Saltar al contenido

« ver todos los blogs

Una fotografía de nuestro sistema educativo: joven listo que se autocompadece

27 enero, 2012 - 20:07 - Autor:

El protagonista de este artículo tiene nombres y apellidos: se llama Èric Lluent, ha cumplido los 25, es periodista y ya cuenta con una legión de lectores cuyo respaldo moral se ha extendido como reguero de pólvora en internet.

No en vano, Èric ha conseguido algo muy difícil: aquello que los antiguos romanos conocían como “captatio benevolentie”, es decir, ganarse la simpatía del público. Aunque yo disienta de él, no me cabe duda de que Èric es listo y buen profesional. Demuestra valentía y afán de justicia. Además, escribe con soltura en un catalán muy fluido, con el que exhibe su indignación por cómo le trata el que califica irónicamente “el mejor sistema político y económico de la Historia”. Me permitirán que comente algunas de sus frases y pido a los expertos en la lengua de Ramón Llull que corrijan mi traducción ahí donde yerre. El artículo se titula “Yo también soy un nuevo pobre”:

“Me eduqué pensando que vivíamos en una democracia ejemplar y que todos éramos iguales y teníamos lo mismos derechos. Periodista de vocación, comecé a hacer colaboraciones y radios pequeñas, en la prensa local y bla, bla,bla…” (abrevio: a los 24 años se fue a Finandia “a buscar suerte”, pero tuvo que volver (no dice por qué). Está sin trabajo, sin prestación por desempleo, sin acceso a becas y con unos ingresos mensuales que rondan los 100 euros. Depende de lo que sus padres le pueden dar, por lo que se califica, sin avergonzarse, “de nuevo pobre”.

Como Èric está indignado con el mundo que le rodea, saca su látigo verbal y fustiga a los que él considera culpables de su destino. A saber:

- “un sistema político basado en el amiguismo y el privilegio”.

- “los profesionales que se venden a las empresas privadas (todas ellas subvencionadas por el Poder) contando historias manipuladas e interesadas, sin ninguna clase de independencia ni criterio (hablo de las noticias que nos tragamos dia tras día)”

Y como se siente víctima, concluye señalando al último responsable:

- “formo parte de una generación perdida que se ha quedado en la cuneta de una sociedad a la que identificamos como enemigo”.

En este punto debo ponerme de pie. Hasta ahí podíamos llegar. Porque debo enfatizar que un servidor, como parte de esta sociedad, no se siente culpable de lo que le pasa al joven Èric Lluent. Y menos su enemigo. Intuyo que a mis lectores les pasa lo mismo.

Lo que Èric ha descrito en pocas líneas, quizá inconscientemente, es la mentalidad de toda una generación. De ahí los numerosos apoyos. Una generación educada en el siguiente dogma: “si te pasa algo malo, la culpa es de otros” (y eso no siempre es verdad, ergo no debe constituirse en dogma).  Una generación no muy lejana a la mía, y en muchos aspectos coincidente, que  accedió a un mercado laboral español hundido por crisis económicas, con una tasa de paro por encima del 20 por ciento, pero…. -ojo al dato- sin haberle faltado nunca nada de lo que carecen otras generaciones jóvenes en lugares del planeta mucho menos afortunados.

-No nos ha faltado una seguridad social que cuidase nuestra salud y nos proporcionase un minimo bienestar.

-Nos nos han faltado, salvo casos extremos, tres tiempos de comida todos los dias, ni ropa digna para vestir, ni útiles de higiene para nuestro aseo personal.

-No nos han faltado posibilidades para estudiar, en algunos casos hasta los 23 o más años.

-No nos ha faltado el cariño de una familia. El mismo Èric confiesa que le ayudan sus padres, por lo que intuyo que su caso puede compararse al mio.

-No nos ha faltado libertad para quedarnos a vivir en este país o buscar suerte en otro (como él hizo durante un tiempo en Finandia).

-No nos ha faltado ocio para divertirnos ni para desarrollarnos personalmente.

