casting delirante que conecta con la complicidad de la audiencia. Lo consigue gracias a un constante flujo de guiños con el espectador, que es el último que participa en el programa al crear su propio chascarrillo, meme o gag en sus redes sociales personales.

¿Qué artimañas televisivas utilizan en el programa de Cuatro para conseguir ese surrealismo televisivo? Desgranamos cuatro trucos que pueden convertir a cualquier persona en el tróspido más friki.

1. Saber buscar.

El programa de Cuatro no sólo abre teléfonos y espera a que llamen fans de la tele, ansiosos de fama, para participar en el casting. Los responsables del formato también buscan activamente a sus ‘cobayas’ en las redes sociales. Twitter, facebook y, muy especialmente, Instagram (la aplicación de fotografías) son plataformas perfectas para dar con los perfiles de personajes que necesita el show. Por ahí contactan con posibles aspirantes a ¿Quién quiere casarse con mi hijo?. Porque las redes tienen mucho de reality a la hora de mostrar el infinito mapa de las personalidades humanas.

2. Grabar sin pausa.

No apagar nunca la cámara. En ¿Quién quiere casarse con mi hijo? se graba todo: antes, durante y después. Saben que, en cualquier momento, los diferentes personajes pueden hacer un comentario aprovechable o lanzar una mirada de desconcierto. Cualquier detalle es crucial para dibujar y reinventar las personalidades de los protagonistas en el montaje final. Incluso los instantes previos de la grabación son muy útiles para enfatizar los caracteres de los participantes. Cuando se relajan, cuando suspiran, cuando no están a la defensiva, cuando se sorprenden… El espacio no tiene guionistas como tal. El proceso de producción es al contrario al de una ficción. Aquí se acumulan horas y horas de grabación para, después, crear una historia cómica al unir, como si fuera un puzle, los mejores momentos de todo el material rodado con las diferentes acciones del casting. Lo que requiere un exhaustivo trabajo de redacción, minutado de las imágenes y edición final. Para contar una historia desternillante.

3. Imaginar sin cortapisas.

El principal secreto del éxito de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? es que no es un programa obvio. Conecta con el imaginario colectivo de la audiencia a través de guiños en las músicas, los rótulos o las puestas en escena. No se queda sólo en el conflicto fácil de la discusión acalorada o poligonera. Al contrario, desprende un gran talento a la hora de jugar, sin ningún miedo, con las ideas. De esta forma, la productora del espacio no tiene temor a sacar de contexto imágenes, miradas y declaraciones (incluso sílabas sueltas) para crear un gag que, en realidad, no sucedió. No pasa nada, el formato lo permite. Se cortan y pegan momentos que crean otro momento, mucho más divertido. Y para lograrlo se van poniendo a prueba las emociones de los participantes, proponiéndolos diferentes planes o actividades, que no son más que la excusa perfecta para que sucedan cosas. Llevarles a un viaje, incitar una cita, recomendar una vestimenta para aparecer en una trama…

4. Y un poquito de alcohol.

Si nos fijamos en algunas secuencias del primer programa de esta temporada de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, las mesas están llenas de botellas. Y no son botellas de agua. El alcohol desinhibe y este formato, como casi todos los de tele-realidad, invitan a la desinhibición con unas cuantas copas. Para que se suelten. Para que se dejen llevar. Para que pase lo que tiene que pasar.

Aunque, al final, en la televisión tróspida esas botellas no son lo más importante. Lo más importante es la experiencia colectiva de reírnos del surrealismo de nuestros congéneres y, en definitiva, de reírnos de nosotros mismos. Porque prácticamente ninguno pasaríamos la prueba del rodaje de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?: las artimañanas de la tele pueden convertir a cualquiera en tróspido, incluso al espectador más soso. Por eso mismo, por soso.

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Los políticos y la televisión: ¿es más eficaz hablar en ‘El Hormiguero’ que en el Congreso?

