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Prefiero conservar mi sueldo a vivir en una Comunidad Autónoma ¿y tú?

12 julio, 2012 - 12:11 - Autor:

Yo he nacido en Andalucía y, como buen español, me siento muy orgulloso de mi tierra aunque no viva habitualmente allí. Intuyo que a los 45 millones de mis compatriotas le sucede más o menos lo mismo.

Me parece bien que la administración del Estado esté descentralizada en aquello que pueda ayudar al progreso de la sociedad en general. Por motivos eminentemente prácticos no parece razonable que el medio centenar de provincias españolas consulten cualquier movimiento a Madrid. Además, cada zona de España tiene sus peculiaridades culturales que le gusta conservar y fomentar. Me parece estupendo. Hasta ahí de acuerdo.

Pero todo tiene un límite en esta vida. También la estructura de las naciones. La identidad de las regiones es uno. El bolsillo de sus habitantes es otro.

Rajoy planteó ayer un panorana apocalíptico y maniqueo. O yo o el caos. O pasamos por el aro o todo termina. “No hay alternativa. No tenemos libertad”.

No dudo que haya sido sincero. O como decía ayer con un poco de guasa, bastante “franco”.

Dado que el presidente del Gobierno dispone de una mayoría absoluta llevará a cabo todo lo que se proponga. Pero no puede esperar que el aplauso que le prodigó su bien retribuida bancada se extienda al grueso de sus votantes y a la sociedad en general.

¿Cómo que no tenemos alternativa? Por todas partes se habla del gasto que suponen las comunidades autónomas. Nadie nos ha preguntado si estamos dispuestos a mantener el estado autonómico a costa de pagar mucho más de lo que necesitamos para administrarlo. Hemos aumentado el número de funcionarios muy por encima del número de ciudadanos. ¿Hasta qué punto es esto razonable? ¿Por qué ni Rajoy ni Rubalcaba se atreven a preguntarnos si nos parece bien? ¿Por qué los votantes de 1978, muchos de ellos ya muertos, dispusieron de un privilegio que se nos niega ahora a nosotros, quienes estamos obligados a sufragarlo?

Es posible que comunidades como Navarra, Galicia o Cataluña deseen mantener el actual estatus. Bien: pues si así lo desean, que paguen ellas lo que cuesta. Sobre todo ahora que lo saben con cifras exactas. Tal vez nos llevemos más de una sorpresa.

Por mi parte, prefiero conservar mi sueldo y mis beneficios sociales antes que mantener la Comunidad de Madrid o de Andalucía. Sé que hay ciudadanos a los que su doble condición geográfica les provoca un conflicto identitario. Pero a mí no. A muchos españoles tampoco. No tengo ningún problema siendo de mi región y español a la vez.

¿A ti no te pasa lo mismo?

@martinalgarra

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Pues yo si tengo problemas. Soy catalana y no me he sentido nunca española, pero habría podido vivir feliz en una España que hubera hecho algun esfuerzo por entendernos.
Ahora esto ya no es posibe. Han sido demasiados los agravios de todo tipo a lo largo de muchos años.
Seré feliz el día que se declare la independencia de Catalunya. Eso si debo dar las gracias a todos los españoles que nos han insultado y menospreciado, por que nos han hecho el camino más fácil, ayudando a convencer a los que tenían dudas.

