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El Madrid, como el AVE(struz)

29 Septiembre 2011 - 9:56 - Autor:

Dos noticias me llaman la atención, y las dos me llevan a similar conclusión.

“La prensa holandesa ensalza el juego del Madrid: parecía el AVE”. Se refieren, imagino, al gol de combinación espectacular, perfecta, de escuadra y cartabón, ejecutada a velocidad del rayo por unos atletas al sprint. Fueron 16 segundos preciosos, de los que se repiten en los resúmenes del año. Sí, es cierto. La jugada destaca como un lingote de oro en una chatarrería, porque los 89 minutos y 44 segundos restantes del encuentro fueron un marasmo inaguantable de juego desprovisto de ideas, esquema e intención.

El Madrid juega a trompicones, lanza destellos aquí y allá para luego echarse a dormir interminables siestas donde los intentos de armar un ataque naufragan una y otra vez contra las defensas del adversario. Aunque sean defensas como la holandesa, que tenía la consistencia de un queso de bola al sol o de una plantación de tulipanes mecida por la suave brisa de los países bajos.

El Madrid pareció el AVE durante 16 segundos, sí. Los que necesitó para desarbolar de un guantazo el planteamiento hippy de Frank de Boer. Un hombre con la capacidad de reacción de un tractor John Deere y el mismo juego de cintura que Mary Santpere, como se vió cuando jugaba en el Barça (De Boer, no Mary Santpere).

Y quien no quiera verlo, más que al AVE se parece a un avestruz.

En otro periódico leo: “El Madrid es el rey de la Champions”. El diario francés l’Equipe nos recuerda que tomando todas las ediciones de este campeonato, y aplicando un sistema de puntuación que ellos se han inventado (en una cena con chupitos de postre, supongo) el equipo blanco aparece, oh sorpresa, como el mejor de todos.

Como si no bastase con ver que es el que ha ganado más trofeos: nueve en total. Por detrás están el Milán (7) y el Liverpool (5). Matemáticas de preescolar.

El que inventó el sistema de puntuación tenía ganas de sacarle un sobresueldo al jefe o era tan imaginativo como el que en la web de Antena 3 ha colgado la pregunta: “¿qué le parece que una película rodada en catalán represente a España en los óscar?”. Menudo lumbreras. Con gente tan integradora el futuro de una España unida está garantizado. Baste con recordarle al caballero, y disculpen la digresión, que en 1962, en pleno franquismo, la cantante Salomé, de voz sedosa y a la vez poderosa, representó a España en el Festival del Mediterráneo -y ganó- cantando “Se’n va anar” en catalán. Preciosa canción, por cierto.

¿Tantos pasos atrás hemos dado en el tema de las lenguas co-oficiales?

Pero volvamos al fútbol: el Madrid fue uno de los clubes fundacionales de la Liga de Campeones. Con el amparo del periódico L’Équipe, justamente. El joven Raimundo Saporta (no Santiago Bernabéu), con poco más de 20 años pero ya investido del cargo de vicepresidente del Madrid, fue el artífice de la explosión europea del Madrid. Movió los resortes que como refugiado en Francia había tejido en el mundo del deporte en el país vecino. Supo estar donde había que estar y cuando había que estar, y pudo vislumbrar que en una España autocrática, aislada y gris había que triunfar en el extranjero para brillar de verdad.

Luego vino el robo de Di Stéfano al Barça para ganar las cinco primeras ediciones de la copa de Europa. Y la suerte de acertar el campeonato que más tarde sería el de referencia histórica, porque recordemos que en aquel entonces la Copa de Europa competía directamente con la Copa de Ferias (donde Barça, Valencia y Zaragoza tuvieron un muy buen papel, por cierto).

Pero concedamos ese honor al Real Madrid: es el equipo más laureado tomando la Champions como referencia. Aunque hay que tener cuidado con presumir de Historia: Alejandro Magno ganó muchas batallas pero no creo que gane ya muchas más…

En twitter: @carlestorras

No está hecho Messi para los ojos del mediocre

3 Julio 2011 - 11:55 - Autor:

Incidir en que Messi sin el Barça no es el mismo, en que no juega con la misma soltura con su selección, y que no ha conseguido brillar cuando no viste de azulgrana son ganas de sumarse porque sí al río de las críticas sin fundamento. El que quiera participar del linchamiento público al astro argentino, a pesar de haber sido declarado mejor jugador del partido contra Bolivia, es que no necesita argumentos sólidos para intentar menoscabarle y erosionarle.