7:25 - Autor:

Uno de los shows de entrevistas más icónicos de la historia de nuestra tele, Lo + plus, tuvo una regla básica en sus primeros años de existencia: no invitar a políticos. Aunque a los propios políticos no parecía importarles demasiado esa regla de juego, pues los líderes de los partidos españoles siempre han tenido cierta fobia a los shows de entretenimiento de la pequeña pantalla. No se salían del guion de la visita al programa informativo.

Pero ese miedo ya se ha ido perdiendo. Muy poco a poco. Y, ahora, es cuando está siendo más habitual que los políticos pisen platós de entretenimiento e incluso se atrevan a subir literalmente a lo alto de molinos de viento con el aventurero Calleja. Otra de las citas obligadas es El Hormiguero. Pedro Sánchez, Rosa Díez o Albert Rivera, anoche, han pasado por la mesa en la que se esconden Trancas y Barrancas. A Pablo Motos se le resiste Rajoy. Aunque, cuidado, estamos en el arranque de una precampaña que se jugará en la tele.

El auge de Pablo Iglesias está empujando a las formaciones políticas a buscar nuevas vías de acción. Las redes sociales son cruciales, pero más aún la televisión que todavía es el medio de masas por excelencia. Y determinados líderes buscan programas complementarios a los de Telediarios y tertulias. El Hormiguero es perfecto al mostrar el lado más próximo, amable e inaudito del propio protagonista. Al final, una parte del público se identifica más con la causa de un político que demuestra cercanía apareciendo en shows de competitivas audiencias. Como hacen las estrellas de Hollywood.

¿Es, por tanto, mejor hablar en El Hormiguero que en el Congreso? Es eficaz para ampliar votantes, pero no es siempre es efectivo para fortalecer la credibilidad como político. Los estrategas del marketing de la política deben encontrar el punto exacto en el equilibrio de la participación en el entretenimiento catódico para no desvirtuar la imagen de su líder. En ocasiones, se corre el peligro de que no calen las propuestas políticas de fondo para sólo comentarse los programas a los que acude el líder de turno. No es el caso de Albert Rivera que sabe utilizar los engranajes de la televisión en su medida. Y El Hormiguero le sirvió para ganar confianza. Aunque fuera con un debate frívolo. Cosas del show business.

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‘El Legado’: ¿el nuevo concurso de TVE es un éxito o un fracaso?

20 enero 2015 - 16:00 - Autor:

Este lunes, TVE ha estrenado El Legado. La primera gran apuesta para las tardes de La 1. El programa logró un 6.1 por ciento de share y 775.000 espectadores, subiendo ligeramente la cuota de pantalla de otros lanzamientos de TVE en los últimos años en esa franja (como T con T, Letris, España directo o incluso Saber y Ganar).

Un dato que se enmarca en la pobre media de las tardes de la cadena pública. Y es que el concurso de Ramón García ha llegado haciendo honor a su nombre, sufre el legado de un debilitado horario en la que el espectador ni coge el mando a distancia para ver qué ponen en La Primera.

La audiencia parece haber perdido la curiosidad de cambiar a La 1 para ver qué ponen en la franja de tarde. No depende tanto del producto, como de volver a generar la costumbre perdida de que el entretenimiento y la actualidad también pasa por las tardes de TVE. Ramontxu lo sabe. También la dirección de los contenidos de entretenimiento de Televisión Española. Por eso han confiado en la experiencia e intuición de García para cambiar la tendencia, como ya hizo con las Campanadas.

Pero, para cambiar la tendencia, hace falta tiempo. Paciencia. El público debe ir conociendo El Legado. Y la evolución del share será clave. De ahí que aún es imposible de realizar en términos numéricos un análisis de si El Legado es un éxito o un fracaso. El interés del público en un estreno de estas características se analiza en perspectiva, con el rodaje y evolución de los programas.

No obstante, la primera edición de El Legado, con detalles por pulir, sí dejó claro que es un buen formato para La 1 de TVE. Cuenta con pruebas entretenidas, creativas y muy dinámicas, con las que es fácil jugar desde casa. Además, tiene un trasfondo cultural interesante para esa franja horaria de la cadena pública. En definitiva, apunta maneras de buena alternativa.

