Estoy leyendo un libro que inicia con un prólogo delicioso (a diferencia de la mayoría de los prólogos). Trata sobre la educación de los niños de 7 a 11 años, pero podría haber titulado igual que este post. Lo comento en doce puntos que -ustedes lo comprobarán- suponen un colosal chutazo de ánimo en cualquier padre.
1. Por el hecho de ser padre o madre, poseemos una vocación innata para educar a nuestros niños. Pero eso no basta. Debes prepararte bien para ello. No sólo gozamos del amor de nuestros hijos/as, sino que además podemos extraer de él cualidades que ni nos imaginamos. Primer consejo: fomentar en nuestro corazón la preocupación por sus problemas e inquietudes (grandes o pequeños).
2. Debemos actuar con creatividad. Esta demostrado que la creatividad de un trabajo entusiasma a quienes lo desempeñan. Si queremos que nuestros hijos ordenen sus habitaciones, podemos repetirle una y otra vez que lo haga o… divertirle, narrarle, retarle, premiarle… hasta que lo hagan sin necesidad de que nosotros se lo digamos.
3 ¿Tienes la impresión de que tu trabajo profesional podría ser realizado por otro, y que nadie lo notaría si así sucediera? Pues ése jamás será el caso de la educación de tu hijo/a. Para él/ella eres simplemente insustituible. Si alguna vez te has preguntado para qué has nacido, aquí tienes una respuesta incuestionable. Otros quizá puedan educa a tu hijo como a ti te gustaría, pero él no actuará de la misma forma que si su interlocutor eres tú. Cualquier niño se chifla con su padre o madre. No hay parangón.
4. Consecuencia de lo anterior: ¿cuál es la virtud más importante de un padre o madre respecto a su hijo? La capacidad de diagnóstico. Nadie mejor que nosotros conocemos sus cualidades y defectos. continuar leyendo
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