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Pensar, trabajar y volver a ganar

22 Abril 2012 - 17:03 - Autor:

Los días en los que has perdido un partido crucial y no estabas psicológicamente preparado para ello es cuando el fútbol te aporta más enseñanzas vitales. Como pasa en otros aspectos de nuestra existencia, no siempre las buenas intenciones son suficientes para conseguir un objetivo. Hace falta una combinación de factores que este sábado, evidentemente, no se dieron cita sobre el césped del Camp Nou.

Hoy estará Pep dándole vueltas a su planteamiento táctico, a las decisiones que tomó antes y durante el partido, y hará examen de conciencia de sus relaciones con determinados integrantes del vestuario, en particular Piqué y Cesc. El míster sabrá lo que pasó y por qué la alineación no fue la más “ortodoxa” ni, vistos los resultados, la más acertada. También imagino que Guardiola repasará los cambios que realizó, la disposición sobre el terreno de juego de Alves y de Messi, y también la reacción alocada y ansiosa del equipo después de empatar el encuentro, que permitió el contragolpe mortal de Cristiano. Un jugador que, aunque nos fastidie por su forma de ser, hay que reconocer que nos ha marcado dos goles que han valido dos campeonatos. Eso sí que es efectividad máxima.

Todos estos análisis son necesarios porque aunque el Barça quiso ser él mismo no lo fue de la misma forma de siempre. La fidelidad a uno mismo es importante, pero queda claro que si no se combina con decisiones pragmáticas en aspectos y momentos clave del juego no es siempre suficiente para ganar.

Dejemos que Pep tome sin ninguna presión añadida sus decisiones de cara al próximo y determinante encuentro de vuelta de semifinales de la Champions, porque ahí sí se verá si nos encontramos ante un cambio de orden en el fútbol español. Es mejor encarar las cosas tal y como vienen y no buscar eufemismos o adornos analgésicos. La vida, como el fútbol, está formada de etapas. Y las forma de detectar un fin de etapa en el fútbol es darse cuenta de que, haciendo lo mismo que hacías antes, dejas de obtener los mismos resultados. Sí, esta temporada el equipo ha jugado bien (sobre todo en la segunda vuelta) y hemos ganado importantes títulos. Pero sería engañarse no darse cuenta de que perder la Liga y la Champions, y obtener acaso el premio de consolación de la Copa del Rey, sería una clara señal de que esto se acaba.

Si fuera así, si el ciclo hubiese terminado o empezase a dar evidentes síntomas de agotamiento, no hay que atarse una roca a los pies y lanzarse al fondo del mar. Habrá que trabajar para, sin perder el rumbo, introducir los cambios pertinentes con el fin de que todo vuelva a ser lo que era. Como cuando Rijkaard agotó sus opciones y tuvo que entrar savia nueva para, sin modificar la filosofía básica de juego, remontar el vuelo con energías renovadas. Si hacemos las cosas bien, podemos vivir una nueva etapa de triunfos incluso mejor que la pasada, porque disponemos ya de una sólida base y tenemos claro cómo nos gusta jugar al fútbol, que no es poco. Solamente es necesario no autoengañarse y no perder nuestras señas de identidad. De sobreponernos a la adversidad y trabajar con sentido común y claridad de objetivos los catalanes sabemos bastante. Lo hemos demostrado en repetidas ocasiones a lo largo de la Historia. Hagamos, pues, lo que sabemos hacer y no nos dejemos arrastrar por el fatalismo y las discusiones bizantinas.

Del partido del sábado me quedo con el himno cantado a capela por 94 mil gargantas. Ese es el espíritu que necesitamos ahora. ¡Visca el Barça!

En twitter: @carlestorras

 

 

No está hecho Messi para los ojos del mediocre

3 Julio 2011 - 11:55 - Autor:

Incidir en que Messi sin el Barça no es el mismo, en que no juega con la misma soltura con su selección, y que no ha conseguido brillar cuando no viste de azulgrana son ganas de sumarse porque sí al río de las críticas sin fundamento. El que quiera participar del linchamiento público al astro argentino, a pesar de haber sido declarado mejor jugador del partido contra Bolivia, es que no necesita argumentos sólidos para intentar menoscabarle y erosionarle.

Lo apuntó Alves ayer: Messi no tiene en la selección argentina el medio campo y la delantera del Barça. Tampoco está Guardiola ni el sistema de juego que lleva practicando su equipo desde hace unos cuantos años. La selección albiceleste ha pasado de la azarosa batuta de Maradona a la de Sergio Batista, que como primera declaración de intenciones manifestó en rueda de prensa que él no quiere -¿no puede?- jugar como el Barça. Eso sí que es lanzar una propuesta de juego en positivo.

Mascherano, Banega y Cambiasso no son, evidentemente, centrocampistas del mismo perfil que Busquets, Xavi e Iniesta. Y el Kun y Di María no son Pedro y David Villa, jugadores para los que es tan importante dar un pase de gol como marcarlo ellos mismos. No hace falta extenderse para poner en evidencia que Argentina no juega como el Barça porque es un equipo en proceso de construcción, que lucha por rehacer su imagen después del naufragio de Sudáfrica. Y el Barça tiene un modelo consolidado y contrastado.

