La ciclotimia habitual
Alguien que viene de fuera es capaz de captar matices en el comportamiento colectivo que uno mismo, si ha vivido siempre inmerso en dicho grupo, no es capaz de detectar. Así que acepten que un catalán que vive en Madrid desde hace tiempo les revele un trazo del carácter madrileño que quizás les haya pasado hasta ahora inadvertido.
Desde el respeto e incluso el cariño de alguien que vive felizmente en Madrid, les diré que esta ciudad, tomada en su conjunto y con honrosas excepciones, sufre habitualmente de una ciclotimia colectiva que arrastra intermitentemente a amplias capas sociales desde la euforia sobreactuada hasta la más oscura depresión, y viceversa. El madridismo es un claro exponente de dicha peculiaridad sociológica, pero también les ocurre a mis hermanos futbolísticos del Atleti, y a todos en general en el caso, por ejemplo, de las dichosas nominaciones olímpicas que no acaban nunca -veamos si ahora cambiará la tendencia- de dar el deseado fruto.
Permutan su estado de ánimo de extremo a extremo del arco en un chascar de dedos y sin detenerse en aburridas fases intermedias. Y muy a menudo, sin necesidad de detonantes objetivos. Es cierto que celebran ambos estados de ánimo con tanto entusiasmo que hasta sabe mal criticarlo. Y también es cierto que visto en perspectiva, este vaivén emocional no deja de animar la rutina capitalina. Al final uno, que procura mantener el ánimo dentro de los márgenes de la moderación, tiene que reconocer que se entretiene bastante con este exotismo mesetario.
En el terreno futbolístico, no hay ni que decir que los merengues están ahora en pleno subidón de euforia. En una semana han agotado ya toda la panoplia de adjetivos laudatorios al juego de su equipo, que ya es “el que mejor juega al contraataque en el mundo”. La pericia de sus jugadores es tan absoluta que ya no ven en ellos ninguna de las miserias que les achacaban hace pocas semanas, cuando perdieron contra el Levante y empataron contra el Racing. El bajón no solamente es ya parte del pasado, sino directamente del olvido.
Vamos a intentar, modestamente, señalar los hechos objetivos: el Madrid ha consolidado y automatizado el sistema de juego que Mourinho empezó a practicar la temporada pasada. Hasta el momento, los resultados han sido desiguales, y el arranque liguero, en cuanto a puntos, ligeramente peor que en la pasada campaña. El equipo se muestra muy efectivo y tremendamente goleador en los primeros 15 minutos de partido, cuando presiona arriba y arma rápidos y certeros contraataques. El resto del partido sirve para retozar en el césped cual picnic en la campiña. En resumen, globalmente más solvente, plásticamente espectacular a rachas y siempre, eso sí, rebosante de motivación.
En el lado del debe, habrá que decir también que los últimos rivales han intentado jugar al Madrid de tú a tú y le han brindado la ocasión (tan calva como Víctor Valdés) de dejarse coger al contraataque. Que es tanto como untarse el cuerpo de miel y entrar en la jaula de un oso pardo hambriento: una ocurrencia un tanto imprudente.
También hay que decir que para un cuarto de hora vistoso, hay 75 minutos más de tedio pantanoso. Como dicen en Cataluña las mujeres que han tenido escasa suerte con el marido, “por una butifarra me he tenido que quedar con el cerdo entero”. Aplicado al Madrid, por 15 minutos de fútbol, te chupas más de una hora de insulso peloteo de trámite.
Es curioso además que la euforia de la afición se haya desatado simultáneamente con la transformación de Mourinho en un ser de nuestra misma especie. Del alienígena desatado de la primera temporada y comienzo de la actual, ha pasado como por obra y gracia de un atracón de litio a ser un modosito señor maduro que podría encandilar a cualquier incauta madre. Celebremos, al menos, esta transformación por el bien del clima futbolístico peninsular.
Por lo demás, como barcelonista que vive un proyecto deportivo consolidado después de tres años de estabilidad en el triunfo, observo la montaña rusa del rival con mucha atención y, como he dicho antes, con no poca dosis de diversión.
En twitter: @carlestorras




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