Saltar al contenido

« ver todos los blogs

La “ingenuidad” de Punto Pelota

28 Febrero 2012 - 13:17 - Autor:

Muy mal tiene que hacerlo un medio de comunicación para que su colegio profesional interceda en un litigio con un club de fútbol y le dé la razón al segundo. El órgano que defiende a los periodistas teniendo que proteger al pobre ciudadano de los excesos de algunos de sus asociados. Aún así, la reacción de estos organismos profesionales es todavía demasiado timorata frente a los desmanes de un sector del gremio.
La autoregulación severa es la única vía para recuperar un mínimo de credibilidad ante la sociedad ante la voracidad de algunos medios de comunicación. Dice el ex periodista y actual showman Josep Pedrerol que ellos, en Punto Pelota, actúan “ingenuamente” porque “no esconden los métodos con los que consiguen la información“. Efectivamente, querido, pero el destripador de Yorkshire tampoco ocultaba sus métodos; incluso disfrutaba con su demostración pública. No añadas más engaño al engaño: tu objetivo, como el de todos los que estamos en televisión, es tener más audiencia que el de al lado, porque es la única forma de sobrevivir. Y ante esa presión, el corsé del código deontológico y de las consideraciones éticas resulta, para algunos, tremendamente molesto.
He escuchado y leído dudas de algunos compañeros acerca del derecho que asiste al FCBarcelona a retirar una credencial de prensa. Yo he trabajado en programas como Caiga quien Caiga, La Cosa Nostra, Malalts de Tele, ofertas televisivas que no eran estrictamente informativas e incorporaban el humor como lenguaje en sus reportajes. Multitud de instituciones públicas (el Congreso y el Senado, sin ir más lejos), partidos políticos (la gran mayoría, salvo Izquierda Unida y otras pequeñas excepciones) y organismos de todo tipo nos vetaban el acceso por considerar que distorsionábamos el mensaje o la imagen que ellos deseaban proyectar. Nunca el Col.legi de Periodistes, ni el Sindicat de Periodistes, ni mucho menos, la Asociación de la Prensa salió en defensa. Siempre se consideró -y así lo entendíamos nosotros- que el protagonista de la noticia tenía derecho a vetar aquellos medios o programas cuyo libro de estilo no compartían.
No digamos entonces el derecho que tiene un club de fútbol de vetar a medios que utilizan métodos subrepticios para conseguir información. Punto Pelota, a pesar del histrionismo imperante en el plató, no es un programa de humor. Es un magacín informativo, que ofrece noticias en primicia, que sienta en plató a periodistas deportivos que ejercen su profesión en los respectivos medios. En ese contexto, un programa contrae unas obligaciones con el espectador, suscribe un contrato implícito que le obliga a ser veraz y a no usar el engaño para sustraer información a cualquier precio.
El Barça tiene todo el derecho a hacer lo que ha hecho. Es más, tenía el deber de hacerlo. Y los demás clubes de fútbol, si no quieren ser las próximas víctimas de la “ingenuidad” de Pedrerol, deberían hacer lo propio.
Por una vez, la respuesta de mi gremio no está siendo corporativista. Vamos por el buen camino.