Lo que le pasa a Messi es lo mismo que les ha pasado a muchos otros cracks que, transplantados a otros entornos –su selección u otros clubes-, dejan de rendir al mismo nivel. El fútbol, aunque sea una obviedad decirlo, es un juego para once hombres, y de ese ecosistema es del que debe surgir el genio individual. Si no hay un caldo de cultivo propicio, el arte se esfuma.

Es exactamente lo que le sucedió a otro argentino, Alfredo Di Stefano. La ‘saeta rubia’ era un jugador de equipo, que necesitaba un cierto orden a su alrededor para poder desplegar sus cualidades sobre el terreno de juego. En plena gloria de sus primeros años en el Madrid, del 54 al 60, Di Stefano no consiguió lucir ni un solo día con su selección de origen, la argentina, ni con la de adopción, la española. Y eso que la delantera de aquél combinado daba escalofríos: Miguel-Kubala-Di Stefano-Suárez-Gento. España ni se clasificó para los mundiales del 54 y el 58, y Di Stefano se quedó sin jugar una sola copa del Mundo. Y nadie dudó de su extraordinaria calidad.

Por cierto, respecto del fichaje de individualidades y del valor de la cantera y del juego de equipo, Di Stefano dice textualmente en su autobiografía: “cuando el semillero es bueno, puedes hacer equipo y es lo mejor. Luego, lo que te falta, lo apuntalas si acaso con algún fichaje bueno y escogido, pero sólo lo que te hace falta. Fichar por fichar no hace un equipo, mueve dinero, pero eso no hace un equipo”. Justamente al revés de la política deportiva que sigue ahora el club del que es presidente de honor. Paradojas del destino.

Responsabilizar a Messi de que su selección no esté brillando es una aberración más de las que pueblan el frondoso bosque de sinsentido que es el fútbol. Los que quieran tapar las responsabilidades colectivas de la albiceleste y los que quieran desde España poner en duda la genialidad del argentino encontrarán ahí gasolina para avivar el fuego de su envidia o de su rabia. Pero Messi puede estar tranquilo. Hay un grupo humano en el que encaja, que él entiende y le entiende a él, y con ellos está llamado a realizar muchas más gestas deportivas.

Mediocres del mundo, rendíos ante el rey Messi.

En twitter: @carlestorras

 

Sin entradas duras no hay teatro posible

29 Abril 2011 - 12:12 - Autor:

La reacción institucional del Real Madrid vuelve a ser de pasamontañas y subida al monte, y conecta directamente con su hinchada más ultra. La denuncia ante la UEFA a los futbolistas del F.C. Barcelona por fingir significa que los mandatarios blancos ponen en pie de igualdad la presunta sobreactuación y el juego violento. Dicho de otra manera, se defienden de la acusación de jugar duro señalando al rival por exagerar el daño recibido. ¿No es esto ver la paja en ojo ajeno e ignorar la viga en el propio? Cuando no te han entrado de forma violenta es muy difícil fingir que te duele…

La denuncia del Real Madrid ante la alta instancia deportiva es poco ética y, además, incoherente con lo que expuso el técnico al terminar el partido. Si el club blanco tiene la convicción de que el Barça ejerce alguna misteriosa influencia sobre los árbitros para que piten a su favor, debería entonces denunciar este gravísimo extremo, y dejarse de minucias, como que Alves o Pedro se ejercitan en el método Stanislavsky.

Que el club de Concha Espina vaya a por todas. Que contrate a detectives,  se vuelque en la investigación, mueva cielo y terra, y aporte todas las pruebas ante la justicia. O al menos que sea consecuente con sus palabras, denuncie los supuestos hechos, y luego se atienda a las consecuencias. Si se demuestra que el Barça ha sobornado a los árbitros a los que Mourinho acusa de perjudicarle, estoy convencido de que los propios culés, con Guardiola al frente, saldremos en procesión penitente portando la copa de la Champions del 2009 para devolverla a su justo dueño, que Florentino ya nos dirá quien es.

No obstante, observen este video y juzguen si está todo el mundo libre del pecado de beneficiarse ocasionalmente de la condición humana, y por tanto imperfecta, de los árbitros.

Haría bien por tanto la institución madridista en cortar por lo sano con su discurso victimista, plañidero y patético. Toda Europa, incluído Cristiano Ronaldo, vio con claridad que la causa de su derrota del miércoles no fue la expulsión de Pepe, sino el planteamiento tacaño, ultraconservador y violento de Mourinho. Esta estrategia, frente al Barça, acabará nueve de cada diez veces con un resultado similar al registrado el miércoles. Siempre y cuando el árbitro no esté a por uvas, como en la final de Copa.

Por cierto, gracias a un seguidor en Twitter hemos conocido el interesante trabajo de un editor que ha analizado a fondo el video de la entrada de Pepe emitido en Punto Pelota, programa televisivo de gran calidad y rigor periodístico, en el que se apreciaba que el defensa brasileño, supuestamente, no tocaba a Alves. Juzguen Uds. mismos.