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La pluralidad artificial de TVE: cuando es difícil creer en la independencia de una TV pública

7:00 - Autor:

Libertad de expresión. Todos se creen defensores de la libertad de expresión, tan clave en la salud de la democracia. Ahora más que nunca. Incluso los líderes políticos se manifiestan por la defensa de la libertad en actos públicos. Todos los partidos. Oposición y Gobierno. Sin embargo, en el día a día, la realidad contradice los titulares grandilocuentes y comprobamos que un medio que debería ser estandarte de esas libertades, como es la televisión pública, ha perdido su audiencia porque también ha perdido la consistencia de esa libertad plural que todos dicen defender.

¿Somos más libres que hace diez años? No sabemos si la sociedad lo es, pero está claro que TVE no. Desde 2012 no han cesado los cambios por motivos ideológicos en el viejo ente. En los últimos meses aún más, ya no sólo en informativos: incluso programas de entretenimiento han abandonado a rostros cruciales a la hora de dar espontaneidad al show. Así ha sucedido con Loles León. Resultado: la tertulia Amigas y Conocidas, sin la popular actriz, no cuenta con el mismo interés y se ha derrumbado a ínfimos datos de share.

Tampoco se salvan en los centros de producción de fuera de Madrid, Cristina Puig (en la foto), reputada periodista de TVE Catalunya, profesional indefinida de la cadena, ha sido enviada a la oficina de empleo por un despido disciplinario, que se ha debido a “su reiterada conducta frente a las instrucciones de la dirección sobre el modo de desarrollar sus funciones de presentadora, conducta que se traducía en constantes objeciones a las instrucciones recibidas, negativa a seguir las directrices relacionadas con el modo de efectuar ciertas grabaciones“. Puig se salía del guion preestablecido, del guion dictado. Porque el buen periodismo, el periodismo honesto, nunca se escribe al dictado. Con estas decisiones es, por tanto, difícil creer en la independencia de una cadena pública.

De ahí que TVE haya perdido cualquier atisbo de interés por parte de la audiencia. Ya no tiene casi rostros carismáticos, porque la personalidad propia siempre suele venir ligada a un carácter que consigue regenerar el anodino guion que establecen aquellos que aún creen que el control informativo sirve para algo, sin darse cuenta de que vivimos tiempos en los que la audiencia sabe encontrar la información verdadera aquí y ahora y en múltiples soportes.

Los espectadores de hoy necesitan periodistas que les ayuden a digerir ese caudal de información con credibilidad y mirada propia. Ahí debería estar el valor de TVE como cadena pública que ya no tiene que competir en la devoradora batalla de las audiencias y la publicidad. Sin embargo, tiene un peliagudo enemigo en casa: una desfasada gestión de la propaganda política que parece no querer poner a España a la altura democrática de otros países europeos. Ni en Inglaterra, ni en Francia, ni en Alemana sucede esto de forma tan evidente en sus canales públicos. Los gobernantes saben que las cadenas públicas son vitales para impulsar la riqueza de un país, riqueza económica y riqueza de ideas. Porque la primera no es posible sin la segunda. Y ahí la televisión pública, si se utiliza bien, puede ser una gran factoría que dinamice el talento de un país.

Pero, en cambio, la programación de TVE, salvo alguna que otra buena excepción, cae en el informativo previsible y en el programa encorsetado. Brillan por su ausencia los espacios de entrevistas en horarios de máxima audiencia (inconcebible), y si los hay los escondemos, no vaya a ser que alguien diga algo que no deba. Tampoco hay productos que exploren en los intereses de las nuevas generaciones, que ya no entienden para qué sirve La 1, La 2 y el Canal 24 Horas. Si acaso, Teledeporte.