En twitter: @carlestorras

El Barça pone en su sitio a los impostores

24 Febrero 2012 - 19:15 - Autor:

Cuando me siento en un taxi de Madrid y le cuento al taxista anécdotas que me han sucedido con sus compañeros que trabajan en el aeropuerto, me suele contestar: “en todas las profesiones tiene que haber un porcentaje de caraduras que avergüence y dé mal nombre al resto”. Efectivamente, es así en todos los gremios. Y como cada cual se conoce el suyo, en el mío, en el del periodismo, los caraduras son los de Intereconomía.
Desde “vivir en campo contrario” llevo meses denunciando las prácticas abusivas de Punto Pelota. Como profesional de la televisión, siempre he dicho que prefiero productos como Sálvame, Supervivientes o Gran Hermano porque no esconden lo que son. Son formatos sin engaño, sin artificio, sin doble moral. Hay lo que se ve, y quien lo ve sabe lo que está consumiendo. Es como un restaurante de comida rápida en el que en la fachada pone bien claro: “restaurante de comida rápida”.
Pero hay algunos restaurantes que sirven auténtica bazofia y se venden como si fueran de alta cocina. Hay en televisión algunas ofertas que se presentan como debates periodísticos, en los que se lanzan presuntas primicias informativas, y en el que se tratan cuestiones de actualidad desde una óptica supuestamente neutral. Pero el engaño es total. El fraude, absoluto. Ni se contrastan las fuentes, ni se utilizan medios legítimos para conseguir la información, ni ésta se separa adecuadamente de la opinión. Qué digo opinión, del insulto, la agresión verbal, el maltrato sistemático. ¿Eso es periodismo? No señores, esto es un reality show camuflado, un Sálvame -perdón por la comparación, Jorge Javier- presentado por un ex periodista convertido en pastelero y rodeado de hooligans descerebrados.
Mucho ha tardado el Barça en suspender las acreditaciones de mis ilustres “compañeros”. Como no me siento nada corporativista respecto a alguien que está destruyendo el concepto de televisión que yo defiendo, lo pongo bien claro y por escrito: la única forma que tiene el Barça de defenderse contra la infamia, la calumnia y la falsedad de algunos medios es trazando una línea bien clara entre los periodistas y los saboteadores, entre los informadores y los provocadores, entre los profesionales y los patos descabezados.
Aplaudo al Barça por hacer lo que debería haber hecho hace tiempo el Col.legi de Periodistes y la Asociación de la Prensa de Madrid.
En otras épocas, el peor enemigo del derecho a la información era la autoridad gubernativa. Hoy son algunos desaprensivos con carné de prensa y el corporativismo del resto. Yo no participo de este circo.

En twitter: @carlestorras

El Barça pone en su sitio a los impostores

19:15 - Autor:

Cuando me siento en un taxi de Madrid y le cuento al taxista anécdotas que me han sucedido con sus compañeros que trabajan en el aeropuerto, me suele contestar: “en todas las profesiones tiene que haber un porcentaje de caraduras que avergüence y dé mal nombre al resto”. Efectivamente, es así en todos los gremios. Y como cada cual se conoce el suyo, en el mío, en el del periodismo, los caraduras son los de Intereconomía.
Desde “vivir en campo contrario” llevo meses denunciando las prácticas abusivas de Punto Pelota. Como profesional de la televisión, siempre he dicho que prefiero productos como Sálvame, Supervivientes o Gran Hermano porque no esconden lo que son. Son formatos sin engaño, sin artificio, sin doble moral. Hay lo que se ve, y quien lo ve sabe lo que está consumiendo. Es como un restaurante de comida rápida en el que en la fachada pone bien claro: “restaurante de comida rápida”.
Pero hay algunos restaurantes que sirven auténtica bazofia y se venden como si fueran de alta cocina. Hay en televisión algunas ofertas que se presentan como debates periodísticos, en los que se lanzan presuntas primicias informativas, y en el que se tratan cuestiones de actualidad desde una óptica supuestamente neutral. Pero el engaño es total. El fraude, absoluto. Ni se contrastan las fuentes, ni se utilizan medios legítimos para conseguir la información, ni ésta se separa adecuadamente de la opinión. Qué digo opinión, del insulto, la agresión verbal, el maltrato sistemático. ¿Eso es periodismo? No señores, esto es un reality show camuflado, un Sálvame -perdón por la comparación, Jorge Javier- presentado por un ex periodista convertido en pastelero y rodeado de hooligans descerebrados.
Mucho ha tardado el Barça en suspender las acreditaciones de mis ilustres “compañeros”. Como no me siento nada corporativista respecto a alguien que está destruyendo el concepto de televisión que yo defiendo, lo pongo bien claro y por escrito: la única forma que tiene el Barça de defenderse contra la infamia, la calumnia y la falsedad de algunos medios es trazando una línea bien clara entre los periodistas y los saboteadores, entre los informadores y los provocadores, entre los profesionales y los patos descabezados.
Aplaudo al Barça por hacer lo que debería haber hecho hace tiempo el Col.legi de Periodistes y la Asociación de la Prensa de Madrid.
En otras épocas, el peor enemigo del derecho a la información era la autoridad gubernativa. Hoy son algunos desaprensivos con carné de prensa y el corporativismo del resto. Yo no participo de este circo.