Lo apuntó Alves ayer: Messi no tiene en la selección argentina el medio campo y la delantera del Barça. Tampoco está Guardiola ni el sistema de juego que lleva practicando su equipo desde hace unos cuantos años. La selección albiceleste ha pasado de la azarosa batuta de Maradona a la de Sergio Batista, que como primera declaración de intenciones manifestó en rueda de prensa que él no quiere -¿no puede?- jugar como el Barça. Eso sí que es lanzar una propuesta de juego en positivo.

Mascherano, Banega y Cambiasso no son, evidentemente, centrocampistas del mismo perfil que Busquets, Xavi e Iniesta. Y el Kun y Di María no son Pedro y David Villa, jugadores para los que es tan importante dar un pase de gol como marcarlo ellos mismos. No hace falta extenderse para poner en evidencia que Argentina no juega como el Barça porque es un equipo en proceso de construcción, que lucha por rehacer su imagen después del naufragio de Sudáfrica. Y el Barça tiene un modelo consolidado y contrastado.

Lo que le pasa a Messi es lo mismo que les ha pasado a muchos otros cracks que, transplantados a otros entornos –su selección u otros clubes-, dejan de rendir al mismo nivel. El fútbol, aunque sea una obviedad decirlo, es un juego para once hombres, y de ese ecosistema es del que debe surgir el genio individual. Si no hay un caldo de cultivo propicio, el arte se esfuma.

Es exactamente lo que le sucedió a otro argentino, Alfredo Di Stefano. La ‘saeta rubia’ era un jugador de equipo, que necesitaba un cierto orden a su alrededor para poder desplegar sus cualidades sobre el terreno de juego. En plena gloria de sus primeros años en el Madrid, del 54 al 60, Di Stefano no consiguió lucir ni un solo día con su selección de origen, la argentina, ni con la de adopción, la española. Y eso que la delantera de aquél combinado daba escalofríos: Miguel-Kubala-Di Stefano-Suárez-Gento. España ni se clasificó para los mundiales del 54 y el 58, y Di Stefano se quedó sin jugar una sola copa del Mundo. Y nadie dudó de su extraordinaria calidad.

Por cierto, respecto del fichaje de individualidades y del valor de la cantera y del juego de equipo, Di Stefano dice textualmente en su autobiografía: “cuando el semillero es bueno, puedes hacer equipo y es lo mejor. Luego, lo que te falta, lo apuntalas si acaso con algún fichaje bueno y escogido, pero sólo lo que te hace falta. Fichar por fichar no hace un equipo, mueve dinero, pero eso no hace un equipo”. Justamente al revés de la política deportiva que sigue ahora el club del que es presidente de honor. Paradojas del destino.

Responsabilizar a Messi de que su selección no esté brillando es una aberración más de las que pueblan el frondoso bosque de sinsentido que es el fútbol. Los que quieran tapar las responsabilidades colectivas de la albiceleste y los que quieran desde España poner en duda la genialidad del argentino encontrarán ahí gasolina para avivar el fuego de su envidia o de su rabia. Pero Messi puede estar tranquilo. Hay un grupo humano en el que encaja, que él entiende y le entiende a él, y con ellos está llamado a realizar muchas más gestas deportivas.

Mediocres del mundo, rendíos ante el rey Messi.

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Neymar no va a ser la ‘saeta crestada’

30 Junio 2011 - 9:20 - Autor:

Algunos querrán ver en la contratación de Neymar algún símil con el fichaje de Di Stéfano en 1953, cuando el Barça de las Cinco Copas, comandado por Kubala, arrasaba en todas las competiciones y el Madrid suspiraba por un título. El primer golpe de efecto de Don Santiago Bernabéu como presidente fue determinante para encumbrar al Madrid en el olimpo europeo y como equipo de referencia internacional. El Madrid de hoy, 60 años y unos cuantos revolcones más tarde, sigue buscando ese revulsivo que le permita dar el “sorpasso” a los azulgranas, despertar de una vez de la pesadilla en la que vive instalado desde que Pep Guardiola es entrenador del Barça. Pero por distintos motivos no es probable que Neymar vaya a ser su segundo salvador.

