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De cajón: si tratas a las personas como animales, algunas se comportarán como animales

11 septiembre, 2015 - 16:12 - Autor:

Que levante el dedo quien pueda sentirse responsable del país donde ha nacido. Que lo haga quien pueda hacerlo de los padres que le criaron, la lengua que aprendió de pequeño, la religión que le inculcaron… Si no tenemos muy presentes unas cuantas obviedades, podemos acabar protagonizando escenas tan patéticas como estas…

De esta forma inhumana han alimentado a los refugiados sirios en el campamento de Roszke: como animales, como bestias…

La periodista de lainformacion.com, Susana Campo, ha sido testigo directo esta semana de las precarias condiciones en las que malviven miles de familias, miles de hombres, mujeres y niños, en un lugar descrito como “Guantánamo de la frontera entre Hungría y Serbia”.

Los refugiados se lanzan a por la comida porque están desesperados y hambrientos, como lo estaríamos cualquiera de nosotros en su misma situación. Es la policía y los cuerpos de seguridad quienes deberían saber cómo reaccionar. Desde luego, lanzar bocadillos a la masa, como si de animales de corral se tratase, no parece la forma más inteligente de hacerlo.

Sé que Hungría no tiene la culpa de que en Siria gobierne un sátrapa que intenta ser derrocado por otros quizá más salvajes o más sátrapas que él. Sé que los húngaros no han provocado el éxodo masivo de un pueblo que intenta atravesar sus fronteras para llegar a Alemania. Y que su gobierno afronta serias dificultades para gestionar esta avalancha humana. Desde luego, a Hungría no se le puede exigir tanta responsabilidad en esta crisis como a otras potencias que lideran la geopolítica mundial, como EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, China, etc.

Pero en Hungría, precisamente en Hungría, se están produciendo unas escenas lamentables que, gracias a las nuevas tecnologías, dan la vuelta al mundo, avergüenzan a los europeos, indignan a los musulmanes y ofrecen la munición más letal que emplean los yihadistas: la del odio.

El gobierno húngaro no es responsable del pasado, pero está empezando a hacerse algo responsable, peligrosamente responsable, de lo que puede ocurrir en el futuro, tanto en Hungría como en otras partes del mundo. La munición del odio antes mencionada es la misma que impactó en las Torres Gemelas hace hoy 14 años, en Madrid el 11M, en los autobuses de Londres y en las ciudades y desiertos de Siria o Irak.

El vídeo del vergonzante reparto de comida me ha recordado un pasaje del interesantísimo libro que el psiquiatra Viktor Frankl escribió sobre sus experiencias en el campo de concentración de Auswitch. Me refiero al momento en que Frankl fue consciente de su propia despersonalización. Sucedió así:

Fue testigo de la muerte de un compañero de barracón, una de tantas, y comprobó que no sintió absolutamente nada cuando vio retirar el cuerpo tirando de sus pies, arrastrándolo desde la litera a la salida.

Ni siquiera se inmutó cuando oyó la cabeza del cadáver golpear contra los peldaños de la escalera, pues los enfermeros tampoco se habían molestado en levantarlo a peso para sacarlo de la estancia (probablemente porque no tenían ni fuerzas para hacerlo).

Frankl entendió que debía sentir horror en aquel momento, pero no notaba absolutamente nada. Es más: había contemplado la escena mientras roía con placidez un mugriento chusco de pan negro que tenía escondido bajo su harapienta chaqueta. El psiquiatra experimentó en carne propia el concepto de despersonalización. Los nazis le habían convertido en un animal. Fue consciente de que no podía reaccionar con el desagrado propio de cualquier ser humano en semejante tesitura.

Deberían reflexionar al respecto las autoridades húngaras, y también nosotros mismos, ahora que se acerca el momento en que recibamos a más de 17.000 refugiados en nuestras fronteras. Las personas no pueden ser tratadas como animales. Porque si así se hace, sobre todo si se hace de forma continuada, existen muchas posibilidades de que algunas se comporten como tales: como animales.

Y nadie ha conocido animal más fiero y mortífero que el animal-humano. Hace 14 años pudieron comprobarlo en Nueva York. Y hace más de 70 en muchos puntos de la vieja Europa, como aquel infierno que conoció Viktor Frankl.

@martinalgarra

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1 Comentario

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Es errónea esa expresión “como animales”. No somos otra cosa que animales, y como tales sentimos. O esa estúpida y soberbia asunción de que los demás animales no sienten nada al ver maltratar a sus semejantes (o incluso a animales de otras especies).
La empatía no es patrimonio humano exclusivamente. Hasta las ratas se comportan de forma compasiva y altruista e intentan paliar el sufrimiento de sus compañeras.

Ese estúpido distingo (animales/humanos, ellos/nosotros) es la base de toda maldad. Mejor fíjese en sufre/no sufre

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Biografía

Juan Bosco Martín Algarra

Lleva más de 20 años interesado por lo que ocurre a su alrededor y sólo unos pocos menos tratando de contarlo en prensa, televisión, radio e internet. Es curioso por naturaleza. Quizá por eso estudió periodismo. Y quizá por eso, cuando acabó la carrera, se marchó de España para vivir en un sitio "distinto e interesante". Recaló en El Salvador (Centroamérica) durante cinco intensos años. Asegura que fue lo mejor que le pudo pasar recién cumplidos los 22, aunque también confiesa que le tiemblan las piernas al recordar el huracán Mitch o el terremoto de 2001.

Luego decidió formarse para dirigir grupos de trabajo. Hizo un máster. Está convencido de que en nuestro negocio importan, sobre todo, "las ideas y los equipos humanos que las llevan a cabo".

En El Salvador se especializó en temas politicos y sociales: reportero, redactor jefe de un suplemento dominical y luego adjunto a la dirección del periódico. En España, trabajó para el Grupo Recoletos dirigiendo un diario deportivo en Sevilla; pasó por La Gaceta de los Negocios, subdirector primero y director después, hasta su integración en el grupo Intereconomía.

Un año de aventura radiofónica, al lado de María José Bosh, le permitió conocer el lado más humano del periodismo. Sigue cerca del micrófono en dos tertulias de la Cadena Cope.

"No sé si el periodismo es el oficio más bonito del mundo", dice, "pero yo no concibo que otro me haga disfrutar más". Está casado y tiene cuatro hijos (dobles parejas): "Ya he dicho que me encantan los equipos, sobre todo si los dirige mi mujer".

Desde finales de noviembre de 2011, es subdirector de lainformacion.com.

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