En twitter: @carlestorras

Derecho a la duda

21 Febrero 2012 - 13:53 - Autor:

Pep descoloca. ¿Cómo no va a descolocar un profesional del fútbol que habla correctamente cuatro idiomas (que yo le haya escuchado), que es aficionado a la poesía y que tiene inquietudes intelectuales que traspasan los límites de un campo de fútbol? ¿Cómo no tiene que despistar un paisano que vive por y para su trabajo, que contrae con su oficio un grado de compromiso comparable al de un evangelista con su parroquia? ¡Habrase visto entrenador de fútbol que confiere valor a su palabra, y que se mantiene firme en sus convicciones prescindiendo de los altibajos de marcadores y clasificaciones! En España en general y en el mundo del fútbol en particular Pep es una rareza, un caso aparte. Y como tal hay que analizar el trance en el que se halla y en el que, de rebote, nos hallamos todos: ¿se queda o se va?

En Madrid se ha dicho de todo sobre él. Que es un mentiroso, que no va de cara, que es mucho más visceral que lo que demuestra -como si contenerse fuese un defecto y desparramarse una virtud-, que es un déspota camuflado, un tirano con piel de cordero, un manipulador agazapado, por no hablar de un peligroso nacionalista radical y un desafecto a España. Esto en lo que se refiere a su forma de ser, de pensar y de trabajar, porque también se han hecho correr bulos sobre aspectos más íntimos de su vida privada. La ofensiva mediática que ha sufrido Guardiola ha sido implacable, sistemática y multidireccional. Ya se sabe que cruzarse en el camino de la brunete informativa de la capital tiene un precio.

Por suerte, Pep es un tipo jovial que aplica a la vida una filosofía muy personal mezcla de sabio y de “pagès”. Un poco a la manera de Josep Pla, es capaz de sonreír ante las preguntas con más mala fe, y de encarar a los animales de presa que lo acechan con un brillo burlón en la mirada. La socarronería desarma al adversario, y sitúa la confrontación en un plano distinto en el que no cabe el avasallamiento. Pep siempre tiene una respuesta atinada y elegante, que deja bien al Club, a sus jugadores (aunque no hayan estado del todo bien), al rival (aunque se haya llevado una buena soba), al siempre exigente y puntilloso seguidor, e incluso al presidente, con el cual no creo que vaya a irse estos días de calçotada. ¡Pero si lo más que le ha dicho a su máximo rival es que es el “puto amo”!

Me parece adivinar en todo ello la mano de la señora Dolors, que le habrá repetido un trillón de veces frases del tipo “tingues seny” y “fes-me quedar bé”, (“ten cabeza” y “hazme quedar bien”), las dos frases probablemente más pronunciadas por tantas y tantas madres catalanas. Estas consignas son las que calan en las personas, y acaban forjando personalidades. Por ello estoy convencido de que Pep no ha organizado un show para tenernos a todos en vilo y poder sacar partido de la situación de impasse. 

Pep se ha ganado a pulso el derecho a que le creamos, porque hasta el momento ha sido honesto en su trabajo y en sus declaraciones. Está dudando, y tiene todo el derecho a hacerlo. Si nos atenemos a lo que él ha venido diciendo en los últimos años, solamente hay un factor que pueda llevar al de Santpedor a hacer las maletas de motu propio: que detecte fatiga mental entre sus hombres o que sus técnicas de motivación hayan llegado a un punto de desgaste que las convierta en ineficaces. En definitiva, que Pep y sus hombres dejen de contagiarse mútuamente ilusión.