Di Stéfano llegó al Madrid después de pasar por el River Plate y el Millonarios colombiano, dos clubes en los que ya había triunfado. Recaló en el club blanco después de una pugna de despachos con el Barça con participación –nada ecuánime- de la Delegación Nacional del Deporte, y una vez en la capital se consolidó como mejor jugador del mundo y gran suministrador de trofeos para los escaparates del club.

La adaptación de Di Stéfano no fue inmediata pero sí rápida. A las pocas semanas de llegar, el equipo blanco le ganaba al Barça 5 a 0 en Chamartín. Claro que en la segunda vuelta los de Kubala hacían lo propio con los madridistas, con un no menos contundente 5 a 1 en el antiguo campo de Les Corts. Pero el hecho es que aquella liga 53-54 la ganó el Madrid después de 21 años de sequía en el máximo torneo nacional. No le podían pedir más a la “saeta rubia”.

Como decía, ni Neymar es el mismo tipo de jugador que Di Stéfano ni llega en el mismo momento de su carrera profesional ni de madurez personal. El rocoso carácter del argentino se volcaba por completo en el terreno de juego, donde era un compendio de fuerza, arrojo y sentido táctico y estratégico. El faro de jugadores como Johan Cruyff o Zidane. En cambio, el joven brasileño de la cresta, aunque un virtuoso del balón, reparte de momento su atención entre el césped, el peluquero -un artista, eso sí-  y las discotecas.

Es cierto que al equipo de Mourinho le falta un plus de chispa y alegría creativa en ataque que Cristiano Ronaldo, a pesar de ser un excelente realizador, no acaba de aportar. Florentino siente que a su equipo le falta un Messi, alguien que de un toque de magia al conjunto y sirva para  concitar los duendes que tantas veces ayudan a desatascar partidos o a darles un brillo especial (aumentando así los derechos televisivos y los correspondientes ingresos).

Pero Messi es Messi en el Barça. Neymar en el Madrid puede ser como Messi en la selección argentina, si no le acompaña el conjunto. De hecho, ya lo dijo su entrenador en el Santos brasileño, Muricy Ramalho: “Neymar se vería mejor en el Barcelona” porque según él tiene un sistema más abierto a la creatividad de los genios como su ex pupilo o el propio Messi. El Madrid de Mou, en cambio, tiene un sistema demasiado tacticista para el lucimiento de los cracks. Lo dice él, no yo. Aunque lo suscribo.

 

Gago no es el único ‘sedicioso’

26 Junio 2011 - 15:37 - Autor:

El ser humano tiene la fea y reiterativa costumbre de cuestionar la autoridad, particularmente cuando ésta se ejerce “manu militari”. Los latinos tenemos marcado a fuego en nuestro chip de fábrica étnico esta tendencia irrefrenable a nadar contra corriente. Y si se trata de contradecir a quien nos paga, el placer es doble. Por todo ello se podría caer en la tentación de considerar que las alabanzas de Gago al juego del Barça son producto del despecho por haber calentado el banquillo de Mourinho durante casi toda la temporada. Pero la realidad es que Gago es solo la punta de un iceberg: el del creciente colectivo de madridistas que, como amantes del fútbol, admiran el buen hacer deportivo del grupo liderado por Pep Guardiola.

No sabemos qué clase de sentimientos habrán encendido y atizado el fuego de la crítica de Gago. Pero lo cierto es que sus argumentos (“los madridistas piensan que se le puede ganar [al Barça], pero este año era imposible. No quieren admitirlo, no se quieren dar cuenta”) manan de la masa social blanca con creciente fuerza, toda vez que se van calmando las agitadas aguas de la pasión futbolera.

Cuanto más lejos quedan los ecos de la contienda, más fácil es que aflore la razón. Y aunque es mucho pedir que el juego barcelonista conmueva a un merengue, no es menos cierto que en esta afición hay la misma proporción de auténticos amantes del fútbol que en cualquier otra (la del Barça incluida, lógicamente).

