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El Madrid, ¿equipo “anti español”?

14 Mayo 2011 - 18:26 - Autor:

“El increíble hombre menguante” es una película del año 1957 en la que el protagonista se ve expuesto a una niebla radiactiva que provoca en su cuerpo una reacción inesperada: empieza a empequeñecer hasta medir unos pocos centímetros. Debido a ello, el hombre sufre un profundo cambio de carácter y debe aprender de nuevo a relacionarse con su entorno, que lo supera y humilla. Análogo proceso afecta al Real Madrid, expuesto a una niebla de rabia y frustración. El otrora club laureado y aclamado es hoy una versión en miniatura de sí mismo, que encuentra en la denuncia federativa a su rival el único consuelo ante su decadente realidad. La pataleta administrativa para suplir la inoperancia deportiva, aunque esta deriva cainita esté desgastando la imagen internacional de España.

No seremos nosotros quienes defendamos a Sergio Busquets si realmente llamó “mono” a Marcelo, porque si el insulto a un compañero demanda buenas dosis de miseria intelectual, la denigración por motivos de raza es patrimonio exclusivo de mentes diminutas. Y evidentemente nadie se tapa la boca para decir “mucho morro”, como aseguran los servicios jurídicos del club que dijo el centrocampista catalán. Es reprobable, aunque sea exagerado tachar de racista a Busquets, de la misma forma que nadie piensa en la literalidad del insulto cuando llama “hijo de puta” a alguien.

Pero suponiendo que haya que castigar a Busquets para evitar que se propaguen actitudes racistas en el deporte, no habría que hacer entonces algo con los gritos simiescos que se oyen en el Bernabéu cuando algún jugador de color, tipo Samuel Eto’o, toca el balón? ¿No son también furibunda xenofobia los insultos del público madridista a Cataluña? ¿Y los comentarios despectivos de Sergio Ramos con el idioma catalán ante su compañero de selección Gerard Piqué por el grave delito de responder a un periodista en su lengua natal? No recuerdan a un presidente madridista saltando al compás del “bote bote catalán el que no bote”?¿Y no habría que castigar también la homofobia, gritar “maricón” a alguien a modo de insulto, como se hizo con Guardiola en el último clásico en el Bernabéu? ¿Y el machismo de los que llamaron “puta” a Shakira por tener el atrevimiento de mostrar en público su amor hacia Piqué?

La pregunta es: ¿la estrategia del Madrid va a consistir a partir de ahora en abanderar una campaña ante las altas instancias federativas para erradicar cualquier comportamiento xenófobo o abusivo de los terrenos de juego? Si al club blanco lo mueve la conciencia filantrópica, podría empezar por impedir que en sus fondos ultras se exhiba simbología neonazi y banderas pre constitucionales, que contrastan un poco con tanta corrección política en los despachos.

Pero también cabe la posibilidad de que el Madrid lo que pretenda sea torpedear a su rival para dificultarle en lo posible la consecución de su cuarta copa de Europa, y frenar así las cada vez más lacerantes comparaciones entre ambas instituciones deportivas. En el viejo continente habrá pocos precedentes de equipos que zancadilleen a otro del mismo Estado de forma tan evidente. ¿Hubiera actuado igual el Madrid si la posible suspensión de Busquets le hubiera supuesto perderse una final del Mundial con la selección española?

Lo que parece evidente, en cualquier caso, es que si la historia se hubiese producido al contrario, y el Barça denunciase a un jugador blanco antes de disputar la final de la Champions, el club blaugrana hubiera sido tachado de “anti español”. Paradójicamente, es imposible que reciba semejante calificativo una entidad, el Real Madrid, que está haciendo lo posible por enfrentar a jugadores de la selección española, provocando la preocupación del mismísimo Del Bosque, y que intenta perjudicar los intereses internacionales de otro equipo español. Esta es la asimetría territorial que impera en este país.

El Madrid aduce que fue el Barça quien empezó la guerra al denunciar a Mourinho por sus insinuaciones posteriores al 0-2 del Bernabéu. Pero recordemos que la UEFA ya había actuado de oficio ante la gravedad del asunto, puesto que el técnico luso estaba insinuando claramente comportamientos delictivos del árbitro, de Villar, de Platini, de Unicef y por supuesto de la directiva azulgrana. Le faltó incriminar a Bob Esponja ¿Se puede comparar esto con el reprobable pero aislado insulto de Busquets a Marcelo?