¿Ha llegado ese momento? Frente al Valencia, pareció que los hombres de Guardiola le quisieron demostrar que no. Aparecieron dos piezas fundamentales del motor creativo del equipo, Messi e Iniesta, que hacía semanas que estaban en babia. Hasta Piqué pareció centrarse un poquito. Entonces, ¿crisis pasajera? ¿Socavón invernal? Yo me temo que hay algo más, porque si no Pep no estaría sometiendo al club a este compás de espera.

Pero quedémonos con lo positivo: si todavía no ha dicho que se va, es que a este equipo Pep todavía le ve carburante en el depósito. Aferrémonos a la esperanza y dejémosle dudar, porque estoy seguro de que al final la decisión que tome será la mejor para el Barça. Incluso si es la de irse.

En twitter: @carlestorras

 

La derrota más dulce

12 Febrero 2012 - 21:05 - Autor:

Uno se siente perfectamente capaz de resistir el envite de las hordas vikingas por el nuevo tropiezo del equipo de Guardiola. No hay derrota más dulce que la de un equipo que tiene todo el derecho, después de una campaña de cuatro años de victorias ininterrumpidas, de bajar momentáneamente los brazos. Los seguidores azulgranas entendemos la situación, nos hacemos cargo de lo que está ocurriendo, y seremos tan capaces de aceptar una eventual derrota en la Liga como lo fuimos de celebrar por todo lo alto la cantidad de títulos que nos ha brindado este grupo de deportistas.

Escribí en el twitter al confirmarse la derrota del Barça en el Reyno de Navarra que hasta se agradece saber a estas alturas, en el mes de febrero, que este año no hay que hacerse ilusiones con la Liga. No pasa nada: si alguna ventaja tiene esto del fútbol es que las competiciones son variadas pero se suceden unas a otras como en un infinito día de la marmota. Si no ganamos la Liga este año, ya lo haremos el que viene.

La derrota frente al rocoso Osasuna fue una manera de aligerar la presión de tener que ganarlo todo. Los jugadores y los seguidores del Barça necesitamos detenernos en nuestra alocada carrera de éxitos, tomar una bocanada de aire en forma de ilusión y motivación, y seguir jugando sabiendo que no es necesario coleccionar todos los trofeos. Hay que conseguir otra vez que cada victoria sea una explosión, y paladear también la ausencia de triunfo, porque nos ayudará a valorar lo que tenga que venir.

El F.C.Barcelona ha pasado por largas travesías del desierto en las que ganar la Liga era prácticamente una quimera inalcanzable. Se sucedían los años y había que conformarse con una Copa del Rey o, en el mejor de los casos, alguna que otra Recopa de Europa ganada agónicamente a la Sampdoria o al Fortuna Dusseldorf. En los años setenta y ochenta el barcelonismo forjó una cierta ansiedad ante el triunfo, una frustración perenne que atenazaba al equipo en los momentos decisivos.

Qué lejos queda ya todo aquello. Cómo ha cambiado la forma de ver jugar al Barça, de acudir al estadio y, sobre todo, de encarar las decisivas finales. Hemos ganado en confianza, en amor propio y en capacidad de reacción ante la adversidad. Somos unos maestros en este concepto tan de moda entre los coach, la resiliencia. Aplicado al deporte sería la entereza en los momentos adversos gracias a la confianza en los recursos propios. Y en eso hemos hecho un máster.

Lo más importante no es esta Liga ni la que viene, es conservar este tesoro intangible que nos han dado Pep, sus hombres, y la estructura deportiva del Club. No hace falta pedir que conservemos la sangre fría, porque los barcelonistas ya sabemos cómo hay que actuar en estos momentos: si hay que dar un paso atrás, que sea solamente para tomar impulso. Tenemos un futuro jalonado de momentos felices, habrá que estar a la altura cuando nos toque celebrarlos.

Pero por encima de todas estas consideraciones, los que sentimos los colores de este gran club desde que tenemos uso de razón -o algo que se le parece- debemos mostrar ahora nuestro agradecimiento a los jugadores, que se merecen nuestro apoyo y comprensión sin fisuras. Los hemos acompañado en el triunfo y estaremos ahí también cuando se deje de ganar.

Ser barcelonista en campo contrario es un inmenso orgullo. Pase lo que pase.