No en vano alguien tan poco sospechoso de antimadridismo como Alfredo Di Stefano, en plena vorágine de clásicos, comparó el juego azulgrana con un león y el blanco con un ratón. La ‘saeta rubia’ estaba hablando más como aficionado global al fútbol que como hincha blanco.

Seguramente entre los madridistas catalanes es más difícil un juicio desapasionado, puesto que viven bajo la presión permanente del campo contrario. Pero entre la afición blanca de la capital, una vez que se han superado los peores síntomas de la mourinhitis, la verdad empieza a resplandecer con luz propia.

Esta clarividencia al estilo Gago es posible que a lo largo del mes de agosto se vaya diluyendo en beneficio de las ilusiones de la temporada que viene y de la emoción de los primeros compromisos de los dos grandes (Supercopa de España y de Europa). Pero en la actual zona de pantano barométrico es bueno que aflore la admiración por un proyecto deportivo a menudo más valorado en el mundo entero que dentro de las fronteras españolas.

El Real Madrid, enfermo crónico de ‘barcelonitis’

8 Junio 2011 - 21:54 - Autor:

No me acabo de creer que al final Cesc Fàbregas, si se confirman las noticias aparecidas hoy, vuelva a su club de origen, el Barça, desoyendo los cantos de sirena (y de talonario) que le habrán llegado y le seguirán llegando desde la  capital de España. Y tampoco me acabo de creer que Florentino Pérez deje escapar una ocasión más para incordiar a su bestia negra, de privar al gran rival, en este caso, de su deseado heredero del “ADN Barça”. Estamos hablando del relevo de Xavi, del cerebro del futuro Barça, y eso no es una futilidad cualquiera.

Insisto en que lo más extraño del caso no es que el Barça, dada su raquítica situación financiera, sea capaz de rascarse lo bastante el bolsillo para permitirse un jugador caro, como lo definía el propio Xavi. Si Cesc acaba recalando en Barcelona, a 40 kilómetros de su Arenys de Mar natal, Florentino habrá demostrado que su músculo negociador empieza a fofear y que su colmillo de tiburón financiero presenta ya alguna caries.

¿No ha podido esta vez Florentino satisfacer su instinto natural, la barcelonitis?. ¿Se estará curando el madridismo de esa querencia obsesiva por asestar golpes morales de despacho a su adversario cada vez que éste le toma la delantera en lo deportivo? Un breve repaso histórico demuestra que la rivalidad Barça-Madrid está trufada de intentos del club blanco de torcer la buena marcha del Barça a golpes de talonario.

Veamos los primeros fichajes “mediáticos” en España: el Madrid truncó en 1933 una racha vencedora del Barça contratando a un delantero catalán que había revolucionado el fútbol español y, oh casualidad, vestía de azulgrana: Josep Samitier, ‘la langosta’. Tres años antes había hecho lo propio con Ricardo Zamora, ‘el divino’, que había triunfado también en el Barça aunque había vuelto hacía poco a su Espanyol de origen.

Fue precisamente Samitier, ya como ojeador del Barça, quien impidió in extremis que el Madrid, conocedor del interés azulgrana por Ladislao Kubala, acabase frustrando la operación de compra del jugador. Santiago Bernabéu, a través de su fiel Raimundo Saporta, le hizo llegar una oferta que el propio crac húngaro desestimó, al haberse comprometido ya con el Barça.

Bernabéu no quiso tropezar dos veces con la misma piedra y, tres años más tarde, en 1953, con la lección bien aprendida, protagonizó el caso Di Stefano, que ya hemos mencionado en este blog. Después de seis años sin ganar la Liga, el Madrid supo maniobrar en los despachos franquistas de la Delegación Nacional del Deporte para impedir que el crac argentino, que ya había vestido en tres ocasiones la camiseta azulgrana, se quedase en el club que legalmente lo había fichado.