-No nos ha faltado democracia para  elegir o cambiar a nuestros gobernantes, aunque no nos gusten, dejen mucho que desear y debamos luchar para que esta democracia adquiera cada vez más representatividad. En eso sí estoy de acuerdo con Èric Lluent.

-No nos ha faltado el derecho a mostrar nuestro desacuerdo con el estado de las cosas, en privado y en la calle.

En este sentido, que un ciudadano de 25 años pretenda hallar algún punto de comparación entre los que viven estos tiempos y los que sufrieron “la guerra civil o la dictadura”, me parece muy poco afortunado por su parte, por no decir ofensivo.

Mi joven colega emplea la palabra “pobre” con una ligereza que me induce a pensar que realmente, como sucede con la mayoría de nuestros contemporáneos, no ha visto un pobre en su vida. Es más: yo creo que ni se imagina lo que es un pobre de verdad. Puedo estar equivocado, pero así lo siento.

Celebro y comparto las ansias de justicia de Èric Lluent. Hay que mejorar la democracia, sí. Hay que abrir oportunidades para los jóvenes, también. Coincido incluso con algunas de sus denuncias, pero deploro su simpleza. Convendremos en que 25 años son pocos para morir, pero demasiados para no haberse enterado que la vida está llena matices.

Me temo, en definitiva, que el discurso de Èric no revela la injusticia del sistema. Refleja el resultado de su educación.

@martinalgarra

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://blogs.lainformacion.com/treintaymuchos/2012/01/27/una-fotografia-de-nuestro-sistema-educativo-joven-listo-que-se-autocompadece/trackback/

6 Comentarios

Deja tu comentario

Puede seguir esta conversación suscribiéndose a la fuente de los comentarios de esta entrada.

Me parece un comentario demasiado simplista el de Éric, está haciendo una valoración con base en su situación particular.
La vida es mucho mas compleja y por los breves datos de su vida, no creo que pueda describir lo que en realidad es ser pobre.

Lo cierto que a la mayoría de nosotros, los jóvenes, no nos han faltado tres platos de comida al día, ni ropa, ni útiles de higiene, ni libertad de expresión, ni siquiera la oportunidad de estudiar y formarnos tanto como quisiésemos. Pero de los que nos quejamos algunos como yo, y creo que hablo en nombre de mucha gente cuando digo esto, es de que no vemos la oportunidad de poder llegar nosotros a tener todas estas cosas. Vemos cómo se nos van cerrando puertas después de formarnos y, peor aún, no vemos cuándo van a empezar a abrirse.

Desde luego no deberíamos ver a la sociedad como nuestros enemigos, pero es esa sociedad la que pone ahí arriba a los políticos que nos gobiernan. Sí, a esos que no nos gusta e inexplicablemente votamos. Que los padres de Èric le ayuden tanto como pueden cada mes no es algo de lo que sentirse orgullosos. Es algo admirable, ejemplar y unificador… Pero no deberíamos conformarnos.

No he leído a Èric, y es muy probable, leyendo lo que dices, que su visión de la vida sea demasiado simplista. Pero no le quitemos la razón en que esto debe cambiar y no nos engañemos pensando que “tampoco está tan mal”. Está mal y esto no puede seguir así.

Verdaderamente los jóvenes de hoy lo tienen difícil, pero una persona que tiene un lugar para comer y dormir que no sea la beneficencia, o sea, su propio hogar, que eso es la casa donde has nacido, es, cuanto menos, un “cagalástimas”. Eric debería ir a cáritas o a alguna ong en su tiempo libre para ver lo que ser pobre…ay¡¡¡

[...] posible que el señor Juan Bosco lleve razón cuando aprecia en este ejercicio biográfico conmiseración hacia uno mismo. Es [...]