En twitter: @carlestorras

¿Bonaparte dirige Canal +?

11 Febrero 2012 - 19:19 - Autor:

Dijo acertadamente en una ocasión Albert Boadella que el nacionalismo es como un pedo, que sólo gusta olerlo al que se lo tira. Independientemente de que él estuviese exprimiendo una vez más su gran talento para atacar a los nacionalismos llamados periféricos, estaba dando quizás involuntariamente en el clavo en una cosa: todas las exaltaciones patrias, la catalana, la vasca, la gallega, pero también la francesa, la española o la norteamericana tienen algo de onanista que place al practicante y desagrada al observador.
Algo muy parecido ocurre con el humor. Un chiste, parafraseando a Boadella, sería un pedo que le gusta oler a todo el mundo menos al que se siente aludido por él. Y aplicado al ámbito colectivo, no hay nacionalista que acepte bromas sobre su nación, y mucho menos si vienen del país vecino. Solamente los españoles se pueden reír de España, y aún así con bastante cuidadito.
Estos días se aprecia una reacción de tipo histérico frente a unos gags televisivos emitidos en Francia. La oleada de indignación patria ha llegado incluso al consejo de ministros. En un alarde de paletismo -y de patetismo- sin precedentes, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, se hizo eco del supuesto descontento de la población española ante la intolerable afrenta del país vecino. Independientemente de la calidad del guión, y de ciertos detalles de mal gusto (en el gag de Contador aparece incluso un niño con cáncer) fijémonos por un momento más en nuestra reacción que en la supuesta mala fe de los franceses.
Para empezar, es difícil que podamos contextualizar correctamente el alcance real de la ofensa porque en España no existen programas de sátira vitriólica como la de los guiñoles de Canal Plus Francia. En su versión española, los ya desaparecidos muñecos ejercían una crítica muchos más amable, epidérmica, y aún así sufrieron la intolerancia de una clase política poco acostumbrada al mordisco profundo de la carcajada descarnada. Por ejemplo, sin ir más lejos, nunca existió en el guiñol el personaje del rey Juan Carlos.
La sátira se nutre, como primer e indispensable condimento, de la capacidad de reírse de uno mismo: los gags que Canal Plus Francia ha dedicado a deportistas franceses como Virenque, Karembeu o Zidane han sido tanto o más mordaces que los que tenían a Nadal o Contador como objetivos. Lo mismo ocurre en otra nación con gran tradición en la sátira dura, como Gran Bretaña: vean ustedes la serie “Little Britain” y comprobarán como los ingleses son capaces de mofarse de su propia homofobia, xenofobia y clasismo.
El humor se basa en tomar algo que está en el imaginario colectivo y simplificarlo, deformarlo, exagerarlo, o llevarlo al absurdo para buscar el efecto cómico. ¿Existe en la opinión pública francesa la idea de que algunos deportistas españoles -especialmente los ciclistas- se han dopado? Probablemente. Y si lo pensamos fríamente, sin que el pedo de Boadella nos nuble el entendimiento, a la vista de los crudos acontecimientos sus motivos tienen. No lo sabemos. Pero existiendo la sospecha, tenemos ya las condiciones suficientes para que prenda la llama del humor. Sin necesidad de odios patrios añadidos.
Veamos otros factores bastante significativos: en España se utiliza muy a menudo la palabra “gabacho” de forma tan despectiva como “moro” o “sudaca”, para referirnos a los franceses. En cambio, nuestros vecinos no tienen ningún apelativo de este tipo para referirse a nosotros. En España existe francofobia en todas sus expresiones: desde el lugar que reservan al país vecino nuestros libros de historia y de texto, hasta el trato que se les dispensa en las localidades turísticas donde vienen a dejarse el dinero en verano, pasando por los comentaristas de deportes en televisión. En España se ignora y se detesta con igual empeño a nuestros vecinos. Los motivos de esta inquina serán variados, y puesto que no son mutuos sino unilaterales -como cualquier conocedor del país vecino puede corroborar- habrá que buscarlos más en el lado español que en el francés.
Los vídeos de Canal Plus Francia no son una carga de caballería de Napoleón en los Pirineos, no son un acto de guerra del pueblo francés contra el pueblo español. No hace falta que pongamos a nuestras mujeres e hijos a buen recaudo, ni que vayamos a por el trabuco guardado en el granero. Francia no nos odia; nos conoce y respeta mucho más que nosotros a ellos.
Que los españoles odien a los franceses no significa que ellos sientan lo mismo. Seamos justos: en lo del guiñol francés se nos ha ido la mano y hemos enseñado una vez más nuestros antiguos complejos. Cuando un gag no tiene gracia, basta con no reírse. A su autor le sentará peor que nuestra sobreactuada indignación.