También es conocido el interés que demostró el club blanco por abortar el fichaje de Johan Cruyff por el Barça, en 1973. Fue el entonces jugador holandés quien declinó la sustanciosa oferta para ir a jugar al Real Madrid porque prefería la ciudad de Barcelona para vivir. No le falló el instinto, puesto que sigue residiendo en la capital catalana.

No tuvo ninguna repercusión para el Barça el fichaje de Bernd Schuster por el Madrid, puesto que el alemán llevaba ya una temporada en el banquillo. Pero el de Michael Laudrup sí fue un intento -fallido- de abducir el espíritu del Dream Team.

Y entrando ya en la era florentiniana, cómo olvidar el episodio de Figo, que fue el pistoletazo de salida de la alocada carrera galáctica. No fue casualidad que el presidente blanco iniciara su singladura arrancando y trasplantando a uno de los símbolos de la autenticidad barcelonista, que de sopetón se volvió en todo lo contrario. Fue el clásico golpe de efecto para desestabilizar al máximo rival dándole, a poder ser, donde más le pueda doler.

La chequera galáctica se abrió por última vez con el fichaje de David Beckham, que fue casualmente la apuesta electoral de Joan Laporta en las primeras elecciones a las que se presentó y ganó, en 2003. Por suerte no pudo cumplir su promesa y tuvo que conformarse  con fichar a un brasileño de nombre Ronaldinho.

Y finalmente, es muy curioso que el año en el que más millones en fichajes se gastó el Madrid fuera 2009, el de la apoteosis de títulos azulgranas. Parece que la felicidad del rival le provoca a Florentino una brutal excitación de muñeca que le lleva a garabatear compulsivamente su chequera. En pocas semanas, llegaron Cristiano Ronaldo, Kaká, Karim Benzemá y Xabi Alonso. Y al año siguiente, Florentino fichó casualmente como entrenador al portugués que hacía de traductor del jovial Bobby Robson cuando éste entrenó al Barça. Seguramente fue casualidad que el año anterior se hubiera convertido en el verdugo del Barça al eliminarlo con el Inter en semifinales de la Champions. Un capricho más del destino… ¿o no?

No me digan que con todos estos datos la cosa no podría titularse “De Samitier a Mourinho, historia de una obsesión”. Por suerte, últimamente en Can Barça podemos aplicar aquella famosa frase del Quijote de “ladran, luego cabalgamos”.

En twitter: @carlestorras

Siempre se queja más alto quien menos debería quejarse

3 Junio 2011 - 9:19 - Autor:

El Madrid se ha ofendido porque en el museo de la Federación Española de Fútbol esté expuesta la maltrecha copa del Rey que Sergio Ramos precipitó desde lo alto del autobús durante uno de sus múltiples paseos triunfales por las calles de la capital. Consideran que es “una burla“ al equipo blanco, y lo atribuyen al “distanciamiento” entre el club y el organismo federativo, según informa hoy el diario ‘As’.

Parece bastante lógico que el trofeo esté deteriorado, de tanto como lo han exprimido, paseado, y enarbolado. Nunca, ni en sus épocas más negras, ni cuando el joven Kubala jugaba de azulgrana, el Madrid había celebrado tanto una copa del Rey. Nunca había sacado tanto pecho después de ganar al eterno rival con un gol de contraataque en la prórroga después de no conseguir disparar entre los tres palos en toda la segunda parte. Una victoria pírrica con el sello de homologación de Mourinho.

Es una metáfora perfecta, pues, que el trofeo esté hecho añicos. Si el Madrid no lo hubiera utilizado como arma arrojadiza y se hubiera agarrado a él con tanta fuerza para superar la prueba de esta temporada, probablemente el latón no presentaría tantas magulladuras. Quizás alguien en la FEF tuvo la sensibilidad artística de saber leer este simbolismo del destino, y percibió ahí un valor histórico que merecía ser expuesto. O simplemente la gente que visita el museo tiene curiosidad por saber cómo quedó la copa después de pasar por las manos del lateral andaluz.

En cualquier caso, es exagerado hablar de “burla” al Madrid, y buscar una vez más extrañas conexiones, ocultas manos negras y aviesos intereses detrás de la decisión de exponer un trofeo descompuesto.

