Estos pobres niños son tan inocentes como cualquiera de los míos. Y quieren divertirse como cualquier otro. Me refiero a los de esta foto y a los del breve vídeo que incluyo a continuación.
Nada mejor para disfrutar los ratos de ocio que la compañía de los colegas. El escondite, la olla, el pañuelo, el pilla-pilla, la carrera de sacos… o el hombre bomba.
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Aunque algunos no quieran enterarse, la sensibilidad también se educa. Sobre todo, la que afecta a la percepción que tenemos de los demás y de nosotros mismos.
Ya hablé de ello cuando me referí a Tàpies. Ahora me centro en algo mas pedestre y accesible al gran público: continuar leyendo
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