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Alguien lo tenía que decir

6 marzo 2012 - 23:07 - Autor:

En esto del fútbol impera una gran confusión, porque hay mensajes cruzados entre los que pretenden informar y los que juegan a desinformar. En medio, están los que buscan la verdad y los que prefieren la consigna de un color determinado. Hay tal batiburrillo de declaraciones, opiniones, medias verdades y mentiras como soles que de vez en cuando hace falta poner los puntos sobre las íes, para que no nos liemos ni nos dejemos liar.
1- El Barça tiene todo el derecho a criticar a los árbitros. Primero, porque se supone que este país, Estado, territorio, cacho de península o lo que sea ya no es una dictadura y aquí todos, incluso el Rey, estamos sujetos a crítica. Pero además, que durante tres años el equipo haya arrollado deportivamente a todo aquél que se ha interpuesto en su camino no ha convertido a los árbitros españoles en infalibles. Siguen siendo tan “humanos” como siempre y cuando se equivocan mucho y en el mismo sentido hay que decirlo bien alto y sin complejos.
2- Criticar a los árbitros no es ser victimista. Lo es cuando tu equipo juega rematadamente mal o cuando pretendes escurrir el bulto por errores propios. Este año, el Barça sigue siendo mejor que el Madrid, y así lo ha demostrado cada vez que se han encontrado. Y los árbitros son uno de los factores que explican el desajuste entre realidad y clasificación. Si les pica, que se rasquen. Las estadísticas de penaltis a favor y en contra, de tarjetas y de expulsiones, por ejemplo, cantan.
3- El Barça sí ha criticado a los árbitros. Cuando le pide a la Federación que aclare los criterios que se aplican para sancionar a unos sí y a otros no por sus críticas a los árbitros, el Barça está infiriendo que se hacen diferencias. Y es evidente que las hay, porque Mou en su interpretación de Tony Soprano en el aparcamiento del Camp Nou y Casillas poseído por el espíritu del mal se fueron de rositas, mientras que Piqué ha desatado la ira de los dioses negros.
4- Piqué dijo lo que dijo, no más. El chaval será un poco lenguaraz, pero reservemos nuestro espíritu de autocrítica para otra ocasión, porque esta vez lo que dice es que el árbitro estaba condicionado en su contra por haberle criticado una decisión. No me parece un desparrame, sino una realidad fácilmente comprobable a la luz de lo sucedido en el campo.
5- Sánchez Arminio no entendió bien lo que dijo Piqué, o no quiso entenderlo bien. Y él, que ya es mayorcito -y crecidito más de la cuenta en su perímetro, por cierto- sí que desbarra a lo grande. Las declaraciones de Piqué, en gravedad, no son ni comparables a las que hizo cualquier madridista de medio pelo la temporada pasada, acusando a Villar y su séquito endiablado de arrebatarle la Liga al eterno realísimo, ganador de todos los campeonatos por derecho natural, por la gracia de Dios y del Caudillo (aunque haya otro equipo que juegue setenta veces mejor).
6- La directiva de Sandro Rosell ha estado en su lugar. Por una vez, y sin que sirva de precedente, intentemos juzgar lo que han hecho sin tener en cuenta nuestras preferencias -laportistas sector cruyffista, sector independentista duro, ex-nuñistas rosellistas, anti-laportistas o desengañados en general-. Se responde al atropello con rapidez, elegancia y proporcionalidad. Ya vale de tragar sapos a cuento del fair play, que en este país solamente tienen en cuenta que seas tú más chulo que el de enfrente. Pues si quieren bronca, de vez en cuando hay que darla, para que no te tomen por melifluo, pacato y pusilánime.
7- Esperemos lo peor del Comité de Competición. La justicia deportiva es a la justicia lo que la música militar a la música. Y en último término, siempre podremos recurrir al Comité Español de Justicia Deportiva, que depende del ministro de Educación, el ultrasur José Ignacio Wert. Él nos salvará.
8- La Federación ha provocado esta situación: ha demostrado a todo el mundo que si un equipo se dedica durante toda una temporada a echarle porquería encima, a enrarecer el ambiente con falsas acusaciones de conspiraciones, y a lanzar infundios sobre presuntos casos de dopaje, obtendrá beneficios arbitrales al año siguiente. Que no se quejen si otros toman ejemplo. E insisto que al Barça no le hace falta, porque es el mejor equipo.
9- Al Real Madrid no le ha dado la gana que el Barça pueda ganar la Copa del Rey en su estadio. La barcelonitis corroe las putrefactas entrañas de Florentino, y si no lo quiere decir Pep ya lo digo yo: es una vergüenza que durante tantas décadas el Madrid haya gozado del privilegio de jugar la Copa del Generalísimo en su feudo y ahora, en democracia, nos prive de él por pura intransigencia pueblerina. Menudo señorío.
10- Es un honor para el barcelonismo jugar en el estadio Vicente Calderón, la auténtica catedral del fútbol del Madrid popular, abierto y cosmopolita. Ser culé en esta ciudad es un gusto, en gran parte, por compartir trinchera con los atléticos.

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