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El único ciclo infinito

29 Noviembre 2011 - 21:17 - Autor:

Hay analistas con una enorme prisa por enterrar al Barça y sus opciones de ganar esta Liga. Por el mismo precio, estos empleados de funeraria pretenden proclamar el fin de ciclo azulgrana y, ya que estamos, el inicio de la gran era madridista con su Generalísimo Mou al frente.
Había un periodista que incluso vinculaba dicho vuelco histórico a la llegada triunfal de la derecha al poder, puesto que el anterior ciclo blanco coincidió con la mayoría absoluta de Aznar, en el 2000.
¿Será casualidad que cada vez que la derecha obtiene el poder absoluto el Real Madrid mejora sus resultados? Algunos datos nos señalan que la explicación más plausible está muy lejos de la pura coincidencia.
En una reciente entrevista que le hicimos a Jose María García -ya referida en este blog-éste calificó a Aznar de “mayor dictador que ha gobernado España después de Franco” y relató cómo se desarrolló una reunión que mantuvieron ambos a raíz de la recalificación de la Ciudad Deportiva, donde se construirían los cuatro rascacielos de la Castellana. Según parece, García le dijo a Aznar que siendo presidente no podía dar ese trato de favor al Madrid, cuando había otros equipos con demandas similares (Valencia y Sporting, en aquel entonces). A lo que el presidente del gobierno se limitó a responder: “hay que ayudar al Real Madrid”. Un Real Madrid, hay que recordarlo, que Ramón Mendoza y Lorenzo Sanz habían dejado en situación de quiebra económica y en la antesala de convertirse en Sociedad Anónima. Aznar se propuso firmemente evitar dicho trance, y puso en marcha toda la maquinaria gubernativa para evitarlo.
Así de “casualmente” empezó el ciclo blanco de la era aznarista. Por suerte, Mariano tiene otras preocupaciones más importantes. Y aunque es madridista, no es un integrista, como sí han sido otros políticos de todos los colores que han resultado claves en los continuados espaldarazos institucionales al equipo blanco: el propio Aznar, Esperanza Aguirre, Ruiz Gallardón, Pérez Rubalcaba, e incluso los máximos dirigentes de UGT y de Comisiones Obreras.
Coincidiendo con la oleada azul del PP, Ruiz Gallardón rubricó hace bien poco la tercera gran operación especulativa del Madrid, después de la de la Ciudad deportiva y de Valdebebas. Se trata de la permuta de unas parcelas de poco valor y de uso público en el barrio de las Tablas por la franja de terreno, “ligeramente” más valiosa, que rodea al Bernabéu. Dicha operación permitirá una nueva remodelación del estadio y la construcción de diversos servicios, como un hotel de lujo, un centro comercial y un bloque de oficinas. Un nuevo empujón económico a costa del contribuyente madrileño y sin que se oiga una sola voz opositora.
Otros ciclos podrán empezar y acabar. Sin embargo, el ciclo de las ayudas oficiales al Madrid parece un ciclo sin fin. Con ello habrá que lidiar para siempre.

En twitter: @carlestorras

José Skywalker y el despecho galáctico

24 Noviembre 2011 - 18:46 - Autor:

El retorcido Anakin Skywalker, siendo un caballero Jedi algo fantoche, se enfureció con el Consejo porque no lo nombraron Maestro, y acabó cayendo de bruces en el lado oscuro, que viene a ser el lodazal de la miseria interestelar. La fuerza que antes inspiraba su vida se agrió en su interior, y acabó odiando tanto a la República Galáctica que intentó cargarse a su propio hijo, el rubito y angelical Luke Skywalker.

Una bonita alegoría de lo que sucede tantas veces en la vida real. El despecho arrastra a las almas de cántaro como transportadas en volandas por un torrente de odio. En algún momento se tuerce una historia de amor, se corrompe un secreto deseo, y el anhelo se convierte en ira.

Gracias al programa “Efectivament” de Tv3, hemos sabido que Mourinho se ofreció a Joan Laporta para entrenar al Barça cuando supo que el club quería prescindir de los servicios del holandés tranquilo, Frank Rijkard. El ex-vicepresidente deportivo Marc Ingla contó ante las cámaras cómo el representante Jorge Mendes, a petición de Mou, contactó con ellos para exponerles su entusiasta candidatura al cargo y recordarles su pasado azulgrana.

Según parece, en una reunión con Mourinho, éste propuso como segundo entrenador a Luis Enrique o a Pep Guardiola, y también sugirió a Sergi Barjuan o a Albert Ferrer. No podía imaginarse que su deseado pupilo se convertiría en realidad en su peor verdugo.