Y mientras tanto da la sensación de que todos somos cómplices de la forma en la que TVE ha dejado de ser referencia. Nos parece “normal” que suceda esto en 2015. Nos autoconvencemos diciendo: “pasa siempre igual, todos los partidos lo hacen“. En cierto sentido, es verdad, lo han hecho todos los partidos.

Pero la realidad es que ya se han conocido unas informativos más libres, más plurales, más rigurosos y más próximos. Los que trabajan en TVE lo saben, e hicieron sentadas, hace poco, en defensa de la televisión pública. Pero no cambió nada. La movilización se silenció. Quedó como una foto que era más que una foto: un símbolo de que la sociedad sí avanza aunque, a veces, no lo parezca. Y es difícil ser valiente cuando te puedes quedar sin tu puesto de trabajo. No son buenos tiempos para la valentía, pero sí que lo son para esquivar la censura (y la autocensura) a toda costa y poner en valor la televisión pública.

Porque no es un espejismo: existen periodistas independientes, existen realizadores independientes y existen televisiones públicas independientes. Porque las televisiones públicas deben de ser plurales, como la propia sociedad. Es su principal obligación. Así son en los países que confían en la gente, toda la gente, como aliada de los proyectos comunes. Esa es la diferencia.

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Imputados, Ni-Nis, Paquirrín… El asesinato del talento en prime time

19 enero 2015 - 8:35 - Autor:

Kiko Rivera, hijo de la condenada Isabel Pantoja, fichado por Gran Hermano VIP; Sonia Castedo, la alcaldesa imputada, fichada por Un tiempo Nuevo; La Pechotes, amiga (y experta en selfies) del Pequeño Nicolás, contratada por Todo va bien

La televisión hace mucho tiempo que dejó de premiar la perseverancia, la honestidad, el esfuerzo y el talento. Más bien, parece que los grandes cachés premian lo contrario: la picaresca nacional. Ya no se necesitan horas y horas de preparación para lograr aparecer en un programa de éxito. Cuanto más desconocimiento del medio y más manipulable seas, incluso mejor para conseguir que te fichen.

Una crisis de valores, fruto de maratonianas jornadas de una programación que busca el dato más fácil de share. No siempre se logra. Sólo cuando el protagonista conecta con el deporte nacional: el cotilleo de patio de vecinos que a una parte del público indigna, a la otra enerva y con la que una inmensa minoría se identifica. Pero la cuestión es que, en muchos casos, este patio de vecinos televisivo funciona y es rentable.

Y ese es el problema: existe cierta audiencia que termina idolatrando a determinados protagonistas con cuentas abiertas con la justicia. De hecho, hasta se recibe con vítores en platós a personajes turbios como el Pequeño Nicolás. Desolador. Ya existen generaciones que no conocen la tele más creativa, aquella que se construía con interminables jornadas de ensayo, ideas y trabajo. A estas generaciones se les transmite que triunfar en la vida significa que te seleccionen en un reality o acostarse con el ex de la hija de una folclórica que, a su vez, está encarcelada. Porque si lo haces, el Sálvame Deluxe, como mínimo, lo tienes asegurado. Al mismo tiempo, para otros espectadores, sin embargo, poner un canal como Telecinco equivale a preguntarte con perplejidad: “¿pero quién es ese y por qué le están entrevistando durante horas?”.

RENTABLES JUGUETES ROTOS

No sirve de nada estudiar una carrera. Ni prepararse en un estudio de actores. Ni forjarse en la radio. No. Una parte de la sociedad empieza a tener la percepción de que sólo hace falta enrollarse con alguien o corromper algo para ser fichado con bombo y platillos. O participar en Mujeres y hombres y viceversa. O desnudarte en una isla…. O simplemente tener buena percha, aunque no sepas ni hablar. Total, enseguida van a considerar que eres lo suficientemente VIP como para que te fichen en un reality de supuestos VIPs. Y así todos estos programas se nutren los unos a los otros en un micromundo de indudable rentabildad.

