SEAT, “la única marca que diseña, desarrolla y construye coches en España”, como la ha definido su director de Comunicación Fernando Salvador, estrena estos días nuevas mecánicas para su gama de automóviles. En Top Motor hemos tenido la oportunidad de probar estos tres motores -dos gasolinas y uno de gasóleo- en algunos de los modelos. El resultado, interesante, muy interesante.

Un motor de gasóleo y dos de gasolina son las novedades que estrenan el Ibiza, el Altea y el Altea XL, el León y el Exeo -no todos los propulsores en todos los modelos, que quede claro-. Vayamos por partes.
El motor Diésel de dos litros de capacidad y 140 CV sustituye al anterior propulsor de la misma capacidad y potencia, pero que disponía de bomba inyector (ahora es common rail). Este ‘corazón’ late ya en el León, bien con caja de cambios manual de seis velocidad o bien con la transmisión automática DSG. También está disponible en el Altea, Altea XL (manual y automática también) y Altea Freetrack (sólo con la transmisión manual).
Respecto al anterior motor, se han reducido los consumos -hasta un 15 por ciento- y las emisiones, ahora es una mecánica más suave y con menos vibraciones y rumorosidad. Prueba del descenso en las emisiones de CO2 es que la versión 4×4 del Altea ahora tributa por un 4,75 por ciento de impuesto de matriculación, ya que homologa 155 g/km (hasta ahora estaba un escalón más arriba, el de 9,75 por ciento).
Los motores de gasolina son ambos TSI (Turbocharged Stratified Injection), uno de 1,2 litros de capacidad y 105 CV de potencia y otro de 1,8 litros y 120 CV. El más pequeño se monta junto a la caja de cambios DSG de seis relaciones en el Ibiza (en todas sus configuraciones SC -tres puertas-, cinco puertas o ST -familiar-) y el hermano mayor animará, de momento, al Exeo -tanto berlina como familiar-.
El TSI 1.2 sustituye al 1.6 TSI y le mejora en recuperaciones gracias a un dato de par motor más elevado y constante sobre todo entre 1.400 y 3.200 rpm. ¿Y esto, cómo lo nota un conductor? Pues sobre todo le confiere seguridad y confort de marcha. La combinación con el cambio DSG de siete velocidades es exquisita y convierte al Ibiza resultante en una propuesta muy interesante.
A pesar de que el recorrido con los coches ha sido breve -queríamos testear todos los motores en el máximo número de modelos posible-, hemos comprobado en un Ibiza de cinco puertas, que el “motor de acceso” a la gama de gasolina es una verdadera joya. No entramos a valorar si los consumos son contenidos o no -que es un aspecto muy importante-, porque no hemos tenido tiempo de comprobarlo, pero sí podemos afirmar que estamos ante una combinación sorprendente en lo que a confort de conducción y prestaciones se refiere.
Responde perfectamente a las insinuaciones del pedal derecho y sube de marchas vertiginosamente cuando se lo reclamamos. Quizás nos pueda parecer exagerada una transmisión de siete velocidades para un motor de apenas 105 CV, sobre el papel, sin duda lo es. Al volante, el resumen es sencillo: el DSG exprime al máximo el propulsor para dotar al conjunto de unas interesantes prestaciones.
Además de al DSG, este motor puede asociarse a la caja de cambios manual de cinco velocidades; en ese caso, se incorpora también el dispositivo start & stop y lo que obtenemos es la versión Ecomotive del Ibiza que está exenta del pago del impuesto de matriculación porque anuncia 119 g/km.
La última novedad, el 1.8 TSI, sustituye al anterior 1.6 de 102 CV y propone, nada más y nada menos, que 120 CV. Pero lo más llamativo es el incremento de par que se ha producido: de 148 Nm del anterior a los 230 Nm que anuncia este… y todo ello sin renunciar al ahorro de combustible (0,3 litros a los 100 km menos que la mecánica antigua) y en emisiones (un 10 por ciento menos).

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