Ingla, que dijo que durante la charla Mourinho se mostró “muy simpático”, relató cómo le expuso al técnico luso sus dudas acerca de su política de comunicación. “Tenemos un problema contigo porque utilizas demasiado fuerte a los medios”, le dijo. A lo que Mou le respondió: “sí, pero no voy a cambiar”. La directiva azulgrana, que ya se había decantado previamente por la opción de Guardiola, descartó definitivamente en aquél momento la alternativa lusa. Según Ingla, es posible que este episodio dejase “una espina clavada” en el tierno corazoncito de Mourinho.

En la complicada trama dramática del “Star Wars” del fútbol español vamos atando cabos. Ahora conocemos, por fin, una explicación plausible a la inquina del portugués hacia todo lo que huele a barcelonista, desde el entrenador hasta el último socio, pasando por el “avi Barça” y la sagrada trompeta de Rudy Ventura, que en gloria esté.

Por fin hemos sabido que el despecho, que ha sido motor, telón de fondo y causa mayor de tantas tragedias en la ficción, es el sentimiento que en el mundo real anida en el pecho de nuestro amigo el portugués.

Ahora bien, en favor de Anakin Skywalker hay que recordar que precipitó su caída al averno en un arrebato de amor por la senadora Padmé, mientras que Mourinho solamente siente amor por el Parné y por su propio Palmarés personal. Y eso lo deja, incluso, en peor lugar.

Los malos de la realidad, como siempre, superan a los de la ficción.

En twitter: @carlestorras

¿Del villarato al villanato?

21 Noviembre 2011 - 11:52 - Autor:

Al Madrid le sientan francamente bien los ascensos de la derecha al poder. Se opera en las mentes de jugadores, directivos y seguidores un vuelco inspirador que los sitúa en plena sintonía con su hábitat natural. Después del mestallazo, el madridismo se ve ya campeón de Liga, a falta de 25 partidos y con 75 puntos todavía en juego. Por optimismo que no quede.

El argumento esgrimido: el Real Madrid está ganando allí donde el Barcelona ha pinchado (Mestalla y Anoeta). Sin querer quitar mérito a la épica victoria blanca en el estadio valencianista, al equipo de Mourinho le faltará mantener en la segunda vuelta un ritmo similar a la primera -cosa nunca vista hasta la fecha- y no perder, como ha sucedido en los últimos años, los seis puntos en liza con el Barça. Si consigue ambos objetivos, será campeón de Liga y habrá que quitarse el sombrero y reconocerle el mérito. Mientras tanto, permitan que sucumbamos al placer de señalar los claroscuros del equipo blanco en el momento presente.

Vi el partido del sábado en casa de valencianistas afincados en Madrid, y su primera impresión, como la mía, fue que el Madrid no mereció ganar el partido. En caliente, uno se deja llevar por la simpatía hacia el equipo que tiene más posesión del balón, más esfuerzo creativo, más ganas de llevar el timón del partido y de plantear un dibujo táctico con mayores posibilidades de éxito que el simple pelotazo adelante, la carrera por la banda, y el centro al área.

En una segunda reflexión, aceptaremos pulpo como animal de compañía y que el estilo de Mourinho es también fútbol legal. Es una propuesta más vieja que el hilo negro y más simple que el mecanismo de un botijo. Pero no menos exigente que otras a nivel físico e incluso técnico. Salir replegado y bien ordenado atrás para, desde la retaguardia, construir un ataque abreviado y certero.

Nada que decir. Únicamente que tienen que transcurrir largos minutos de juego pelotero de colegio para que veas un destello -de categoría, eso sí- como el gol de Benzemá. Genial el control y el disparo a la carrera.

Otra cosa fue la imagen que dieron los jugadores y, sobre todo, el entrenador. Es cierto que Mestalla se ha vuelto una plaza muy adversa al Madrid, donde sus jugadores son peor recibidos que los del Barça, que ya es decir. Pero ello no justifica la sobreactuación en las celebraciones de Sergio Ramos, Cristiano Ronaldo y Mourinho -que pareció querer entrar en Jerusalem a lomos de un asno y ser saludado con las hojas de palma por sus acólitos-, las contínuas tanganas para poner presión sobre al árbitro y para romper el ritmo natural del partido y el juego duro exhibido, con gran cantidad de tarjetas amarillas recibidas. El fair play del equipo volvió a quedar en entredicho.

Mourinho tendrá que retomar el tratamiento desde el inicio, porque lo del sábado fue una recaída en toda regla.