Parte de la prensa deportiva catalana pide que el Barça rompa oficialmente relaciones con el Madrid. La desestabilización institucional es justamente lo que buscan personas como Mourinho o Florentino, recientemente transformado en pandillero de despacho. Probablemente, la mejor respuesta a las provocaciones del Madrid sea sonreír al fotógrafo mientras se levanta la cuarta copa de Europa. ¡Ánimo chicos!

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22 Comentarios

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Estoy cansado de escuchar siempre lo mismo, que si el Real Madrid es España que si el Barça es Cataluña y por eso no es España, etc…, lo cierto es que el fútbol está demasiado politizado, el R. Madrid no es en exclusiva España y el Barça precisamente por ser catalán y no a pesar de ser catalán, es también España, también es cierto que ambos clubes han sido y siguen siéndolo, instrumentalizados por lo peor del separatismo anticatalán en Cataluña y del fanatismo patriotero antiespañol en Madrid.
No sé que narices enseñan en las escuelas y difunden por los medios de este País, pero mucho me temo que fabulaciones que nada tienen que ver con la realidad. España no es esa nación uniformada, homogénea, exclusivamente castellana y por lo tanto excluyente, que muchos nos quieren vender, y mucho menos cualesquiera de sus territorios no son España, y por lo tanto negar esa españolidad es la mejor manera de negar la realidad de ese territorio y por lo tanto al propio territorio en sí, o sea que un catalán que diga que Cataluña no es España, lo primero que será es anticatalán.
Voy por lo tanto a intentar definir a España cuyas fuentes son extraídas de ensayos realizados por académicos de la Real Academia de la Historia (española), a los cuales creo que no se les podrá tildar de antiespañolismo ¿o sí?.
Existe un libro realizado por la Real Academia de la Historia titulado; -España. Reflexiones sobre el ser de España-, compuesto por una serie de ensayos, realizados cada uno de ellos por un académico, en los que analizan la realidad de España a lo largo de su Historia, y entre los cuales voy a destacar el del académico el Sr. D. Carlos Seco Serrano, titulado ESPAÑA: ¿ESTADO PLURINACIONAL O NACIÓN DE NACIONES?, cuya lectura resulta muy esclarecedora y os recomiendo a todos, en donde intenta explicar la realidad española y el origen de su diversidad.
En su introducción D. Carlos nos hace una clara diferenciación entre España y los distintos Estados Plurinacionales que han existido en Europa como: el Imperio de los Habsburgo (Austria-Hungría) o el de los Zares, que tuvo su continuidad en la URSS, “Tomando por punto de referencia ese gran organismo histórico que hasta el 1918 fue el Imperio Astro-húngaro de los Habsburgo -un Estado plurinacional- se ha venido hablado últimamente, con excesiva ligereza y excasa propiedad, de la realidad española, utilizando la misma expresión: Estado plurinacional. Pero el caso español y el del Imperio danubiano son muy diferentes: conviene dejarlo en claro de una vez por todas”.
Con ello deja bien clara su postura desde un principio y tras un análisis pormenorizado de en que consistían esos dos grandes Estados plurinacionales y su total y radical diferenciación de España, entra a hablar de las características y singularidades de nuestra nación, definiendo de realidad histórica insoslayable la unidad y diversidad españolas, y lo resume en la siguiente cita, ” Más que la geografía, más incluso que las raíces étnicas de sus ancestros, lo que define la realidad esencial de un pueblo es la historia en su desarrollo. Y en el caso de España, la Historia la ha hecho una y múltiple”.
Aquí el académico entra a examinar nuestra historia y pasando por las distintas etapas da especial significación y dejando atrás el complejo mosaico de las culturas prehistóricas, más o menos influidas por las colonizaciones de los pueblos del oriente mediterráneo, se inserta en el complejo imperial de Roma; pero cuando ésta lleva a cabo su definitiva organización administrativa -la de Diocleciano-, la entidad de Hispania se consagra, como diócesis diferenciada. Esa diócesis, ya perfectamente romanizada, y penetrada a fondo por el cristianismo romano, será, sobrevenido el hundimiento de Roma, sustituida por uno de los reinos construidos por los invasores bárbaros a lo largo de los s. V y VI: una de las “comunidades” que afacetan el área cultural “cristiano-occidental”, el reino de Toledo, al que se puede conceptuar como esquema pre-nacional de España; lo fue, como un mito a realizar, a lo largo de siete siglos de Reconquista. En efecto, el reino hispanogodo, cuya vida se prolonga hasta comienzos del siglo VIII, será la referencia permanente a lo largo del turbulento período iniciado con la conquista musulmana; como un bien perdido, como una meta a recuperar.