Pues yo soy catalana, pero también me siento española, y también europea, y también internacional – al fin y al cabo vivimos en este planeta todos y no voy a ser yo mejor que otros u otros mejores que yo. Me parecen sensatas las reflexiones del autor y no he visto ningún agravio en lo que él dice, más bien veo sentido práctico y hasta deseo de que nos vaya mejor a todos recortando los gastos inútiles que se generan con el tema de las “autonomías”. Pero quizá sea así porque he vivido en otros lugares también y soy capaz de ver las cosas en perspectiva y la escala real.
He vivido en Galicia, en las Islas Canarias, en Francia, en Italia, en Inglaterra. También tengo amigos en muchos países: ellos me ven como española y no me siento ni insultada, ni molesta, yo también veo a mis amigos como franceses, italianos o ingleses o norteamericanos aunque uno viva en Milán, otros vivan en Sicilia, otros en Aix-en-Provence, o en Kent o en Connecticut. Una de mis mejores amigas, siciliana, nunca jamás se sintió insultada por presentarla como “mi amiga italiana”. En Italia, a diferencia de España, hay cientos de “dialectos” – que realmente no son dialectos, sino idiomas distintos, ya que no tienen nada que ver uno con el otro desde ningún punto de vista, y un napoletano no se puede entender con un siciliano si cada uno habla su idioma. Ninguno se queja o reivindica su idioma, simplemente lo hablan, pero no pretenden que lo hagan todos los que pisan su región, como hacemos nosotros en las autonomías con “idioma propio”, ni se gastan el dinero inútilmente en imprimir textos oficiales bilingües, ni discriminan a nadie por venir de otra región y no hablar el idioma local. ¿Por qué? Pues varios amigos de Italia me lo explicaron: sencillamente porque ya tienen un idioma en común en el que se pueden entender todos, es el oficial común y están felices de poder comunicarse con cualquier otro ciudadano italiano en este idioma – el ITALIANO.
Los franceses tres cuartos de lo mismo; y cuando les cuento lo que ocurre en Catalunya o en el País Vasco me miran con cara de asombro y me dicen, “¿Pero por qué tanto gasto y tanto rollo si ya tienen gratis un idioma en común?” – sacuden la cabeza y dejan el tema ya que realmente no hay explicación lógica… o por lo menos yo no se la puedo ofrecer.
Una sobrina mia se crió en Gran Canaria. Cuando acabó el instituto y sacó la selectividad tenía varias opciones, una era estudiar en Barcelona; pues no pudo ser porque supuestamente tenía que hablar catalán para poder optar por esta universidad. Se fue a otra provincia donde su español le bastaba para poder estudiar. Sin embargo un joven de Catalunya o del País Vasco no tendría este problemas con otras autonomías (aunque al paso que van, quién sabe, igual necesitarán traductores para entender el castellano porque cada vez intentan arrinconarlo más, pecando ellos precisamente de lo que acusan a los demás) ya que nadie le pide que hable otro idioma para acceder a una universidad, con que hable UNO de los idiomas oficiales del Estado Español ya sirve… Así que a mí que no me hablen de igualdades, discriminaciones, idiomas oficiales, autonomías e independencia, al final – visto por el prisma de lo global – todo es una sarta de sandeces propiciadas por fundamentalistas nacionalistas que no han salido jamás de su casa y no son capaces de ver que somos todos seres humanos, que todos vivimos en regiones de las que estamos orgullosos, que todos, sin embargo, necesitamos comunicarnos y no importa en qué idioma si nos respetamos y somos conscientes de que no podemos vivir bien los unos sin los otros.

Y otro apunte más: me siento orgullosa de hablar catalán, me encanta la literatura catalana y estoy floreciendo cuando me encuentro con mi familia y con mis amigos y estamos de charleta en mi idioma materno; pero me siento igual de orgullosa cuando puedo comunicarme en español con mis amigos de America del Sur – las delicias de las expresiones mexicanas o argentinas o colombianas encantan mi oído – o con mis amigos del sur de Francia que hablan español o con los de Italia o los de Alemania, Japón o EEUU (me parece hasta asombroso que haya gente de otros países que se pongan a estudiar el español y que yo tenga el lujo de comunicarme con ellos en mi segundo idioma materno).
Que quede claro, un idioma no es mejor que el otro, es simplemente una herramienta para poder comunicarme con los demás; cuántos más hables, más rico te sientes ya que vienes en contacto con más personas y esto es lo que más me gusta de mi condición de bilingüe, el que mis dos idiomas me ayudan a acercarme a las personas. Sin embargo las “políticas lingüísticas” desarrolladas en las últimas décadas parecen que quieren propiciar lo contrario – y lo han logrado, por desgracia, en muchos muchos casos, demasiados – y transformar los idiomas y lo que ellos representan en armas más que en herramientas, en muros, más que en elementos de unión: el lavado de coco que nos hacen en Catalunya es igual al que hacía Franco en su momento y se nota muchísimo, precisamente en los sentimientos de tristeza y amargura que se reflejan en el comentario de Marina. Ella dice que le habría gustado vivir en una España que se esfuerce por entendernos y se queja de que los españoles nos insultan y nos menosprecian y puedo decir que esto es simplemente una percepción inducida por esta política exclusivista y centrada en lo endémico sin cuidar este aspecto universal de convivencia que hay en este planeta. Vivimos en contra de nuestro instintos de colaboración y se nota el daño hecho por esta política y este lavado de coco.
En mi caso, por suerte, me ha tocado vivir en tantos sitios que veo que los catalanes somos igual de importantes que los demás, y, también por suerte, mis amigos, sean españoles, italianos o mexicanos, me aprecian y aprecian mi cultura regional igualmente; en ningún momento me he sentido ni despreciada, ni insultada, ni odiada; más bien al revés, me quieren y desean saber más sobre Catalunya y sobre España precisamente porque hablo de mí y de mis vivencias culturales y sociales como bilingüe, sin hacer distinción y sin premiar una cultura por encima de la otra.
Ser catalana es un orgullo para mí. Pero ser española también. Y ser europea también. Al final esto no deja de ser un hecho sin tanta importancia ya que si hubiese nacido en EEUU habría sido orgullosa de ser norteamericana. Por lo tanto el lugar de nacimiento de uno no debe enemistarnos con nadie – sí, enorgullecernos, pero no menospreciar a los demás por haber nacido en otros lugares.
Así que vuelvo a lo mismo: espero que no llegue el día que Catalunya se tenga que independizar a la fuerza por este adoctrinamiento estúpido que nos hacen tragar los políticuchos de miras cortas, porque aquel día va a ser un día triste, será el día en el que reconoceremos oficialmente, catalanes y españoles, que no somos capaces de apreciarnos, de colaborar, de convivir. Tomemos ejemplo de Italia donde tantas autonomías conviven sin tantas tensiones, donde muchos, muchos idiomas y culturas regionales conviven entre sí y con el idioma oficial y donde no se gasta de forma inútil y megalómana en servicios innecesarios (por dar un par de ejemplos, los documentos oficiales o los traductores oficiales en los encuentros políticos y demás sólo por no querer utilizar un idioma que habla todo el mundo).
Un abrazo y gracias por las reflexiones.