El penalty en el último minuto fue una jugada aislada de la que no se pueden extraer grandes conclusiones. Si hubiera pasado el balón por encima de Higuaín, todavía tenía que superar el obstáculo de Íker Casillas y del posible fuera de juego de Aduriz. Y si nosotros tenemos que ver doscientas tomas de televisión para determinar si Higuaín la tocó con la mano -como así sucedió-, no le pidamos al árbitro que lo vea a la primera, en tiempo real y con la prisa por terminar el partido.

Además, si el Valencia llegó hasta ese minuto con un gol menos fue porque su defensa no supo evitar los tres goles (inapelables) del Madrid. Cargar sobre el árbitro la responsabilidad de la derrota es, una vez más, injusto.

Ya lo dice Di Stefano en el Marca en referencia a la reacción valencianista: “con gimoteos y persecución no se ganan los partidos”. Lástima que no lo escribiese también cuando el que gimoteaba y hablaba de persecución era Mourinho.

Ahora habrá que preguntar pues a los propagadores del concepto “villarato” si ha cambiado el ciclo y entramos en el “villanato”. Es decir, el reino en el que triunfan los villanos, los que no saben expresar con corrección y respeto sus alegrías sobre el terreno de juego.

En twitter: @carlestorras

 

El Real Madrid y el ultranacionalismo español

15 Noviembre 2011 - 21:23 - Autor:

En el estadio Santiago Bernabéu se ve como algo normal la profusión de banderas españolas con corona o con bicho (el toro o la gallina, aunque esta última, por suerte, está prácticamente en vías de extinción). Para un periférico no deja de ser llamativo que se agiten dichos símbolos en oposición a clubes con más antigüedad que el Real Madrid en España, como el F.C.Barcelona o el Athletic Club.

Pero ya se sabe que los periféricos, aunque vivamos en la capital, somos y seremos unos raritos “muy nuestros”.

La Universidad Carlos III, y en concreto su profesor Eduardo González Calleja, también ha considerado digna de estudio la panoplia de simbología nacionalista que aparece en el estadio de la Castellana. En la reciente conferencia “El Real Madrid, ¿’equipo de España’?”, dentro del ciclo “Futbol, identidades sociales y discursos políticos” de la UNED, se desgranó el interesante concepto del “nacionalismo banal”.

Es de agradecer, dicho sea de paso, que semejantes estudios se realicen en una Universidad de Madrid, puesto que si viniesen de la Universidad de Leioa o de la Autónoma de Barcelona seguramente provocarían algún escéptico arqueo de ceja. La Carlos III no es sospechosa de peligrosos localismos centrífugos.

El profesor González Calleja se situó en los años 50 y 60, cuando el régimen franquista “convirtió al club en uno de los vehículos difusores del ‘nacionalismo banal’ que, según Michael Billig, orienta las percepciones cotidianas de la población y hace aparecer como natural la identificación entre una lengua, una cultura, un territorio y una comunidad política”.

Dicho en otras palabras, Franco se amparó de los éxitos deportivos del Madrid para conformar la identidad española que le interesó proyectar tanto hacia dentro de España como hacia el exterior.

González Calleja, que dirigió el equipo que redactó la historia oficial del Real Madrid publicada durante el Centenario, dejó caer alguna interesante perla. Por ejemplo, que el Ministerio de Asuntos Exteriores elaboró en julio de 1948 unas “Normas para la celebración de encuentros internacionales de fútbol” que prohibía la celebración de partidos “en los cuales exista un evidente riesgo de derrota para el conjunto nacional”. Eso sí que es tener espíritu deportivo.

Asimismo, la Federación Española, dependiente de la Delegación Nacional del Deporte, se reservaba la función de determinar “los mejores equipos nacionales, asegurándose de que el rival extranjero es de categoría equivalente”.

Pocos años más tarde, y esto es aportación mia, nacía la Copa de Europa, un torneo creado por y para el Real Madrid. Y en sus dos primeras ediciones, con rivales de entidad más que discutible. Ahora sabemos que seguramente eran del gusto de las autoridades franquistas, que los considerarían de “categoría equivalente”.

A finales de los sesenta determinados clubes se convierten en focos de protesta contra el régimen y contra ese estereotipo de ‘nacionalismo banal’ encarnado en el Real Madrid, la chica ye-yé, los toros, el flamenco, Raphael y Carmen Sevilla.

Empiezan a aparecer en algunos campos banderas que no son la bicolor. En Euskadi, Catalunya y Galicia se forja otro ‘nacionalismo banal’, pero esta vez por oposición al anterior.