La prolongada presencia islámica y su impronta, genera una clara diferenciación respecto a Europa, tanto por sus influencias en lo artístico, cultural e incluso lingüística, como en las estructuras sociales de los reinos cristianos, condicionadas por la tensión de una frontera militar de difícil defensa. La creación mitológica de la recuperación de la -España perdida- con el ánimo de restaurar la monarquía visigoda (por parte de los núcleos cristianos) y la reafirmación de España como entidad cristiana, europea y occidental: en este sentido, la Reconquista supuso un factor de unidad -en cuanto impulso unánime y solidario por parte de los distintos núcleos en que aquélla se concretó-. Pero su contrapartida fue la diversidad política en que esos distintos núcleos cristalizaron, como Reinos y Condados independientes; diversidad que había de afirmarse en el desarrollo diferenciado de lenguas y culturas. Provocando un enriquecimiento de matices, de versiones de lo español, en ese largo proceso. Pero cabe destacar que en el surgimiento de esos distintos núcleos como resistencia a la absorción islámica, primero en Asturias (cordillera cantábrica) y después en los Pirineos, bajo la protección y dominio de la Monarquía franca, todos esos núcleos cristianos que se enfrentan a Al-Andalus, no pierden por ello su conciencia española. Cabe destacar al Conde de Barcelona Borrel II que al poder elegir entre robustecer sus lazos feudales y encontrar la seguridad franca, o enfrentarse a la amenaza de Almanzor, con su lucha solitaria, a pesar de la terrible amenaza, es esta última la opción elegida reafirmando su españolidad, lo cual imitaría tres siglos más tarde otro monarca catalano-aragonés, Jaume-Jaime I, prefiriéndose entregarse a la conquista de España a hacerse fuerte en la Occitania, pensando en los intereses de una España políticamente dispersa, pero cuya unidad esencial era un concepto nunca olvidado.
El propio monarca catalano-aragonés cita textualmente, reafirmando este concepto, pero a su vez definiendo a España como nación de naciones, en el Llibre dels feyts del rei En Jacme, se refiere a los 5 reinos de España; y ensalza a Cataluña como el mejor de la nación de naciones “Catalunya és lo millor regne d´Espanya, el pus honrat e el pus noble” (Cataluña es el mejor reino de España, el más honrado y el más noble). Esta solidaridad y respeto de la diversidad lingüística española se plasma en Alfonso X “El Sabio”, máximo artífice del castellano culto, que escribe sus poesías en gallego; se dirige en castellano a su suegro, don Jaime, y éste le contesta en catalán.
Cuando el avance de la Reconquista en el XIV, queda plasmado en 4 grandes bloques -Portugal, Castilla-León, Aragón-Cataluña y Navarra-, todas ellas siguen entendiéndose a sí mismas como facetas de España. Todos los monarcas coincidían en admitir que su poder formaba parte de una Monarquía hispánica, continuación de la perdida en el 711. En la Corona de Aragón, donde el término español aplicado individual o colectivamente aparece más temprano y con más amplitud de uso, se recurría a él porque denotaba lo que era de todos. Desde el extranjero esa entidad española es contemplada para esa diversidad de reinos. Y así en el Concilio de Constanza, reunido para reslover el Cisma, los 4 reinos (Portugal, Castilla-León, Aragón-Cataluña y Navarra) comparecieron en él compartiendo una sola entidad, “nación española”, y el mismo voto. Dentro de la Cristiandad, España era contemplada como una unidad de naturaleza, una de las cinco naciones europeas de que estaba aquélla compuesta.
Y en todo caso, la unidad, lograda sobre la diversidad, no podía serlo contra la diversidad.
Esa fue la característica de la Monarquía Española desarrollada por los Reyes Católicos (RRCC) prolongada a lo largo de los Habsburgo, que provocó la diferenciación en el sostenimiento de la Corona realizada casi en exclusiva por Castilla y por su parte en las que Aragón y Portugal protegidas por sus fueros y privilegios, apenas participaron, la extenuante pugna por la hegemonía llevaron al agotamiento castellano.
