Ni un rayo de luz en la noche blanca
A pesar de los guarismos de ayer -que más bien fueron “guarrismos” para el Rayo-, el Madrid rozó el desastre y, a estas alturas de la competición, camina ya por el alambre desafiando el precipicio a lo Harold Lloyd. Y me explico.
El Madrid consiguió convertir en remontada épica un partido en su casa -el otrora inviolable Alcázar de Toledo de las huestes nacional-merengonas- frente a un equipo recién ascendido. El Madrid rizó el rizo de su paupérrima propuesta futbolística ganándole al rayito a la contra, en acciones individuales basadas en la ¿transitoria? inspiración de Cristiano Ronaldo, Benzemá y el filigranas Varane.
Mourinho tuvo que replantear su dibujo táctico en el minuto 25, sentar a Lass Diarra y dar entrada al único constructor de juego con garantías de que dispone hoy en día el Real Madrid: Ozil.
Reacción de la Central Lechera: aplaudir la valentía del entrenador y celebrar los indiscutibles recursos anímico-técnico-tácticos mostrados por el turco-alemán sobre el terreno de juego.
Reacción de un servidor -llámenme pejigoso-: constatar la falta de alternativas tácticas del equipo cuando tiene que jugar a construir juego y no a la pura contra, donde sí se mueve como pez en el agua. Para jugar cómodamente, los de Mourinho necesitan un rival modesto y descarado, que no plantee el encuentro como si se tratase de la guerra de trincheras del 1914-19, sino que salga alegremente a jugarle de tú a tú cual Caperucita al lobo. Denle espacios al Madrid, que sabrá colonizarlos como la hiedra para acabar ahogándonos con sus aislados pero mortíferos latigazos atacantes.
Eso sí, a la vista de la prensa deportiva lechera, Mourinho ha dado carpetazo definitivo a la crisis. Aunque el enfermo siga tosiendo y con fiebre, se ha tomado una aspirina y ya sonríe. Démosle el alta y a correr, que no ha sido nada. Y quítense de ahí agoreros de inoportunas recaídas.
Parece mentira cómo los plumíferos a sueldo pasan de un día a otro del arañazo furtivo al lametón zalamero. No dejará de maravillarnos nunca su capacidad para jugar al desquite con el lector aquejado de desmemoria severa. Contemplar dicho espectáculo es uno de los motivos de mayor gozo al día siguiente de las victorias madridistas.
Mientras tanto, en Qatarunya parece que todo se encarrila, con un Guardiola que reparte apoyo logístico a Rosell para aprobar sus cuentas golfas (del Golfo Pérsico) y apoyo anímico a Laporta pese a sus devaneos golfos (no Pérsicos).
Mientras sigan jugando como hicieron los de Guardiola frente al Atleti, Rosell conseguirá que se lo aprueben todo: la “grada jove”, la prohibición de fumar, y hasta si le da la gana sustituir el chándal de los jugadores por chilabas, siempre y cuando no sean blancas.
En twitter: @carlestorras


Comentarios recientes