Hablando de dotes escénicas, el espectáculo circense que están ofreciendo el Madrid como institución y el técnico portugués es de órdago. Wenger y Ancelotti ya han rechazado la teoría de la conspiración lanzada por Mourinho, y la prensa internacional solamente ve lo que se vio sobre el césped: un equipo sólido que juega al ataque y un conjunto de individualidades replegadas en defensa que renuncian a su talento deportivo para centrarse solamente en atajar de forma violenta el juego del rival. Cristiano, Ozil, Di María, Xabi Alonso y otros hombres de creación del Madrid seguro que están más de acuerdo con lo que dice el mundo entero que con lo que defienden en plan numantino Mou, Florentino y la hinchada merengue más ultra .

En vez de llorar por los pasillos de los organismos europeos, las cabezas pensantes del Madrid, de existir, deberían centrarse ahora en confeccionar una táctica para, el martes que viene, marcarle dos goles al Barça, evitar que les caigan unos cuantos a ellos, e intentar romper cuantas menos tibias mejor. Si es posible.

El misterioso ‘efecto Shakira’

24 Abril 2011 - 8:25 - Autor:

El barcelonismo se encuentra estos días sumido en el proceso de evaluación del misterioso ‘efecto Shakira’ sobre el juego azulgrana. La aparición en la grada de la cantante colombiana en los dos últimos compromisos ha arrojado un saldo contrastado en cuanto a resultados (derrota por 0-1 y victoria por 2-0), pero decididamente negativo en cuanto a la calidad del juego exhibido. Y las próximas dos semanas no están para aventurarse en probaturas inciertas.

Los síntomas del ‘efecto Shakira’ sobre el juego azulgrana son preocupantes. Ha provocado un cierto aturdimiento general, similar al que provocó Blancanieves entre los Siete Enanitos. El Barça ha pasado de ser una máquina compacta a un motor ruidoso, donde no hay un solo engranaje que no chirríe ni una sóla válvula ajustada. Nos produce el mismo efecto ver jugar al equipo hoy que ver a un estiloso corredor de poderosa zancada en el tramo final de la maratón, con el rostro desencajado, el movimiento desacompasado e incluso con algún tropiezo ocasional cuando encuentra el piso irregular (o el césped alto).

Es verdad que frente a Osasuna Guardiola alineó a un equipo de circunstancias, pero en la segunda parte tuvo que sacar a jugar a los teóricos puntales y, salvo el incombustible Messi, los demás se mimetizaron con la vulgaridad general. Iniesta parece timorato e inseguro, Xavi pierde balones en zonas comprometidas, y Alves es un ente pasado de revoluciones que proyecta balones sin sentido, la mayoría de los cuales acaban en poder del adversario. El anteriormente infalible Sergio Busquets es ahora un mortal más, de los que de vez en cuando llega tarde y debe soltar un plantillazo para poder atajar un contrataque mortífero. Y Valdés se tiene que emplear como nunca para sacar pelotas de su marco y situarlas en lo alto de las gargantas de los culés.

El efecto Shakira transforma por ensalmo al Pep Team de toda la temporada en, por ejemplo, el Europa, con todo el respeto al equipo de mi barrio. Un equipo sin chispa, sin sexta velocidad, incapaz de mover con rapidez el balón ni de construir jugadas de ataque con sentido. Y todo esto… ¿justo en el momento de enfrentarse al Real Madrid en la Champions? O esto se debe a una maquiavélica treta de Guardiola para llegar al choque sin la presión del favorito o ya estamos tomando cartas en el asunto.

Risto Mejide, que es muchas cosas pero también un especialista en valorar el trabajo de los artistas sobre el escenario, dijo en Twitter que Shakira “sobreactúa en la grada”. Efectivamente, en el segundo gol del Barça al Osasuna, la vimos quedarse de pie cuando todos los espectadores de su alrededor se habían sentado ya, mientras cogía con las dos manos la cabeza de su atónito galán y le estampaba un húmedo morreo. ¿Fue el efecto Sant Jordi sobre Shakira? Piqué se quedaba mirándola fijamente, como pensando “el Sport ya tiene portada mañana” o simplemente “que acabe esto ya que me van a estallar los pantalones”. Desde luego, la cara de él no era de “aléjate de mi, pesada, que estoy concentrado pensando en cómo parar a Cristiano Ronaldo”.

Los efectos de Shakira sobre Piqué están más que claros. Son muy evidentes, e incluso protuberantes. La incógnita es qué parte de responsabilidad ha tenido en el cambio de juego del equipo. Y el problema es que nos tocará dilucidarlo justo en las dos semanas cruciales de la temporada. Confiemos en que finalmente el efecto Shakira se parezca al efecto Carbonero en el Mundial, o al efecto Marilyn Monroe sobre las tropas norteamericanas en la Segunda Guerra Mundial. Porque no tenemos al equipo como para superar un efecto paranormal adverso.