En el 1640 se produjo el definitivo desgajo de Portugal, cimentada bajo la creación de su propio Imperio colonial, momento en el que se impone la denominación de Península Ibérica a la de Hispánica, una denominación portuguesa para reafirmarse en su independencia con respecto a la Monarquía Hispánica, pero que no tuvieron su eco en Cataluña y el resto de la Corona de Aragón, debido a una amenaza mayor, para su identidad, fueros y privilegios, la Francia centralista.
Con el advenimiento de la casa francesa de Borbón, provocó, la liquidación de la particular integración confederal de los RR.CC., sustituida por un esquema uniformador. Los llamados Decretos de Nueva Planta; la nación centralizada es un hecho a partir de 1714.
Pero al lógico primer rechazo frontal de los territorios de la Corona de Aragón, le siguió el de la asimilación debido a las indudables ventajas que les supusieron, en especial a Cataluña, y en particular el decreto de Libre Comercio, con el que se rompía el monopolio sevillano (castellano) del comercio con América, en beneficio de otros puertos españoles, en especial Barcelona, que la iban a convertir en una plataforma de una relativa, pero efectiva, revolución industrial. Por lo que, esa inicial tensión acabe quedando neutralizada por el nuevo proyecto sugestivo de vida en común.
En la guerra de independencia todos los territorios españoles se implican decididamente en la defensa de España, pero la conciencia de identidad diferencia, nunca abandonadas, resurge bajo un espíritu solidario y unitario, el de la nación de naciones.
Pero si la guerra de Sucesión había supuesto la imposición de la Nueva Planta para los países de la Corona de Aragón, las guerras carlistas implicaron la liquidación de los fueros vasco-navarros, que por su apoyo al candidato borbónico habían conservado, bajo el empuje unitarista y centralista del reinado de Isabel II. Pero el brote diferencial retornará por dos caminos: el movimiento juntero y el proceso de renacimiento cultural y lingüístico, lo que en tiempo de Isabel II, se plasmaría en revindicaciones “regionalistas”.
Las dos realidades -unidad y diversidad- se expresan en los más sugestivos textos de la Lliga Regionalista de comienzos del XX: desde su proclama “Catalunya lliure dins l´Espanya gran” a la nítida definición de Cambó: “Lo que nosotros queremos en definitiva es que todo español se acostumbre a dejar de considerar lo catalán como hostil; que lo considere como auténticamente español; que ya de una vez para siempre se sepa y se acepte que la manera que tenemos nosotros de ser españoles, es conservándonos muy catalanes; que no nos desespañolizamos ni un ápice manteniéndonos muy catalanes; Y, por lo tanto, debe acostumbrarse la gente a considerar ese fenómeno del catalanismo, no como un fenómeno antiespañol, sino como un fenómeno españolísimo”. Pero también hay que lamentar brotes secesionistas, como los del idiólogo del nacionalismo vasco, inspirados por una intolerable veta racista -aunque paliados, cierto es, por su actitud final-, o algunos corpúsculos catalanes de inspiración igualmente secesionistas.
Durante la II República se atendió esta doble realidad, cristalizada en el Estatuto Catalán, y en el postrero, ya iniciada la Guerra Civil, Vasco, y marginando al Gallego; suscitando al mismo tiempo, la oposición feroz de los unitaristas a ultranza. Tan feroz, que se convirtió en una de las causas de la catástrofe de 1936.
Por lo que una ordenación autonómica del Estado, está mucho más cerca a la realidad profunda de España, inexorablemente real aunque trate de negarse o ignorarse: los cuarenta años de centralismo y de obcecado asimilismo castellano, son buena prueba de ello.
Con todo lo aquí explicado, creo haber puesto algo de luz entre tanta infamia vertida sobre la realidad de nuestra gran nación, España, nación sí, pero nación plural y diversa. El respeto y la solidaridad son la base en la que debemos de cimentar nuestra convivencia, de lo contrario caeremos en viejos perjuicios y rencillas.
Dicho todo ésto, cuyas fuentes son académicos de la Real Academia de Historia, creo que volver a la tontería y estupidez, de que el Barça no es un equipo español porque es un equipo catalán, y que se siente orgulloso de serlo, y que hace exhibición de ello, a nadie debería de molestarle, porque al fin y al cabo, eso es lo que es, un equipo catalán, pero ello no le quita un ápice de españolidad.
¡Visca Barça, Visca Catalunya i Visca Espanya!

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