Y en respuesta, a su vez, a esta rebelión periférica, el Real Madrid de los ochenta y noventa experimenta una nueva transformación: “un sector del madridismo asumió un nacionalismo español en ocasiones reactivo y beligerante, con algunos toques de fascismo internacional, como muestra la simbología y las acciones performativas del grupo Ultras Sur”.

Es paradójico que la connotación fascista de una parte del madridismo se diera ya en democracia. Probablemente, la identificación de la institución con el régimen franquista en vida del dictador era tan alta, en lo ideológico y en lo organizativo, que no era necesaria la exteriorización de esos símbolos.

Gracias a la Universidad Carlos III por poner algunos puntos sobre las íes.

En twitter: @carlestorras

 

José María García nunca irá a Punto Pelota

9 Noviembre 2011 - 19:36 - Autor:

Tuve esta semana la suerte de poder entrevistar durante una hora a José María García que, para mi, es ante todo, un referente profesional y un testimonio vivo de un periodismo que fue y que ya no volverá.

Los periodistas “de antes” no sabían -ni sabrán nunca- de nuevas tecnologías y prefieren una charla frente a un tintineante whisky con hielo que redactar un frío email con copia al redactor jefe. No saben teclear el QWERTY con todos los dedos, pero dominan el arte de la conversación cara a cara, de ganarse la confianza de las fuentes, de respetar un off the record y de contrastar la información. Son aquellos que, cuando termina la rueda de prensa, no corren atribuladamente a la redacción a regurgitar lo que acaban de oír sin pasarlo por tamiz alguno. Sino que se quedan un rato para intentar completar datos charlando con éste y con el de más allá.

Técnicas que a muchos periodistas de hoy en día, y no me refiero solamente a los que acaban de salir de la facultad, les deben sonar a arqueología del cuaternario.

García odia Punto Pelota y, un poquito menos, Futboleros. Dice que le da “asco” ver el espectáculo que ofrecen cada noche un grupo de autocalificados “periodistas deportivos”, alguno de los cuales ha llegado a enfundarse una camiseta de su club para pelearse con un compañero que profesa a los cuatro vientos sus simpatías por el club rival. ¡Si Pullitzer levantase la cabeza!

En el periodismo político, los compañeros que poseen un carné de un partido -que los hay- son vistos con gran recelo por los demás. En el periodismo económico, está muy mal visto aceptar regalos de las empresas de las que se informa. En algunos programas deportivos, en cambio, parece que ser un hooligan está incluso bien remunerado.

Siendo periodista político, yo puedo decir que soy del Barça. Pero por higiene profesional, nadie sabrá nunca a quien votaré el 20-N.

Por suerte, la gran mayoría de periodistas deportivos, tanto en Barcelona como en Madrid, siguen cuidando su credibilidad profesional como oro en paño. Porque el prestigio es como un metal precioso, para que resplandezca hay que sacarle brillo a diario, con paciencia y meticulosidad.

Pero por desgracia lo que más se oye es la atronadora algarabía de voces distorsionadas, la orgía de tópicos acerados, de afirmaciones y acusaciones sin contrastar, las pseudo noticias sin padre ni madre, y los chascarrillos de taberna envueltos en vahos de vino de mesa. Esto no es periodismo, esto es una horda de incontrolados ganándose la soldada a base de dentelladas al compañero de profesión que ose sentarse enfrente.

Hace sólo diez años, esto sería impensable. Un periodista deportivo, como cualquier otro, debía mantener una equidistancia y ecuanimidad para poder informar. Hoy, para algunos, el único requisito que parece figurar en su código deontológico es saber gritar más y escuchar menos que los demás. El mensaje no importa, mientras se oiga alto y claro en el plató.

Y en medio del caos, el presentador se erige como un tétrico oficiante de misa negra que emplea las mismas malas artes de sus acólitos bajo el amparo de su falsa poltrona de moderador.

García me confesó que él fue del Madrid de pequeño, de joven, y mientras hizo sus pinitos periodísticos en la información política. Cuando empezó a hablar de fútbol, abandonó su afición por el blanco y se convirtió en un observador imparcial, que no aséptico. Su método consta de dos máximas:

1-Cuando uno se quiere duchar, se tiene que mojar.

2-No caer nunca en la mediocridad y la medianía, peores enemigos del periodista.

