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Una afición bipolar

13 abril 2012 - 8:54 - Autor:

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Cansan mucho algunos debates bizantinos del mundo del fútbol en general y del madridismo en particular porque tienen siempre un comportamiento pendular sujeto a lo sucedido en el último partido. El tema Cristiano Ronaldo es un caso claro de esquizofrenia merengue, porque genera horas y horas de debate entorno a sus capacidades y limitaciones.
La afición blanca está dividida, como los judíos de La Vida de Brian, en multitud de pequeñas facciones enfrentadas: están sus fans incondicionales, los que lo valoran como jugador pero detestan su comportamiento en el campo, los que aplauden su fuerza y coraje pero critican sus brotes de fanfarronería y altivez, el sector femenino y gay que celebra sus exhibiciones de muslo cuando marca un gol y los que no le ven ninguna gracia, ni como jugador y mucho menos como embajador ante el mundo del escudo que lleva en el pecho.
La última moda, después del partido frente al Atlético, es decir que CR7 es una suerte de desatascador para lo partidos espesos. No se decía lo mismo después de los empates frente a Málaga, Vilarreal y Valencia. Entonces, la ley del péndulo merengue dictaba sentencia condenatoria contra el portugués por no haber marcado la diferencia y por no ser suficientemente desequilibrante.
Cristiano estará estos dias en la cresta de la ola, viéndose en las portadas de toda la prensa deportiva y nadando en la abundante baba que secretan mis compañeros capitalinos. Efectivamente, su papel en el Calderón fue determinante y reventó el encuentro para los suyos cuando peor se estaba poniendo. Pero cuidado que este mar de fluidos no se seque de golpe después del partido en el Camp Nou. Frente al Barça, CR7 ha perdido siempre sus poderes, como Sansón después de pasar por la peluquería. Habrá que leer y escuchar a los mismos que hoy lo encumbran para ver si, dentro de poco,lo lanzan al precipicio y luego escupen dentro.
Cristiano es un gran futbolista. Cañonea las faltas como nadie, y sabe teledirigir el balón con una endiablada parábola descendente que deja a cualquier portero con cara de “a veces veo Ovnis”. Pero también juega demasiado estresado, al límite. Quiere asumir toda la responsabilidad, y se siente tan necesario y determinante para el equipo que con demasiada frecuencia cruza la frontera entre la motivación y la ansiedad.
En cambio, y para ser justos con él, siempre me he fijado que cuando su equipo se desquicia y Pepe se convierte en el referente, cuando Mourinho consigue que algunos de sus hombres se comporten como los Dalton, CR7 suele mantener un prudente distanciamiento. Es de los que siempre busca el balón para jugarlo, de los que prefiere que el partido discurra por caminos que sean estrictamente deportivos. Curiosa transformación: el chulito provocador se vuelve sensato cuando sus compañeros se transforman en un atajo de pandilleros.
En cambio, y puestos ya a hacerle una auditoría completa, debería ser menos aparatoso en la celebración de sus goles. Sus aspavientos delante de la grada del Frente Atlético, convecinos suyos al fin y al cabo, no lo ayudarán precisamente a ser un madrileño más y a poder pasear tranquilamente por la pradera de San Isidro vestido de chulapo.
Y si quiere seguir señalándose el muslamen cada vez que lanza un misil intercontinental, que luego no vaya preguntando desconsoladamente que por qué la gente no lo quiere. Si lo pitan es por rico, buen jugador, y aspirante a guapo, sí. Pero también por faltón y prepotente.
¡Que siga el debate!

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