Lo que las víctimas sociales de este tipo de televisión no saben es que esta fama, salvo excepciones (Belén Esteban es un fenómeno aparte), es inevitablemente efímera, que sólo construye juguetes rotos y que los destruye cuando ya no sirven para propulsar la cuota de pantalla. Te usan y te tiran. Sin compasión.

A nivel televisivo, nadie discute que GHVIP, por ejemplo, es formato muy bien hecho para enganchar al público. También Sálvame. Sus responsables sí que cuentan con mucho talento para crear este magnético universo televisivo. Y España es un país enganchado a esta forma de entretener en la tele. Por algo será, entretiene y no deja indiferente. Pero esa tele con gancho será mejor si contextualiza las circunstancias y premia la honestidad por encima de la trampa.

Deben existir todo tipo de formatos y el espectador debe también poder elegir. La pequeña pantalla ya tiene casi 60 años en España. No hay que ser mojigatos. La tele, como la sociedad, debe ser plural. Debemos tener formatos para todos los gustos. Pero la televisión también ha de ser comprometida con su sociedad y su futuro. Y no quedarse en el todo vale por la audiencia porque eso se puede convertir en un peligroso efecto boomerang.

ESTAR EN BOCA DE TODO EL MUNDO ¿A CUALQUIER PRECIO?

Gran Hermano es un formato redondo. Y su canal, Telecinco, es la plataforma perfecta, pues está en boca de todo el mundo y tiene a la gente adecuada para dar ese juego. Eso es clave en su éxito. Pero sólo hay que darse una vuelta por el mando a distancia de otros países para sorprenderse y darse cuenta, con envidia, de que la diversidad en los programas de entretenimiento es posible. Más allá de lloros, conflictos poligoneros, bolos de discoteca, sobredosis de cantantes del lerele y emociones de corchopán. Necesitamos alternativa competitiva real en programas de entretenimiento. Y ahora mismo no existe. En ninguna cadena.

No puede extenderse la percepción de que la audiencia española sólo consume espacios que fichan lo peor de cada casa. Eso es simplemente falso. Pero lo cierto es que este tipo de tele hace mucho ruido, está anulando la creatividad (y a sus cadenas rivales, sin capacidad de reacción) y fomentando el sentimiento de que el público sólo valora el morbo exprés. Ver a Kiko Rivera tirado en un sofá, creyéndose cantante, o a Víctor Sandoval sobreactuando en su espera a la aparición de Nacho Polo (que llegará). Tramas adictivas para muchos, sin duda, muy bien contadas, sin duda, pero ya estiradas en demasía. ¿El espectador español sólo quiere esto? Como diría el polígrafo de la verdad de tu vida: eso es… mentira.

Más allá de todo este fast food catódico, no nos cabe duda de que en la televisión seguirá triunfando la espontaneidad, la imprevisibilidad, la creatividad y la sorpresa. Si se hace bien. Y si viene con talento verdadero arrasará. En todo tipo de géneros. Ese debe ser el (único) camino. Un camino en el que se puede jugar, ser traviesos, ser políticamente incorrectos e incluso feroces pero en el que jamás deberían tener cabida los imputados por la justicia como Sonia Castedo que, en realidad, no sirven ni para subir el share. Espantan a la audiencia con una indignación que corre en busca de otras ventanas al entretenimiento. Es el momento de apostar de verdad por ‘un tiempo nuevo’. La televisión se puede querer un poco más a sí misma.

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El día que Martes y 13 ‘torturó’ a Ramón García en TVE (VÍDEO)

18 enero 2015 - 16:39 - Autor:

Ramón García es el presentador español con más concursos a sus espaldas. En total, 16. Su primer trabajo en TVE fue de la mano de No te rías que es peor. Un clásico.

Luego encadenaría numerosos formatos con los que se convirtió en uno más de la familia. ¿Qué apostamos?, El Grand Prix del Verano o Todo en familia triunfaron con ayuda de la rapidez de reflejos, instinto y habilidad de Ramontxu, que controlaba cada movimiento de la maquinaria pesada del plató, en directo, sin pinganillo y sin olvidar lo que necesitaba el espectador en cada momento.

