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Carta a los garrulos que pitaron el himno francés

17 octubre, 2012 - 15:36 - Autor:

Queridos garrulos:

Conste que no pretendo ofender a nadie. Tan sólo me gusta asignar a los comportamientos el término que mejor los define.

Ayer noche, cuando sonaba el himno del equipo visitante en el partido entre España y Francia, vuestra actitud fue propia de garrulos. Es decir, de gente rústica o zafia. Lo de rústico resalta en este caso lo inoportuno del silbido. Aunque el fútbol sea un evento deportivo tan popular como inofensivo, del que no depende nada serio como la prima de riesgo o el rescate financiero, no dejaban de estar representadas dos de las naciones más antiguas del mundo. Comprendo que los españoles vivimos en una especie de limbo identitario, y que padecemos tal ataque de amnesia histórica. Ya no sabemos si somos nación, estado, cortijo, país de naciones o nación de regiones… pero todo eso al Mundo le trae sin cuidado. Nos consideran un país respetable mientras no se demuestre lo contrario. Pues bien: ayer noche, gracias a los vientos sonoros expelidos por vuestras infames bocazas de garrulos, demostramos precisamente lo contrario.

El deporte es un gran civilizador. No me extraña que lo practicara el pueblo griego, el más sofisticado de la Antigüedad. Por lo general, los deportes terminan en un saludo más o menos afectuoso entre los contendientes. Ese saludo simboliza un respeto a la legítima competencia sometida a unas normas. El deporte en general, y el fútbol en particular, es una metáfora de esta vida nuestra también sometida a competiciones y normas. De ahí que los símbolos, tan presentes en la vida ordinaria, desempeñen en el fútbol un papel especial y merezcan el respeto de todos los que participan en el juego, incluído el público (que por cierto también representa a toda la Nación).

Entendedlo bien, garrulos: los himnos, las banderas y los escudos son muy importantes. Sintetizan la historia, los sentimientos, las aspiraciones y, en definitiva, la esencia de un país y lo mejor de sus aportaciones a la Humanidad. Si tuviérais un mínimo de finura, queridos garrulos, en la bandera de Francia o en las notas de la Marsellesa podríais apreciar implícitos los cuadros de Gauguin, los versos de Molière, los descubrimientos de Pasteur o la magnificencia de Notre Dame (entre otras muchísimas cosas). Incluso las “roulette” de Zidane. Quizá eso hubiera cerrado vuestras groseras bocas, alzado vuestras fofas posaderas y, quién sabe, animado a tararear una melodía que además es preciosa y está llena de fervor patriótico y humano. Pero ni siquiera hubiera sido necesario. Con disimular vuestra tosca presencia por dos míseros minutos hubiera bastado.

Como la mayoría de los aficionados, vosotros incluídos, ayer me fui a la cama cabreado, molesto, escocido por un empate que supo a derrota. Me acordaba del maldito pase de Juanfran y del juego desconcertado de la selección. Dormí mal. Eso no lo entienden los profanos, pero vosotros sí. Sólo una cosa pudo consolarme esta mañana: que los garrulos que irrespetasteis el himno francés estabais más hundidos que yo en vuestro orgullo macarra (que no deportivo ni patrio).

Es un consuelo tonto, lo sé. Pero me ayuda a considerar todo lo que me distingue de vosotros. Incluso, vaya, a sentirme un poco francés, que algo bueno deben de tener los gabachos a pesar del 2 de mayo. :)

Pues eso: ajo y agua, garrulos.

Y a mis vecinos, mil perdones por mis compatriotas garrulos.

Y vive la France! :D

@martinalgarra

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5 Comentarios

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Cito del articulo ” los himnos, las banderas y los escudos son muy importantes” y añado demasiada sangre se ha derramado y vidas se han sesgado en su nombre con su excusa…en este artículo no hay ni sangre ni vidas pero si insultos un tanto zafios e innecesarios, toscos quizás incluso teniendo como excusa que los himnos, las banderas y los escudos son muy importantes, en todo caso insultos para defender otro insulto.

