Cuando Tip y Coll se rieron de un “santo” llamado Carrillo
Sucedió en tiempos de la Transición. Tip y Coll triunfaban en TVE haciendo reír a millones de españoles. En medio de una de sus actuaciones, Tip perdió el hilo de su absurdo discurso y exclamó: “¡se me ha ido el santo al cielo!”. A lo que el pequeño Coll respondió agudamente: “¡no me digas que se ha muerto Carrillo!”.
Canonizar ante audiencias millonarias a un personaje como Carrillo en plena época postfranquista revelaba, más que humor, buenas dosis de fina ironía. El secretario del PCE acababa de regresar a España con una idea entre ceja y ceja: combatir la nefasta imagen que el franquismo había inoculado en la mente de los españoles durante cuatro décadas. Se pensaba que todos los comunistas, Carrillo entre ellos, eran como Stalin: asesinos, totalitarios, anticristianos furibundos… En esta imagen negativa pesaba como piedra de molino el recuerdo del papel que desempeñó el PCE durante la Guerra Civil, y que era denostado no sólo por los franquistas sino también por las dos fuerzas más numerosas de las filas republicanas: los socialistas y sobre todo los anarquistas.
Buena muestra de esta obsesión de Carrillo por propagar tolerancia se observa en este vídeo de las primeras elecciones democráticas tras el franquismo. Presten atención al mensaje que lanza don Santiago para ganarse el voto de los españoles, a partir del segundo 45
Mahatma Gandhi o Luther King hubieran aprobado las palabras de Carrillo, ¿no creen?
En el espíritu de la Transición del que tanto se habla hoy en día pesaban mucho los ánimos de reconciliación. Carrillo sabía que sin esta actitud el PCE no habría podido insertarse en la legalidad democrática. La serenidad mostrada por el partido tras los asesinatos de Atocha mostraron al mundo entero que los comunistas habían desterrado el ánimo de venganza de sus planteamientos politicos. En tal empeño -y ahí cobraba todo su sentido humorístico y político la broma de Tip y Coll- Carrillo se llegó a prodigar por doquier con un mensaje de perdón y olvido, sin reservarse incluso… ¡las citas evangélicas! Claro: que aludiese a Jesús de Nazareth aquél que todavía era considerado como uno de los principales responsables de la persecución religiosa del 36, que costó la vida de miles de personas por el simple hecho de ser católicos, causó en muchos una honda impresión. ¿Cabía mayor credencial democrática que un secretario general de PCE que citaba con respeto a Nuestro Señor Jesucristo?
Los periódicos presentan hoy a Carrillo como un icono de la Transición democrática. Están en lo cierto. Pero esta realidad incuestionable no borra su condición de responsable político de una matanza espantosa. Cuando hablamos de la “sensatez” de Carrillo deberíamos recordar que él fue a la vez víctima y protagonista de lo todo contrario. Carrillo fue perseguido durante décadas, sí. Su vida en la España de Franco hubiera valido exactamente lo mismo que la de miles de ciudadanos asesinados en Paracuellos o en la plaza de toros de Badajoz. Es decir, muy poco. La guerra es así y cualquier joven de la España del 36 no podía sustraerse a esa desgracia. Para hacernos una idea aproximada del ambiente que se respiraba por aquellas fechas basta ver otro video, justo de un año después de los sucesos de Paracuellos. En él se recoge un extracto del discurso de quien pocos meses antes de estas imágenes había ocupado la cartera de Justicia, Juan García Oliver. Pronunciaba estas palabras en noviembre de 1937, mientras conmemoraba la muerte de su compañero Durruti.
Si todo un ministro de Justicia de la República era capaz de ufanarse en público de su condición de terrorista, podemos figurarnos que la realidad de la Segunda República Española dista mucho de parecerse a la que nos quieren vender en ciertos ambientes políticos, sociales e incluso culturales.
Pero la mentira, -bien lo sabía don Santiago, que durante muchos años fue un leninista convencido- se abre paso entre las masas a base de repetirla una y otra vez. Basta ver la foto que pende sobre el cadáver de don Santiago, y la frase que proclama: “el capitalismo terminará por hundir a la Humanidad”.
Qué ironía, don Santiago. Usted pudo verlo en vida: lo que se hundió fue el comunismo, después de haber deprimido a buena parte de la Humanidad. El capitalismo sigue en pie. Incluso en medio de una crisis espantosa, nadie se plantea seguir el camino de Cuba, Corea del Norte o la Unión Soviética.
Comprenderán que cuando he leído la frase de marras, me he acordado de Tip y Coll. Pues que descanse en paz don Santiago. Fue signo de confrontación, pero sin duda también lo fue de reconciliación. Por eso espero, ahora sí, que esté en el Cielo…
PD: para conocer más del ambiente que se vivía en ambientes proletarios durante la Segunda República y la Guerra Civil recomiendo una interesante, aunque a veces prolija, autobiografía de Juan García Oliver, ministro de Justicia de la República y una de las figuras más destacadas e inteligentes del anarquismo español. Está disponible gratuitamente aquí: “El eco de los pasos”
Juan Bosco Martín Algarra
2 Comentarios
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La reconciliación que pedía Carrillo durante la transición fué, sencillamente, olvido.
Pudo valer entonces pero ya no y cada vez menos. Quizá la solución de muchos de los problemas de nuestra sociedad española empiece por mirar atrás y levantar todas las alfombras con serenidad y con rigor.
Comentario Publicado por: ignacio | 20 septiembre, 2012 - 5:47
en el cielo??? Perdón, pero ni ha reconocido lo de Paracuellos…..
Comentario Publicado por: Alubias rojas | 20 septiembre, 2012 - 12:00