Observo una muy mala costumbre del autor de este artículo: llegar a conclusiones manipulando el mensaje y calificar a las personas desconociendo elementos básicos.
La voluntad de explicar mi historia en el blog de los Nuevos Pobres no es ninguna otra que animar al resto de gente a dar este paso con mi ejemplo -no ejemplo en el sentido moral-. Obviamente, este blog ni es mi proyecto de vida ni tan siquiera laboral, ni lo único que hago durante el día, que son muchas otras cosas. No se trata de una competición para ver quien está peor si no de crear consciencia de clase y determinar sin tapujos que hay una elite empresiarial formada por ludópatas a gran escala que ha hundido la economía mundial con el beneplácito de nuestra clase política y a ellos me refiero como culpables.
En ningún momento comparo la guerra civil o la dictadura con esta situación. Tu interés por manipular mi mensaje es, aquí, muy claro. Lo que digo es que mis abuelos fueron víctimas de la guerra, mis padres de la dictadura y yo del supuestamente “mejor sistema existente”. Nada más. Es una enumeración de sucesos, no una comparación.
Nunca he vivido en la abundancia -no voy explicar detalles privados sobre mi vida-, pero desgraciadamente sí que sé qué es un pobre -de los que te refieres tú-. Los veo cada día en mi ciudad y, a causa de mi profesión, he hecho bastantes reportages sobre esta cuestión. Pero 0 o 100 euros al mes y sin ninguna ayuda, que somos? Soy consciente que la utilización de la palabra pobre puede conllevar muchas críticas, quizás deberíamos acuñar una nueva palabra, pero de momento es la que hay e incluye desde los que duermen en la calle hasta los que viven bajo un techo pero tienen dependencia económica absoluta -sea de sus padres o de una ONG-.
Lo mismo haces cuando me refiero a “una sociedad que identificamos como nuestro enemigo”. Me refiere, creo que queda claro y si no lo subrayo, al funcionamiento del sistema y a su falta de ética y moral, no a los integrantes individuales de esta sociedad, a quienes respeto, por supuesto.
En fin, agradezco tu tiempo, pero eso de que soy consecuencia de la educación que he recibido, como entenderás, me ha sentado mal y creo que es una falta de respeto, además de ser una muestra de desconocimiento sobre las capacidades de los jóvenes actuales -más allá de la calidad del sistema educativo-.
Salut!

Gracias, Eric. Yo también te agradezco el tiempo que te has tomado en escribir. Aprecio tu critica (de verdad), y gracias por haberla encajado, aunque lógicamente no esté de acuerdo en alguna cosa que dices. Soy consciente de que mi comentario tampoco era inocuo.

Deja tu comentario

Biografía

Juan Bosco Martín Algarra

Lleva más de 20 años interesado por lo que ocurre a su alrededor y sólo unos pocos menos tratando de contarlo en prensa, televisión, radio e internet. Es curioso por naturaleza. Quizá por eso estudió periodismo. Y quizá por eso, cuando acabó la carrera, se marchó de España para vivir en un sitio "distinto e interesante". Recaló en El Salvador (Centroamérica) durante cinco intensos años. Asegura que fue lo mejor que le pudo pasar recién cumplidos los 22, aunque también confiesa que le tiemblan las piernas al recordar el huracán Mitch o el terremoto de 2001.

Luego decidió formarse para dirigir grupos de trabajo. Hizo un máster. Está convencido de que en nuestro negocio importan, sobre todo, "las ideas y los equipos humanos que las llevan a cabo".

En El Salvador se especializó en temas politicos y sociales: reportero, redactor jefe de un suplemento dominical y luego adjunto a la dirección del periódico. En España, trabajó para el Grupo Recoletos dirigiendo un diario deportivo en Sevilla; pasó por La Gaceta de los Negocios, subdirector primero y director después, hasta su integración en el grupo Intereconomía.

Un año de aventura radiofónica, al lado de María José Bosh, le permitió conocer el lado más humano del periodismo. Sigue cerca del micrófono en dos tertulias de la Cadena Cope.

"No sé si el periodismo es el oficio más bonito del mundo", dice, "pero yo no concibo que otro me haga disfrutar más". Está casado y tiene cuatro hijos (dobles parejas): "Ya he dicho que me encantan los equipos, sobre todo si los dirige mi mujer".

Desde finales de noviembre de 2011, es subdirector de lainformacion.com.

 

enero 2012
L M X J V S D
    feb »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

Secciones

Siguenos también en: Facebook Twitter Flickr Google News Youtube iPhone iPad Android