Imagino que cuando estos periodistas se quejan de la existencia de manos negras se referirán a cuando el delegado nacional de Deportes, el general Moscardó, aprobaba una ley que impedía el fichaje de extranjeros justo después de que Di Stéfano firmase un contrato con el Barça, y luego el mismo Moscardó establecía una excepción para que el argentino pudiera fichar por el Madrid. O se referirán al famoso 11-1 de 1943 en el Bernabéu, cuando el director de la seguridad del Estado, José Finat y Escrivá de Romaní, visitó el vestuario azulgrana para decirles a los jugadores que jugaban “gracias a la generosidad el régimen”, que les había perdonado su “falta de patriotismo” por haber errado el bando en la guerra civil. O cuando el árbitro Guruceta Muro pitó un penalti en 1969 contra el Barça y a favor del Madrid más de un metro fuera del área, y el presidente del Comité Nacional de árbitros, José Plaza Pedraz, decía que “mientras yo sea presidente el Barça no será campeón de Liga”.

Eso eran manos negras de verdad, y no las que ve la Central Lechera.

El director de un diario deportivo de Madrid al que no pienso hacer publicidad se permite hoy reproducir un chiste que le contó un amigo: “el Madrid ha ganado tantas copas que las tira, y el Barça se tira para ganarlas”. Un chiste que nos vendría al pelo para responder: actualmente el Barça tiene copas para regalar, y el Madrid tiene las que le han regalado. Pero no sería justo, ya hace 35 años que vivimos en un régimen democrático.

En twitter: @carlestorras

La increíble transformación del hombre blanco

6 Mayo 2011 - 16:41 - Autor:


El espíritu de Mourinho ha poseído al Madrid y no piensa liberarlo hasta que lo haya exprimido, deshidratado, liofilizado y momificado. Y si las fuerzas del bien no lo remedian, parece que se tomará aún su tiempo hasta conseguirlo. Como el flautista de Hamelín, ha conseguido llevarse a toda la parroquia blanca hasta el precipicio. Todos a una, prensa, afición y directiva le siguen los pasos como un ejército de zombies enrabietados al grito de “nos han robado” y siguiendo el compás de los “por qués” lanzados por el luso.
Mientras terminan de pasar los efectos de la psicosis colectiva, de la histeria que contamina el aire, del azufre irrespirable, empiezan poco a poco a oirse las voces de los que, con sentido común, plantean qué se puede hacer para evitar que la temporada que viene acabe de forma tan apoteósica como esta. Tomás Campos, en su blog en el diario Marca, señala que “lo que no puede hacer [el Madrid] es instalarse en el victimismo permanente por la sencilla razón de que no sacará nada bueno de ello. Ni la UEFA va a dar su brazo a torcer, en el supuesto caso de que admitiera que ‘mima’ al Barça -algo impensable-, ni el resto de los clubes comulgan con el actual ideario merengue”.
Un buen día hasta el más forofo de los madridistas se despertará por la mañana y, como Newton recibiendo el manzanazo, comprenderá que la expulsión de Pepe no fue motivo suficiente para perder 0-2 en casa, que lo de Higuaín no fue un gol anulado puesto que el árbitro pitó antes del disparo, y que un entrenador no puede hablar de “robo” después de un partido ni acusar sin pruebas a la UEFA de parcialidad, en el mejor de los casos, o de corrupción en el peor.
A lo mejor el manzanazo le dará hasta para comprender que un buen entrenador podría sacar mucho más partido de la extensa y carísima plantilla blanca para conseguir algo más que una Copa del Rey, que ganada en solitario ha sido siempre consuelo de equipos de segunda fila. Y con un poco más de esfuerzo, quizás comprenda que lo de Mourinho es una estrategia para ganarse a la afición agarrándoles por las tripas, por la vísceras, hurgando en sus mas bajas pasiones. Y esto, en realidad, es un insulto a la inteligencia de los madridistas.
Mourinho es un entrenador de corte capelista, de los que nunca han gustado en Madrid. El público madrileño ha apreciado siempre el juego preciosista de Di Stefano, de la quinta del buitre, de la selección de Xavi e Iniesta. Y ha repudiado a los peloteros, a los tractoristas del balón y a los tuercebotas primitivos. ¿Cómo ha conseguido pues Mourinho metérselos en el bolsillo? Pues prometiendo agua en mitad del desierto, presentándose como el antídoto perfecto para sus males, prometiendo la cabellera del odiado rival en bandeja de plata. Algo que no se ha producido, y que ha provocado la cortina de humo del eterno lamento.
Para centrarnos todos, podríamos releer al director del diario As, Alfredo Relaño, que en el año 2002 decía: “el camino bueno es ignorar las injusticias del azar (una de cuyas formas es el arbitraje) y poner uno de su cuenta los mejores medios. El camino malo es repetirse como una letanía que al rival se le conceden favores y que juega con ventaja, porque eso equivale, justamente, a darse por vencido”. Por si no ha quedado claro, se refería Relaño al Barça de Carles Reixach.
Hoy, en el blog que tiene colgado en As, el inventor del término “villarato” afirma: “Llevo cincuenta años siguiendo el fútbol español y no recuerdo casos de apoyo explícito tan sostenidos a un club, y si alguien me los puede aportar lo agradeceré”. Se refiere en este caso al Barça de Guardiola.
Causa admiración al observador imparcial un cambio de opinión tan vistoso. Pero lo que sorprende más es que los mismos que acusan en el siglo XXI a un organismo internacional de favorecer a un club en detrimento de otro, con la multitud de intereses opuestos que conviven en una organización como la UEFA, luego niegan que en una España sometida al puño férreo del dictador se favoreciera al Real Madrid. Esto si son piruetas argumentales en el aire, y no lo de Alves ante el plantillazo de Pepe .