Yo que estuve en el campo y pude comprobar que alguna gente pitaba el himno francés pienso que sí, que hay que ser garrulo para pitar el himno (por el hecho de moverse por el odio)… pero hay que serlo más aún para ofenderse.
Es un simple himno, nada más. Cuando sonó el himno español, nos pusimos en pie. Unos cantaban “lalalala”, otros comían pipas, otros esperaban en silencio…
Se les da demasiada importancia y dramatismo a los himnos. Tienen carácter simbólico y como siempre, acabamos convirtiendo símbolos en fines; olvidando además su función básica: la señalética (diferenciar una cosa de otra, unas tropas de otras, un equipo de otro).
Esa competencia sujeta a normas heredó de la competencia violenta la importancia de los símbolos. Y la hemos asumido como obligatoria. A mí no me molesta, pero tampoco me parece vital.
Pero debemos tener cuidado, porque empezamos sacralizando los símbolos y acabamos poniendo el concepto de Nación (siempre discutible) por encima de sus ciudadanos. Es cuando menos curioso llamar “garrula” a la gente cuando se hace un alegato enaltecedor de los símbolos nacionales.
Por último, discrepo totalmente de que un símbolo sintetice la aportación de un país a la Humanidad: el himno, escudo y bandera de España han cambiado y el legado de Cervantes o Velázquez sigue ahí.

Y por cierto, el pueblo griego que practicaba el civilizador deporte tenía una estructura clara de ciudades-estado, las polis… frente al concepto moderno de estado-nación y su simbolismo que alcanza su máximo esplendor en el S.XIX.
Me parece correcta la idea del respeto a los himnos, pero caer en el discurso de “obligado seguimiento nacional” no me parece precisamente un alarde de intelectualismo.
También podríamos utilizar argumentos un tanto demagogos y decir que, al igual que ocurrió con la religión, la Nación y sus símbolos han dejado un largo reguero de sangre.
En definitiva, es probable que los que pitaban fuesen garrulos, pero no lo son precisamente por su juicio sobre los símbolos.

Muy bonito y respetable todo lo que dices. Pero el hecho que a ti te de igual que piten tu himno no significa que nos tenga que dar igual al resto. Vivimos en un sitio que está en descomposición y, es por ello, que sus símbolos son despreciados. Pero no debes de olvidar que hay gente que ensalza sus símbolos con gran orgullo.
Hay países que, en su mayoría de ciudadanos, respetan y disfrutan de sus símbolos, (bandera himno, historia, etc) y el motivo de esta polémica es que, al pitar su himno, se les ofendió gravemente.

Jaime Tralleta… la cuestión es que los himnos, a los que yo sí respeto aunque no les dé mucho valor, son meras convenciones, no son fines en sí mismos. Cambian, se adaptan. Pero nos preocupan más que los derechos. Violar derecho sí es una ofensa a una persona.
Que la gente ensalce un símbolo con orgullo no es síntoma ni de democracia, ni de inteligencia, ni de solidaridad… tampoco lo es obligatoriamente de lo contario, ojo; pero no veo en ello un acto cargado de connotaciones positivas.
Y si como dice el autor una bandera representa lo mejor de un país, también lleva inherente lo peor.

Maldito momento en el que los ciudadanos asumimos el nacionalismo…

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Biografía

Juan Bosco Martín Algarra

Lleva más de 20 años interesado por lo que ocurre a su alrededor y sólo unos pocos menos tratando de contarlo en prensa, televisión, radio e internet. Es curioso por naturaleza. Quizá por eso estudió periodismo. Y quizá por eso, cuando acabó la carrera, se marchó de España para vivir en un sitio "distinto e interesante". Recaló en El Salvador (Centroamérica) durante cinco intensos años. Asegura que fue lo mejor que le pudo pasar recién cumplidos los 22, aunque también confiesa que le tiemblan las piernas al recordar el huracán Mitch o el terremoto de 2001.

Luego decidió formarse para dirigir grupos de trabajo. Hizo un máster. Está convencido de que en nuestro negocio importan, sobre todo, "las ideas y los equipos humanos que las llevan a cabo".

En El Salvador se especializó en temas politicos y sociales: reportero, redactor jefe de un suplemento dominical y luego adjunto a la dirección del periódico. En España, trabajó para el Grupo Recoletos dirigiendo un diario deportivo en Sevilla; pasó por La Gaceta de los Negocios, subdirector primero y director después, hasta su integración en el grupo Intereconomía.

Un año de aventura radiofónica, al lado de María José Bosh, le permitió conocer el lado más humano del periodismo. Sigue cerca del micrófono en dos tertulias de la Cadena Cope.

"No sé si el periodismo es el oficio más bonito del mundo", dice, "pero yo no concibo que otro me haga disfrutar más". Está casado y tiene cuatro hijos (dobles parejas): "Ya he dicho que me encantan los equipos, sobre todo si los dirige mi mujer".

Desde finales de noviembre de 2011, es subdirector de lainformacion.com.

 

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