Somos y seremos de Guardiola
Como siempre ocurre en este país cainita, cicatero, cortoplacista y mezquino (y ahora me estoy refiriendo tanto a España como a Catalunya) tendremos que esperar a ver su nombre escrito en un libro de historia para darnos cuenta todos de lo que ha aportado Pep Guardiola al mundo del fútbol. Para sus compañeros de profesión ya es una referencia. No habrá escuela de fútbol en el mundo, desde ahora y hasta que la crisis o los Mayas se nos lleven definitivamente por delante, que no dedique al menos un tema entero a estudiar lo que este hombre ha creado.
Pero la cosa va mucho más allá. El tsunami Pep abarca muchos otros ámbitos de la sociedad, se ha convertido dese hace tiempo en un fenómeno global, transversal y transgeneracional. Enamora tanto a las abuelas de Santpedor, vecinas de la señora Dolors -madre de Pep y de las pocas personas, imagino, felices en Catalunya con su marcha- como a los niños que pelotean en el barrio de la Boca, o a las cajeras del Prica de Algeciras.
Para decirlo de forma un poco rimbombante pero nada exagerada: lo mismo que han sido Miró y Dalí en el mundo de la pintura, Tàpies en la escultura, Gaudí en la arquitectura, Casals en el violoncelo, Pla en la literatura y Adrià en la cocina, Guardiola ha sido y seguirá siendo al fútbol. Ha cambiado lo que estaba antes y ha marcado para siempre lo que tenga que venir.
Su pericia como entrenador, su visión de futuro y su apuesta de modernidad han sido compatibles con un estilo sosegado, maduro y respetuoso, algo que parecía casi imposible en el mundo del fútbol. Desde que llegó Pep, parece que el resto de entrenadores -salvo uno- lo han tomado como faro -y así lo han explicitado en más de una ocasión- no únicamente de lo que hay que decir sino también de cómo hay que decirlo.
Solamente en una ocasión abrió la válvula de presión para soltar un chorro de vapor que quemó las pestañas a más de uno. Fue en la rueda de prensa en el Santiago Bernabéu antes del partido de ida de Champions League del año pasado, cuando calificó a Mou de “puto amo” de la sala de prensa -referencia descriptiva, más que ofensiva- y sacó a colación el término de Central Lechera, lo cual ayudó a proyectar hacia el mundo una foto en alta definición de cómo funciona el coro mediático madrileño. Desde este modesto blog, justamente, hemos trabajado para diseccionar, analizar, interpretar y en definitiva denunciar los excesos de la propaganda florentiniana.
Y todo ello, que no es poco, lo ha conseguido Pep manteniendo un pie en Catalunya y el otro en el mundo global, sin radicalismos, complejos extraños, ni elevadas pretensiones universalistas. El discurso de país ha fluido sin estridencias, sin esencialismos. Guardiola, como muchos otros catalanes, se siente capaz de conectar su origen con la vocación universal, compaginar la fidelidad a un pueblo con las ganas de prosperar, de conocer, y de evolucionar. Caminando o corriendo hacia el futuro, pero descalzo, para sentir la tierra bajo los pies.
No se le puede pedir nada más al genio de Santpedor. Hay que dejarle volar ahora. La última vez que salió del club, también un 27 de abril, día de la Marededéu de Montserrat, se fue para enriquecer su acervo personal con un único objetivo: revertirlo otra vez en favor del club que lleva en el corazón. Sé que ahora necesita pasar por el mismo proceso. Tengamos paciencia y esperemos. Volverá para darnos más gloria. Sempre amb tu, Pep.
En twitter: @carlestorras




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