Esta lunes, a las 19.00h., Ramón García vuelve con un concurso a la cadena pública. Se llama El Legado. Lleva triunfando 14 años en Italia y 4 en Francia, y cuenta con el ingrediente que propulsa este tipo de programas al éxito: plantea pruebas y preguntas que son fáciles de jugar desde casa.

Lo que no será tan fácil es ganar la batalla de las audiencias, pues es el primer gran producto con el que TVE intentará llamar la atención de un público que ya no pasa por La 1 en las tardes, una franja debilitada desde que se dejó marchar a Amar en tiempos revueltos a Antena 3 y que ha sufrido la pérdida de credibilidad de la cadena pública.

Difícil reto para El Legado, pero García está por encima. Es un valor seguro para TVE. Y en TVE lo saben. No obstante, se lo ha ganado a pulso: ha hecho de todo en televisión. Y siempre con personalidad propia. Incluso, fue torturado por Martes y Trece:

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La trampa viral de un director de cine al perder su esperada nominación al Oscar (VÍDEO)

2:55 - Autor:

Cada vez es más habitual grabarse frente al televisor en momentos decisivos. Si varias familias andaluzas alcanzaron la fama viral gracias a que se inmortalizaron mientras se quedaban sin uvas en Canal Sur, ahora es el director Sueco Ruben Östlund quien decidió ser grabado, junto a su productor Erik Hemmendorff, en el momento del anuncio de los nominados a los Oscar.

Él era protagonista especial de esta retransmisión, pues estaba en la terna final de los posibles nominados a Mejor Película Extranjera, por Force Majeure. Pero se quedó en el camino. Estaba cerca. Demasiado cerca de cumplir su sueño.

El vídeo transmite el nerviosismo del momento. De saber  si finalmente lo conseguirás. No fue así. Tras un abrazo emotivo inicial, se desmoronó. El ruido del teléfono multiplicó la tensión. Y todo quedó grabado. Un vídeo que plasma un supuesto retrato del estrés y presión que puede generar una candidatura a un Oscar. La desazón frente a un frío televisor. Pero, simplemente, se trata de montaje creado por el propio director, con guiño final a su película. Resultado: utilizar la viralidad de las redes sociales para dar a conocer su filme después de la frustrada nominación.

Una estrategia que muchos se han creído y que denota el poder de Youtube como herramienta promocional, por encima de las plataformas tradicionales:

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La sintonía de ‘Friends’ como nunca la habías visto: sin música y con los ‘ruiditos’ de los actores (VÍDEO)

17 enero 2015 - 3:21 - Autor:

  • Así sonarían los actores de ‘Friends’ si les quitáramos la música de la cabecera de la mítica serie.

La televisión que pervive en nuestra memoria es la televisión con personalidad. También en su sintonías, fundamentales como carta de presentación de cualquier programa, ficción e incluso informativo. Y si hay una careta reconocible con sólo ver o escuchar un segundo, esa es la de Friends.

En el arranque de la serie, los seis actores aparecen jugando en una supuesta fuente neoyorquina, que en realidad se encuentra en los Warner Bros Studios. Estos segundos sientan las bases sobre la que se construyen todas las tramas: la complicidad de unos chispeantes amigos dispuestos a comerse el mundo sin ataduras. Eso en teoría, porque si vemos la careta sin el lI’ll Be There for You de The Rembrandts, quedan en evidencia las absurdeces que hay que hacer para quedar simpáticos en la tele.

Este trabajo de ‘soniquetes’ de Friends ha sido realizado por House Of Halo, empresa de postproducción de sonido que se está especializando en ejecutar vídeos de este tipo, como ya ha hecho con Happy de Pharrell o All About That Bass de Meghan Trainor.

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Borja Terán, editor

"Soy periodista y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en televisión. En definitiva, tele y más tele, por deformación profesional y porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo audiovisual.

Esa curiosidad será el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro."

 

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