En twitter: @carlestorras

Contra frío ambiental y gatos negros

6 Febrero 2012 - 10:16 - Autor:

Es evidente ya a estas alturas del campeonato que lo del Barça está siendo y va a seguir siendo jugar contra los elementos y pelearse a bofetadas con el destino. La adversidad meteorológica, es cierto, la ha sufrido el Barça junto con los demás clubes peninsulares. Pero incluso en eso hemos tenido gafe, porque Catalunya ha sido la puerta de entrada y anfitriona preferencial de la dichosa masa de aire siberiano. Si bien el frío lo hemos compartido con los demás pueblos vecinos, que tampoco somos tan avariciosos, lo que sí que estamos cosechando en dramática exclusiva son los elementos adversos de tipo fatalista. Los barcelonistas vamos entrando por la fuerza de los acontecimientos en el pensamiento de Ortega y Gasset, que decía: “vida es la libertad en la fatalidad, y la fatalidad en la libertad”.

Cuando vi el gato negro galopar por el césped del Camp Nou entendí muchas cosas que nos suceden esta temporada. Entendí la avalancha de lesiones, las de roturas fibrilares en el bíceps femoral atribuibles a factor humano o vegetal (césped), pero también las totalmente aleatorias, como la clavícula de Alexis, la tibia fisurada de Villa y ahora el tajo en la pierna de Busquets. Incluso tenemos lesiones de tipo paranormal y recuperaciones milagrosas, según informa -o es un decir- Marca en su portada.

Al ver el fatídico felino corretear en nuestro santuario entendí también los puntos que se han escapado por decisiones arbitrales que, vamos a suponer en un ataque de buenismo sin precedentes en quien escribe, han sido fruto simplemente de una horrenda alineación astral. Y también comprendí los numerosos disparos al palo, los rebotes en jugadores que deambulan bajo palos, los penaltis fallados por Messi, y los rivales que marcan en la única ocasión de gol.

¿Significa esto que el destino ha dictado ya sentencia y que la Liga va a ser de color blanco? En absoluto. Significa más bien que el Barça deberá quitarse el tutú y enfundarse -si no se ha enfundado ya- el uniforme de camuflaje, y ponerse unas ramas en la cabeza, aunque yo siempre he dudado de que pases inadvertido con un ficus en todo lo alto. Esta es la ocasión propicia para enseñar al mundo del fútbol que el Barça no sólo gana cuando puede desplegar sin obstáculos su implacable máquina de hacer fútbol. Para entendernos, podemos hacer goles de carambola rápida, con circulación al primer toque sobre un tapete de snooker, pero también sobre un barrizal con alambres de espino y Puyol entrando a rematar montado en una tanqueta.

Señores, vayan desengañándose: para ganar el Barça tendrá que luchar este año además de contra la habitual consigna mediática madridista imperante, contra las dioptrias arbitrales, la plaga de lesiones, el conjuro de los tres palos que nos devuelven balones que ya estaban dentro, y contra los céspedes resecos, duros, demasiado altos, demasiado bajos, alborotados o con alopecia.

Hemos tenido mucha poesía y ahora toca más épica. Menos lirismo y más belicismo. Como en los viejos tiempos, cuando después de una temporada mediocre arrancábamos el título de Liga al Madrid en el último suspiro, con un gol de Stoitxkov entrando en tromba en el área del Athletic y una remontada del Tenerife de un 0-2 frente al equipo blanco. No había paseo triunfal, sino hurto furtivo y huida a la carrera. ¡Pero qué bien sabía el botín!

