Ha muerto un maestro. Y pocos se van a enterar si no haces algo.
Me llega la noticia del fallecimiento de un gran maestro: don Alfonso Nieto, abogado, periodista, catedrático de empresa informativa, ex decano de la Facultad de Ciencias de la Información (la primera que hubo en España), ex rector de la Universidad de Navarra y, en fin, un montón de cosas más. No me voy a enrollar ahora glosando su currículum, porque no escribo para eso y porque es más fácil hacerlo en esta página que recomiendo.
Traté poco a don Alfonso. Aun así, siento su muerte con mucho pesar. ¿Por qué?, se preguntarán algunos. Creo que tiene mucho que ver con su condición de maestro, entendiendo por tal un tipo estudiado, sumamente pedagógico, accesible, amable con sus alumnos, enamorado del Saber (con mayúscula), etc. Y sonriente, simpático, bienhumorado.
Intuyo que todos los que me leen se habrán cruzado en la vida con algún buen profesor de parecido perfil. Como bien ha escrito un discípulo suyo, no costaba ponerle el “don”. Qué bien explicado. Cuántos grandes profesores pululan por el mundo sin que nos percatemos del Bien que siembran a su alrededor hasta que la Parca se los lleva.
Eso es lo que lamento más; casi tanto como el deceso en sí: que muy poca gente se va a enterar de quién era don Alfonso. Poca, comparando a lo que debería ser. Mi profesión tiene estas cosas: lo inmediato, lo espectacular y lo populachero opaca lo realmente importante.
“Los teléfonos móviles, Bosco, la información fluirá por los teléfonos móviles”. Es una frase que recuerdo haber escuchado de labios de don Alfonso mientras compartíamos un café en la Facultad. Un año después de aquella conversación, un jovencito de Harvard fundaba Facebook. No mucho más tarde apareció Twitter.
Como predijo don Alfonso, cada ciudadano decide hoy qué le parece más importante. Con un simple movimiento de dedos.
Pues créanme si les digo que la muerte, y sobre todo la vida fecunda y entregada de un maestro y de cualquiera que merezca llamarse así, no debería ser conocida sólo por unos cuantos miles, sino por muchos millones y millones de personas. Estas vidas sí que son importantes. Es casi una obligación moral dar a conocer lo bueno y a los buenos.
Así que… está en tus manos: envía un mail, escribe un tuit, compártelo en tu facebook… Te presto mi titular, si quieres: “Ha muerto un maestro”.
Para leer más artículos de este blog, hacer clic aquí

Juan Bosco Martín Algarra
1 Comentario
Deja tu comentario
Puede seguir esta conversación suscribiéndose a la fuente de los comentarios de esta entrada.
Hermoso. Bonito homenaje =)
Comentario Publicado por: Pere | 22 febrero, 2012 - 0:03