Me parece estupendo las dos reflexiones que he leído de dos catalanas, simplemente es el sentido común, están llevando a cabo la misma política que les quitó la libertad, cuanta ignorancia, tan poco han aprendido las personas en 35 años, repiten la historia.
Este verano he comprobado algo que me ha dejado alucinado, he tratado con vascos que sus hijos estudian los ríos vascos, las montañas vascas, y todo en su idioma, y yo me asombro de tanta ignorancia, rios vascos, montañas vascas, pero de donde han sacado ese sentido de la propiedad, es que los niños vascos de hoy no van a salir nunca de su región, de la geografía vasca, van a crecer, van a encontrar su trabajo, no van a tener que relacionarse con nadie, solo con su gente vasca, alguien ha pensado lo poca cosa que somos, lo vulnerables que somos como personas, la necesidad que tenemos de los demás, la necesidad de comunicarnos, de conocer otras zonas, lugares, paises, idiomas, me da pena y verguenza que haya tanto retrógrado y que se dejen adoctrinar por los políticos mediocres que tiene este pais.

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Biografía

Juan Bosco Martín Algarra

Lleva más de 20 años interesado por lo que ocurre a su alrededor y sólo unos pocos menos tratando de contarlo en prensa, televisión, radio e internet. Es curioso por naturaleza. Quizá por eso estudió periodismo. Y quizá por eso, cuando acabó la carrera, se marchó de España para vivir en un sitio "distinto e interesante". Recaló en El Salvador (Centroamérica) durante cinco intensos años. Asegura que fue lo mejor que le pudo pasar recién cumplidos los 22, aunque también confiesa que le tiemblan las piernas al recordar el huracán Mitch o el terremoto de 2001.

Luego decidió formarse para dirigir grupos de trabajo. Hizo un máster. Está convencido de que en nuestro negocio importan, sobre todo, "las ideas y los equipos humanos que las llevan a cabo".

En El Salvador se especializó en temas politicos y sociales: reportero, redactor jefe de un suplemento dominical y luego adjunto a la dirección del periódico. En España, trabajó para el Grupo Recoletos dirigiendo un diario deportivo en Sevilla; pasó por La Gaceta de los Negocios, subdirector primero y director después, hasta su integración en el grupo Intereconomía.

Un año de aventura radiofónica, al lado de María José Bosh, le permitió conocer el lado más humano del periodismo. Sigue cerca del micrófono en dos tertulias de la Cadena Cope.

"No sé si el periodismo es el oficio más bonito del mundo", dice, "pero yo no concibo que otro me haga disfrutar más". Está casado y tiene cuatro hijos (dobles parejas): "Ya he dicho que me encantan los equipos, sobre todo si los dirige mi mujer".

Desde finales de noviembre de 2011, es subdirector de lainformacion.com.

 

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