Este año toca sangre, sudor y ya veremos si lágrimas. La guerra ha empezado, cuerpo a tierra y a levantar el Cetme no se nos vaya a mojar la pólvora. Y ya pueden venir los gatos negros que quieran al Camp Nou, que a peleones tampoco nos gana nadie.

En twitter: @carlestorras

El espíritu Guardiola

1 Febrero 2012 - 18:13 - Autor:

Pep Guardiola, a diferencia de otros compañeros suyos, no es un trilero de calle ni un animador de fiestas infantiles. Cuando habla no tienes la sensación de que esté manipulando tus sentimientos ni ofendiendo a tu inteligencia. La mayoría de seres pensantes adultos no necesitamos que el míster se empeñe en que seamos más felices y nos ayude a olvidar las miserias cotidianas con sus encendidas soflamas. Ni tampoco que se transforme en un bufón que condense en cuatro frases más o menos felices nuestro sentir colectivo. Del entrenador de nuestro equipo solamente esperamos lógica y fe.

Y Guardiola sabe perfectamente cuando tiene que inocular una dosis de lo segundo.

Yo me quejé en la tertulia deportiva del Club de la Mitjanit, de Catalunya Ràdio, de que la rueda de prensa de Pep posterior al Vilarreal había sido muy profesional, muy “assenyada”, pero fría. Cuando el puro razonamiento no es suficiente -y así fue antes del partido de ida de la Champions en el Bernabéu y esta semana- el míster, sin perder el aire de tipo que podría ser de la familia, mira de frente a las cámaras y empieza a enhebrar argumentos que resulten comprensibles, descifrables y, sobre todo, que sintonicen con el la emoción barcelonista. A los culés Guardiola nos suele entrar por la cabeza y, de vez en cuando también, por el corazón.

En su segunda comparecencia después del último empate liguero, Guardiola dejó el análisis racional para otra ocasión y buceó una vez más en los intangibles que tan bien conocemos los culés. Son esos parámetros invisibles entre los que late la pasión por nuestros colores y que no necesitamos explicitar antes o después de cada partido: de dónde somos, qué hemos sido, qué queremos ser, el significado que ha tenido ser lo que somos, las connotaciones que le hemos dado a la derrota y al triunfo, y la manera que tenemos de entender y de saborear el fútbol, que era la misma ayer, hoy y mañana.

En este universo propio que nos hemos construido, por cierto, no todo vale para conseguir la victoria porque la victoria no es un fin en sí mismo. La victoria será una consecuencia lógica de las cosas bien hechas, o hechas según nos gusta hacerlas a nosotros. Y si no llega, será más provechoso pensar que algo no acabamos de hacer bien antes que buscar oscuras tramas conspirativas.

Guardiola es un hombre que ya ha logrado dotar pues a su función de entrenador de un significado que trasciende el meramente deportivo. Tiene la facultad de interpretar los sentimientos colectivos, un don reservado a muy pocas personas. Esa habilidad la ejercita tanto de puertas hacia adentro como hacia afuera, tanto para comprender a los hombres que conforman su vestuario como para interpretar a la masa social que envuelve al Club y lo dota de alma y de finalidad. Su labor es la de acompasar ambos sentimientos colectivos, conectar los anhelos de unos y otros para que se alimenten mútuamente, y de esa simbiosis salga el combustible que mueva la máquina hacia un objetivo preciso, que no es solamente el de la victoria.

En su última rueda de prensa Guardiola refrescó los que para él son los objetivos de este equipo. La diferencia es que hasta ahora lo decía instalado en la victoria perenne. Quizás ahora cambie el escenario, no lo sabemos. Lo que sabemos es que no variará el texto de la función por como haya ido el último partido o porque sople una maldita racha de viento polar.

Esta es la filosofía imperante en Can Barça hoy en día, y estoy seguro de que lo seguirá siendo mientras Pep esté al mando. Y probablemente después también. Lo que no se hace en dos días no se destruye en dos horas.

En twitter: @carlestorras