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¿Por qué sale más caro insultar a un antidisturbios que a un maestro? Las preguntas que no contestan los políticos

22 febrero, 2012 - 20:00 - Autor:

Lo que está pasando en Valencia, como todas las cosas complejas en esta vida, está lleno de matices. El primero, que ni todos los policías son unos bestias ni todos los estudiantes unos alborotadores. Vayamos por partes.

Llamar “hijop…”, “gilip…”, “fascista”, “cab…” y lindezas semejantes a un policía que trata de cumplir la orden de despejar una calle ilegalmente ocupada no me parece tolerable. Escupirle, menos aun. Si ese policía mide un metro noventa, tiene un brazo parecido al de Stallone, exhibe una porra colosal y manifiesta síntomas de estar cabreado, además de intolerable, lo considero un suicidio.

Dicho lo cual, me llama la atención esta enorme sensibilidad por la integridad moral de unos hombretones supuestamente entrenados para manejar situaciones límite y la realidad que viven miles y miles y miles de maestros y maestras desperdigados por toda la geografía española. ¿Se acuerdan lo que escribí del alumno que mandó a su profesor “a tomar por c…”? Pues les aseguro que ese post merece ser leído al menos tanto como el de ayer.

En España hay demasiados docentes que se encuentran todos los días del curso -¡todos!- en una indefensión pavorosa. ¿Indefensión ante quién? Pues he aquí lo curioso y paradójico: ante alumnos y padres de edades y circunstancias no muy distintas a los que esta semana han sido apaleados.

Vamos a ver, señores políticos de izquierda, derecha, centro, arriba y abajo. Aprovechando su repentino interés por la Educación, permitan que les lance algunas preguntas desde este blog tan sensible al tema que nos ocupa:

-¿Saben ustedes que hoy en día muchos profesores de secundaria son vejados e intimidados por sus propios alumnos o por los padres de estos?

-¿De verdad no conocen a ningún maestro agredido, escupido o humillado, en medio de un aula?

-¿Saben que, para mayor escarnio, hay alumnos que graban imágenes de las pesadísimas bromas de las que son objeto y luego las difunden en internet para divertimento y solaz de la peor escoria de la comunidad escolar?

-¿Saben que muchos maestros han optado, desde hace mucho tiempo y ante la indiferencia de los políticos, por callar, sufrir, pedir la baja o abandonar el colegio?

-¿Saben que, fruto de todo lo anterior, se diagnostican más depresiones entre los maestros que entre los agentes antidisturbios? (y mira que debe de ser ingrata ésta última profesión)

-¿Saben que los profesores carecen de instrumentos legales rápidos y eficaces para atajar las agresiones? ¿Por qué?, se preguntarán. Muy sencillo, (y aquí quería llegar): Porque ustedes -sí, ustedes- se los han quitado. Todos ustedes: unos por acción y otros por omisión. No es sensato desproteger profesor en las aulas y luego escandalizarse cuando algunos estudiantes (que son la minoría) o cafres que se confunden entre ellos, quemen contenedores por las calles.

-¿Dónde estaban ustedes cuando esos mismos alumnos radicalizados -minoría, repito-, en vez de patear a un policía, robaban el móvil al director de su colegio, rajaban las ruedas del coche de la maestra, empuercaban el despacho del jefe de estudios? En esos momentos, me los estoy imaginando, ustedes hablaban de “escuela democrática”. Es decir: haciendo campaña. Captando benevolencias. Confundiendo el tocino con la velocidad.

¿Exagero? En absoluto. Es más: me quedo corto. Mención aparte merece el capítulo dedicado a “ciertos padres” de esos “ciertos estudiantes”. Quizá alguno de los lectores de este blog esté dispuestos a enviarnos su testimonio al respecto.

¿Alguien se ha parado a pensar que esa mala educación que algunos policías y políticos perciben ahora, la llevan percibiendo los maestros en España desde hace por lo menos veinte años?

