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Bronca de una usuaria en un centro de salud: “¡Estáis así porque dais un servicio de m…!”

29 noviembre, 2012 - 18:16 - Autor:

A continuación relato la conversación que escuché este lunes en un centro de salud de la Comunidad de Madrid.

Había ido al médico y antes de llegar me acordé de que estaba convocada la huelga sanitaria en Madrid. Como ya estaba metido en el coche, decidí seguir mi camino y probar suerte. Tal vez mi médico no había hecho huelga. Cuando llegué, comprobé mi error: la huelga era total. Resignado, me acerqué al mostrador, pedí nueva cita y me remitieron a una máquina, que afortunadamente para mí se encontraba operativa. Con ella me peleaba cuando pude ver por el rabillo del ojo a una joven con traje de oficina que se acercaba al mostrador principal llevando esforzadamente en una mano la sillita de su bebé:

-” Tengo cita con la dra. Fulanita”.

El funcionario respondió algo casi imperceptible. Lo que sí escuché fue la voz contrariada de la joven madre

-“¡¿Pero esto no podíais haberlo avisado antes?!”

Se volvió a escuchar la voz susurrante del funcionario, que no pareció calmar a la señora.

– “Pero bueno, ¿y entonces? ¿Ahora yo que hago?”

Siguió algo parecido al silencio, que pronto rompió el tono de voz enojado de la mujer.

-“¿Pero es que os creéis que a la gente le sobra el tiempo para venir a perderlo aquí? ¿Tú no sabes que he tenido que pedir permiso para venir? ¿Tú no sabes que lo complicado es aparcar, y venir arrastrando la sillita de la niña?”

La atmósfera empezó a cargarse de tensión. Mientras me peleaba con la patalla táctil de la máquina expendedora de citas, escuché otras voces de pacientes que aguardaban cola. Empezaron a hacer causa común: “¡es verdad! ¡esto es una vegüenza!”. Ignoro si ella notó el aliento del grupo que aguardaba detrás o si se sentía molesta por el peso de la silla que llevaba agarrada con una sola malo, pero lo cierto es que el tono de la conversación se tornó más violento:

-“¿Pero qué me dice?… ¿Cómo?… ¿Y cuándo?… ¡Por Dios, qué me está diciendo! ¡Que he tenido que pedir permiso en el trabajo!

En aquel momento pensé: “bueno, señora, y qué culpa tiene el tío del mostrador de que el médico haya hecho huelga: esto es como echarle la bronca al que va a misa por aquellos que no van”. Pero un joven con barba estaba en la cola interrumpió mis cavilaciones gritando. “¡Sí, y yo también he pedido permiso! ¡No hay derecho!”

Fue entonces cuando la señora estalló y se encaró con el funcionario, que estaba soportando con bastante serenidad el rapapolvos que le estaba cayendo:

-“¡Pues no me extraña lo que os pasa! ¡¿Sabéis por qué estáis así? porque dais un servicio de m… ¡Y lo que más me fastidia es que yo pago por esto! ¡Dicen que la sanidad es gratuita pero es mentira, porque yo pago por un servicio que luego es una m..!”

No alcancé a escuchar más porque la situación se estaba poniendo desagradable. Así que me dispuse a ahuecar el ala lo más pronto que pude. Cogí el dichoso ticket de la nueva cita y salí por patas. Pero debo reconocer que me quedé bastante sorprendido. Podía entender la molestia de la señora -a mí me había pasado algo parecido- pero no su tono y su bronca a un funcionario que no tenía culpa de lo que estaba pasando. Y lo que más me asombró fue la actitud del grupo de la cola, tan cabreados o más que la joven. De camino al coche, me fui haciendo mi composición de lugar para tratar lo que acababa de presenciar.

a) Aunque la opinión de la señora no tiene por qué ser representativa de la mayoría, empiezo a pensar creo que mucha gente, más de la que pensaba, se identifica plenamente con ella.

b) No entiendo por qué no avisan, en el momento de pedir la cita, de que hay una huelga convocada. De esta manera los usuarios no harían viajes innecesarios. Bastaría poner una grabación en el contestador automático que organiza las consultas. ¿Quién se beneficia de estos conflictos? Evidentemente, la consejería, pues la gente tiende a culpar a funcionario, no al jefe.

c) Algo falla en la comunicación de los huelguistas cuando mucha gente como esta señora guarda tan pésimo concepto de unas reivindicaciones médicas, las cuales se supone repercuten en beneficio de los usuarios. ¿Por qué no había algún representante de los trabajadores informando a los pacientes de los motivos del paro?

d) Es mentira que el servicio de salud sea una porquería. Es mejorable, por supuesto, y mucho. Sobre todo en la gestión y en la atención al público, pero ni mucho menos es una porquería, como pueden testimoniar multitud de pacientes que han recibido una excelente atención médica.

e) Quizá gran parte del problema radique ahí: en la gestión. Los ciudadanos desean disponer de una sanidad universal, “gratuita” (es decir, pagada a través de los impuestos) y de calidad, pero también desea ser atendida en un tiempo razonable, tratada de manera eficiente y, a ser posible, barata. Porque está visto que cada vez menos gente se cree eso de que la sanidad es gratuita.

f) Tarde o temprano, los usuarios se darán cuenta de la verdad: si los trabajadores son ineficientes por culpa de una mala gestión pública (y si por tanto sólo la gestión debe ser privatizada) o si la comunidad va a modificar todo el servicio sanitario para ahorrar costes y beneficiar a cuatro amiguetes.

Dicho lo cual, llevo varios días con una sensación distinta a la que tenía cuando entré en aquel centro sanitario: quizá más gente de la que pensaba está de acuerdo con la privatización de determinados servicios relacionados con la salud. ¿Me habré equivocado? ¿Se estarán equivocando de estrategia los trabajadores sanitarios? ¿Estarán siendo engañados los usuarios como esta señora indignada?

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@martinalgarra

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Juan Bosco Martín Algarra

Lleva más de 20 años interesado por lo que ocurre a su alrededor y sólo unos pocos menos tratando de contarlo en prensa, televisión, radio e internet. Es curioso por naturaleza. Quizá por eso estudió periodismo. Y quizá por eso, cuando acabó la carrera, se marchó de España para vivir en un sitio "distinto e interesante". Recaló en El Salvador (Centroamérica) durante cinco intensos años. Asegura que fue lo mejor que le pudo pasar recién cumplidos los 22, aunque también confiesa que le tiemblan las piernas al recordar el huracán Mitch o el terremoto de 2001.

Luego decidió formarse para dirigir grupos de trabajo. Hizo un máster. Está convencido de que en nuestro negocio importan, sobre todo, "las ideas y los equipos humanos que las llevan a cabo".

En El Salvador se especializó en temas politicos y sociales: reportero, redactor jefe de un suplemento dominical y luego adjunto a la dirección del periódico. En España, trabajó para el Grupo Recoletos dirigiendo un diario deportivo en Sevilla; pasó por La Gaceta de los Negocios, subdirector primero y director después, hasta su integración en el grupo Intereconomía.

Un año de aventura radiofónica, al lado de María José Bosh, le permitió conocer el lado más humano del periodismo. Sigue cerca del micrófono en dos tertulias de la Cadena Cope.

"No sé si el periodismo es el oficio más bonito del mundo", dice, "pero yo no concibo que otro me haga disfrutar más". Está casado y tiene cuatro hijos (dobles parejas): "Ya he dicho que me encantan los equipos, sobre todo si los dirige mi mujer".

Desde finales de noviembre de 2011, es subdirector de lainformacion.com.

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