La ‘saeta’ en el blanco

19 Abril 2011 - 10:38 - Autor:

José Mourinho no es un mariscal de campo que tenga calculado cada uno de sus pasos y su efecto sobre la prensa, sus jugadores y la afición. Muy al contrario, es algo más parecido a un sargento chusquero, impulsivo y visceral. Alguien que “se pasa media rueda de prensa diciendo barbaridades y la otra media intentando matizarlas”. No lo digo yo, lo dice un miembro de la directiva blanca no especialmente significado como anti mourinhista. Parece que el luso pende de una soga a la que ya solo le quedan dos hebras: la Copa del Rey y la Champions.

Parte de la directiva del club blanco reprocha a Mourinho su política de comunicación, que revela “muy poco conocimiento del funcionamiento de los medios en España”. Los desplantes recientes del técnico portugués en las ruedas de prensa y su trato altanero y displicente con algunos medios de la órbita madridista -y especialmente florentinista- están terminando con la ya exigua paciencia del alto mando merengue.

Al revés de lo que muchos creen, Mourinho no es un buen estratega de la comunicación. Los comienzos de sus ruedas de prenda “están llenos de meteduras de pata”, y las segundas mitades “son intentos de sacar la pata, pero la prensa, a estos, no les hace ningún caso; se quedan con lo gordo”.

Así pues, “la sobreexposición mediática está desgastando extraordinariamente” al luso. Citan estas fuentes de la directiva, como ejemplo de savoir faire, a Marcelo Bielsa, que inspiró la política de no conceder entrevistas de Guardiola pero que en las ruedas de prensa “no se levantaba de su silla hasta que los periodistas le hacían la última pregunta, de tal manera que en una ocasión se pasó cuatro horas sentado”.

Por si fuera poca penitencia la del portugués, añádanle la rajada de la “saeta blanca”, Alfredo Di Stefano, que sumando su voz a la de Johan Cruyff, han formado un improvisado consejo de sabios de la tribu del fútbol. El veredicto es recordar que el buen fútbol se asemeja más a la finezza de la conducción de un Ferrari que a la rudezza del manejo de un tractor. El trato respetuoso y mimoso al balón frente al robo a patadas de la sandía y la carrera alocada para meterla en la saca.

La moneda del futuro de Mou está ya en el aire. Parece que él tiene bastante claro de qué lado caerá, porque ya ha buscado colegio para sus hijos cerca de Milán. Si se confirma su pronóstico será una buena noticia para los amantes del buen fútbol y también, aunque parezca paradójico, para el madridismo, que se merece algo más.