A José María García se le podrán reprochar muchas cosas. Su tono ha sido siempre muy agresivo, y quizás tenga una cierta tendencia a obsesionarse con la presa. Pero ha tomado sus dos máximas profesionales y las ha defendido en el campo de batalla hasta las últimas consecuencias, con valentía y coherencia.

El periodista más polémico, bragado, y guerrero de la historia moderna de este país es hoy un dechado de virtudes, de sensatez y de pulcritud profesional en comparación con la partida de bandoleros que nos atacan cada noche. ¡Qué maravillosas paradojas nos ofrece a veces la vida!

En twitter: @carlestorras

La ignorancia sincera

4 Noviembre 2011 - 19:11 - Autor:

Dicen los psicólogos que una persona que se relaciona con sus semejantes sin tabúes, sin filtros, está en la antesala de la sociopatía. La sinceridad es buena. Pero si no somos capaces de modularla se transforma en una bomba de relojería.

Lo define bien un dicho popular: solamente los niños y los borrachos dicen siempre la verdad.

En la vida adulta, si queremos conseguir unos objetivos determinados debemos aprender a desarrollar algunas habilidades sociales. La asertividad, la empatía, la comunicación no verbal, la planificación, y la sinceridad en su justa medida son algunas de estas pequeñas estrategias que se suelen adquirir de forma natural.

Dicho en otras palabras: ¿qué valoramos más de un compañero de trabajo, que sea eficaz, educado y respetuoso o que sea sincero? Si no somos santo de su devoción, ¿será mejor para una relación laboral provechosa que nos lo espete a la cara o que se lo guarde para si?

Incluso en la relación de pareja la sinceridad total es una peligrosísima arma de destrucción masiva. Hay zonas del comportamiento y del pensamiento humano que deben quedar veladas, porque descubrirlas puede dañar al entorno más cercano de la persona y, a la postre, al propio interesado.

Enrique Jardiel Poncela sintetizó esta idea en el aspecto de las relaciones sociales: “la sinceridad es el pasaporte de la mala educación”. En la vertiente política, Martin Luther King no pudo decirlo más atinadamente: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

El activista afroamericano parecía, de hecho, que estaba refiriéndose con esta máxima a las críticas que ha venido recibiendo Pep Guardiola de gente tan experta en las relaciones interpersonales como Ibrahimovic, Eto’o o el propio Mourinho. Dicho de otra manera, antes conocerás a una persona observando a sus detractores que a sus aduladores. En el caso de Pep, como apuntaría Schuster, “no hase falta disir nada más”…

El caso de Bojan es diferente. En una larga entrevista en TV3, el chaval reconoció que gran parte del problema fue su dificultad para expresar al míster su insatisfacción. Admitió que cuando lo intentaba, sentía un bloqueo que le impedía transmitirle sus sentimientos. Descargó al míster de toda culpa. Aunque Pep admitió también públicamente que con Bojan “no he sabido hacerlo mejor”. Estos desencuentros civilizados son moneda corriente en las relaciones laborales.

En cambio, Víctor Valdés explicó recientemente que hasta que llegó Guardiola al banquillo, él no había llegado nunca a disfrutar como portero de fútbol. Pep fue quien le hizo entender que la posición de cancerbero era tan importante dentro de su esquema de juego como cualquier otra. Magnífica estrategia de motivación. De manual.

Xavi e Iniesta, dos chicos listos sobre el césped y fuera de él, destacan siempre las dotes organizativas, humanas y comunicativas de Guardiola. ¿Qué más se le puede pedir a un entrenador?

Señalar que el entrenador del Barcelona esconde su verdadero yo detrás de unas declaraciones públicas siempre templadas y que reprime su auténtico carácter bajo un comportamiento impecable no deja de ser, pues, un gran cumplido. Porque es gracias a estas habilidades sociales, y no a su gran corazón, que Guardiola ha conseguido motivar y cohesionar al equipo y elevarlo hasta la excelencia casi absoluta.

Ante este éxito rotundo, ¿qué importa la auténtica personalidad de Guardiola?. ¿Queremos que se case con nuestra hija o nos conformamos con que haga del Barça actual un equipo para la Historia y encima lo represente con elegancia, respeto y solidez? Yo, con lo segundo, ya me doy con un canto en los dientes.

Lo que sí es hipocresía, y de la buena, es pretender destruir a un rival con argumentos falaces, enmascarar la rabia bajo la apariencia de la crítica objetiva, y retorcer la realidad para mostrarla según la propia conveniencia.

Y estas otras “habilidades” el Real Madrid actual y parte de su entorno mediático las han tomado como bandera. Que sigan revolcándose en polvos pica-pica.

En twitter: @carlestorras