Algunos escribirán en los comentarios: “¡oiga, no sea demagogo! No todos los profesores son acosados. No todos los directores intimidados ni todos los centros destrozados”. Cierto. Ni todos los policías son agresivos. Más cierto aún. Pero tampoco todos los estudiantes que protestaban merecían recibir un porrazo; sin embargo, muchos se lo llevaron sin venir a cuento. Díganme ustedes qué necesitad hay de propinarle un bofetón a este joven con gafas.

¿De verdad cree el ministro Wert que los excesos proceden sólo de minorías radicalizadas? Y ahora, que alguien me conteste a esta pregunta: ¿por qué detienen inmediatamente a los jóvenes que insultan o golpean a una autoridad policial y no lo hacen cuando insultan o golpean a una autoridad académica?

Voy a parar de escribir. Es lo que debo hacer cuando siento que me estoy cargando de razón y que me gotea el colmillo de la rabia. ¿Saben?: cuando me indigno me sucede como a los estudiantes que son sacudidos sin venir a cuento (y a los profesores que son vejados en clase). Me entran ganas de insultar y de escupir a quien me está maltatando.

@martinalgarra

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3 Comentarios

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Injusto y cierto. Me gusta tu estcrito.

Sr.Martín, en primer lugar decirle que estoy de acuerdo en mucho de lo que ha expuesto ustes excepto en un par de cosas. Primero decirle que insultar a un policia sale gratis, otra cosa es agredirle, pero insultar sale gratis, no cómo en otros paises, se lo recalco porque es el título de su artículo. Y la segunda cosa en la que no estoy de acuerdo con usted es cuándo dice que porque la Policia no detiene cuándo se agrede a una autoridad académica…la respuesta es sencilla, porque no se denuncia…la Policia no es adivina y si no hay una parte implicada en cualquiera de esas agresiones en los centros docentes que denuncie lo que pasa en el interior de una escuela o instituto es imposible que se actúe. Por lo demás estoy en acuerdo con usted en que hay que dotar de la misma protección y trato a un Policia que a un profesor o a un médico…pero de eso no tiene culpa la Policia sino los señores con corbata que se llenan los bolsillos y la barriga en sus escaños no cree?

Amen pedro q razon tienes en todo…. y buen articulo al autor aunque erra en algunas cosa

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Biografía

Juan Bosco Martín Algarra

Lleva más de 20 años interesado por lo que ocurre a su alrededor y sólo unos pocos menos tratando de contarlo en prensa, televisión, radio e internet. Es curioso por naturaleza. Quizá por eso estudió periodismo. Y quizá por eso, cuando acabó la carrera, se marchó de España para vivir en un sitio "distinto e interesante". Recaló en El Salvador (Centroamérica) durante cinco intensos años. Asegura que fue lo mejor que le pudo pasar recién cumplidos los 22, aunque también confiesa que le tiemblan las piernas al recordar el huracán Mitch o el terremoto de 2001.

Luego decidió formarse para dirigir grupos de trabajo. Hizo un máster. Está convencido de que en nuestro negocio importan, sobre todo, "las ideas y los equipos humanos que las llevan a cabo".

En El Salvador se especializó en temas politicos y sociales: reportero, redactor jefe de un suplemento dominical y luego adjunto a la dirección del periódico. En España, trabajó para el Grupo Recoletos dirigiendo un diario deportivo en Sevilla; pasó por La Gaceta de los Negocios, subdirector primero y director después, hasta su integración en el grupo Intereconomía.

Un año de aventura radiofónica, al lado de María José Bosh, le permitió conocer el lado más humano del periodismo. Sigue cerca del micrófono en dos tertulias de la Cadena Cope.

"No sé si el periodismo es el oficio más bonito del mundo", dice, "pero yo no concibo que otro me haga disfrutar más". Está casado y tiene cuatro hijos (dobles parejas): "Ya he dicho que me encantan los equipos, sobre todo si los dirige mi mujer".

Desde finales de noviembre de 2011, es subdirector de lainformacion.com.

 

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